
España ya está en danza, ajustando las bielas para encontrar el punto necesario que lo mecanice todo. Del Bosque ha confeccionado una lista continuista, basada en la confianza que le dan los campeones del mundo. Casi todo el mundo, menos algunos cerriles embotellados en mundos paralelos que ven gigantes en molinos, está de acuerdo con la lista. Incluso la opción Adrián-Torres se ha descartado cuando se ha visto como llega el del Chelsea, que viene como un cohete.
Y sin embargo, la atmósfera de la calle viene cargada. Lo que más se oye en bares, taxis o bus es "que esta vez no. Alemania y el Ozil ese nos van a crujir". Hay un tono fatalista basado en que muchos de los nuestros llegan golpeados, tocados, cansados y algunos pasados de forma o cortos de ella.
No obstante, la final de Copa ha cambiado las sensaciones. Fue ver a Xavi y a Iniesta carburando a plena máquina y ya nada es igual. Si los enanos estos, más Silva, están a tope que los demás se olviden. Otro pequeño, Mata, está que se sale y sí, no están Villa ni Puyol, pero con Torres en forma todo es posible. Y. de cualquier forma, siempre nos quedará el Rey León que, con un poco de descanso, volverá a rugir fuerte.

Pep Guardiola se fue ayer realizando una demostración de cómo se juega al fútbol. Un repaso en toda la regla a uno de los equipos que más le imitan y que también se desenvuelve con rigor y buen gusto. El entrenador azulgrana se va dejando un bagaje de 14 títulos en cuatro años. Enfrente, Mourinho tiene dos títulos en dos años. La comparación no se mantiene.
Con otro añadido: el Barcelona lo ha hecho todo con una gran mayoría de jugadores de la cantera, a coste ínfimo. El Madrid le ha aguantado cada año, lo que también tiene su mérito, pero lo ha hecho a costa del talonario de Florentino, levantando un equipo terrorífico trayendo a los mejores de aquí y de allá. Coste mayestático y jugadores de la cantera cero.
La cuestión está en saber si otro entrenador, con el mismo equipo de coste millonario habría sacado el mismo jugo de dos títulos en dos años ante el mejor Barcelona de la historia. Y, sobre todo, saber si a cambio habría dejado la imagen del club hecha jirones. En cualquier caso, el que parece haber tenido más mérito es Florentino, no Mourinho.
En el Barcelona apenas ha habido sacrificios: elegancia, excelente fútbol y poco dinero en comparación con otros clubes. Solo una sombra acompaña a Pep en la despedida: ¿habría tenido la misma elegancia de haber venido mal dadas? Parece que no...
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El Chelsea ha ganado la Champions eliminando al Nápoles, Benfica, Barcelona y venciendo en la final al Bayern Munich. Apenas mereció pasar alguna de las eliminatorias y, quitando la vuelta ante el Nápoles en Londres, jugó colgado del larguero, apoyado en contras y en la estrella de Drogba.
Vaya por delante que es legítimo hacer el murciélago si los jugadores que tienen no te dan para otra cosa o simplemente ves que así te va a ir mejor. Pero ojo con desterrar fantasmas pasados. El problema es que ahora saldrán de las tumbas los clementistas, capellistas y demás resultadistas intentando hacernos ver que vale todo para ganar, que no importa el modo ni el porqué y que si hay que pegar paatadones, meter hierro o sacar alfileres de las medias, se hace y santas pascuas.
Que no se pierda el sendero, que ya estuvimos en ese camino trillado de acero y mal gusto. Es el mismo que nos llevó a los muros de cuartos una y otra vez y que nadie olvide que ha sido el buen gusto por la pelota, el ataque, ser valiente y no cobardes, la ambición y no la racanería lo que nos llevó a conseguir el campeonato de Europa, el Mundial y a hacer del Madrid y Barcelona los clubes más grandes del mundo.
