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Skina y El Lago, las otras estrellas de Marbella

Restaurante Skina

Terraza del restaurante El Lago

No hace falta que les recuerde que Marbella tiene un restaurante sobresaliente, el mejor de Andalucía y uno de los grandes de España: CALIMA. Suelo visitarlo todos los veranos, pero este año estuve en abril y el menú que probé entonces, y del que les di cumplida cuenta, es muy similar al que han estado sirviendo este mes de agosto. Así que he optado por visitar estos días los otros dos establecimientos marbellíes que aparecen con una estrella en la guía Michelin: SKINA y EL LAGO. No vamos a volver al debate de las estrellas y los agravios comparativos, pero es evidente que si estos dos restaurantes tienen un macarrón cada uno, el de Dani García es un tres estrellas muy claro. Ojo, no digo que no lo merezcan, pero sí que las diferencias entre Calima y los otros dos son importantes. Y no sólo en la cocina. Aún así, tengo que reconocer que las dos cenas de estos días han estado, en líneas generales, muy bien. Tanto Diego del Río, en El Lago, como la pareja que forman Daniel Rosado y el recién incorporado Mauro Balea, en Skina, demuestran su nivel como cocineros, con algunos platos de mucho mérito y buscando siempre como eje central las raíces y los productos andaluces.

Pero vamos por partes. O mejor dicho, por orden cronológico. La primera cena fue en EL LAGO. Su terraza, sobre el gran lago del campo de golf que circunda el restaurante, en la urbanización Elviria Hills, sigue siendo una de las más atractivas de Marbella. Además, Paco García dirige con solvencia la sala y la bodega, ayudado por la maitre María José Aguilar. La última vez que estuve allí aún estaba en la cocina Celia Jiménez, que fue la que logró la estrella Michelin. Su traslado a Córdoba hace dos años, para hacerse cargo del departamento de investigación de BODEGAS CAMPOS, dejó al frente de los fogones a Diego del Río, un rondeño que ha asegurado la continuidad sin grandes sobresaltos. Cuentan con dos menús, a 45 y 60 euros respectivamente. Al primero lo llaman “ligero” (entrada, pescado, carne y postre), y el segundo celebra el décimo aniversario del restaurante, con algunos de los mejores platos de estos diez años. Nosotros optamos por medias raciones de la carta. Tengo que decir que el “nosotros” incluye a un ilustre y viajado bloguero marbellí y a su encantadora mujer (un saludo para ellos), por lo que ya la cena partía con un importante atractivo.

De los platos que probamos, el nivel de las entradas fue muy superior al de los principales. Estaba rico y en su punto el pulpo a la parrilla con puré de patatas, y excelente un ajoblanco de piñones con codorniz con un ligero toque ahumado. Nos gustaron también mucho las sardinas curadas con salmorejo de pimiento asado y unas gambas blancas con una exótica crema de puerro, curry, hinojo y coco y un refrescante granizado de lemon grass. Sabores de Oriente que acompañaban muy bien a las gambas. Lástima que este gran nivel no se mantuviera con los principales, que fueron dos pescados: rodaballo y lubina. Piezas excelentes, llegadas esa misma mañana desde Conil. El rodaballo, que había pesado 10 kilos, era de auténtico lujo, un espectáculo. Sin embargo no le hacía ningún favor un puré de nectarinas, todo lo contrario que el salteado de calabacín que también llegó en el plato. La lubina también era sobresaliente por tamaño y frescura. Diego la preparó sobre unas verduritas con espuma de perejil que le iban muy bien. Lástima que dado el grosor de la pieza no acertó con el punto y alguna, la mía en concreto, llegó muy pasada. Me gustó el postre, muy fresco, una combinación de cítricos del valle del Guadalhorce: naranja, limón, mandarina, pomelo y lima.

