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La última cena en El Bulli

adria 2011.jpg

No sé si es tan sólo el final de una etapa o el final de toda una época. Lo que sí sé es que el sábado por la noche, mientras disfrutaba del que probablemente será mi último menú en EL BULLI, al menos en el que hemos conocido hasta ahora, sentía una sensación agridulce. Dulce porque el nivel de los platos me llevaba, una vez más, a extraordinarias sensaciones que no sólo están en el paladar. Sensaciones visuales, sensaciones táctiles, sensaciones aromáticas, sensaciones emocionales. Agrio porque era consciente de que estaba diciendo adiós a un modelo de restaurante, a una forma de entender la cocina, a un equipo extraordinario que durante años ha trabajado como una piña en torno al que, guste o no guste, ha sido, es y casi con seguridad será el más excepcional cocinero español de todos los tiempos y uno de los hitos en la historia de la cocina mundial. Cuando, acabado el imponente menú de 48 platos, Ferrán Adriá me invitó a acompañarle en la mesa de la cocina para compartir unos gin tonic y charlar sobre el presente y sobre el futuro, la nostalgia hizo su aparición. Han sido muchos años, muchas experiencias maravillosas. Pero el cocinero, entre despedidas de clientes, fotos y firmas de libros, me dijo una frase que en cierta medida rebajó esa tristeza del adiós: "Esto es el fin del principio". El fin de EL BULLI. El principio de EL BULLI.

Me permito ilustrar este post cargado de nostalgia con una foto en la que aparezco junto a Adriá en la mesa de la cocina del restaurante mientras este, lápiz en mano, me explica el organigrama de lo que será el nuevo Bulli. Nunca, en tantos años, me había hecho una foto allí con Ferrán. Pero esta era una ocasión muy diferente. Por cierto, lo que se ve en la mesa, a la izquierda, es la célebre caja de chocolates.

Pero vamos a lo importante. Cuarenta y ocho platos, aunque sean en porciones mínimas, y aunque sorprenda la sensación de ligereza con la que uno se levanta de la mesa tras haberlos ido probando a lo largo de cuatro horas en las que se pierde la noción del tiempo, son muchos platos para enumerarlos todos aquí. Además, algún ilustre bloguero ha descrito con certeza hace algunos días su menú y sus sensaciones. Lo encontrarán en el post dedicado a El Doncel de Sigüenza, con fecha 23 de enero. Un menú, además, que coincide bastante con el mío. Así que con su permiso me limito a darles unas impresiones generales y a destacar aquellos platos capaces de destacar entre tanta excelencia como sale cada día de las cocinas de El Bulli.

En el menú de esta temporada de despedida es un mix atractivo. Combina técnicas de años anteriores, sigue ampliando el abanico geográfico con platos de distintas culturas, mantiene la sorpresa y el juego con el comensal a través de mil y un guiños inteligentes, e incorpora más producto que nunca, desde el más sencillo, como puede ser un extraordinario tomate en tartar, hasta el más sofisticado, que representan el caviar o la trufa negra. Por medio, angulas, pulpitos, langostinos, ventresca de atún, ostras, erizo,  guisantes, fresas... y sobre todo la caza. Qué lástima que haya sido tan tarde cuando la cocina cinegética se ha incorporado a El Bulli. Pudimos disfrutarla ya en el otoño de 2009, ha seguido en 2010 y tiene presencia destacada en estos primeros meses de la que es la temporada de despedida. La liebre, el tordo o la becada le dan al menú una intensidad como nunca habíamos encontrado en Cala Montjoi. Y demuestran la técnica y la capacidad creativa de Ferrán también cuando parte de la tradición.

Si hay que poner alguna pega al menú que tomé el sábado sería que se guarrea demasiado. El primer cubierto no apareció hasta el plato décimo cuarto, aunque hasta el plato número 26 no se normalizaron. Hasta ese momento, todo a mano, en bastantes ocasiones con cierto riesgo de pringarse no sólo los dedos, algo inevitable, también la camisa o la chaqueta. Muchos rellenos líquidos en estructuras de enorme fragilidad, prodigio técnico en lo que a cocina se refiere pero complicadas de llevar a la boca.