Ya hemos estado en el hoyo del resultadismo y no es cierto que solo se recuerda a los ganadores porque aún tenemos más en la memoria la naranja mecánica de Cruyff que el culo gordo y resultón de Muller en Alemania. Y también tenemos en la memoria esa Grecia que se llevó la Eurocopa y apestó el fútbol continental con su juego ruin y medroso. A esos también les recordamos, pero no con gloria, sino con pena. Y sobre todo no olvidemos una cosa: el que juega bien y pierde hoy, ganará mañana y pasado; y el que juega mal y gana hoy, perderá mañana y pasado.
Nadie, más que ellos solos, creyeron que llegarían lo que, en el fondo, les da un valor añadido. Pero, sin embargo, no nos engañemos, nadie les quería ver ahí. Todos pensaban en la final soñada, ese Madrid-Barcelona que debería suponer la lucha final por la supremacía, por la consecución de la corona de oro.
Pero Bayern y Chelsea serán los que van a tener la final soñada de la Champions. Y lo han peleado con ardor y muchas dosis de coraje y valor. El Chelsea en un doble milagro que pocas veces se volverá a dar. En una mezcla de fortuna inmensa junto a heroicidad casi loca, los ingleses se dejaron en el camino la mitad del arsenal.
Enfrente el tercero en discordia, que juega en casa y llega con todo. El Bayern aprovechó las escasas debilidades del rival para llegar a su final desde el punto de penalti. Están en casa, tienen cuajo, oficio y a sus titulares en formación. No se les puede escapar, pero lo mismo pensó el Barcelona. Pasen y disfruten. Es una final de Champions...

Hace una semanas, Rumennigge hizo unas declaraciones en su país -asunto importante puesto que no iban expresamente dirigidas a nuestra Liga, sino a la suya- en las que señalaba, más o menos esto: "Es sumamente importante que no caigamos en lo que está pasando en la Liga española, donde el Madrid y el Barcelona se están faltando al respeto continuamente". Y es cierto, esa es la imagen que ahora estamos dando fuera. Bordería, cruce de declaraciones, falsos santones, manifestaciones barriobajeras un día sí y otro también, y nada de deportividad ni caballerosidad.
Hace mucho tiempo que no se veía el ejemplo del Atlético de Madrid haciéndole el pasillo al derrotado, pero grandioso, Athletic, ni que se veía a Godín buscando la consolación de su rival, Fernando Llorente. El problema al que nos ha llevado esta rivalidad llevada al máximo extremo es que uno no ve a Cristiano hacer esas cosas, ni a Alves dando la mano en vez de enseñar el hierro.
¿Dónde estamos llegando? Antes no pasaba estas cosas. Antes el Madrid daba la mano cuando perdía y el Barcelona no iba de falso apóstol para en cuanto cae derrotado mostrar su verdadera faz, tan demoníaca y terrible como la del rival. Y el problema mayor no es ese, sino que el ejemplo, mal ejemplo, cunde entre las masas. Al hilo de este pésimo ejemplo está llegando a las gradas una masa vociferante, desprovista de diálogo, sensatez o serenidad, a los que solo les vale ganar, no importa el precio, ni la deportividad ni nada. Solo el fin, sin calcular los medios. No es solo que Mou y los suyos (entre otros), hayan alimentado con este quehacer dicho caldo de cultivo. El problema es la sociedad en sí, que cada vez más desprovista de valores, ha dado lugar a que gente como Rummenigge haya dado la voz de alerta. Y no solo él, ya lo dijo Rafa Nadal, ejemplo de deportista, el mejor de la historia española: "No vale ganar a cualquier precio. Hay que ganar, pero con deportividad". A ver si la temporada que viene vamos a ello, aunque ya lo dudo...

Lloraban todos, y todos con la misma camiseta aunque con diferente escudo. Unas eran lágrimas de alegría y otros de pesar. Más allá del resultado, del juego, de que el Atlético ganara porque tiene más cuajo y experiencia que el Athletic, lo que más impresionó fue el muestrario de rostros en el triunfo y en la derrota, sobre todo en la derrota.
