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Balance de Millesime Madrid 2011

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Aunque han transcurrido ya unos días desde su celebración no quiero dejar de resumirles algunas impresiones del último MILLESIME MADRID 2011, que en esta su quinta edición se ha ratificado como el principal evento gastronómico-social de cuantos se celebran al cabo del año en la capital de España. Una fórmula triunfadora que su alma máter, Manuel Quintanero, ha comenzado a exportar con éxito a otros países. Lo pude comprobar el pasado mes de marzo en el Millesime Sao Paulo y espero poder volver a hacerlo en el inminente Millesime México, que se celebrará en la capital federal dentro de tres semanas. La fórmula es sencilla: reunir durante tres días en un espacio gastronómico vanguardista y sorprendente, que se monta sólo para tres días, a una serie de cocineros de primera fila, a algunas de las mejores marcas de productos gourmet, a bodegas de todas las procedencias, a las más destacadas marcas de bebidas Premium, y ponerlos al alcance de los empresarios que compran mesas para agasajar a sus invitados. Todo un universo gastronómico  en un breve recorrido por las distintas zonas que conforman el salón. El éxito está asegurado. Tanto que en plena crisis los organizadores tienen lista de espera de empresas que solicitan una mesa. En la edición de este año ha habido, como siempre, muchas cosas interesantes y algunas más flojitas. Y ha habido, por primera vez, un evidente desequilibrio en los equipos de cocineros encargados de servir las comidas durante los tres días. También entrega de premios muy merecidos y de otros bastante menos, incluido el concedido como "comunicador del año" (¿?) a un director de periódico madrileño que ni siquiera se dignó pasar por allí a recogerlo en persona.

Pero vamos por partes. En primer lugar, las comidas, que son, o deberían ser, el eje del evento. Como siempre, tres comedores, en cada uno de los cuales se servía el menú elaborado por tres destacados chefs. Y atendidos por un equipo dirigido por los nombres más destacados de la sala en Madrid: José Jiménez Blas, Paco Patón, Jorge Dávila, Sara Fort, Mónica Fernández, José María Marrón, Alfonso Vega, Lai Rueda, Armando del Cerro... Los equipos de cocina, como decía antes, parecían este año un tanto desequilibrados, dicho sea con todo respeto hacia los distintos chefs, todos grandes profesionales. Pero no es lo mismo un menú elaborado por Joan Roca, Pepe Rodríguez Rey y Pepe Solla que otro a cargo de Julio Fernández Quintero, Rubén Trincado y Paco Roncero. Este último fue precisamente el que me quedé sin probar ya que sólo pude comer allí dos días. El primero que me tocó en suerte, muy atractivo sobre el papel, resultó un tanto decepcionante. Nacho Manzano, Paco Morales y Paco Pérez son nombres de primerísima fila y cabía esperar más de ellos. Ya sé que no se puede valorar un trabajo que se hace en condiciones muy difíciles, para cerca de 300 personas simultáneamente y en unas cocinas provisionales que no son las habituales de los chefs, lo que provoca desajustes de puntos y temperaturas. Pero precisamente por eso hay que preparar platos poco complicados, de fácil servicio y que gusten a la mayoría, teniendo en cuenta que una buena parte de comensales no son gourmets. El que nos causó mejor impresión fue Paco Morales con su judión estofado con tripas de bacalao al pil pil y con el postre, leche ahumada, cacao especiado y semillas de café. Nacho Manzano no se complicó con uno de sus platos más clásicos, el arroz de pitu de caleya, pero sí lo hizo con una panna cotta de apio e hinojo con jugo de pepino y algas bastante desequilibrada. Y Paco Pérez, cocinero al que tengo un gran respeto y al que siempre he apoyado cuando nadie sabía apenas de su existencia, pagó, por así decir, la novatada. Demasiado complicados el dim sum de cigalas y pie de ternera y los chipirones con sopa de pescadores. Con mejor resultado final para este último. En este menú los vinos eran de nivel: Pago de los Capellanes Parcela el Nogal 2005, Roda I 2006 y PX Noé de González Byass.