En cuanto a la parte líquida, alternamos algunas cosas que llevamos nosotros y que Paco nos abrió amablemente con otras de la bodega del restaurante, que curiosamente se limita a vinos nacionales. La manzanilla pasada de La Bota nº 20 que tomamos al llegar fue eso, una pasada. Impresionante esta manzanilla del equipo Navazos. Hubo sitio para dos champanes, primero un ligero y agradable blanc de blanc Lemesnil de Pierre Peters; y luego, palabras mayores, un Diebolt-Vallois de 1983, espectáculo en la copa. Luego, una botella de un excelente y desconocido vino blanco del Dao portugués, Sauzelhe 2007, que sorprendió a todos, con uvas encruzado y malvasía. Este vino, como ya les conté, me lo descubrió en mi última visita a Lisboa un bloguero portugués, Nuno. Para rematar, otro blanco, en este caso riojano: Qué bonito cacareaba 2009. Buen vino, como todos los de Benjamín Romeo. Con los postres un Antojo Rubio, con uvas pasificadas. Al final, con alguna copa de sobremesa, algo menos de 100 euros por cabeza. Lástima esos fallos con los pescados que bajaron algún punto la impresión final.

Y la segunda cena, este último lunes, en SKINA. He seguido con interés este restaurante en los últimos años, con visitas todos los veranos, y nunca me había convencido del todo. Demasiado barroquismo en los platos. Ahora, con la salida del argentino Víctor Trochi y la incorporación de Mauro Martínez (Mauro Balea en el mundillo profesional) junto a Daniel Rosado, que permanece, he notado un cambio importante. No es que el barroquismo haya desaparecido, pero se ha reducido mucho y por lo que me cuentan se reducirá aún más en los próximos tiempos. Hay que dejar a Mauro rodarse y trabajar en su línea. Al frente de todo sigue, con su eficacia habitual, Marcos Granda, que maneja una excelente carta de vinos, especialmente en lo que a champanes se refiere. Resulta muy agradable además cenar en las mesitas al aire libre en esa romántica callejuela del casco viejo de Marbella.

Para simplificar han reducido todo a dos menús. Uno, de degustación (74,90 €) seleccionado por los cocineros. Otro, a la carta (78,90 €), permite al cliente elegir tres platos (entrada, pescado y carne) más postre, entre diversas opciones. En nuestro caso nos dejamos llevar y elegimos el degustación, que empieza con un snack “sorpresa”. Una caja de hamburguesa como las que sirven en los burguer, que contiene una alcaparra y dentro del pan, una galletita de queso, un arito de cebolla, una hoja de albahaca y una galleta de frambuesa que sustituye a la carne. Además, un tubito con manteca colorá y un inyectable con salsa barbacoa, ambos para poner sobre el panecillo de hamburguesa. Entiendo que hay que sorprender y divertir a la clientela pero no me gustan demasiado estos efectos especiales, y menos cuando hay que dar una explicación pormenorizada de cómo hay que comer cada cosa. Los platos con “libro de instrucciones” no son para mi. Pero a mis compañeros de mesa les gustó. Nos pusieron luego el pan, que hacen ellos mismos con trigo orgánico de Ojén en piezas grandes que se cortan ante el cliente. Muy bueno.

Y empezamos el menú propiamente dicho. Primero, “huevo en sartén”. Un trampantojo en el que la clara es puré de patata y la yema una esfera de pimiento amarillo que rompe como la del huevo. Servido en una pequeña sartén rodeado de trocitos de chorizo ibérico y con una sopa de ajo. Un plato divertido y agradable de comer que estaría mejor si en la sopa no se añadiesen petazetas, un truco muy visto y que no aporta nada. Mucho mejor una cigala casi cruda con sandía y pepino en distintas texturas y algas orientales. Plato veraniego, muy fresco y logrado que se completa con un vasito de sopa de pepino. También muy veraniega la buena versión de la ensalada malagueña que hacen con bacalao negro, con sus toques de naranja y fideos de patata además de un poco de caviar de Riofrío. La experiencia de Mauro Balea con el atún se plasma en un plato de morrillo con un guiso de habitas tiernas y ají amarillo y por encima espuma de piñones. Muy rico, aunque no entendí muy bien el porqué de la espuma. Como pescado, un rape de barriga negra con alboronía de verduras, papaya y tomate. Hasta aquí todo muy bien, pero la presencia sobre el rape de zurrapa de lomo que competía con el sabor del pescado me recordó el barroquismo de años anteriores. Y de carne un nugget de pollo de Bresse con un tabulé de amaranto y un caldo de pollo moruno. Como ven, abundan los caldos en los platos, pero todos aportan algo y tienen su sentido. En este caso, el de pollo moruno estaba muy bueno y aligeraba un rebozado demasiado grueso. Aún así, me pareció un plato muy interesante, reforzado el sabor con los higaditos del ave.

