E3 Insider por Roberto Arnaz

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De Marc Roig (el 23/08/2009 a las 18:42:51, en Ex-street children)
Gracias a todos. Hace un mes que acabé el viaje y esta semana he mandado el dinero recaudado a Eldoret, Kenia. Os agradezco a todos el haber seguido el blog y los donativos que habéis hecho. Entre todos hemos conseguido enviar 816,10€; no es una fortuna, pero sí un buen pellizco para ayudar a los que no tienen la misma suerte que nosotros.

Con esta entrada doy casi por finalizado el blog. Sólo añadiré una más, cuando tenga el recibo de cómo se han invertido los euros que hemos mandado. Sin duda, llegará a los niños de la calle.



 
De Marc Roig (el 20/07/2009 a las 12:04:47, en Cuentas)
Ya de regreso a casa es el momento de hacer recuento. Empiezo a tener infinidad de números en la libreta que me permiten hacer lecturas muy variadas, como, por ejemplo, que cada kilómetro recorrido en tren me salía a 0,0497€ y, en cambio, cada kilómetro corrido con dorsal y zapatillas me reportaba 10,780€. Si esta estadística se cumpliera, ir en tren de Barcelona a Madrid me costaría 30,86€ y por correr una maratón (42,195km) ganaría 454,86€. Yendo más allá, ir de Barcelona a Madrid corriendo significaría un “income” de 6694,38€ y hacer una maratón en tren costaría menos que un periódico de domingo: 2,10€.

En los 30 días que ha durado este interraíl he recorrido 9707kms en tren, 770 en autobús, 433 en ferry y unos 4000 en avión. He lucido dorsal -aunque en Francia llovió y se me cayó- durante 104,697kms; si los sumo todos (y no cuento los que anduve con la mochila a cuestas ni los que hice trotando como entrenamiento o calentamiento) consigo la friolera de más de 15000kms, el 37,5% del perímetro terrestre.

Pasando al aspecto económico, el gasto total del viaje asciende hasta 1602,48€. Éstos están desglosados en viajar, dormir, comer y las inscripciones para las carreras de la siguiente manera: 836,70€ para el primero (399,00€ del interraíl, 83,68€ en suplementos, 109,50€ en autobuses y ferry y 244,52€ en aviones); 414,34€ en dormir; 246,69€ en comer (tanto de restaurante como de kebab como de supermercado) y 104,75€ en participar en las carreras donde no me regalaban la inscripción. No figuran en el presupuesto, en cambio, los pequeños gastos del día a día que podían entenderse como “personales”: lavandería, internet, cafés o cervezas, postales y sellos, etc.

Por lo tanto, esta cantidad (1602,48€) es la que pediré a MÁSmovil para subvencionar el viaje. Como ya avisé en un principio, el 10% de lo que ellos me den irá directamente a Ex-street children y también el 50% de mis ingresos en metálico, ya que si MÁSmovil me cubre los gastos del viaje y muchos de los premios que he conseguido son en especies, me parece escaso dedicarles sólo el 10%. Y he ganado 572,94€, cuya mitad (286,47€) más el 10% de MÁSmovil (160,25€) significarán un donativo para Ex-street children de 446,72€ (o 48.866,32KSh al cambio de hoy).

A esto hay que sumar los 50€ que pone Cipri y los cuatro donativos que, a día de hoy, se han hecho a través del blog. Todo junto será transferido a la organización keniana el 14 de agosto y, en cuanto me remitan el desglose de los gastos que han hecho con este dinero, también lo publicaré en el blog. Para que os hagáis una idea, una taza de té en Eldoret cuesta 10KSh; un almuerzo, 70; viajar en matatu de Nairobi a Eldoret, 750; un mes de alquiler de la oficina, 9400; una vaca mala (5 litros de leche al día), 20000; una vaca buena (20 litros de leche al día), 60000; el coste de un mes de la casa de acogida para veinte niños y diez mamás precoces con sus bebés (en proyecto; incluye alquiler, comida, ropa e higiene), 272000.

Miro atrás y veo que hace poco más de un mes no me encontraba a gusto con mis carreras ni con mis entrenamientos. Si es verdad que en algunas competiciones aparecieron más rivales de los que preveía, no lo es menos que estoy encantado con el resultado y con el seguimiento que ha tenido el blog. Si sumo los premios en metálico con el precio que tienen los premios en especies, el resultado es de 1128,60€, sin olvidarme de toda la gente que he conocido en este viaje ni todos los lugares que he visitado. Me siento dichoso de lo que he conseguido y doy gracias a Dios.

 
De Marc Roig (el 18/07/2009 a las 19:16:03, en Carrera)
Acabo con buen sabor de boca estas nueve carreras en apenas un mes. Ayer, en Trollhättan (Suecia), he participado en la última carrera del viaje y casi puedo decir que a medida que pasaban los días me iba encontrando mejor.

Trollhättan significa “montículo del trol”, no porque habite allí alguno sino por la forma que tiene. Yo, por más que lo intento, no consigo ver en qué se parecen una montaña y un trol, pero eso es lo de menos. Este pueblo, situado a unos 70kms al norte de Göteborg, es conocido por su “waterfall”: caída de agua. Muy cercano del lago Vänern, el más grande de Suecia y el tercero de Europa, Trollhättan es el penúltimo pueblo que cruza el río Göta antes de desembocar. Hace años, por lo tanto, los habitantes de Trollhättan construyeron una presa para generar electricidad. No es más grande que las que tenemos en España pero el excedente de agua que tienen en este país hace que puedan abrirla muy a menudo: al mediodía, a las dos, a las cuatro y a las seis; pero el salto de agua más bonito es el de las once de la noche, cuando unos focos iluminan los millones de litros de agua que salen en estampida recorriendo el pedregoso lecho casi seco de hace apenas unos instantes. Según dicen, cada segundo que las compuertas están abiertas circulan 300.000 litros de agua.