La parte de snacks, impecables, me llamó menos la atención, aunque aparecieron en ese bloque elaboraciones de lujo como la rama de almendro, auténtica, con sus flores impregnadas de una sustancia dulce para chupar (sensación de abeja). O como la empanadilla de nori, sabor, textura, delicadeza. Sabores de Oriente que tienen su continuación en algunos de los mejores platos del menú: los sesos de gamba thai (los jugos de la cabeza del crustáceo en un potente y especiado caldo tailandés); los niguiris de erizo fresco y de tuétano (el producto puro y duro sobre unas masas hechas con arroz); el won-ton de jamón y rosas (que se acompaña con un agua de melón en un vasito para rememorar los sabores del melón con jamón); las cerillas de soja (rellenas con wasabi); el sushi de médula de atún y su ventresca (una maravilla); o el shabu-shabu de pulpitos (piezas de lujo que el comensal introduce con unas pinzas en un caldo hirviente de laurel y que luego deposita en un cuenco con aceite de oliva virgen y espolvorea al gusto con pimentón; pulpitos "a la gallega"). Todos ellos platos excepcionales. Como excepcionales eran las angulas al vapor (el mérito de la sencillez); los guisantes 2011 (mitad esferificación, con sabor a jamón; mitad auténticos guisantitos, con butifarra, tocino y menta), o una papillote de endivias con trufa que el propio Oriol Castro, mano derecha de Adriá, salió a emplatarnos a la sala para que luego Luis García, el grandísimo director de sala, rallara generosamente más trufa negra por encima (de nuevo el lujo de la sencillez).

Tras el paso por algunos platos de inspiración americana (ceviche de lulo y molusco, taco de Oaxaca) y un guiño andaluz (Andalucía en el plato) con un gazpacho helado rodeado de ajoblanco y aceite, llegamos a la apoteosis final: la caza. Primero un ninyo yaki (buñuelo japonés) de liebre. Luego un canapé de tordo, cubierto con una salsa similar a la del pato laqueado, y acompañado con sus muslitos. Más tarde un vasito con un capuccino de caza (jugo muy concentrado recubierto de cacao). Sigue una ostra descomunal cubierta con una lámina de becada y tuétano al lado (mar y montaña, producto, mineralidad). Aún hay sitio para un intenso risotto de moras con jugo de caza. Y para alcanzar el clímax con un espectacular ravioli de liebre con su boloñesa. Se sirve con una copa de "su sangre". Se siente uno un vampiro porque el aspecto impresiona, lo mismo que su densidad y su temperatura. En realidad está hecho con remolacha, pero cumple su función de epatar al comensal. Se rebaja la intensidad de este plato con unas fresas calientes con jugo de liebre. El único de la cena que no me gustó. No por el jugo, magnífico; pero no casaba con las fresas calientes.

Dos pre postres con el potente queso San Felicienne. Primero en un blini del que a pesar de que llega como plato número 42 dan ganas de repetir varias veces. Luego en una moneda (¿recuerdan aquellas de chocolate?) que combina queso y mango. Los falsos terrones de azúcar que se mojan en ron; la caña de ron flambeada en la mesa; la delicadísima coca de vidre que convence incluso a los que no somos golosos; la imitación de los filipinos (bombón helado y coco); la estética rosa hecha con manzana natural (el corazón helado)... y al final la caja mágica de chocolates. Qué lujo. Perfectamente asesorados por ese gran sumiller que es Ferran Centelles bebimos el Grand Rosé de Gosset; un Chateau de Beaucastel 1998 (Chateauneuf du Pape) y, con la caza, el syrah siciliano de Planeta, el 2001.

