Formidable, sencillamente formidable el reportaje de Der Spiegel sobre la Cumbre de Londres y el futuro de la Guerra de Afganistán. Si a usted, querido lector, le interesa la política internacional no deje de leerlo. Sólo quiero llamar la atención sobre un par de ideas que vienen a completar mi columna en la edición normal del periódico.
Obama no ha sido capaz de explicar cuál es la estrategia de Estados Unidos en Afganistán, por la sencilla razón de que es tan inconsistente como impopular entre sus propios votantes. Cuando pronunció su discurso en la Academia de West Point los aliados de la OTAN comentaron que quedaban a la espera de conocer más en detalle sus ideas para estudiar cambios en la operación conjunta. El embajador especial de Obama en la región, Richard Holbrooke, acaba de declarar en Abu Dhabi que no se va a Londres a discutir una estrategia sino a acordar su aplicación ¡Eso es finura diplomática! Si esto hubiera ocurrido en los días de Bush los medios de comunicación estarían bramando contra la arrogancia norteamericana, pero como quien habita la Casa Blanca es el amigo Obama, icono progre por antonomasia, toca silenciar el tema. Pero se hable o no de ello estamos ante un nuevo ejemplo del estado en el que se encuentran las relaciones trasatlánticas, precisamente cuando se está discutiendo la nueva estrategia de la Alianza Atlántica. Obama no discute con sus aliados temas estratégicos. Cuando los convoca es para estudiar su aplicación. Menos mal que las relaciones entre Estados Unidos y Europa han mejorado con Obama. No quiero ni pensar cómo estarían si hubieran empeorado.
La segunda parte del reportaje gira en torno a las generalizadas críticas sobre la "cobardía" de las tropas alemanas por parte de británicos y norteamericanos ¿Se imagina usted lo que dicen de las españolas? Los autores reconocen que las órdenes son evitar el combate y lo explican por el peso de la historia de dos guerras mundiales, por la falta de confianza en la solución de la crisis y por las bajas civiles provocadas. Comprenden que los norteamericanos se estén desplegando en la zona que se había asignado a Alemania ante su incompetencia para contener a las fuerzas talibán pero, en un formidable ejemplo de la decadencia europea, reconocen que la sociedad alemana no está dispuesta a asumir sus responsabilidades internacionales.
Si alguien tiene alguna duda de hasta qué punto la Alianza Atlántica es un cadáver y de que la Guerra de Afganistán está perdida por la falta de disposición de los aliados a hacer los sacrificios necesarios no dude en leer este formidable y revelador reportaje.
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