Digital Media Weblog, por José Luis Orihuela

blogs ABC.es
Artículos de esta sección en orden cronológico.
 
 
De Florentino Portero (el 20/10/2009 a las 20:15:12, en Cuba)

Una de las maravillas de los blogs es que permiten un diálogo entre el autor, los lectores y los propios lectores entre sí. Por esta razón me había reservado esta tarde de martes otoñal, tras una agradable visita a Alicante, para retomar la cuestión del antisemitismo, que ha provocado comentarios más contrarios que afines. Sin embargo, en un medio de comunicación, y éste es un blog de ABC, manda la actualidad y con buen criterio me animan desde la redacción a comentar las andanzas de nuestro ministro de Asuntos Exteriores por las Antillas. Prometo retomar en breve el siempre polémico y complejo tema del antisemitismo.

Moratinos vuelve a Cuba repartiendo ayudas e ignorando a la oprimida oposición democrática. Nada nuevo. Persevera en su política a pesar de las críticas que provoca. El lector de ABC ha podido leer excelentes crónicas, editoriales y comentarios, incluidos los del admirado Oppenheimer, que reflejan el firme rechazo que esta política provoca en el mundo liberal-conservador. No quisiera repetir argumentos, aunque no será fácil. Los viajes a la Gran Antilla son como un Guadiana que lleva a volver, a menudo por imperativo moral, a las mismas ideas y condenas que se publicaron a propósito de su anterior visita.

Cuba nos plantea, en primer lugar, un problema moral ¿Qué relación debemos tener con un estado que viola sistemáticamente los derechos humanos? España no tiene una política exterior, en su sentido más amplio. Carecemos de una estrategia nacional y ni nuestra clase política ni la población sienten la necesidad de llenar este vacío. Es una diferencia más con nuestros vecinos británicos o franceses. Esta ausencia nos priva de algo fundamental, de un marco de referencia que aporte coherencia al conjunto de nuestra acción exterior, lo que nos aboca a la improvisación y al oportunismo.

Toda democracia tiene un problema a la hora de establecer criterios éticos que rijan su política exterior, porque la mayoría de los gobiernos de este mundo son repugnantes y no es posible convivir, mercar, negociar asuntos de mutuo interés sin reconocerlos. El hecho resulta más evidente cuando nos referimos a algunas de las grandes potencias, como China o Rusia, o a "amigos tradicionales" como Arabia Saudí o vecinos entrañables como Marruecos. Con facilidad podemos caer en la hipocresía si exigimos a un estado pequeño y débil lo que no pedimos a uno grande y fuerte.

Una nación seria, no es nuestro caso por varias razones, es aquella que fija claramente unas líneas rojas que delimitan la relación que tiene con estados no democráticos y la que mantiene con los respetuosos con la libertad y la dignidad individual. Con los primeros cabe considerar un determinado margen, el que exige la política internacional en tiempos de globalización. Con los segundos es conveniente animar un intenso diálogo, una cooperación estrecha para mutuo beneficio y en pos de crear las condiciones más apropiadas para garantizar la paz y seguridad internacionales.

Una de las características más llamativas del gobierno Rodríguez Zapatero, que queda bien reflejada en su Alianza de las Civilizaciones, es el rechazo a imponer líneas rojas, condiciones de cualquier tipo a la relación con regímenes dictatoriales. Su apertura a Siria, Irán o Venezuela son parte de una política en la que Cuba representa un capítulo más, quizás el más escandaloso, posiblemente el que más nos duele y humilla, pero es sólo la expresión de una política de mayor calado. Nuestro presidente no cree en la superioridad de la democracia sobre otras formas de gobierno. Sigue preso del mito revolucionario y todo eso le lleva a una diplomacia incoherente. Se condenan unas dictaduras por ser conservadoras, pero se protegen otras si son socialistas. Nos sumamos a campañas bolivarianas para desestabilizar la frágil democracia hondureña al tiempo que tratamos de aliviar el aislamiento de la dictadura castrista.

Cuba no es un país más para nosotros, de ahí la sensibilidad con la que reaccionamos ante una política que nos escandaliza por inmoral y por estéril. Que un estado como España destaque hoy por su protección al régimen comunista cubano es algo que ofende la sensibilidad de cualquier demócrata. Cuba está aislada porque no podemos considerar su régimen como si fuera una democracia más. A sus dirigentes les toca mover ficha y, no hay duda al respecto, desde el momento en que el cambio sea comprobable deberemos facilitarlo en la medida de nuestras posibilidades. Pero no antes. Nuestra colaboración en las actuales condiciones sólo fortalece a los criminales, de la misma forma que en Siria...

La memoria es frágil. La nueva hornada de la izquierda post-socialista parece no recordar su propia historia o acaso sólo la de sus mayores. Europa y Estados Unidos establecieron un estatuto diplomático de aislamiento limitado para el Régimen de Franco. España quedó fuera de la Comunidad Europea y de la Alianza Atlántica, mientras el Senado norteamericano se negaba a firmar tratados de seguridad con el gobierno de Franco. Al tiempo, desde esas mismas naciones se reconocía y ayudaba a las fuerzas de la oposición, en algunos casos con mucha generosidad, para reconstruir formaciones que habían desaparecido virtualmente ¿Por qué los socialdemócratas cubanos no tienen derecho a recibir de nuestros socialistas la misma comprensión, la misma colaboración que éstos recibieron de sus iguales alemanes, franceses o británicos? ¿Acaso porque han cometido la herejía de enfrentarse a Fidel Castro? ¿Quizás porque han denunciado el horror de la Revolución Cubana? Está claro que no todas las dictaduras son iguales.

 
Página: 1
Cronología de post
junio 2013
L
M
M
J
V
S
D
     
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
             
Búsqueda por palabras
Mis blogs Favoritos
Copyright © Diario ABC, S.L., Madrid, 2009.