En la despedida, la sensación de que se pierde un equipo de auténtico lujo. Profesionales de primerísimo nivel que siempre han estado a la sombra de Ferrán Adriá, eclipsados por la marca El Bulli, y sin los que este restaurante nunca hubiera llegado a ser lo que es. No puedo citarles a todos. Los represento en Luis García y Lluis Biosca, impecables en la sala, atentos a todos los detalles, pura simpatía; y en los dos grandes sumilleres, Ferran Centelles y David Seijas. A ellos, y a todos los demás, un reconocimiento de su excelente trabajo. Y la alegría de saber que estos cuatro seguirán en 2014 en el nuevo Bulli, aportando su experiencia y sus conocimientos a lo que promete ser un gran proyecto. Permítanme, hablando de equipos, felicitar a Eduard Xatruch, jefe de cocina junto a Oriol Castro, que se casa en Madrid en unos días. Y lo hace además con una chica encantadora. Que sean muy felices.

El regreso a Rosas, noche cerrada, temperatura primaveral impropia de febrero, se hace más corto que nunca mientras pasan por la cabeza tantos y tantos recuerdos. Esta ha sido la última cena en el mejor restaurante del mundo. Y vuelvo a escuchar la frase de Adriá: Este es el fin del principio.

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  • Larpeiro - 14/02/2011 a las 09:30:33

    No sé si se me habrá pasado por alto o, por el contrario, el motivo es que los habituales de este blog no habitan en las zonas adecuadas para ello, pero no he leido ni un comentario acerca de ninguna comida basada en LAMPREA, pese a estar en temporada.
    Rechazada por muchos (algunos simplemente por su poco agraciado aspecto) para otros representa un manjar culinario casi imposible de superar.
    Particularmente, me gusta preparada a la bordalesa (guisada en su sangre, se suele servir acompañada de pan tostado y arroz blanco), pero no le hago ascos a ninguna otra preparación. Maravillosa la empanada de lamprea.
    Animo a aquellos que no la hayan probado a que vivan la experiencia y se unan al club de seguidores incondicionales de esta exquisitez.
    Es tradición en el sur de la provincia de Pontevedra comenzar el menú dando cuenta de una ración de angulas. Tradición cada vez más en desuso por las prohibitivas cifras que se están manejando y que alejan el citado menú de la mayor parte de los cada vez más sufridos bolsillos.

  • Carlos Maribona - 10/02/2011 a las 23:52:51

    Magellan, yo no diría que esté a la altura de los que citas. Pero no anda nada lejos.

  • magellan - 10/02/2011 a las 23:09:00

    Gracias a todos por vuestras recomendaciones.
    D.Carlos,esperamos disfrutar de la cocina "especial" de Josean.
    La colocaría a la altura,con sus diferencias,de Aduriz o Berasategui?.Con disfrutar la mitad que lo hicimos en Lasarte,nos conformariamos...

  • lopann - 10/02/2011 a las 22:45:04

    Buen día,

    Local de tapeo en Trujillo, por favor??

    Gracias anticipadas...

  • Carlos Maribona - 10/02/2011 a las 22:27:25

    Lopann, como te ha dicho Espeto esta mañana, lo mejor de Trujillo es subir a comer al PIZARRO. Me parece un gran sitio.
    De tapas no he estado nunca en esa localidad, pero tengo anotado, porque me han hablado bien, un sitio que se llama El Mirador de las Monjas.

  • lopann - 10/02/2011 a las 21:53:18

    Buen día,

    Local de tapeo en Trujillo, por favor??

    Gracias anticipadas...

  • javitxu - 10/02/2011 a las 21:03:03

    A raíz de la polémica suscitada entorno a La Tasquita, quiero recordar mi experiencia de la semana pasada, contada en el anterior post de este blog, y que creo sí ilustra la "peculiar" forma de entender el negocio de Juanjo...

