Digital Media Weblog, por José Luis Orihuela

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De Florentino Portero (el 14/11/2009 a las 21:52:40, en Estados Unidos,  222 Visitas)
Tras algo más de una semana dando tumbos por la geografía nacional participando en cursos y seminarios me reincorporo a la rutina cotidiana y vuelvo a atender mi blog como debo y quiero. “Leo”, un amable lector, me hace unas preguntas concretas que coinciden en lo esencial con las que recibo allí donde me toca hablar de política norteamericana.

¿No ha sido fundamental para la imagen de los Estados Unidos, muy deteriorada con la Administración Bush, este nuevo aire? ¿Se desvanecerá el efecto igual que vino? ¿Cuál es el grado de confianza de las distintas naciones en el Presidente Obama, y cuál el grado de cinismo siguiéndole su «soft power»?

No hay duda de que la imagen de Estados Unidos se deterioró seriamente durante la Administración de George W. Bush y de ello queda constancia en los sondeos que periódicamente se vienen haciendo, como el ya clásico promovido por el German Marshall Fund. Otra cosa es establecer quién es el responsable. Bush lo es de sus actos, no de la línea editorial del New York Times, de Le Monde o de El País, o de las declaraciones de políticos de aquí y de allá. Todos son responsables de la imagen de la potencia americana. Tras el 11-S Estados Unidos revisó su estrategia oficial, lo que desencadenó una lluvia de críticas desde la izquierda y desde sectores de la derecha bienpensante. No hay duda de que contra Bush vivían mejor, pero ahora ya no está y no resulta tan fácil enfrentarse a la realidad tal cual es y encontrar la respuesta adecuada a los problemas que tenemos ante nosotros.



Con Obama la imagen de EE.UU ha mejorado considerablemente, al tiempo que el prestigio del Presidente ha caído en picado entre las elites gobernantes. Obama no sólo no ha cumplido sus promesas en los grandes temas de política internacional, para escarnio de quienes cometieron el error de confiar en él, sobre todo ha sido incapaz de ofrecer una alternativa. Lo que caracteriza a EE.UU. hoy en política internacional es que carece de una estrategia nacional, lo que explica su indecisión sobre qué hacer en Afganistán, su ridículo ante Rusia o su contradictoria posición en Oriente Medio. Como europeo estoy contento de que ésta marcada falta de liderazgo haya llevado a algunos de nuestros dirigentes, con Sarkozy a la cabeza, a criticar en privado al presidente norteamericano y a movilizarse en pos de una Europa más autónoma dispuesta a resolver sus propios problemas. Soy en extremo escéptico sobre sus posibilidades de éxito, pero no por ello dejo de reconocer el gesto y la visión.

Los europeos quieren vivir felices y están dispuestos a ignorar la realidad todo el tiempo que sea posible. Esa, y no otra, es la razón de su simpatía por Obama. El actual presidente ha renegado de la tradición diplomática norteamericana desde Truman a Bush jr., con la sola excepción de los primeros años tontos de Carter. Para quien quiere dar la espalda a los asuntos de este mundo un Estados Unidos aislacionista es la mejor de todas las posibilidades… hasta que sea necesario recurrir a Washington-Mamá para que nos saque del atolladero ¿Recuerdan el humillante ruego a Clinton para que pusiera orden en los Balcanes? Obama será popular mientras mantenga el mismo tono aislacionista y pacifista y no sintamos necesidad de protección. Entonces haremos de él, como antes de Carter, un personaje de comedia. El agradecimiento no es algo que caracterice a los europeos en su relación con Estados Unidos.

Las elites gobernantes de las potencias no occidentales perciben un liderazgo débil y se disponen a aprovecharlo en la medida de sus posibilidades e intereses. Lo más llamativo, por escandaloso, ha sido el desdén con el que Rusia le ha tratado, no concediendo ninguna compensación a la retirada unilateral del escudo antimisiles en Europa, proyecto reemplazado por otro de menor envergadura. Mientras escribo estas líneas la Red está hirviendo de comentarios sobre su visita a China, su discurso conciliador hasta rozar la humillación y la dependencia económica por las ingentes reservas en dólares de la gran potencia asiática. Lo que Obama y buena parte de la opinión norteamericana, crecida en el cristianismo evangélico, no entienden es que estos ejercicios de humildad y mea culpa despiertan desprecio entre los que sólo creen en el poder, como es el caso de los dirigentes chinos o rusos.

