Resulta, cuanto menos, curiosa la amplia repercusión mundial que ha tenido el
Internet-Manifest promovido por un grupo de periodistas y bloguers alemanes a comienzos de septiembre. En general, se trata de ideas que vienen circulando intensamente por la red desde hace años y que han sido objeto de numerosos debates, encuentros, informes y publicaciones (y decálogos).
Los
17 enunciados del manifiesto tienen, eso sí, la virtud de la brevedad y la concisión que tanto se agradecen en los tiempos que corren, y parecen confirmar la creciente pasión por las listas y los
tops que rápidamente se hacen virales en los medios de la red.
El punto sobre el que quisiera reflexionar aquí es, precisamente, no tanto el contenido en sí del Manifiesto, sino las razones por las que unos postulados tan manidos hayan tenido
semejante repercusión justamente ahora.
El debate acerca del impacto de internet sobre el periodismo se remonta al menos a 1994 cuando comenzaron a ensayarse las primeras ediciones online de las grandes cabeceras de prensa. Desde entonces, cada congreso y evento sobre comunicación y periodismo ha vuelto una y otra vez sobre estos temas. Quince años de diagnósticos, prospectivas y decálogos contemplan absolutamente perplejos el ruido generado por el enésimo manifiesto. ¿Por qué?
La única razón que se me ocurre es que finalmente la red y la información en la red se han convertido, de verdad, en una parte esencial de nuestra cultura. Ahora recién estamos en condiciones de entender hasta qué punto internet es diferente, después del caso Obama hemos comprobado cómo la red se convirtió en la nueva sede del discurso político, la expansión de las redes sociales y la gestión de nuestra identidad digital nos ha enseñando que lo que está en la red permanece en la red. En fin, que hemos asimilado que internet es nuestra sociedad y nuestra sociedad es internet.
Es cierto que internet es la victoria de la información, pero no es menos cierto que ahora tenemos que dar la batalla para que se convierta en la victoria del conocimiento. Y esa victoria no está cerca.