Un acierto el plato de quesos andaluces, muy bien presentado, con una excelente torta de Aracena. Dio paso a los dulces, un yogur de albaricoque con unas gotas de ciruela amarilla, ligero y fresco, y chocolate con Baileys y maracuyá. También esta cena, de celebración familiar, la acompañamos con vinos de categoría: champán Bollinger Gran Anneé; un Hermitage Les Rocoules 2001 de Marc Sorrel; y un tinto de Borgoña, el Clos de la Roche 2001 de Lecheneaut. En conjunto, pese a algunos detalles, una impresión muy positiva de una cocina que ha emprendido un nuevo camino, creo que más acertado. Entusiasmo no falta. El tiempo nos dirá si se consolida.

  • Comentarios

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  • albert70 - 15/09/2010 a las 20:55:12

    Hola Carlos, felicitaciones por el blog y sobre todo por el respeto con el que se maneja.
    Estoy de acuerdo con todo lo que dice, pero quisiera objetarle algo, y es respecto al restaurante Messina, el cual considero que está totalmente a la altura de los que usted menciona, y esto lo digo con causa, ya que mi esposa es marbellí y eso hace que veraniemos allí todos los años. Hemos cenado en todos los restaurantes que usted menciona menos en Shiló y Oyarbyde y le puedo asegurar que Messina cada año sube en su nivel, es un lugar elegante y ofrece algo diferente a los demas sitios(me refiero a su cocina, la cual no está saturada de gazpachos y gazpachuelos etc etc). Cuando tenga una oportunidad no dude en ir, confío en que sus amigos tendrán un buen criterio, pero usted es el crítico prestigioso, no ellos.
    Está claro, es mi restaurante fovorito en Marbella, sino no les haría a esta gente tal favor de hablar tan bien, pero le aseguro que valdrá la pena.
    Saludos y nuevamente felicitaciones

  • elhage11 - 27/08/2010 a las 01:41:30

    mi observación es gastronómica, y que usted diga que Carlos Oyarbide esta a mucha distancia de Dani Garcia:
    Claro que lo esta...!!! pero para bien.yo personalmente agradezco su estancia en Marbella y yo como muchísimas personas que me consta que han pasado por Oyarbide y siempre han comido magníficamente bien, y en cuanto al local no creo a hay ninguno que tenga la cubertería, vajilla y detalles de esta casa, ¿ cuantos 3 estrellas michelín quisieran para ellos la elegancia de este local? lo digo desde la sensatez y no desde el forismo mediático. Hay que ser justo y darle a este señor un diez por su trabajo, honestidad, profesionalismo y humildad con la que esta caminando. El tiempo pone a cada uno en su sitio y el y su restaurante están y estarán a la altura, que de el se espera.
    anímese y coma en Oyarbide, cambiara de opinión seguro.

  • Tazz - 24/08/2010 a las 12:57:43

    Espeto, genial tu comentario sobre Weirdo, la verdejo, los blancos españoles y la visión lúdica del mundo del vino. 100% de acuerdo en todo.

  • josé - 23/08/2010 a las 17:07:06

    A ver, un pequeño ejercicio de imaginación: es este próximo sábado en Madrid y tenéis que hacer un almuerzo ligero, quizá algún pescado a la plancha, a eso de las 13:30. La zona, Puerta del Sol, Gran Vía, idealmente no mucho mas lejos de eso. A mi no se me ocurre nada ¿a alguno de vosotr@s si? Muchas gracias.

  • josé - 23/08/2010 a las 17:03:36

    A ver, un pequeño ejercicio de imaginación: es este próximo sábado en Madrid y tenéis que hacer un almuerzo ligero, quizá algún pescado a la plancha, a eso de las 13:30. La zona, Puerta del Sol, Gran Vía, idealmente no mucho mas lejos de eso. A mi no se me ocurre nada ¿a alguno de vosotr@s si? Muchas gracias.

  • Bibendum - 23/08/2010 a las 15:22:03

    Tras tres semanas disfrutando de las excelencias de Menorca por segundo año consecutivo, algunos comentarios:

    La isla tiene un algo indefinible (al menos para mí), que la convierte en especial. No sé decirles lo que es. Fuera de la temporada veraniega, tiene que ser la leche, con perdón.

    En el terreno culinario, la cosa no está mal, pero tampoco es para tirar cohetes. No les voy a descubrir nada. Los mejores sitios son los que otros contertulios más avezados que servidora ya han señalado. La fama se gana cada día.