El último día nos tocó el equipo de lujo. Porque auténtico lujo es tener como cocinero a Joan Roca. Y más si está acompañado por Pepe Rodríguez Rey y Pepe Solla. Roca se lució con una royal de oca y peras al cardamomo, espléndida, y remató perfectamente el menú con un clásico de El Celler, el postre láctico. Muy bueno el nivel de Rodríguez Rey con esa trufa hecha en caldo de cocido que difícilmente decepciona, por encima de la anchoa con queso y remolacha. De Solla me gustó mucho su versión de la tortilla de camarones, y menos el bogavante de espinacas, garbanzos y su jugo de cocción, un tanto insípido. Aquí los vinos fueron Mumm Rosé; Cloudy Bay neozelandés 2010; Summa Varietalis de Griñón; Numanthia 2007 y el Vi de Glass Gewurtztraminer de Gramona.

Antes y después de las comidas, los recorridos por el salón permitían, como siempre, acercarse a otros cocineros que presentan allí sus miniplatos o tapas y con los que hay ocasión de conversar e intercambiar opiniones. De los que estuvieron todos los días en los espacios dedicados al País Vasco me quedo con Álvaro Garrido, de MINA, uno de los jóvenes vizcaínos que están dando a Bilbao un gran protagonismo gastronómico y cuya leche de caserío con hierbas o la cebolla autóctona de Zalla eran tapas de altísimo nivel. También con esa tortilla de patata de Senén González, del vitoriano SAGARTOKI, que algún colega ha calificado incluso como "gastrotortilla", como si las de los demás no lo fueran. Lo que sí es cierto es que para ser un producto preparado que simplemente se calienta en la sartén el nivel es altísimo. Casi tan buenos como la tortilla sus originales rulos de Gilda. Fue durante los tres días uno de los puntos más concurridos del salón. En la zona de "jóvenes maestros", mucho nivel . Por ejemplo el de Ignacio Echapresto (LA VENTA DE MONCALVILLO) que ofrecía una tapa tan tradicional y lograda como los morros de ternera guisados junto a una moderna hoja de endibia con hongos y vinagreta de azafrán o a una lograda combinación de pimientos de su huerta asados con anchoa ahumada y virutas de queso camerano. O el de Romain Fornells, reinstalado ya en CAELIS en el hotel Palace de Barcelona, con su toque afrancesado: yogur de ceps o el curioso praliné de hoja de ostra con caviar de escaluña al vinagre y sablé de parmesano. Menos afortunada su otra tapa con presencia de peta-zetas. Al lado estaba Kiko Moya, de L'ESCALETA, que sorprendía con una butifarra de calamar o con un steak tartar de remolacha.

En otra zona se daban cita "Cocinas del mundo", todas a cargo de restaurantes madrileños que rotaban cada día. Del primero me quedo con el ceviche potente de Michael Ruiz, del recién abierto PARALELO CERO. Completaban la terna Angelo Marino, de MERCATO BALLARÓ y Emiliano Reyes, de YATAKI. No estuve el segundo día, que correspondió a David Araúz, de 99 SUSHI BAR, Andrés Rodríguez de EL HUARIQUE y ASTRID&GASTÓN, y Jerónimo Gabarruz, de Olsen. Pero sí el tercero, donde estaba Jaime Renedo, de ASIANA NEXT DOOR, que apenas se dejó ver por su zona de trabajo. Todo lo contrario que dos peruanos: Luis Arévalo, de NIKKEI 225, que no paró de preparar niguiris de pez mantequilla con salsa de anticucho o de entraña de wagyu con huevo de codorniz, además de su tiradito de vieira con salsa de bloody mary con pisco; y Carmen Delgado, de LA GORDA, con estupendas causitas, pulpo con olivas y tiradito de lubina.