 
De Florentino Portero (el 03/11/2009 a las 23:17:21, en Estados Unidos,  217 Visitas)
No es ningún secreto que la tensión entre Hillary Clinton y Barack Omaba durante la inacabable campaña presidencial llegó a cotas difícilmente superables. No era sólo una lucha de egos ¡y que egos! sino también de dos concepciones distintas de lo que debe ser el Partido Demócrata.

La senadora por Nueva York y antigua simpatizante del candidato republicano Barry Goldwater, predecesor de Reagan en la renovación de los fundamentos de su formación política, representaba la continuidad, en clave algo más conservadora, de la línea "centrista" seguida por su marido durante sus dos mandatos. El moderantismo de Bill Clinton era la reacción a la patética experiencia del mandato único, y difícil de olvidar, de Jimmy Carter. Las insensateces del cultivador de cacahuetes hundieron a los demócratas en un profundo descrédito, que facilitó la llegada de Reagan y el inicio de la gran revolución conservadora que se ha prolongado hasta la segunda administración de George W. Bush. Obama supone el triunfo de los que apoyaron a Carter y, antes que a él, al fracasado candidato presidencial George McGovern.

No sólo hay entre ellos la tensión propia entre rivales, también la que caracteriza la lucha en el terreno de las ideas. Contra Bush resultaba fácil mantener la unidad del Partido Demócrata. En el gobierno, con cómodas mayorías en las dos cámaras legislativas, resulta bastante evidente que en su seno conviven dos fuerzas políticas distintas. La reforma del sistema de sanidad, por poner un ejemplo, ha mostrado hasta qué punto el ala moderada demócrata estaba mucho más cerca de los republicanos que de sus compañeros de filas progresistas (liberals)

Si nos centramos en el ámbito de la política exterior todos recordamos cómo Obama caricaturizó a Clinton como un miembro del establishment próxima a las posiciones de Bush. Había exageración, pero también había verdad. Las diferencias entre la entonces senadora Clinton y la entonces secretaria Rice eran pocas y más de matiz que de contenido. El estilo Bush de la primera legislatura estaba lejos de la forma de actuar de los Clinton, pero la rectificación llevada a cabo en la segunda situaba las distintas posiciones en clara proximidad.



Ya en el gobierno Obama limitó de entrada el margen de acción de su Secretaria de Estado nombrando embajadores especiales para las áreas más delicadas: Oriente Medio, Irán, Corea del Norte y Afganistán-Pakistán. Clinton optó, con buen criterio, por no darse por aludida y no manifestar ni su enfado por la merma de poder ni su disgusto por una política exterior que no sentía suya y que, sobre todo, consideraba insensata. Poco a poco el abismo entre las dos grandes figuras del Partido Demócrata se ha ido haciendo evidente y ya encontramos referencias en la prensa norteamericana como si de algo obvio se tratara. En los últimos días he leído en The Wall Street Journal sobre el rechazo de Clinton a cómo se ha llevado la crisis de Honduras, haciendo absurdamente el juego a Chávez en la desestabilización de una precaria democracia, y en The New York Times sobre la incomprensión de la Secretaria de Estado por el hecho de que se exijan a Israel condiciones previas a la negociación que no tienen equivalencia en el campo palestino. Clinton no es muy original. Es probable que represente a dos tercios de los legisladores, esos dos tercios que están perplejos por el parón que Obama ha impuesto a la definición de una estrategia nacional.

En todos los grandes temas de política exterior Obama se ha empantanado al tiempo que mantiene posiciones voluntaristas que afectarán negativamente a los intereses de Estados Unidos en el mundo. La relación entre las dos grandes figuras tiende a empeorar. Para el observador interesado será un buen exponente de las tensiones dentro del Partido Demócrata, de cuya cohesión cabe dudar.

 
De Florentino Portero (el 28/10/2009 a las 21:07:05, en Israel,  149 Visitas)
A propósito de mi última columna sobre el programa nuclear iraní y las negociaciones en Viena un amable lector me invita a reflexionar sobre el caso israelí. ¿Por qué nos preocupa un programa y no el otro? ¿Por qué nos alarma que fanáticos chiíes dispongan de esta tecnología y no el creciente peso de los ultraortodoxos en Jerusalén? Creo que la reflexión es necesaria y a ello me dispongo con ánimo de iniciar un debate que, como todo lo referente a Oriente Medio, será apasionado.