Vaya pues este panegírico para los derrotados, que mostraron una grandeza, una enorme grandeza. Había que ver a ese Toquero desconsolado, a Llorente, tran grande y tan niño, a Muniaín bañado en lágrimas pero, sobre todo, encogía el corazón observar los rostros de los aficionados bilbaínos en las gradas. Una novia con el rostro escondido en el hombro de su amado, las camisetas verdes empapadas de sudor y lágrimas, los rostros compungidos y borrosos por la pintura que se había llevado la lluvia que caía de los ojos.
Y los atléticos, los triunfadores, aplaudiendo a los derrotados. En el rosario de bares nocturnos donde los del Manzanares celebraban el triunfo había dos tónicas comunes: uno la alegría por otro título más y dos, el pero de "lo que más nos fastidia es que hayamos tenido que ganar a este Athletic, con lo bien que nos cae". Y es verdad, este Athletic cae bien, un grupo de chavales, de amigos empeñados en una tarea común: la de jugar bien al fútbol sin estridencias, sin divismo (todos hablaron al final del partido, sin esconderse, dando la cara) y con una naturalidad que es de agradecer.
Lloraron los bilbaínos con grandeza, pero que no se olviden: todo el mundo recordará sus partidos ante el Manchester y, más allá de eso, ese camino que han emprendido les llevará a grandes gestas, quizás no en la final de la Copa del Rey ante el Barcelona, encuentro al que llegarán con la batería en rojo, pero sí más adelante. Eso es seguro, y las lágrimas de pesar serán entonces de júbilo.

Atlético y Athletic... ¿En qué se parecen? En el nombre, en nada más. Incluso son polos opuestos de un mismo balón. El Atlético toca a rebato, a pecho descubierto y a novio de la muerte. Es el sello del Cholo, que entiende poco de sutilezas y mucho de juego directo, de garra y de morir por Dios y por la patria. Enardece a los suyos en pos de la victoria con agresividad, compromiso y sacrificio de los más rudos en favor de los más talentosos, pero todos, todos, han de estar comprometidos por la causa.
El Athletic vive en el otro lado de la moneda. Habla el Cholo y el pueblo se enardece. Habla Bielsa y el pueblo duerme, mecidos en la cuna de sus silencios y pausas. Como su fútbol, que tiene un cierto tono de poesía.
No obstante, no se dejen engañar. El Cholo habla fuego pero es para proteger la altura de sus Adrián, Falcao o Diego. Bielsa dota a los suyos de violines, pero en el silencio del vestuario les azuza con pasión en busca de una presión voraz, de una intensidad que desarme al contrario. Tan lejos y tan cerca. Al fin y al cabo ¿en qué se asemejan Atlético y Athletic? En más de lo que parece.

Es asomar su faz el Averno y el olor a chamusquina hace disparar la lengua a los que ven de cerca las brasas del infierno. Por Gijón, Granada, Vallecas, Zaragoza, todo es olor a azufre. Pina, el presidente del Granada, vio los resultados de los maños y soltó la lengua: "El Agapito ese que no le queremos nadie..." y contó eso de que el Zaragoza está ganando todos los partidos, insinuando compras ventas sin una sola prueba. Se reafirmó ante la gran Mónica Marchante después del partido ante el Madrid, con ese tono frío y calculado que le robará el atenuante de la pasión, el "estaba en un momento caliente". Ni que decir tiene que Agapito ha tardado dos décimas de segundo en contestar que le espera en la sala donde las togas y el martillo mandan.
En el lado opuesto del Zaragoza está el Rayo, seis partidos perdidos, y ahora se la tendrá que jugar con los granadinos, que se perdieron en el incendio montado en un dramático minuto final. A Benítez el botellazo lanzado como si no fuera la cosa, le va a salir por un pico. Le rozó el labio al árbitro aragonés y veremos a ver lo que le cae.
