Esta mañana he tenido la oportunidad de conocer personalmente a Mr. Solomont, el nuevo embajador de Estados Unidos en Madrid. Junto con representantes de distintos medios de comunicación he podido disfrutar de una hora de distendida charla en la que se han tocado buena parte de los temas más característicos de las relaciones hispano-norteamericanas. Mi primera impresión sobre el nuevo embajador es positiva. Hombre inteligente, con mucha experiencia política y buena formación intelectual. Hereda un puesto que ha gozado en los últimos años de gran capacidad de comunicación y credibilidad. Su predecesor supo hacerse un hueco y ganarse el respeto del mundillo político y mediático madrileño. No dudo de que Mr. Solomont sabrá mantener o mejorar el prestigio de esa embajada.

Alan D. Solomont es un representante de los liberals bostonianos. Como tal se inclina a pensar que el antinorteamericanismo europeo, y particularmente el español, es la consecuencia del unilateralismo y de la tendencia al uso de la fuerza de los gobiernos norteamericanos. No es cierto y tendrá oportunidad de comprobarlo. Los franceses, por poner un ejemplo, son tan unilateralistas como los norteamericanos y no tienen mayores reparos que estos en hacer uso de la fuerza cuando toca. Las raíces del antinorteamericanismo son más profundas y no conviene confundir los argumentos justificatorios con las razones reales.
El mundo está lleno de paradojas. Durante la segunda Administración Bush, al tiempo que las relaciones personales entre el presidente norteamericano y el español pasaban por el peor momento desde los días de la Transición, la embajada trataba de tender puentes con una ingenuidad admirable. Daba la impresión de que les costaba creer que el gobierno de Rodríguez Zapatero pudiera comportarse en la escena internacional con tanta frivolidad y radicalismo. La llegada de Obama a la Casa Blanca despertó en nuestros dirigentes socialistas infundadas esperanzas. Sin embargo, para entonces las ilusiones de la diplomacia norteamericana se habían desvanecido y la firmaza se fue imponiendo. Si Zapatero, Moratinos o Chacón querían hacerse fotografías con sus equivalentes norteamericanos tenían que demostrar que eran los representantes de un estado amigo.
Por razones difíciles de entender nuestros dirigentes creyeron que un progre norteamericano era lo mismo que uno español. Coincidencias las hay, pero dentro de un orden. Javier Solana o José María Maravall, por poner dos ejemplos de socialistas bien conocidos, son intercambiables con liberals bostonianos. Para cualquiera de los dos estar en Harvard es como llegar a casa. Pero Zapatero, Blanco, Pajín ... representan otro mundo separado por abismos de clase y cultura. Su desconocimiento de la realidad norteamericana es sólo comparable al tamaño de sus prejuicios y ése es un muro que va a continuar determinando las relaciones entre ambos países.
Solomont no debería hacerse muchas ilusiones sobre la mejoría de las relaciones bilaterales. Zapatero va a necesitar cada vez más el apoyo de los sectores más radicales del electorado español y eso es incompatible con las acciones que Washington espera de Madrid. Pero donde hay mucho trabajo por hacer es en las relaciones entre ambos pueblos. Solomont tiene condiciones para entenderse muy bien con las elites políticas y económicas españolas así como con los medios de comunicación. No sé en qué medida será capaz de dirigirse a sectores más populares, sobre todo si habla sólo en inglés. En mi opinión la diplomacia norteamericana debería actuar en España con perspectiva de medio y largo plazo y centrarse en valores, ideales y cultura. Sólo así encontrará terreno para desarrollar vínculos más estrechos y firmes.
Buena suerte embajador, porque la va a necesitar.
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