Cuando hablamos de tecnología nuclear, en especial si es para usos militares, nos encontramos con dos planos de análisis, el jurídico y el político. Ambos son importantes, ambos trascendentes, pero de muy distinta naturaleza.

Comenzando por el primero. Cualquier estado en pleno ejercicio de su soberanía tiene derecho a dotarse de centrales nucleares para uso civil o de programas para uso militar de esta u otra fuente de energía. Es el caso de Francia, de India o de Israel, por citar tres ejemplos geográficamente distintos. Desde hace décadas y en el marco de Naciones Unidas se viene haciendo un esfuerzo para controlar los programas civiles y limitar los militares, en la idea de que su proliferación haría más inseguro el mundo. De ahí que estados como España o como Irán suscribieran voluntariamente tratados y acuerdos por los que renunciaban al uso militar y aceptaban protocolos e inspecciones a la hora de desarrollar programas civiles. Irán, como España, tiene todo el derecho a construir centrales nucleares y enriquecer su propio uranio. Pero lo que tiene que hacer es exactamente lo contrario de lo que ha hecho hasta la fecha: debe comunicarlo formalmente a la Agencia Internacional para la Energía Atómica y seguir los procedimientos que se le vayan indicando. Si nos concentramos en la dimensión militar, cabe recordar que los estados pueden denunciar sus obligaciones, de la misma manera que libremente las suscribieron. Si Irán quisiera disponer de un programa nuclear para uso militar, algo que su gobierno niega, debería seguir un procedimiento establecido para abandonar sus actuales compromisos.

Irán plantea un problema internacional desde la perspectiva del derecho porque ha violado los compromisos que asumió, porque ha ocultado a la Agencia las instalaciones nucleares y las actividades que se desarrollaban en su seno y porque sigue obstaculizando las labores de inspección de la Agencia e incumpliendo sus obligaciones. Cuando un estado oculta un programa nuclear cabe sospechar, con bastante fundamento, que sus intenciones no son las mejores. De ahí la alarma y la movilización de las grandes potencias para tratar de desactivar esta amenaza a la seguridad internacional.

Si nos concentramos en el plano político, lo relevante es saber el porqué y el para qué de dichas actividades y, sobre todo, la razón de su sistemática ocultación. Lo que diferencia a Irán de Francia o de Israel es que sus gobernantes no cesan de amenazar a otra potencia con hacerla "desaparecer del mapa". Yo, como español, soy vecino de Francia y no me siento amenazado o preocupado por su programa nuclear. Más aún, me siento protegido, me alegro de que mis vecinos inviertan en capacidades nucleares de todo tipo y confío en que representen uno de los pilares de la dimensión de seguridad y defensa que inevitablemente, para bien o para mal, tendrá una Europa más autónoma en el plano internacional. Sin embargo, los turcos, los saudíes o los egipcios, sólo por poner algunos ejemplos, no se sienten más seguros con el programa nuclear iraní, sino todo lo contrario. Hay alarma en la región, lo que ha llevado a un mayor compromiso norteamericano con su seguridad.

¿Representa el programa nuclear israelí una amenaza para sus vecinos? Yo creo que no y a los hechos me remito. Los países de la zona no han manifestado alarma hasta hoy y ha sido a propósito del programa iraní. Los islamistas aprovechan la circunstancia para legitimar sus aspiraciones, pero la estrategia nuclear no funciona así. El que Francia tenga armas nucleares no lleva a España a solicitarlas. El que el Reino Unido las posea no empuja a los alemanes a seguir el mismo camino. Si los estados afectados perciben un programa como defensivo no causa preocupación y ese es el caso de Israel. Cualquiera puede conocer los duros avatares que ha tenido que sufrir este país para sobrevivir desde su independencia, allá por 1948. Cualquiera que se moleste en abrir un mapa podrá comprobar la difícil situación en la que se encuentra, sin apenas espacio y rodeado por cientos de millones de musulmanes. El programa nuclear israelí, como el francés, es una fuerza de disuasión.