Siempre pasa igual, se advierte de compras, ventas, se insinúan trampas sin fin pero al final, año tras año, las supuestas trampas se diluyen en el aire pasa nada porque esta Federación es muy amiga de meter el polvo bajo la alfombra y esperar que la podredumbre desaparezca.
En Italia bajan históricos, en Alemania meten en la cárcel a árbitros corruptos y en Inglaterra lapidan a un capitán de selección por meterse en sábanas ajenas, sobre todo porque son las de la mujer de un compañero. Pero aquí nunca se aclara nada, hasta que un día explote el globo...
Un buen triunfo del Madrid conseguido, hemos de recordarlo, ante el mejor Barcelona de la historia, un asunto en absoluto baladí. Ha tenido mérito este Real, que no ha dejado de morder la bala en todo momento, cuando venían mal dadas y también cuando venían mejor, presioando siempre a su rival al máximo hasta desgastarle de forma definitiva.
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Fue Mourinho y soltó otro requiebro contra el Bernabéu (también contra la Prensa, claro, pero igualmente contra los suyos): "Intentaremos ganar esta Liga y lo haremos solos, con este grupo de jugadores y solos, como lo hemos hecho todo el año". Quizás está sordo o está ciego, o ambas cosas (sobre todo por lo que se vio ante el Bayern), pero uno ha visto pocas veces un Bernabéu tan volcado con el equipo como en la Champions.
En realidad, lo que no le gusta a Mourinho son los destellos que muestra el Bernabéu de vez en cuando, como ayer ante el Sevilla, cuando el Fondo Ultra Sur intentó gritar el José Mourinho y el resto del estadio le abroncó. Estas cosas irritan mucho al luso que, la verdad, se las podría ahorra con un poco más de juicio y sentido común.
Porque esta Liga, que va a ganar el Madrid con todo merecimiento, no la ha conseguido el Madrid solo, sino en multitud, respaldado por un Bernabéu selecto pero que apoya al equipo. Que no lo hace con gritos ni de cualquier forma, sino cuando el equipo juega bien, correcto; pero de soledad nada de nada.
Igual a Mourinho le parece que está solo porque siente a su alrededor la soledad, esa que atenaza a esa clase de tipos a los que la vida le sonríe, tienen dinero, bellas mujeres y fama y, sin embargo, siempre están amargados, ceñudos, avinagrados y sin una sonrisa. Y es que la felicidad, y el apoyo de tus partidarios, se gana también con buenas formas y no soltando exabruptos cada dos por tres.
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El Madrid y el Barça han caído en semifinales, pero no se confundan, no han caído de igual manera. Al Madrid se lo cargó el Bayern, pero con mucha ayuda de la ineficacia de Mourinho, que perdió el partido de Múnich y perdió el partido de Madrid. Los dos. Y lo hizo por lo de siempre: por miedo. Le atenaza, no puede con él. Es verse en ventaja o con buen marcador y tira al equipo para atrás echándose al rival encima.
Lo hace porque es el fútbol que le gusta. A él le place jugar como el Chelsea, no como el Barcelona. Y eso no está en el sello de identidad del Madrid, que es un equipo grande, un equipo acostumbrado a ir a por el rival, a dominarle y a arrollarle con la calidad de sus jugadores. El problema de Mou, además de que piensa mucho más en él (por no decir todo) que en el equipo, es que no entiende el club en el que está. Ni lo entiende ni lo quiere entender. Con lo de solos (a lo que iremos otro día) y a lo de pseudomadridismo, está mandando mensajes al mundo, mensajes peligrosos que llevan al barco madridista a aguas peligrosas, olvidadas tiempo ha en las tinieblas del pasado.
El Barcelona cayó de otra manera. Perdió porque no tiene frescura, pero fue fiel a su estilo. Atacó y atacó, hasta que al final atacó tanto que Torres se vio solo ante Valdés para dar la puntilla a los azulgrana. Pero el Chelsea pasó por un doble milagro jamás visto en el fútbol. Se puede dar una vez por azar, pero nunca se vio que se diera dos veces consecutivas que funcionase la táctica del murciélago. Es probable que jamás se repita. Y de cualquier forma, en la retina queda que el Barça fue mejor, pero en la misma retina no queda que el Madrid lo fuera. Su entrenador se lo impidió.