El paseo seguía probando alguno de los jamones ibéricos de las cinco marcas presentes (5 Jotas, Covap, Andares de la Dehesa, Arturo Sánchez y A. Castro) o pasando por el espacio de PONCELET para descubrir novedades queseras seleccionadas por Jesús Pombo como el Llanut, un peculiar queso catalán que se madura envuelto en la lana de la oveja. Visita también al stand de REAL CONSERVERA ESPAÑOLA, que pese a su juventud es ya una de las marcas de referencia en el mundo de las conservas. De este año me quedo con las sardinillas (creo que su mejor producto), con las caballas y con las navajas. Al lado estaba Andrea Tumbarello, DON GIOVANNI, con los productos a base de trufa que llevan su nombre: sal, aceite, mantequilla, miel... y preparando esos huevos con trufa que crean adicción. También las carnes de LUIS DE BLAS (rico el milhojas de carpaccio de buey con tartar que preparaba allí Chema de Isidro, de BELLA LOLA); las mortadelas y otros productos italianos de NEGRINI; o los aceites de CASTILLO DE CANENA que están entre mis favoritos. Y además de comer, beber. Todas las marcas de cerveza del grupo Mahou-San Miguel (me quedo con la Alhambra Reserva). Y muchas bodegas y muchos sumilleres presentando vinos. De los que probé, la manzanilla Solear saca de Otoño de Barbadillo que me sirvió María José Huertas, de LA TERRAZA DEL CASINO; el Contino Viña del Olivo 2007 o el Pujanza Norte que ofrecía Nerea Goñi en el stand de vinos de la Rioja Alavesa; y el Cirsión o el nuevo Corimbo que daba a probar el propio Agustín Santolalla en el puesto de Roda, fueron los que más me gustaron. Por la tarde, los cócteles. Allí estaba Carlos Moreno, de O'CLOCK con su agradable bloody mary de trufa blanca o su gimlet de vodka, o los buenos gintonics que en el stand de Schweppes (qué bien le va la nueva tónica indian classic a los GT) preparaban Federica Famoso, de ECCOLA, o Ángel San José, de DRY MARTINI. Buenos siempre que se les pidieran clásicos, porque de lo contrario... Y sin necesidad de combinar, a palo seco, el remate de un buen ron Zacapa, especialmente el XO. Como ven, mucho y bueno. Un salón para disfrutar al máximo.

P. D. Recuerden que estamos en Twitter: @salsadechiles.

  • Comentarios

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  • Eric V - 01/11/2011 a las 08:34:33

    Me pasa como a Angelo, me considero incapaz de ser imparcial con la cocina de David, es más, cualquier comentario va a ser absolutamente sesgado, una defensa ciega (eso, ciega) de su cocina, y es que uno tiene su derecho a pasarlo bien donde le plazca, a gustarle determinada cocina, a estar predispuesto a que las cosas le gusten y a defender su absoluta falta de objetividad.
    Y con todo el respeto a quien disienta.
    Y dicho lo dicho, la verdad es que voy a comer y a beber bien. Si me sorprenden, fenómeno. Si no, también.
    Esto es como cuando se sale con un buen amigo. Uno va predispuesto a pasarlo bien. A veces la conversación, la noche, todo, sale redondo.
    Otras, la cosa esta más tranquila, sin sorpresas, pero no por eso deja de ser un buen amigo.
    Ya no se si es barrroco o arriesgado, si es creativo o cocktelero del sólido, si sorprende o hace reencontar sabores vestidos de otra cosa, si usa técnicas o se aprovecha de ellas, si el monólogo de la explicación es un diálogo con el plato y la cocina, si el servicio es compadre o el compadre sirve, lo que si parece es que está lleno, tiene lista de espera, y no es precisamente barato, y menos en estos tiempos.
    Quizá, si hay algo a cuidar, es el cuidado con la cuenta y evitar sorpresas al "danos de comer y de beber".

  • angelo - 31/10/2011 a las 20:58:55

    Supongo que, sobre DiverXo, debe haber tantas opiniones como comensales. En mi caso, reconozco un falta de neutralidad manifiesta porque soy fan absoluto de David y de su propuesta . La verdad es que, desde hace mucho tiempo, yo no busco sorpresas en su cocina ni me parece que David busque de forma especial el sorprender a nadie, pero lo que siempre encuentro es una magnífica técnica y un gran tratamiento del producto con un toque absolutamente personal (p.e la sopa de rabo de toro con angulas me parece algo difícil de encontrar en otro restaurante).
    Siendo un poco "malvado", hoy en la Terraza del Casino, he pagado prácticamente lo mismo que pagué hace una semana en DiverXo y me han dado unos entrantes que llevan repitiendo muchísimo tiempo (y encima, que a estas alturas me sirvan una galleta de foie con PX y me la justifiquen diciendo que "es un plato diseñado por Ferrán Adriá me parece una tomadura de pelo) y unos principales que, siendo correctos, no se pueden considerar nada "sorprendente".
    Todo esto dicho desde el más escrupuloso respeto a otras opiniones.