Si Irán nos alarma es porque tememos que utilice el "paraguas" nuclear -la disuasión que genera el disponer de misiles con cabeza nuclear- para seguir apoyando actividades terroristas e insurgentes, tanto en el seno del Islam como contra estados no musulmanes; porque nos preocupa la posibilidad de que proporcione tecnología o material contaminante a grupos terroristas o a otros gobiernos problemáticos; porque no confiamos en que un gobierno lleno de fanáticos sea capaz de gestionar racionalmente una situación de tensión internacional; y porque puede empujar a países vecinos a seguir por la senda de la proliferación nuclear.

¿Supone un serio problema el auge de los ultraortodoxos en Israel? Sí para los que viven en aquel país, en especial para los vecinos de Jerusalén. Estos sectores religiosos radicales están muy movilizados y tienen más hijos que la media de las familias israelíes. Sus partidos cuentan en los siempre complicadísimos equilibrios en el Parlamento... pero todavía no tienen la influencia necesaria para convertirse en una amenaza para la seguridad de Israel o del Oriente Medio. Sus objetivos se dirigen en mayor medida a amargar la vida de los israelíes que a alterar los equilibrios en el conjunto de la región.

 
De Florentino Portero (el 20/10/2009 a las 20:15:12, en Cuba,  176 Visitas)
Una de las maravillas de los blogs es que permiten un diálogo entre el autor, los lectores y los propios lectores entre sí. Por esta razón me había reservado esta tarde de martes otoñal, tras una agradable visita a Alicante, para retomar la cuestión del antisemitismo, que ha provocado comentarios más contrarios que afines. Sin embargo, en un medio de comunicación, y éste es un blog de ABC, manda la actualidad y con buen criterio me animan desde la redacción a comentar las andanzas de nuestro ministro de Asuntos Exteriores por las Antillas. Prometo retomar en breve el siempre polémico y complejo tema del antisemitismo.



Moratinos vuelve a Cuba repartiendo ayudas e ignorando a la oprimida oposición democrática. Nada nuevo. Persevera en su política a pesar de las críticas que provoca. El lector de ABC ha podido leer excelentes crónicas, editoriales y comentarios, incluidos los del admirado Oppenheimer, que reflejan el firme rechazo que esta política provoca en el mundo liberal-conservador. No quisiera repetir argumentos, aunque no será fácil. Los viajes a la Gran Antilla son como un Guadiana que lleva a volver, a menudo por imperativo moral, a las mismas ideas y condenas que se publicaron a propósito de su anterior visita.

Cuba nos plantea, en primer lugar, un problema moral ¿Qué relación debemos tener con un estado que viola sistemáticamente los derechos humanos? España no tiene una política exterior, en su sentido más amplio. Carecemos de una estrategia nacional y ni nuestra clase política ni la población sienten la necesidad de llenar este vacío. Es una diferencia más con nuestros vecinos británicos o franceses. Esta ausencia nos priva de algo fundamental, de un marco de referencia que aporte coherencia al conjunto de nuestra acción exterior, lo que nos aboca a la improvisación y al oportunismo.

Toda democracia tiene un problema a la hora de establecer criterios éticos que rijan su política exterior, porque la mayoría de los gobiernos de este mundo son repugnantes y no es posible convivir, mercar, negociar asuntos de mutuo interés sin reconocerlos. El hecho resulta más evidente cuando nos referimos a algunas de las grandes potencias, como China o Rusia, o a "amigos tradicionales" como Arabia Saudí o vecinos entrañables como Marruecos. Con facilidad podemos caer en la hipocresía si exigimos a un estado pequeño y débil lo que no pedimos a uno grande y fuerte.

Una nación seria, no es nuestro caso por varias razones, es aquella que fija claramente unas líneas rojas que delimitan la relación que tiene con estados no democráticos y la que mantiene con los respetuosos con la libertad y la dignidad individual. Con los primeros cabe considerar un determinado margen, el que exige la política internacional en tiempos de globalización. Con los segundos es conveniente animar un intenso diálogo, una cooperación estrecha para mutuo beneficio y en pos de crear las condiciones más apropiadas para garantizar la paz y seguridad internacionales.