    De los que conozco, me quedo con estos tres: SA VINYA, por su cocina de raices sensible y delicada, con ES MOLí DE FOC, dónde -como decía Espeto- sólo por probar el arroz con conejo y atún merece la pena darse el garbeo; y con EL TRÉBOL, por la calidad del producto y lo honrado de su propuesta.

    En ES MOLÍ, añadan ustedes unos postres estupendos y sepan los cerveceros que, a partir de enero, van a empezar a producir su propia cerveza, que fabricarán en el mismo restaurante (Lager y Ale, para satisfacción de su nutrida clientela británica)

    Mención especial para EL TRÉBOL: amplia terreza abarrotada de mesas en el diminuto puerto de El Castell atiborrado de gente. Cuando uno llega y ve mesas doblando, camareros como locos de un sitio para otro y gente esperando, se pone en lo peor. Craso error.

    A la mesa comienzan a llegar platos de gran calidad, impecablemente preparados, perfectos de punto y a un ritmo ideal, servidos por unos amabilísimos y eficacísimos camareros. Sepia con calabacín (tomen nota), chopitos (impecables), las sardinas asadas mejores que haya tomado nunca, unos salmonetes de llorar, rape encebollado...y extraordinario pastel de chocolate. Como única pega, una cortísima y pobre carta de vinos.

    En cambio, decepcionantes los restaurantes con más nombre de Mahón, caros y con pescados maltratados en sus puntos, al margen de un trato al cliente desconocido bastante displicente (algo, por otra parte, común en la isla dónde, de entrada, en muchos sitios el forastero es sospechoso de no sé sabe muy bien qué)

    Decepcionante también, por segundo año, el jaleado Cap Roig (Cabracho), al menos los ejemplares que se toparon con nosotros, completamente faltos de sabor.

    En cambio, soberbias gambas rojas (compradas al atardecer en el propio puerto de Mahón), cigalas (grandes y pequeñas) y mejillones de roca (pequeños pero matones), todos ellos incorporados a la dieta familiar bajo amenaza de motín en su ausencia.

    Para no aburrirles, en otro momento les contaré lo que recuerde de mis últimas cenas en SERGI AROLA GASTRO (Bellini en almímar incluido) y en MARTÍN BERASATEGUI.

    Mientra tanto, les propongo una sencilla adivinanza: en estos dos últimos restaurantes, en los días de mis visitas estaba sólo uno de los cocineros titulares al mando de las operaciones, ¿adivinan cúal?. No me contesten todavía. Piénsenlo despacio...

  • garagar - 23/08/2010 a las 13:54:45

    LaIna:

    Respecto a Venta Pinto, ya indicaba en mi comentario que hace unos años que no paro a comer por allí, y me consta que después de mi última visita cambiaron de cocinero.

    Por lo comentas el cambio ha debido ser a peor, ya que recuerdo con cariño un auténtico homenaje que incluyó un pescado a la sal de casi tres kilos (para dos) delicioso.

    Lo que sí seguía siendo destacable hace un par de años era el bocadillo de jamón ibérico. Si eso también lo han estropeado yo también lo tacharé de la lista.

  • LaIna - 23/08/2010 a las 13:50:12

    De mi veraneo 4-5 apuntes a destacar:

    1. LA CASTILLERÍA, en Santa Lucía, Vejer de la Frontera. Juan Valdés abre en el barrio de Santa Lucía, en las faldas de Vejer, entre el 19 de Marzo y el 12 de Octubre. En Agosto tenía lleno para cenar durante todo el mes, y aunque tampoco me parece para tanto, sí es una dirección muy interesante para los amantes de la carne. No he visitado todavia templos como el CAPRICHO o ETXEBARRI por lo que no puedo comparar, pero la carta ofrece una selección de 16 platos de carne, agrupados en vacuno de 8 a 12 meses (Limousin y Retinto), de 4 a 6 años (vaca rubia gallega, parda alpina de cantabria y retinto) y de 9 a 11 años (vaca rubia gallega) con precios entre €15 y €30. Tras ver el mostrador con la carne y preguntarle a Juan directamente nos decantamos mayoritariamente por un lomo de macho castrado de raza parda gallega (4-6 años) que, para mi, estaba sublime. La terraza tiene su encanto y es menos ruidosa que la parte de dentro, el servicio está desbordado aunque cumple y la carta de vinos no se puede comparar a la de SKINA ni de lejos pero sólo por esa carne merece la visita.