  • macaron - 31/10/2011 a las 17:34:01

    Telegráficamente:
    -Yo en Diverxo me lo paso de maravilla. Ya me gustaría poder ir más a menudo aunque corriese el riesgo de que me dejase de sorprender.
    - Creo que en Málaga hay una escuela de Hostelería con Restaurante al público también en Benahavís. A menudo he estado tentada de pasar por allí, pero como ahora hay tantas cosas apetecibles por la zona, en mis viajes no muy largos nunca me ha dado tiempo a ir.
    - Estoy encantada de oír sobre la vuelta de César Martín. Espero que le vaya muy bien, porque creo que se lo merece, y desde luego, en cuanto abra, allí estaré.

  • Carlos Maribona - 31/10/2011 a las 16:17:30

    Poulet me parece muy atinado tu comentario. ¿No coincidiríamos el mismo día?

    En efecto, cuando uno ha repetido varias veces se pierde el factor sorpresa. Repaso mis notas y veo que yo he comido ya diez veces en Diverxo desde su apertura. Sin duda una auténtica suerte. Pero al tiempo un hándicap. En cualquier caso, en Diverxo hay más clientes que repiten que clientes nuevos.

    Lo de las explicaciones (libro de instrucciones) ya lo he comentado. Creo inncesario explicar en cada plato su proceso de elaboración. Creo que bastaría con un breve apunte sobre el nombre y la recomendación sobre cómo comerlo. A mí, y creo que a mucha gente, se me hace muy larga esa explicación. Me gusta tu ejemplo de El Bulli.

    Coincido también en esa apreciación sobre un exceso de ahumados (y estos muy potentes), con la ventresca a la brasa primero y luego con los dos platos al wok: excepcional como dices el corzo glaseado, aunque el cuscús de patata que lo acompañaba me dejó un tanto frío, y muy bien el estofado de costilla de buey. El rape chifa, que critiqué en su momento, ha mejorado mucho como pude comprobar ya que se lo sirvieron a mis amigos, que no lo conocían, y ha perdido buena parte de ese sabor a "quemado" que tenía originalmente y que provocó una cierta polémica cuando lo comenté.

    Sobre los precios, en efecto no es un restaurante nada barato. Nosotros éramos cuatro y pagamos 660 euros con un champán de menos de 50 y un riesling de 34.

  • poulet - 31/10/2011 a las 14:19:35

    EDon Carlos, nos hemos debido cruzar en DiverXo este fin de semana. Sin pretender entrar en polémicas, creo que es lógico que tras cuatro visitas en mi caso, la sorpresa no sea la misma que otras veces. Mis acompañantes, para las que era su primera cena, sí que mostraban un entusiasmo evidente ante los platos, gratamente sorprendidos. Lo que pasa, es que el entusiasmo se lo tenían que reprimir hasta que terminaba la explicación del plato, y disminuía también la sorpresa ante los originales sabores, porque algunos se repetían (ventresca a la brasa de sarmiento con sabor "ahumado", que coincidía ligeramente con los dos woks, de rape y gamo, por el juego de las llamas entrando (o no) en el wok). Por cierto, el de gamo, increíble de sabor y especialmente, de textura. Supongo que como te explican con tanto detalle su elaboración, lo valoras más. No recuerdo que nadie en El Bulli explicase cómo hacían ninguno de los cuarenta platos que te sirven…
    Coincido, por cierto, en que es bastante incómodo el olor a aceite al terminar alguno de los platos en sala.
    Para mí la mayor sorpresa es que la cuenta sube bastante más que en visitas anteriores, y sin excesos en el vino...
    En mi opinión es, sin duda, por su cocina, uno de los restaurantes imprescindibles de Madrid, un sitio recomendable para mucha gente que queda por sorprenderse.