Es por este motivo que la salida de la carrera se retrasa hasta las 16:05, para que los curiosos que estén viendo el “waterfall” pueden luego seguir su entretenimiento con la carrera.

Ésta tiene una distancia de 11.600 metros y gracias al SUUNTO que gané en el bosque de Robin Hood sé todo el desnivel que acumulaba kilómetro tras kilómetro. Unos ejemplos: el punto más alto lo alcancé en el minuto 13'10”, a 102 metros; el más bajo, de 36 metros, fue en el 25'10”; el segundo kilómetro, por ejemplo, tenía un ascenso de 25 metros y lo corrí en 3'13”9; el sexto, en cambio, tenía una bajada de 33 metros y me salió a 2'59”7, un pelín más lento que el séptimo, con 26 metros de bajada y que fue el más rápido con 2'57”5. ¡Qué gran regalo ha sido este reloj!

El resultado final, por si os lo preguntáis, fue incierto. Acabé el primer blanco, de esto estoy seguro, pero no sé si entré el décimo o el undécimo. Yo conté a nueve kenianos, pero en la clasificación aparece alguien que en lugar de nombre tiene sólo número y me relega una posición. A efectos prácticos, sin embargo, tiene poca importancia. Los cinco primeros recibían premios en metálico y, hasta el quince, en especies. La diferencia con la Victorialoppet es que aquí íbamos uno por uno -por riguroso orden de llegada- hasta la mesa de los trofeos y escogíamos. Cuando yo llegué ya quedaban pocos y, aunque el organizador me encarecía a llevarme un juego de dos sillas y mesa para el jardín (un regalo muy bueno si no tienes que transportarlo hasta España) me quedé con una camiseta GANT de la talla L, especialmente indicada para mi padre, que el lunes pasado fue su santo y no le había comprado nada.

Aquí se acaban los premios y los éxitos deportivos de este viaje. De las nueve carreras, he tenido premio en 7 y la suma total de euros es de casi 600. A partir de aquí, si sumáramos el valor de los premios en especies, la suma llegaría casi a igualar el gasto del viaje. Tal y como me encontraba un par de semanas antes de empezar el viaje, no dejo de sorprenderme del éxito que he tenido. Para la próxima semana espero publicar una entrada en la que desglose las estadísticas del viaje: gastos, ingresos, premios, kilómetros recorridos en tren, kilómetros corridos en carrera, etc.

Hace justo un mes me encontraba, con Cipri, en la estación de tren de Sant Pol de Mar. Ahora estoy en aeropuerto de Stockholm, haciendo escala desde Göteborg para llegar a Barcelona por la tarde. La validez del interraíl expiró ayer y no me queda otra opción que volar para llegar a casa (un poco cansado al final de tanto tren).

 
De Marc Roig (el 16/07/2009 a las 19:16:38, en Carrera)
El australiano, Dan, no apareció con su caravana -en la foto- en la estación de Kalmar como estaba previsto, pero un buen servicio de autobuses une esa ciudad con la vecina isla de Öland. Yo venía de haber pasado la noche en el tren que une Berlin con Malmö (el mismo que cogí hace un par de semanas, el que circula por dentro de un ferry) y antes había viajado hasta Heidelberg (Alemania) para encontrarme con profesores de mi universidad -la Francisco de Vitoria- y los alumnos de segundo de bachillerato que han sido premiados con las becas Europa; juntos están haciendo un viaje por Europa para visitar las universidades más emblemáticas del continente (Alcalá de Henares, Bologna, Heidelberg, Sorbona...). Todos teníamos el horario muy apretado así que nos vimos durante la comida -a la que me invitaron por desviarme hasta allí- y seguimos con nuestras rutas.

El tren nocturno de Berlin a Malmö estaba lleno de españoles, aunque ninguno de ellos tenía interés en correr. La mayoría seguían el viaje hasta Kobenhavn mientras yo tenía tres horas de tren hasta Kalmar. Al no encontrarme con Dan, decidí comer una pizza -de carne de kebab con patatas fritas- mientras hacía tiempo para que llegara el autobús.

A las 15:25 subí al autobús que tardaba una hora en llegar a Borgholm -península del castillo, en sueco- donde se celebraba la carrera ese mismo miércoles. El día anterior, el 14, es el aniversario de la princesa Victoria y como la familia real suele veranear en la isla de Öland desde hace siglos, el día 14 ha sido proclamado como fiesta local. Eso significa que los albergues y demás estarán llenos pero confío en encontrar a Dan para dormir en su caravana.

Llegué a la zona de inscripciones un par de horas antes de la salida y al poco rato apareció Dan. Desde la última vez que nos vimos, en Strömstad, ha conocido algunos suecos y me invita a dormir en la casa donde él duerme. Allí descubro que somos varios los atletas que dormiremos allí y que tienen buen ojo para seleccionarlos (seis de nosotros han acabado en el top-10).