No hubo dedos en el ojo ajeno, ni Pepe con los ojos desorbitados soltando codazos, o Alves metiendo plantillas (bueno, de eso sí hubo una porque este es de los que no tienen la fama pero sí las muescas en sus tacos), ni malos modos, ni declaraciones altisonantes, bastas y groseras. Ganó el fútbol, ganó el juego limpio. Y ganó el Madrid sin tener que recurrir a la escabechina del deporte rey, sin tener que arrastrar su imagen por el fango ni poner en peligro las amistades de tantos años.
Al final, Mourinho descubrió que no necesitaba nada de eso para ganar, solo trabajar duro, muy duro, en la estrategia, y sobre todo entregarse al fútbol, sacar gente que supiera jugar, como hizo en la Copa, y equilibrar el equipo. Solo eso. Lo mejor del triunfo para los blancos no fue la consecuicón de la Liga, que ya tiene muchas y variadas, sino la limpieza de su nombre y de su honor. El no ganar como sea y a costa de lo que sea. Es posible que eso no les importe mucho a los resultadistas, pero es importante para la cantidad ingente de madridistas, que son mayoría, a los que sí les parece vital ganar con hombría, en buena lid, sin añagazas de equipo pequeño, con el espíritu y valores que siempre han acompañado a este equipo.
También el Barça supo perder, aunque cuando Xavi dijo ayer que "nosotros sí sabemos perder", está dejando de saber perder porque lanza un dardo venenoso, como diciendo "y no los del Madrid", así que menos alardear con falsa modestia y ser modestos de verdad. Y otra cosa: todo fue bien porque ganó el Madrid, pero queda una duda: ¿si hubiera perdido, se habría lanzado como lobo sobre Undiano? Mal asunto porque, de todos, el mejor fue Undiano Mallenco, y con mucho. Pedazo de árbitro...

Los analistas dan favorito al Barcelona. Por el factor campo y por los precedentes. El Madrid no logra ganarle al Barcelona, así que Pep no cambiará mucho lo que suele hacer. Su estilo, su esquema y su fútbol. Ahí no habrá sorpresas.
La incógnita está en lo que va a hacer Mou. Si decide salir con todos los jugones juntos: Granero, Kaká, Ozil, Benzema, Marcelo..., le creará problemas al Barcelona. Se ha demostrado que el Madrid ha tenido más opciones de ganar a los azulgrana cuando ha salido con todo lo bueno que tiene, le ha ganado la posesión del balón y así le ha vencido en todos los conceptos del juego (2-2 en la vuelta de la Copa).
Pero Mou no saldrá así. Lo hizo en aquella ocasión porque lo vio todo perdido, el Bernabéu le había increpado su sistema medroso y le entró miedo. Así que tiró con todo lo bueno que tenía y, claro, le salió bien. Pero esta vez le basta el empate, por lo que es muy probable que tire de alienación conservadora, incluido Lass. Incluso tiene la tentación de meter un trivote, aunque se duda que se atreva a tanto. Existe incluso la posibilidad de que meta a Lass en la derecha y a Arbeloa en la izquierda para ser más defensivo. Y Khedira junto a Xabi Alonso. Y otro asunto, si tira a Ozil a la derecha, mal asunto, se cortará más la creación ofensiva del Madrid.
Es de suponer que el Barcelona presionará como sabe, aunque se le nota tan poco fresco como al Madrid, por lo que el equipo de Mou tendrá problemas porque, tapado Xabi Alonso, cortado el circuito del Madrid. Si nadie le ayuda, y Khedira no puede hacerlo, el Madrid puede pasar problemas. Pero eso sí, el Barcelona tiene que estar a tope, y tampoco parece que lo esté.