  • Carlos Maribona - 31/10/2011 a las 12:32:02

    Creo que Bibendum ha definido perfectamente lo que yo entiendo por cocina barroca: "mezclas imposibles que van por libre".

    Por cierto, si ha habido alguien capaz de basar su oferta en la sorpresa continuada. Se llama Ferrán Adriá.

  • Bibendum - 31/10/2011 a las 11:08:52

    El factor sorpresa desaparece con el tiempo, la experiencia y la repetición de visitas a un mismo sitio. Pretender que alguien sorprenda siempre es un error, tanto por parte del que quiere ser sorprendido como del que quiere sorprender.

    No puedes basar tu oferta en la sorpresa continuada, nadie es capaz de ello (ya le pasó en su día a Arola)

    Dicho lo cual, opino que David sigue siendo el cocinero más interesante de Madrid y de parte del extrajero, pero debería ir mas despacio. En su afán por sorprender, a veces se pasa y en algunos de sus platos sus mezclas imposibles van por libre y muchos de ellos funcionan como si fueran dos platos independientes en uno.

  • Espeto - 31/10/2011 a las 10:55:16

    Carlos, lo cierto es que mi comentario tampoco estaba especialmente dirigido a lo que tu habías escrito.

    Yo creo que a un restaurante se puede ir de dos formas: a relajarse y disfrutar o a pasarle un examen. Si optamos por lo segundo se puede caer en ciertas paradojas. Se puede concluir que la sala del Bohío es fea, la de Calima ruidosa o la de Aponiente incómoda, que el servicio de Arzak es muy flojo o el de Can Roca se despista a veces, que la carta de vinos de Casa Gerardo es mejorable, que la factura de Berasategui o de Santceloni son desproporcionadas... O, llevando el planteamiento al extremo, concluir que no merece a pena ir al FM porque la barra es cutre, a La Tasquita porque está en un calle de mal vivir o a Paco Gandía porque su dueño no es el colmo de la simpatía. Y, siendo todos ellos grandes restaurantes, parecería injusto enfocar la crítica hacia alguno de esos detalles que - desde luego - se deben tener en cuenta a la hora de valorar un restaurante, pero que no muestran la foto completa.

    Por otro lado, yo entiendo un plato barroco como uno que amontona ingredientes y/o técnicas diferentes dentro de un plato sin aparente cohesión o, al menos, sin cierta armonía. No es algo que yo me haya encontrado habitualmente en DiverXo o no es algo que crea que defina su cocina. Es cierto que se utilizan muchos ingredientes y que en ocasiones se estira hasta el límite la complejidad. Pero mi opinión es que se hace con sentido – con audacia si lo queremos decir así – y se suele resolver con brillantez. Volveremos siempre al mismo debate que ha existido desde un principio: quizás no es una cocina para todo el mundo. De hecho a mí siempre me ha sorprendido su éxito inicial dada la cantidad de ingredientes y texturas que, en el fondo, le son relativamente ajenos al comensal madrileño. Supongo que algo de moda y de novedad hubo. Y de esa búsqueda de la eterna sorpresa en la que algunos se embarcan. Es por ahí por donde me tomo lo del elogio excesivo “casi cateto”. Pero eso mismo debe valer también para la crítica sin argumentos (que tampoco es tu caso).

    En mi última visita a DiverXo, allá por Junio, creo que me sorprendí menos que otras veces. Más que nada porque ya casi me espero cualquier cosa de David y porque no es lo mismo ir por primera vez a un sitio que ir después de media docena de visitas. Pero comer, lo que se dice comer, comí igual o mejor que en las anteriores.

  • Carlos Maribona - 31/10/2011 a las 10:01:54

    Tenía pendiente colgar la crítica del pasado viernes en ABC del Ocio. Dedicada a ATELIER BELGE, uno de los sitios más interesantes que han abierto en los últimos meses en Madrid.

    ATELIER BELGE
    DESCUBRIR BÉLGICA
    Dirección: Martín de los Heros, 36. Tel. 91 59 75 03. Cerrado domingos. Tarjetas: todas.
    Lo mejor: Los mejillones, la raya y las cervezas.
    Precio medio: 40 €. Menú degustación: 29 €. Menú del día: 11,50 €.
    Calificación: 7,5.