La carrera empieza con puntualidad y hay cinco kenianos y un chico que parece etíope. Son nueve kilómetros que mezclan asfalto y bosque, con la mayoría del recorrido bastante llano. El público, al estar en fiesta mayor, es muy abundante y se agradece su apoyo constante.

Un inicio desbocado (yo paso a 2'59”) ha separado a los diez primeros en dos grupos. Yo me encuentro en el segundo, con Dan y otros atletas que nos acomodamos a poco más de 3'00”. A medida que vamos pasando kilómetros se van deshaciendo los grupos y soy incluso capaz de alcanzar a un keniano que había empezado demasiado fuerte. El resultado de esta carrera junto con el de Francia no dejan de sorprenderme. Si allí acabé el último kilómetro en 2'50”, aquí terminé los nueve en 27'42” (a 3'04”) haciendo el último 2000 en 5'53”. A un minuto y medio del ganador, entro en séptima posición y sólo ganaban dinero los cinco primeros; desde el sexto hasta el décimo había regalos.

Los premios en especias son, como diría Forest Gump, una caja de bombones porque nunca sabes lo que te va a tocar. A mí, por ejemplo, me tocó un saco de dormir (pero al keniano que entró detrás de mí recibió una alfombra de pinchos para tumbarse en ella al estilo faquir).

Como ya tengo saco y a Dan le hacía gracia tener otro -por si recibe huéspedes en la caravana- hicimos un trueque. Él se quedó con el saco mientras a mí me regaló una botella de vino australiano. Según él es un buen vino; si llega entero a casa lo descorcharé el domingo para cenar y, si alguien se encuentra con la caravana de Dan algún día, podrá probar el saco que gané.

Esta ha sido mi penúltima carrera en este viaje y ha sido muy agradable la hospitalidad que me han dado en Suecia. Esta mañana, los huéspedes de la casa hemos trotado por las afueras del pueblo y visto la fortificación medieval que le da nombre para luego deshacer el camino de ayer, primero en autobús y luego en tren. Hasta Göteborg me han acompañado Duncan Kiptanui -el keniano que vive en Lille y de quien ya soy muy amigo-, Japhet Korir -que ganó ayer por tercera vez la Victorialoppet y es un habitual en la casa donde dormí- y Maria -keniana también, que no corría cuando estaba en Kenia pero que ha empezado a hacerlo ahora que vive en Suecia. Su primera carrera fue ayer y lo pasó muy mal, según ella misma cuenta-.

Mañana correré de nuevo con Japhet y quizá con Duncan, más algunos de los kenianos que viven en Oslo y que nos encontramos en Strömstad. El viaje ya me está pasando factura y creo que no tendré muchas opciones a premio; me contento con las dos noches de hotel que me ofrecen y con haber sido capaz de rendir a un buen nivel, más o menos en todas las pruebas.

Los resultados de la carrera, AQUÍ.

 

 
De Marc Roig (el 14/07/2009 a las 10:30:58, en Viajar)
Ha empezado la última semana del viaje y empieza a darme pena. Mientras cuento los kilómetros que he recorrido en tren y repaso los gastos del día a día, me doy cuenta de cómo algunos factores permiten ahorrar mientras se viaja. El mejor (practicado hasta la saciedad durante estas semanas) es aprovechar a los amigos que viven por Europa para hacerles una visita. Es imprescindible avisarles con antelación y, encarecidamente, repetirles que se trata de un rodeo en el viaje; tiene que quedar muy claro que quien hace el sacrificio es el viajero, el cual acepta desviarse por la amistad que le une a su anfitrión. Con esta técnica he podido dormir y comer gratis en varias casas, la última en Tilburg, donde me han acogido con tanto cariño que me costó marchar (hace falta añadir que la casa tenía algo de encanto en forma de lago, pradera, bosque...).

La otra técnica es más clásica y se remonta a los inicios de la humanidad. Durante milenios, el hombre comía cuando podía y desconocía cuál sería su siguiente bocado. Ahí radica el misterio de la grasa corporal, el almacén de reservas para cuando no hay comida a la vista (algo que ya no se lleva). Pero en este interraíl se ha recuperado esta técnica y con Cipri la imitamos a la perfección. Lo más común eran los desayunos, de buffet, que se incluían en algunos alojamientos. Comer hasta la saciedad garantizaba el ahorra de un almuerzo (y a veces también de media cena), si no servía también para hacer unos bocadillos a escondidas para comer en el momento oportuno. Si por el contrario, el alojamiento no ofrecía desayuno, la solución pasaba por comer en un buffet libre. Suelen costar unos 10€ y bien suministrados valen para el almuerzo y la cena.

Para terminar, y fijándonos en el transporte, es importante saber dónde llega el tren y dónde los coches. Se está poniendo de moda aprovechar el coche del rival que queda detrás en una carrera para cubrir una distancia que tendría que hacerse en autobús. En el bosque de Sherwood -el de Robin Hood- preguntamos al británico de 1h01' en media maratón que nos acercara a Mansfield en su coche; no teníamos suficiente con dejarle sin victoria en su pueblo. Días más tarde, en Pont Audemer, fue el tercer clasificado el que me llevó a Rouen. Y según lo previsto, mañana sobre las tres de la tarde, el australiano con caravana me recogerá en la estación de tren de Kalmar para llevarme a la carrera de Victorialoppet, en la isla de Öland. Qué habría sido de este viaje sin tantos amigos a los que visitar ni tantos conocidos a los que acompañar en coche (desde aquí os reitero el agradecimiento que ya os di a cada uno en vuestra respectiva parada; muchas gracias).

