Un día de éstos por Ignacio Camacho

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ETA y la izquierda: palinodia de una complicidad
De Ignacio Camacho (el 02/08/2009 a las 20:10:13, en Política)

En cierta ocasión comenté con Fernando Savater la errónea complicidad que la izquierda española mantuvo con ETA durante la dictadura; él lo atribuía a la necesidad psicológica de un “vengador justiciero”, pero creía que durante la democracia había existido margen suficiente para arrepentirse y hacer la autocrítica. Sin embargo, ahora que la triste efemérides del cincuentenario etarra obliga a ciertas revisiones históricas, convendría profundizar un poco más allá, y recordar que no fue hasta bien entrados los ochenta, casi hasta los noventa, cuando la sociedad española se movilizó de verdad contra los crímenes terroristas, a los que consideró al fin una amenaza contra la libertad. Y eso coincidió con la propia estrategia etarra de “socializar el sufrimiento” extendiendo los atentados a políticos de toda clase --incluidos de forma significativa los socialistas--, periodistas, intelectuales y disidentes de su tiranía violenta; antes, mientras las víctimas fueron fuerzas del orden y del Ejército, la ciudadanía española guardó una pavorosa indiferencia que no puede ser soslayada.

   Lo recuerda Javier Cercas en su reciente libro sobre el golpe del 23-F, “Anatomía de un instante”; esa indiferencia fue sustancial en la creación de un clima golpista en unas fuerzas que sufrían hasta cien bajas al año. La reciente publicación memorial de la lista de víctimas en estos 50 años ofrece una escalofriante acumulación en los primeros años de la democracia, del 77 al 81-82: un ritmo de casi un asesinato cada tres días. Todavía en los primeros tiempos de González hubo frecuentes escenas de tensión en funerales de altos mandos militares. Hay que decirlo con claridad: los españoles tardamos demasiado en sentirnos concernidos por la amenaza, cuya repulsa colectiva es relativamente reciente. Y tenemos que asumir con honradez la culpa de ese retraso debido a nuestra cobardía moral.

   Es un hecho objetivo que el asesinato de Carrero aceleró la transición democrática al cercenar la posibilidad de un franquismo sin Franco. Pero ese atentado causó un grave daño a la cohesión de la libertad al contribuir a una cierta mitificación del terrorismo que ha estado en la base de ciertas actitudes comprensivas o exculpatorias, y retrasó la conciencia de rechazo de ETA en buena parte de la izquierda política, que durante demasiado tiempo tuvo asociada a la banda a un cierto heroísmo de resistencia. Pariente de esa comprensión sigue siendo la tendencia a aceptar la necesidad de un diálogo o acuerdo con los terroristas para darle una salida “al conflicto”. Una actitud que no es privativa de los nacionalistas, y que cobró fuerza durante la etapa negociadora emprendida por Zapatero –un típico hijo del esquematismo progresista de los 80—en su primer mandato.

   El lúcido Jon Juaristi ha proclamado muchas veces su arrepentimiento de los célebres versos con que trataba de exculpar el delirio que cegó a la izquierda nacionalista vasca: “?Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes / y por qué hemos matado tan estúpidamente? / Nuestros padres mintieron: eso es todo”. En efecto, el rencor paterno freudiano no basta para explicar ni la complicidad inicial ni la pasividad posterior. Ha habido demasiada connivencia con un imaginario de guerrilla resistente, al que todavía se aferran los medios anglosajones cuando llaman a los terroristas “activistas del separatismo vasco” o expresiones similares. Ahora nos irrita, pero en un tiempo no demasiado lejano fueron muchos medios españoles los que dieron carta de naturaleza a esa respetabilidad política del terror en la opinión pública.

    De alguna forma, Si Zapatero no hubiese roto el consenso resistente del movimiento Basta Ya y del Espíritu de Ermua, el asunto no significaría ya más que un episodio histórico incongruente. Pero la negociación zapaterista abrió de nuevo una brecha en la cohesión ciudadana, y esa brecha está viva en el momento presente, y patente en la desconfianza con que muchos españoles miran la actual política de firmeza represora del Gobierno. No basta con culpar al nacionalismo de haber recogido las nueces del árbol que cimbreaba ETA. Hay que entonar una palinodia colectiva más amplia, y con propósito de la enmienda. Un verdadero “Nunca más” democrático que no ofrezca un solo resquicio de convicción frente al desafío vesánico de la sangre.