    2. SALPITXI: espectacular cena en San Sebastián, donde probamos unas aceptables ostras (avisados estábamos que no era buena época), unas estupendas almejas, decentes croquetas de marisco, un muy buen revuelto de hongos, un besugo a la brasa de quitar el hipo y una gran chuleta. Regados con un louro do bolo y un imperial reserva (que no elegí, no se me tiren ya a la cabeza) y finiquitados con un buen pacharán casero €80 por persona. Sitio a tener muy en cuenta.

    3. Gracias a la muy buena ruta de pinchos por S. Sebastián que nos regaló Weirdo en un comentario acertamos con casi todos: La Cuchara de San Telmo, Gandarias, Txepetxa y Gámbara. Lástima que Paco Bueno había cerrado ya la parte de fritos.

    4. EL CAMPERO, en la barra sí se pueden pedir medias raciones. Lujazo de aperitivo para dos con 2 medias, el insuperable tartare y el morrillo (que no había probado y me encantó, en la próxima visita cae un cara a cara ventresca vs. Morrillo). Con 6 cañas €40. Creo que los precios han ido subiendo, aún así insuperable.

    5. Tras los toros en Gijón parada rápida a tomar algo en Lastres, ante el lleno de EUTIMIO cafetería del PALACIO DE LAS LUCES. Espectacular pepito de ternera y muy buena tortilla de merluza. Esto sin haber leído el post que acabo de ponerme al día. La carta del restaurante tenía muy buena pinta, pero como no era barato, íbamos con prisa y no teníamos referencias preferimos algo rápido con muy buen resultado.

  • Carlos Maribona - 23/08/2010 a las 13:48:28

    Espeto, la verdad es que me ha dado bastante rabia no visitar este verano SCHILO, pero no he tenido tiempo. Espero hacer una escapada fuera de la temporada estival (en la que además estará más tranquilo) para cenar allí. Coincido contigo en que en cuanto empiece a utilizar con más frecuencia el producto local va a estar en la cima.

    En cuanto a DG, todos los platos que comentas los probé en julio en la casa madre madrileña. La verdad es que no me compensa el desplazamiento desde Marbella (y sobre todo el regreso tras la cena) para probar cosas que tengo a tiro en Madrid. Por eso me resulta curioso que la mayoría de su clientela veraniega sean madrileños y que tenga que cerrar el resto del año. Pero es buena noticia que todo funcione allí como un reloj.

  • Carlos Maribona - 23/08/2010 a las 13:42:20

    Sobre Weirdo, igual que Garagar y otros muchos blogueros tuve la suerte de conocerle en su tienda de Ronda cuando casi la tenía recién abierta. La impresión no pudo ser mejor. Una persona apasionada por el mundo del vino, que sabe mucho y tiene ganas de aprender mucho más, que ha renunciado a otras cosas para centrarse en los vinos y que consigue joyitas difíciles de encontrar por otras vías, y que además es capaz de transmitir esa pasión y de enseñarnos a los que no sabemos. Es además un tipo encantador, con el que se pueden mantener largas conversaciones sobre muchas cosas (aunque siempre acaba volviendo al vino, que es su vida). Le he vuelto a encontrar varias veces después y siempre he mantenido la impresión inicial.
    Que me acusara de que no me gusta el vino o me reprochara que no ponga las añadas simplemente forma parte de su forma apasionada de vivir el vino. Pero no le doy mayor importancia.
    Si creo que exagera en su defensa de lo foráneo, aunque puedo entenderlo. Me gustan los riesling como me apasionan los champanes, pero tambieén nuestras uvas autóctonas, incluida esa verdejo que tanto se desprecia y con la que se consiguen algunos vinos excelentes como el Ossian o el Belondrade. Cierto que hay malos verdejos, como hay malos albariños, o malos vinos elaborados con palomino. Lo mismo que hay malos riesling y malos champanes.
    En cualquier caso, lo importante es lo que dice Espeto. Cada uno debe encontrar sus vinos favoritos, los que estén al alcance de su bolsillo y sean de su gusto, y disfrutar con ellos. Todo lo demás nos lleva a un cierto y peligroso dogmatismo.

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