 
De Marc Roig (el 13/07/2009 a las 11:16:36, en Carrera)
Dar un porcentaje de los beneficios obtenidos a Ex-street children es una buena causa, pero no la razón del viaje. Este interraíl con zapatillas es el resultado a mi afición de viajar y a mi pasión por correr. Sin estos requisitos no se puede entender lo que ha dado de sí el fin de semana.

Colocaremos el punto de partida en el pub (y B&B) de Greenbank, cerca de Manchester. El día anterior nos habían ofrecido unas tostadas para desayunar pero el viernes no tenían pan; nuestros yogures y unas galletas hicieron compañía al café aguado que nos sirvieron. Una comida escasa para lo que vino después: tren de una hora hasta Manchester y transbordo a otro (Pendolino, el tren europeo con la cocina más grande) que nos dejó en Londres, pasado el mediodía. Fuimos andando de la estación de Euston a la de St. Pancras para descubrir que los trenes Eurostar (de Londres a París o Bruselas) estaban llenos y, además, que con el interraíl “sólo” costaban 57€. De nuevo cargamos con nuestras maletas y andamos hasta la estación de Waterloo. Y como nuestro tren salía al cabo de tres o cuatro minutos, sólo pudimos comprar un par de bocadillos calientes como almuerzo.

Ese tren que cogimos iba hasta Portsmouth, en la costa sur de Inglaterra. Llegamos allí a las seis de la tarde y anduvimos de nuevo (unos tres kilómetros) hasta la terminal de ferries. El ferry salía a las 23:00 pero no queríamos quedarnos sin plaza. ¡Qué ilusos! Siempre hay plazas para las butacas en los ferries y llegar tan pronto significa aburrirse mucho. Portsmouth, aunque es la ciudad donde nació Charles Dickens, se muere a partir de las siete de la tarde. Sólo el supermercado estaba abierto y aprovechamos para comprar la cena: Doritos, muffins, pan de molde, queso, mermelada y algo sucedáneo de zumo de naranja.

Como digo, en el ferry siempre hay plazas en las butacas porque los que han comprado ese billete (como nosotros) duermen en el suelo (como nosotros). Es duro, pero también horizontal. Sobre las siete de la mañana del sábado -de Francia, en Gran Bretaña serían las seis- el altavoz nos avisa de que estamos llegando y nos preparamos para desembarcar en Normandía. Allí, en la ciudad de Le Havre, volvemos a andar para coger un tren hasta Pont Audemer, o eso pensábamos nosotros.

En la estación descubrimos que ese pueblo, aunque cerca, está muy mal comunicado. No nos saben decir mucho más y nos vamos a Rouen, la capital de la zona, para conseguir mejor información. Allí nos dicen que tampoco hay trenes ni autobuses hasta esa ciudad pero insistimos (pedimos que llamen a la oficina de turismo de Pont Audemer) y ahora ya tenemos buses, pero sólo para ir. Cirpi ve difícil correr en Pont Audemer el domingo y llegar a tiempo a París para coger el tren nocturno de vuelta a España. Le duele renunciar a una carrera, pero decide irse hacia la capital francesa y adelantar su regreso un día.

Yo sigo visitando Rouen que, curiosamente, es una ciudad muy bonita. Aquí fue martirizada Santa Juana de Arco, a quien han construido una iglesia con un tejado que imita unas llamas. También tienen un gran reloj que funcionó durante siglos sin estropearse y la catedral con la torre más alta de Francia, entre muchas callejuelas adoquinadas y edificios de época. Me gusta la visita, aunque me cansa, y cojo un autobús para llegar al ya famoso y deseado Pont Audemer.

Son las seis y media de la tarde del sábado y todos los hoteles en los que pregunto me contestan igual: lleno. Ante la desesperación, me hablan de un camping a las afueras; cargo de nuevo las maletas y me dirijo a él aunque por el camino pienso que no es muy normal llegar a un camping sin tienda de campaña.

El amo tiene una idea (de negocio) genial. Me cede su caravana por una noche -¡qué guay, nunca he dormido en una caravana!- por el módico precio de 30€. Pago y me instalo. Han pasado muchas horas y muchos kilómetros desde la última vez que me duché; será mejor que no dé más detalles. Echo de menos a Cipri mientras me conecto a internet fuera de la caravana, con los pies descalzos sobre la hierba. Empiezo a pensar en el día de mañana. He llegado a Francia durmiendo en el suelo de un barco, he paseado mis maletas durante horas y lo primero que haré será despertarme a las siete de la mañana de un domingo y pagar diez euros para que me dejen (¿?) correr 15kms. Si hago ésto es, simplemente, porque me gusta.

Llego a la carrera desandando el mismo camino que anduve ayer y llevo conmigo las maletas porque no quiero hacerlo de nuevo. Pago, caliento un poco y se da la salida. Los kenianos a los que les hablé de la carrera no han venido y empiezo a pensar porqué. Disfruto mucho porque los corredores son de un nivel parecido al mío y así llego a la recta de meta junto con otro atleta. Llevo rato intentando que se descuelgue y no lo consigo; en el último kilómetro nos hemos atacado dos veces cada uno y, mala suerte, acaba ganándome por sólo un segundo. Luego me entero que tenía 29'10” en 10.000; no está nada mal. Nuestro resultado ha sido de 48'05 y 48'06”, a 3'12”/km.