 


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tiene usted mucha razon , pero todavia hay gente en la izquierda connivente con el terrorismo , en especial en IU , en el PSOE eran muy contrarios pero la accion de ZP les desbarato su conciencia y se volvieron a encontrar comodos al oponerse furiosamente al PP. Mi experiencia personal es muy dura en ese sentido y no olvido ni perdono a determinados miembros de IU su actitud comprensiva con el fenomeno terrorista .
De  juan  (Enviando 03/08/2009 @ 17:04:38)
Su comentario es muy acertado. Podría ampliarse con otro complementario que hablase sobre otras instituciones que tampoco han luchado siempre contra el terrorismo. Me refiero a la Iglesia Católica, algunas de cuyas diócesis tienen mucho de lo que avergonzarse.
De  MAP  (Enviando 05/08/2009 @ 20:42:56)
Muy acertado Sr. Camacho.Creo que éstas actitudes de la izquierda responden tambi´n a la falta generalizada de valores . El progresismo se define como escoger lo útil para el presente . Para ellos lo fundamental es el poder y para detentarlo vale cualquier alinza en "nombre del progreso" y contra los "reaccionarios".
De  JOSÉ MANUEL  (Enviando 06/08/2009 @ 09:06:00)
Razón tiene, MAP. Esos seminarios, esas parroquias que han acogido a fugitivos y hasta asambleas, esa equidistancia moral, esos obispos comprensivos... Y lo malo es que la Iglesia en buena parte ni siquiera se ha arrepentido...
De  Ignacio (autor)  (Enviando 06/08/2009 @ 20:16:18)
En España siempre han pesado y pesan los prejuicios históricos, han sido los culpables de que ha ETA nunca se le haya golpeado de forma definitiva: muchos políticos no han estado a la altura.
Por cierto, que en España siempre se agita el miedo de la "extrema derecha" pero los únicos que matan y extorsionan en la actualidad son grupos de extrema izquierda.
De   (Enviando 07/08/2009 @ 02:16:22)
Siempre oí que a la culebra se le mata por la cabeza, así como el terrorista islámico, que se inmola al hacer explotar su carga mortal, no es el verdadero enemigo, ni es el, el verdadero terrorista, el es solo el instrumento o el arma que mata, el verdadero terrorista, es el que lo recluto, le lavo el cerebro, le dio la logística, y le incito al acto, que no es otro, por lo general, que su maestro del Coran o su líder religioso.
Creo que lo mismo pasa con ETA, la policía captura al soldado, pero donde están los generales, donde están las cajas de reclutamiento, donde están los verdaderos terroristas, esos son los que matan, desde su casa, muy tranquilos leyendo el periódico.
No podemos ampararnos en los derechos democráticos, si no somos capaces de poder eliminar a los asesinos intelectuales.

De  Viriato  (Enviando 07/08/2009 @ 14:43:11)
Tengo ahora 44 años y la mayor parte de ellos los he vivido en Valencia. La casa de mis padres estaba cerca de Magistratura de Trabajo y de la plaza de San Agustín, el punto habitual de partida de las manifestaciones en nuestra ciudad.Recuerdo perfectamente los últimos años de la dictadura y los de la transición. La nitidez con la que recuerdo las manifestaciones de la izquierda en la puerta de mi casa tras el asesinato de cualquier servidor del orden público en aquella época solo rivaliza con la claridad con la que recuerdo el miedo que me daban aquellos hombres que enarbolando banderas y enseñas de la UGT,CCOO,el PC y el PSOE vociferaban consignas de aliento a los asesinos. Hasta hoy me he preguntado cómo era posible qe yo fuese el único que recordase aquello. El Sr. Camacho me deja hoy más tranquilo...había otros que también lo vieron.
De  Ricardo  (Enviando 08/08/2009 @ 00:03:21)
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