    Eclipsada por la de sus países vecinos, la cocina belga es poco conocida. Sin embargo, Bélgica es uno de los países con mayor cantidad de estrellas Michelin en relación a su número de habitantes. Una cocina tradicional que podemos descubrir de la mano de un cocinero belga con larga trayectoria en España, Etienne Bastaits, en un pequeño y acogedor bistró. Bastaits llegó a ser jefe de cocina en La Broche junto a Sergi Arola y más tarde emprendió una irregular aventura en solitario en aquel ambicioso Adoc, que duró pocos meses, y siguió luego en otros restaurantes de menor categoría. Técnico y minucioso, el belga recupera aquí su mejor nivel y nos descubre la cocina de su país en este espacio decorado con muchos símbolos belgas: libros de Tintín, novelas de Simenon, discos de Jacques Brel, ilustraciones de la Exposición de Bruselas… De la sala se ocupa Steve, que ejerce a la vez de maitre y de sumiller. Maneja una pequeña pero bien seleccionada carta de vinos, aunque su oferta principal es un amplísimo surtido de magníficas cervezas belgas de todos los tipos y graduaciones: blancas, lager, especiales, trapenses, de abadía... Steve recomienda con acierto las más adecuadas para cada plato en función de los gustos de los comensales.
    La de Etienne es una cocina tradicional puesta al día, que no renuncia a las cremas y mantequillas imprescindibles en la gastronomía belga pero que suaviza su presencia para aligerar los platos. Para empezar, acierto en los encurtidos que llegan como aperitivo, lo mismo que en la mantequilla que se sirve en la mesa. El nivel es muy satisfactorio. Está rico el paté de campaña casero (9,50), lo mismo que unos espárragos a la flamenca (12,40), confitados, con huevo duro, mantequilla clarificada y nuez moscada. Lo más flojo, las croquetas de quisquillas belgas (10,20), cremosas pero con un rebozado frío y poco consistente. Estupenda la cazuela de los populares mejillones cocidos con mantequilla, apio y cebolla (12,50, un kilo), acompañados con las imprescindibles “frites” servidas con varias salsas. El nivel más alto lo alcanza la raya a la mantequilla negra (18), un plato difícil que cuando está bien hecho, como en este caso, es una delicia. También está bueno el steak tartar (12), con la carne cortada a mano, bien potente en su aliño, aunque llega hecho de la cocina. Hay además un suave codillo (12,50), confitado con cerveza de cerezas, y “onglet” (13,40), ese peculiar corte de vacuno muy apreciado en Bélgica, que se sirve con chalotas. Los postres también a buen nivel, desde la tradicional Dame Blanche (5,90) hasta la tarta de azúcar (4,90) que pese a su nombre no resulta empalagosa. Un sitio atractivo, y con una muy buena relación calidad-precio.

  • Carlos Maribona - 31/10/2011 a las 09:44:52

    Espeto, no seré yo quien discuta el talento de David Muñoz, algo que ya describí en la primera crítica que le hice recién abierto el primer Diverxo y que está en las hemerotecas. No sé si es el más talentoso de Madrid, pero sí es uno de los que más brillan.

    En la cocina audacia y barroquismo no me parecen incompatibles. Y la de David es a la vez audaz y barroca. A mí no me gusta el barroquismo, creo que la cocina avanza o debería avanzar hacia la máxima sencillez, pero entiendo que haya mucha gente a la que sí le guste.

    En cuanto a la sorpresa, coincido en que no es un valor en sí mismo, pero resulta que David ha basado buena parte de su trayectoria en ese factor sorpresa. Y si se pierde, como creo que está ocurriendo, se pierde también una parte del espíritu de Diverxo.

    No sabía yo que comentar aspectos de la sala y detalles que no nos gustan sea sacar punta de nada. Creo que un restaurante es un conjunto de cosas, no sólo cocina, y que esas otras cosas hay que valorarlas y opinar sobre ellas. Lo que si me preocupa es que la brillantez de David nos deslumbre y no nos deje ver el resto. La adulación permanente, la admiración casi cateta de algunos (y no lo digo en ningún caso por ti) no le hace ningún favor a Diverxo ni a su cocinero.

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