He ganado 120€ y el aplauso de todo el público, cuando han descubierto que estaba viajando por toda Europa haciendo carreras. Les ha hecho gracia mi mochila, de la que cuelgan mis zapatillas (más por higiene que por estética) y me he quedado sin la paella de un euro porque salir de Pont Audemer es más difícil que llegar y no he podido desaprovechar el coche del tercer clasificado, que me ha dejado en Rouen. De allí a París en tren y de nuevo a correr; me han invitado esta noche a Tilburg, Holanda, y no será fácil llegar a tiempo. Mientras, sin embargo, tengo muchas horas para escribir esta entrada que espero que no se os haga pesada. Sólo quería explicaros que me lo estoy pasando en grande.

Podéis ver estas fotos y algunas más (además de una explicación de quién era el que quedó segundo) en la página www.cb2000.fr

 
De Marc Roig (el 11/07/2009 a las 12:16:36, en Carrera)
Nos costó encontrar alojamiento en Greenbank, una localidad de una sola calle paralela a una carretera local, llena de casitas rojas típicas de aquí, en plena campiña inglesa. Antes, paso por otros lugares, sin éxito ni cama alguna, y unos 15 kilómetros pateados con las mochilas a cuestas y a rastro. Pero valió la pena. Al fin, habitaciones rústicas y bonitas en una típica taberna británica, de nombre muy apropiado para este par de locos de las zapas: Coachman, regida por un orondo y simpaticón inglés, y llena de amigos que se juntan ahí para ver el criket y beber pintas, de los que somos foco de atención: ¿que hacen por aquí un par de españolitos arguellaos? Pues qué van a hacer... ¡correr!



Y eso fue lo que hicimos en los 10 Km de Delamere, en una salida idéntica a la de Sherwood, en un claro de perfecta hierba en pleno bosque, con mesitas de madera y rutas ciclistas para los visitantes. ¿La carrera? 2 km subiendo unos 80 mts de desnivel desde donde divisamos bosque, bosque, hierba, hierba y casitas, casitas, para luego bajar en picado por una ancha senda. En el km. 4 Marc ya se ha ido de un chico que nos acompañaba. Yo hago lo propio en el 5, y nos juntamos. Ahora esto se estrecha, en una senda fina, rodeada de helechos y suaves desniveles en un suelo blandito y cómodo. Hoy entendemos como se sienten los keniatas cuando se ven tan superiores: haciendo un trote rapidito disfrutando del entorno y esperando la llegada. Marc, generoso jefe de filas, me cede el honor del triunfo, entrando ambos levantando los brazos entre las risas de Mike Gratton, el organizador de estos eventos, ganador de una prueba tan mítica como el maratón de Londres en 2 hr 9' 43'' del año 1983... cualquiera lo diría viéndolo ahora con su barriga, sus simpáticas gafas y su barba cana.

Qué buena sabe siempre la victoria, y lo que cuesta llevarse una, cómo te alegra y te sube el ánimo.

Nos repartimos el premio, un SUUNTO para mí, y unas estupendas zapas SALOMON para Marc. Nos vamos llenos de premios de este país de fresco y lluvia, y con la satisfacción de haber hecho lo que teníamos que hacer: correr.

 
De Marc Roig (el 08/07/2009 a las 20:02:59, en Carrera)
Tantas horas en internet, buscando las carreras más rentables para correr durante el interraíl, tenían que dar por fin una compensación. No sólo por lo bonito de correr bajo la lluvia constante pero fina del bosque de Sherwood, la casa de Robin Hood, cruzando senderos y zanjas, pisando charcos y esquivando ramas que a las siete de la tarde, inmersos en la frondosidad del paraje, casi pasaban desapercibidas, o por correr por senderos de sólo un palmo de ancho, jalonados por ortigas. No sólo por eso mereció la pena; también porque tuve el honor de ganar a un corredor de 1h01' en media maratón.

Si en Dinamarca me ganó el subcampeón del mundo de media maratón, aquí gané al tercero del mundo (aunque ese resultado se remonta a los años ochenta). Quién me iba a decir a mí que el veterano que me venía pisando los talones durante varios kilómetros iba a tener 27'59” en 10.000, ganar dos veces de la Jean Bouin de Barcelona, etc. Un clásico, en fin, de las carreras de asfalto que no llegó a cuajar en maratón, donde sólo consiguió 2h12'. ¿Alguien sabe su nombre?



Llegar al bosque de Robin Hood nos costó un poco, tal era la desinformación que tenía la gente del pueblo de Mansfiel (el más cercano y donde dormíamos) sobre esa carrera patrocinada por Salomon. Pero lo conseguimos; y descubrimos que los pocos que estábamos en el bosque éramos los corredores y los organizadores. Ni público, ni podio, ni fotos ni nada. Se parecía al anuncio del hotel “Los cuatro cocos” (de los Hermanos Marx): “sin lluvia, sin nieve, sin gente”. Pero con premios y ésa era la parte contratante de la primera parte. Un reloj Suunto para el primero (yo), un par de zapatillas Salomon para el segundo (el británico) y una mochila tipo camelbag para el tercero. ¿Adivináis quién se llevó la mochila? Cipri, que ya lleva tres.

Los tiempos que empleamos para correr esos 10k son poco aclaratorios, pues a todos se nos hizo mucho más largo. Así, mis 35'37” y los 37'04” de Cipri son sólo una anécdota, una excursión muy rápida por el bosque de Sherwood y un entrenamiento para la próxima carrera, la del bosque de Delamere, que tiene los mismos premios pero más participantes, según nos dijeron los organizadores.