Entró Mou en la sala de prensa del Allianz Arena y ese gesto hosco, de fastidio por estar donde no quería estar, era todo un presentimiento. A Mou no le gusta el escenario en el que se mueve, y se le nota en cada gesto, que es cansino, de hastío, de "qué ganas tengo de irme de aquí", parece pensar. Se lo impide el orgullo, que con su ego roza la vanidad. No puede irse sin ganarlo todo porque sabe que el Oporto, el Inter o el Chelsea no son el Madrid. No soportaría que en su currículum pusiese "fracasó en el Madrid, el mejor club del mundo". Por eso aguanta, porque confía en ganar Liga y Champions y poder irse.
Los rumores en los viajes con el Madrid, donde el acercamiento al club es mayor, son cada vez mayores. Por todos lados llegan fuentes contándote al oído que lo del City está hecho, acordado y no firmado a la espera de ver qué pasa a final de temporada. Si pierde todo y el Barça lo gana todo no hay salida. Si el Madrid hace doblete firmaría con el City, te dice todo el mundo. El único escenario posible para que se quede es el mixto, que el Madrid gane la Liga y quede pendiente la Champions, pero ni así es seguro porque a Mou se le ve muy harto de todo: del entorno, de parte del vestuario, del público, de ver, sobre todo, que no lo controla todo. Y la tentación es fuerte: el City le daría la luna, incluso una prensa que allí se ocupa de otras cosas más importantes que él porque el Manchester no es el Madrid.
A todo esto, el club sabe todo esto y se encuentra entre la espada y la pared. No quiere que se vaya, pero sabe que se va a ir a la que pueda. Así que tantea el mercado con sumo cuidado de que nadie se entere, pero se entera. Y todo esto con el equipo líder en la Liga, en semifinales de Champions y dominando el fútbol mundial. No se sabe qué hubiera pasado si Florentino no hubiese soltado la pasta que ha soltado para formar este super equipo. La demolición total habría sido.
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Hace un mes esto era impensable, pero hete aquí que Mou decidió poner músculo en vez de fútbol y se han perdido seis puntos en un pis pas, el equipo sigue teniendo empuje pero menos juego, mientras que el Barcelona se acerca y el Bayern ha crecido. Hace poco el Madrid tenía muy cerca el título liguero. Ahora lo sigue teniendo pero menos. Y el Bayern aparece como más amenaza que hace treinta días.
Y si nos ponemos en el peor de los casos para los blancos, que no gane nada, ¿qué pasaría? Hay en el graderío del Bernabéu un grupo (cada vez más pequeño) de abducidos por el entrenador blanco que asienten con la cabeza a todo lo que diga el portugués: el mejor entrenador del mundo, justificado que meta el dedo en el ojo a otro, justificado que cualquier tropiezo sea culpa de los árbitros y justificado atacar a entrenadores y público rival hasta hacer del club la entidad más odiada de España cuando hace solo dos años era la más amada. Pero qué dirán si no gana nada porque estos se mueven por resultados y si hay cero habrá cero amor.
¿Qué dirán entonces ante dos años de casi sequía (sería solo un título ante todos los que lleva el Barça). Florentino Pérez quedaría en difícil posición si no se desmarca, y con rapidez, de su entrenador, y todo el ruido propagado y la mala imagen no sería compensada con nada. Si se confirma la noticia de que Mou ya tiene un acuerdo con el City, miel sobre hojuelas porque tanta gloria lleves como paz dejas, pero si no se va el ruido del Bernabéu y del socio sensato y sereno va a ser más estruendoso que el falso propiciado por "el mundo entero está contra nosotros y esto es una confabulación judeo masónica", algo que ya no cuela por mucho que lo intente, haciendo un papelón reiteradamente, el cuadro técnico del Madrid. Y ya se sabe que los pañuelos van primero sobre el banquillo y luego más arriba, y eso es algo que Florentino no soporta.