Digital Media Weblog, por José Luis Orihuela

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Tanto repetimos que la Alianza Atlántica había dejado de ser una alianza, que sus miembros discrepaban sobre quién o qué les amenazaba, que ni había estrategia ni cosa que lo pareciese... que al final el Secretario General se vió en la obligación de iniciar un proceso de revisión estratégica. Los norteamericanos se manifestaron muy escépticos: sólo servirá para poner en evidencia el grado real de discrepancia, la falta de cohesión y sentido. Pero no había más remedio que afrontar la realidad.

Rasmussen pidió a Madeleine Albraight que presidiera un comité de sabios con el fin de proponer ideas frescas y originales para animar el debate y encauzar la discusión, rompiendo las inercias burocráticas que abocan a la inacción. La exsecretaria de Estado aceptó ilusionada... y engañada. Tras dar el confiado sí se encontró con que los sabios no serían elegidos por ella sino por los gobiernos, escogidos entre fieles burócratas. El enfado fue monumental, no dimitió, pero creó un subcomité de sabios reales que informaría, aunque no le escucharan, a los sabios fingidos pero leales a sus respectivos gobiernos.

Como era de imaginar el proceso de elaboración de la nueva estrategia está siendo un desastre o, si se prefiere, la constatación de que la Alianza Atlántica dejó hace tiempo de ser una alianza. No se desea prescindir de una organización que ha demostrado una extraordinaria utilidad, pero tampoco se quieren asumir los cambios necesarios para adaptarla a un entorno estratégico muy distinto al de la Guerra Fría. En realidad hemos vuelto a los debates de fines de los 90, cuando la misma señora Albright trataba de convencer a los europeos de que había que pasar de una entidad regional a otra global.

 

En este contexto cabe interpretar la conferencia que el secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, acaba de dar ante los sabios reales, los fingidos, consejeros, analistas, periodistas especializados, altos funcionarios... convocados en Washington. Como resumen podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que se le ha entendido todo. En una reflexión donde los problemas generales se entremezclan con la penosa experiencia afgana quisiera sólo subrayar algunas ideas sencillas pero fundamentales:

1.- La OTAN está en crisis, de la que sólo saldrá si se afrontan reformas estructurales.

2.- La opinión pública europea está en contra del uso de la fuerza, lo que hace inviable el funcionamiento normal de una alianza militar.

3.- La seguridad de la OTAN se juega fuera de sus fronteras, por lo que hay que concentrarse en fuerzas expedicionarias.

4.- Hace décadas que los aliados no gastan lo necesario, de ahí que carezcan de las capacidades precisas para las nuevas misiones.

Si los aliados no tienen claro quién les amenaza ni cómo combatirles, si no están dispuestos a gastar para disponer de las capacidades necesarias con las que actuar conjuntamente, si la opinión pública europea no respalda estas acciones... ¿de qué estamos hablando? Desde luego de una alianza no.

 
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