    Por hacerlo breve y no repetirme... Mesa reservada en La Tasquita el jueves pasado. Reservada y re-confirmada el mismo día. La mesa era para las 22:00. A las 22:40 seguíamos esperandomque nos dieran nuestra mesa, con Juanjo diciendonos que esperáramos 10 minutos más, y sin ni siquiera ofrecernos una cerveza en la barra. Al final, hartos, nos fuimos sin cenar. D. Carlos y demás blogueros, coincidirán conmigo que este trato es inaceptable.

    Tal era mi enfado, y lo mal que me habían hecho quedar delante de un buen cliente mío, que al día siguiente llamé a exigir una explicación. Juanjo ni se puso al teléfono ni se dignó devolverle la llamada... Impresentable, inaceptable, indignante. D. Carlos si me lo permite, sí diré que conmigo Juanjo demostró ser un maleducado. Obviamente, jamás volveré y tampoco lo recomendaré (y eso que siempre había comido bien en La Tasquita y en Mui).

    En cuanto a Piñera, sin duda uno de los mejores de Madrid. Y Jorge Dávila en sala, un tipo fenomenal!!!

  • YoNeron - 10/02/2011 a las 20:48:32

    Mr. Picwick, quiero darle las gracias por la claridad que ha aportado en este asunto. Desde luego es como yo entiendo como han de hacerse las cosas. Cada uno que opine lo que quiera, pero el caso esque a mí me robaron 70 € en La Tasquita de Enfrente.
    En MUI, me trajeron un plato que yo no pedí y luego me cobraron. ¿Eso es ser honesto y honorable? Señores, seamos serios y llamemos a las cosas por su nombre.
    Jose 904, simplemente decirle que a lo mejor usted no estuvo en La Tasquita de Enfrente de la calle Ballesta, y estuvo en otra que no tengo conocimiento que exista y den cartas con la comida. Por el contrario si fue la de la Calle Ballesta a lo mejor la carta que vió usted en las manos de los comensales era la carta de vinos.

  • GOURMETILLA - 10/02/2011 a las 20:29:17

    Creo que algunos no me han entendido bien: es una pena lo mal que me explico.
    En el tema de las vueltas y el exceso de efectivo, el cliente está al albur del hostelero, sí o sí.
    Me da lo mismo que haya negocios "bien llevados" donde al cuadrar la caja les sobren 70 euros tengan la honestidad de cotejarlo con la reclamación de un cliente que les llama al día siguiente "por teléfono".(juasjuas). Y la honestidad de confiar en la palabra del cliente, y de querer mimar al cliente. Seguro que los hay, incluso es probable que en MUI pertenezcan a esta clase de hosteleros.Pero como el hostelero no se acuerde, o no quiera acordarse, vayan ustedes al juez si es que les merece la pena y pídanle como medio de prueba las "cuentas" del hostelero del día de autos.Y luego, por favor, lo cuentan aquí.
    Que parece mentira, hombrepordios.

  • jose904 - 10/02/2011 a las 20:16:13

    Mole, creme, yo he visto a clientes con la carta en la mano, esta Navidad, sin ir más lejos.

    Lo del reservado de arriba...no es tan así, Mole, no es solo para cuates y panas, te aseguro que el acceso es muchísimo más sencillo de lo que aparenta. No tienes más que ver comentarios aquí de gente que era la primera vez que iba a Muy y les invitaron a subir y, por cierto, merece mucho la pena.

    En lo que si coincido es que hay experiencias y a cada uno le va como le va. Yo, insisto, en esto debo tener suerte. Claro que, por otra parte, en algo tenía que tenerla.

    Carlos, coincido contigo, de pe a pa, con Piñera. Es de esos sitios que, cada vez que salgo aquí a comer o cenar, me acuardo con nostalgia irreprimible. El huevo con esa focaccia tremendo y el pan de cristal que ponen con el steak tartare...un lujazo. Bueno, y todo lo demás. Uno de mis imprescindibles.

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