De hecho, a los organizadores les hizo mucha gracia nuestro viaje y sobre todo, querían saber cómo habíamos encontrado esas carreras. Muchas horas de internet, les dije. Pero valió la pena.

 
De Marc Roig (el 07/07/2009 a las 10:29:30, en Gran Bretaña)
Ciento cincuenta años han estado unidos por ferry los países de Noruega y Gran Bretaña, hasta el pasado mes de septiembre. Nuestro plan inicial, viajar desde Oslo hasta Stavanger (costa oeste noruega) en el tren que recorre el litoral sur del país y embarcarnos en un ferry de casi 20 horas hasta el país de Harry Potter, no ha sido posible. ¿Serán los vuelos de bajo coste? No sé si son la causa de la desaparición del ferry pero sí la solución.

Ayer hicimos un poco de trampas en el interraíl y nos montamos en un avión: Oslo-Liverpool. Al llegar al destino, sus meteorología típica hizo acto de presencia: nubes, lluvia, algún rayo de sol de vez en cuando y un gris abrumador alrededor nuestro.

En Liverpool sólo tuvimos tiempo de ir hacia la estación de tren y buscar el que nos llevaría hasta Nottingham. Una vez allí, y después de descubrir que a media tarde los bares de la estación ya están cerrados, enlazamos con la línea Robin Hood de trenes, la que hace el trayecto entre Nottingham y Worksop. Después de media hora en ese tren que recorre la foresta inglesa y choca con con las ramas de los árboles que están creciendo a ambos lados de la vía, bajamos en Mansfield.

Pensábamos que encontrar alojamiento en Mansfield sería más fácil. A la hora que llegamos ya estaba cerrada la oficina de información y andamos y andamos sin encontrar hoteles, hostales ni gente. Después de preguntar en un par de pubs y sufrir el acento de tierra adentro, tuvimos la suerte de encontrar algo parecido a un hotel, muy humilde, que ha cumplido las expectativas que empezábamos a tener a esas horas de la noche.

Esta mañana, por ejemplo, mientras nos tomábamos el desayuno “full British” (huevos, bacon, judías, champiñones, salchicha y tomates gratinados) mientras mirábamos la BBC, hemos decidido que nos quedaremos una noche más. Por la tarde tenemos una carrera en el cercano bosque de Sherwood y no es necesario cargar de nuevo las maletas para buscar otro alojamiento difícilmente mejor que este que ocupa una casa de tamaño colonial y que lo dirige una mujer que se parece a la dueña del restaurante donde Krom (El emperador y sus locuras) hace sus prácticas culinarias.

 
De Marc Roig (el 05/07/2009 a las 20:36:24, en Carrera)
Llevar el número uno en cualquier carrera no implica quedar en una posición delantera. Aunque me hiciera una foto en la habitación del hotel (al fondo la retransmisión de los Bislett Games) mostrando orgulloso el número que luciría en el pecho, la carrera coloca a cada uno en su lugar y a mí me correspondió el 19, con 32'54".

Strömstad es una ciudad costera sueca -aunque más cercana a Oslo que a Goteborg- con un gran puerto deportivo. Su población invernal de 12.000 habitantes se quintuplica en verano y, coincidiendo con la carrera de 10k del sábado pasado, también llegan a ese punto varios kenianos residentes en Noruega, algunos que residen en Dinamarca, otro que vive en Lille, un alemán que vive en Finlandia, dos españoles que están de interraíl y un australiano que llegó a Gran Bretaña en marzo y se compró una autocaravana para recorrer Europa durante diez meses, momento en el que viajará a Kenia para completar su entrenamiento para debutar en maratón en próximo mes de febrero o marzo y volver a Australia.

Con este perfil de participantes y con otro perfil orográfico todavía más irregular, sin contar el calor de más de 30 grados que hacía a las cuatro de la tarde, el objetivo de la carrera se centró en Cipri: ganar la categoría de M35. Prestando más atención a la edad de los contrincantes que a sus cualidades atléticas, Cirpi controló para ganar en su categoría y completar el circuito en 34'40”. Sabíamos que no había premios en metálico para su categoría pero sí algún regalo. ¿Cuál? Eso mismo nos preguntábamos mientras esperábamos a que le tocara subir al podio.



¡Maletas! ¡Qué mejor regalo para un viajero que recibir un lote de maletas Samsonite! Y como somos un equipo, para Cipri fue el maletón y para mí, el maletín.

Más contentos que unas pascuas, volvimos al hotel para recuperar fuerzas en las dependencias dedicadas a ello (sauna, jacuzzi, piscina, baño turco...). Cuando llegamos a la cena ya nos habíamos hecho muy amigos de los kenianos que viven en Dinamarca (uno de ellos es el que ganó el maratón de la playa), del que vive en Lille, del alemán que vive en Finlandia y del australiano que está haciendo un viaje como el nuestro pero tamaño XXL (no sale en esta foto).



Si todo va bien, es posible que el día 15 o el día 17, en las carreras que tengo en Suecia, me encuentre de nuevo con alguno de ellos. La cena fue un momento especial para hablarles de nuestro viaje pero lo que más les interesóa los kenianos fue saber cuál era la carrera de Francia para saber si podrían ganar dinero allí.

Los resultados de la carrera y toda la inforamación, AQUÍ.

