Algo va mal en una sociedad cuando la noticia política no está en la prensa sino que es la prensa propiamente dicha; cuando el pluralismo de las ideas deja su sitio a la unanimidad de las consignas y cuando la libre circulación de opiniones se pliega con sospechosa coincidencia a los dicterios de un poder desvelado por el recelo y el victimismo. Algo de todo ello ha sucedido en la opinión pública de esa Cataluña cuya clase dirigente parece más preocupada por la estabilidad institucional que por la integridad constitucional, y menos atenta a la expresión de la soberanía nacional que a la del soberanismo nacionalista. Dice el adagio profesional que perro no come carne de perro, pero se da por supuesto que el periodismo libre tampoco se alimenta del pienso de los pesebres.
(Texto leído por el autor de este blog en el espacio "El dado" de la Brújula de Onda Cero el día 26-11-09)