PD: no me extraña que Ulises tardara diez años en volver a Ítaca; después de dormir en trenes y en albergues, ha aprovechado el primer hotel para quedarse allí una temporada. Suerte que en el hostal de Oslo he cogido prestado (cosas del Book-crossing) un libro del Padre Brown. Con sus consejos espero recuperar a Ulises y hacerle volver al lado de su querida Penélope (además de dejar de olvidarme cosas por el camino).

 
De Marc Roig (el 04/07/2009 a las 10:53:35, en Carrera)
Hotel se escribe con doble ele en sueco y éste, además, tiene SPA. El organizador de la Strömstadmilen nos regala dos noches en el hotel SPA&RESORT de Strömstad por participar en su carrera de 10k y no nos lo hemos pensado dos veces. Después de días viajando en tren y durmiendo en hostales, llegar a un hotel con sauna, jacuzzi, baño turco y un bufet en el desayuno digno de reyes, nuestras pilas se han recargado al 100% para seguir viaje.

Para motivarnos un poco más, yo tendré el dorsal número uno en la salida. Ojalá que los contrincantes se intimiden un poco y me respeten, pero no lo espero. Con premios en metálico para los diez primeros, hasta mediados de semana sólo había dos kenianos apuntados. Pero el jueves le llegó un e-mail al organizador: un mánager noruego mandaba toda su tropa a Strömstad y ahora hay doce kenianos. Y para demostrar que alguien está utilizando mi blog para descubrir carreras, nos hemos encontrado en el desayuno con el ganador de la maratón de Dinamarca, la que se hizo en la playa. Se llama Julius Mutai y al preguntarle por cómo tiene las piernas después de ganar en la playa con 2h39' me responde que están OK.

Será difícil conseguir un resultado con premio pero el alto que hacemos en nuestro viaje merece mucho la pena. A partir de ahora empieza lo duro, con carreras cada dos o tres días y a mí me tocará volver a Suecia dentro de una semana después de pasar por Gran Bretaña y Francia. Pero eso será más adelante; a las cuatro de la tarde se da la salida a la carrera y después nos han invitado a la cena de los atletas de élite (esperemos que antes nos dejen tiempo para reposar nuestros cansados cuerpos en la piscina de chorros y el jacuzzi al aire libre, si no tenemos suficiente con sudar un poco más en la sauna finlandesa).

Después podremos gozar de un paseo por el puerto de este pueblo, que parece de cuento. Las familias noruegas suelen coger sus barquitos el viernes por la tarde para acercarse a pasar el fin de semana en su apartamento de Strömstad, ciudad de vacaciones.

 
De Marc Roig (el 02/07/2009 a las 22:57:44, en Suecia)
Si el billete de 20 coronas suecas lo ocupan Nils Holgersson y su ganso Martin, el de 100 coronas está dedicado a Carl von Linné (Lineo) y el dibujo que hizo en su cuaderno de notas para explicar la reproducción de las plantas. Este cuaderno y muchos otros libros (como la Biblia de plata del siglo VI) están expuestos en la Expo Rediviva, de la biblioteca de la Universidad de Uppsala.

El día ha empezado como la mayoría de los días en que no toca competir: un trote matutino sobre las ocho de la mañana, luego un desayuno potente y una excursión por la ciudad de turno (es este caso Stockholm) hasta que las piernas o el estómago digan basta. El plan ha dado sus frutos en las dos últimas ciudades visitadas, que nos han encantado, pero sólo una sirve para correr maratón: Kobenhavn. Mientras que las dos son capaces de distraer al corredor durante el recorrido, Stockholm es un continuo sube y baja que acabará pasando factura a la marca. Sus continuos puentes (que me recuerdan a los de la media maratón de Göteborg) se hacen interminables así que hemos tenido que parar en un bufet vegetariano a reponer fuerzas (y tantas hemos repuesto que para cenar sólo ha hecho falta un yogur).

Después del almuerzo me he marchado a visitar Uppsala, situada a sólo cuarenta minutos en tren de la capital. Uppsala es la cuarta ciudad más grande de Suecia y su catedral tiene la particularidad de medir lo mismo de alto que de largo: 118,7 metros. Lo interesante habría sido subir a alguna de sus torres porque el interior es un poco pobre.

Enfrente de la catedral se encuentra el museo Gustaviano -que estaba cerrado-; es el edificio más antiguo de la universidad de Uppsala y en él está la famosa clase de anatomía en la que el sujeto reposaba sobre una mesa en el centro mientras unas gradas muy empinadas, en forma de coliseo y repletas de alumnos escuchaban las lecciones del profesor mientras repartía cortes a diestro y siniestro cortando músculos, nervios y tendones con su bisturí. La primera vez fue hace más de 300 años.

Seguir andando por la ciudad y ver el jardín botánico que diseñó Lineo queda un poco insípido, pero es lo poco que se puede hacer cuando se acerca la hora de regresar al hostal.

 
De Marc Roig (el 01/07/2009 a las 21:33:54, en Tren)
Poner un nombre a los trenes no debe ser fácil. El de hoy, el que une Kobenhavn con Stockholm en cinco horas, se llama X2000. Quizá a los suecos se les acabó el repertorio cuando utilizaron a Nils Holgersson para el anverso del billete de 20 coronas y su ganso Martin como imagen de algunas de las aviones que sobrevuelan el país.

Cada dos horas sale el tren que une las capitales de Dinamarca y de Suecia. El que va en nuestra dirección empieza por cruzar el puente que llega a Malmö y, desde allí, serpentea hacia el noreste por vías que transcurren entre bosques de espigados pinos que estiran sus troncos para captar los rayos más oblicuos del sol y por entre lagunas oscuras que deben albergar en sus profundidades los animales marinos más inimaginables.

Se hace difícil mantener la lectura durante el recorrido; la presencia tan abrumadora de la naturaleza y la aparición, de vez en cuando, de casas que más bien parecen la mansión de Manderley hace que casi todo el trayecto lo haya pasado con la cabeza pegada a la ventana. Por si no fuera suficiente, a intervalos han caído diluvios que son dignos de ver desde un tren que circula cerca de los 200km/h.



Ulises y la demostración de su fuerza ante los feacios tendrá que esperar a que suba a otro tren más aburrido, aunque esto se intuye improbable por escandinavia. Ya lo demostró Selma Lagerlöf que, con un ganso y un niño maleducado, consiguió enseñar geografía a todos los escolares de Suecia. Lástima que nosotros sólo tengamos acceso al tren y unos pocos días para recorrer esta zona del planeta.

 
De Marc Roig (el 30/06/2009 a las 19:56:01, en Dinamarca)
Llegar a Kobenhavn desde la orilla oeste del país significa varias horas de tren, pero el recorrido merece la pena por los imponentes puentes que se cruzan a lo largo del viaje y por las ciudades que se atraviesan como Odense, donde nació H.C. Andersen y algún otro personaje histórico, según nos contó un historiador danés que sabía español porque había estado dos años en México y nosotros estábamos sentados en el asiento que él reservó.

El día de hoy lo hemos ocupado en hacer el turista, sin olvidar que a las 8 de la mañana ya estábamos trotando por el parque del sur de la ciudad -creo que se llama Orestad-. Entre carrera y carrera no podemos olvidarnos de entrenar y así es como las jornadas turísticas empiezan con un reconocimiento del terreno, más o menos a 15km/h, y que abren el apetito para tomar un desayuno potente.

Así teníamos las fuerzas necesarias para subir a la torre de Our Savior Churh, que culmina con una escalera de caracol por fuera de la estructura, ofreciendo una vista espléndida de la ciudad y un vértigo acongojante al saber que sólo una barandilla te separa de la caída libre. Pero resulta divertido descubrir que la escalera se hace cada vez más estrecha hasta el punto de que sólo los niños pueden llegar al último peldaño, situado a más de 80 metros del suelo.

Luego, con los pies más cerca del suelo, hemos visitado y fotografiado a la sirenita: una estatua de cobre mitad mujer y mitad pez que reposa sobre una piedra, con la mirada perdida al horizonte donde sólo aparecen barcos llenos de turistas para fotografiarla desde otra perspectiva.



Del mismo modo que el coche de Google Street View nos ha fotografiado a nosotros, mientras esperábamos en un semáforo con nuestras bicis gratuitas. ¿Saldremos en la web?

Respecto a las bicicletas, patrocinadas por un supermercado, están ancladas a postes en la calle como los carritos para hacer la compra; colocándoles una moneda de 20 coronas, puedes utilizarlas a tu antojo (bueno, la bicicleta tiene serias limitaciones técnicas) hasta que decidas anclarlas de nuevo y recuperar tu moneda de 20 coronas.



Así ha pasado la tarde y todavía hemos tenido tiempo de darnos un baño. La temperatura en Dinamarca es exagerada esta semana y en uno de los canales han colocado una tarima flotante que hace de piscina. El agua es verde y fría, pero bañarse es gratis y eso era suficiente para nosotros. Mañana partiremos hacia Suecia donde esperamos pasar un día o dos en Stockholm antes de ir hasta Strömstad, donde tenemos nuestra próxima carrera.

 
De Marc Roig (el 29/06/2009 a las 19:28:50, en Carrera)
 

Esa precisamente debe ser la clave para subir al podium. El que hice en la cocina del albergue la noche anterior. Igual que en Huesca, igual que en otras carreras o duros entrenos.

Esta vez fue en una playa ancha, larga, eterna, de dura arena, pero arena al fin y al cabo. Ambiente festivo, banderas, sol, pero algo falto de organización, como bien dice Marc.

Echo un vistazo, solo me preocupa un zagal rubio, espigado de piernas fuertes. Buen ojo, luego me confirma sus 31' en los 10 km. Calentamiento y salida rápida. En el km. 1 ya estamos solos, y me va dando palos que mal que bien, aguanto. Km 5, giro de 180 grados y nuevo hachazo. Esta vez hace daño, y abre hueco. Sigo a ritmo, a ver si es un farol... pero no lo es y se escapa sin remedio. Sólo queda llegar, disfrutando de esta carrera diferente al resto. Ya estoy, sonrío,recta de meta jalonada por banderas, y público que aplaude mientras saludo y escucho lo divertido que suena José Carlos Ciprián, España, dicho en danés por megafonía. 35'32” (no se por qué me ponen 36' en la clasificación), buen ritmo en este terreno, y buen entreno para Suecia, donde intentaremos seguir llenando un poquito nuestra saca (en este caso 1000 DDK, unos 135 €), y, por supuesto, seguir aumentando con un granito, como el de esta playa, la cuenta de los niños kenianos sin hogar.

Luego, lo que ha dicho Marc, un ligero sabor amargo por las discusiones... pero yo me quedo con el sabor del arroz con verduras en el podium, con ese sabor que me recuerda otros momentos, otras carreras, otras compañías.



Los resultados de los 10km, AQUÍ.

 
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