Una de las características más llamativas del gobierno Rodríguez Zapatero, que queda bien reflejada en su Alianza de las Civilizaciones, es el rechazo a imponer líneas rojas, condiciones de cualquier tipo a la relación con regímenes dictatoriales. Su apertura a Siria, Irán o Venezuela son parte de una política en la que Cuba representa un capítulo más, quizás el más escandaloso, posiblemente el que más nos duele y humilla, pero es sólo la expresión de una política de mayor calado. Nuestro presidente no cree en la superioridad de la democracia sobre otras formas de gobierno. Sigue preso del mito revolucionario y todo eso le lleva a una diplomacia incoherente. Se condenan unas dictaduras por ser conservadoras, pero se protegen otras si son socialistas. Nos sumamos a campañas bolivarianas para desestabilizar la frágil democracia hondureña al tiempo que tratamos de aliviar el aislamiento de la dictadura castrista.



Cuba no es un país más para nosotros, de ahí la sensibilidad con la que reaccionamos ante una política que nos escandaliza por inmoral y por estéril. Que un estado como España destaque hoy por su protección al régimen comunista cubano es algo que ofende la sensibilidad de cualquier demócrata. Cuba está aislada porque no podemos considerar su régimen como si fuera una democracia más. A sus dirigentes les toca mover ficha y, no hay duda al respecto, desde el momento en que el cambio sea comprobable deberemos facilitarlo en la medida de nuestras posibilidades. Pero no antes. Nuestra colaboración en las actuales condiciones sólo fortalece a los criminales, de la misma forma que en Siria...

La memoria es frágil. La nueva hornada de la izquierda post-socialista parece no recordar su propia historia o acaso sólo la de sus mayores. Europa y Estados Unidos establecieron un estatuto diplomático de aislamiento limitado para el Régimen de Franco. España quedó fuera de la Comunidad Europea y de la Alianza Atlántica, mientras el Senado norteamericano se negaba a firmar tratados de seguridad con el gobierno de Franco. Al tiempo, desde esas mismas naciones se reconocía y ayudaba a las fuerzas de la oposición, en algunos casos con mucha generosidad, para reconstruir formaciones que habían desaparecido virtualmente ¿Por qué los socialdemócratas cubanos no tienen derecho a recibir de nuestros socialistas la misma comprensión, la misma colaboración que éstos recibieron de sus iguales alemanes, franceses o británicos? ¿Acaso porque han cometido la herejía de enfrentarse a Fidel Castro? ¿Quizás porque han denunciado el horror de la Revolución Cubana? Está claro que no todas las dictaduras son iguales.

 
De Florentino Portero (el 16/10/2009 a las 20:50:24, en Israel,  312 Visitas)
El presidente Rodríguez Zapatero ha hecho unas declaraciones en Israel en las que afirma que en España no hay antisemitismo, que esa actitud era propia del Franquismo pero ajena a la actual sociedad española y se ha quedado tan tranquilo. Recuerdo que de pequeño nos repetían aquello de "primero se piensa y después se habla" o "la ignorancia es osada". La gente de la generación de mis padres no había sido reeducada por los nuevos pedagogos y ejercían sobre todos nosotros una influencia "castrante y autoritaria". El resultado está a la vista, damos vueltas a los problemas y nos cuidamos mucho de hablar de lo que no sabemos. Yo envidio a mi presidente. Puede decir cualquier estupidez, y dice muchas, y eso no le afecta en absoluto. Carece del mínimo pudor intelectual, lo que supongo será considerado por esos mismos nuevos pedagogos como todo un avance, porque le evitará sufrir depresiones, angustias y cualquier otra enfermedad del alma vinculada con la conciencia.

 



 

Desde que España existe, de forma más o menos precisa, ha habido antisemitismo. Durante siglos fue una típica reacción de rechazo "al otro", al que no quiere integrarse plenamente en el grupo. Podía tener un mayor o menor condimento religioso. "El otro" era responsable de que unos judíos crucificaran a Jesús de Nazaret, como si las culpas fueran hereditarias o los apóstoles, discípulos y primeros creyentes hubieran sido tracios. Ese antisemitismo clásico ha ido desapareciendo en la medida en que los propios judíos han abandonado el judaísmo y los cristianos el cristianismo. Ya no son "otros". Son iguales a nosotros, se comportan de la misma manera y, por lo tanto, ya no se vive la convivencia como un problema. Pero eso no quiere decir que el antisemitismo haya desaparecido, sino que ha cambiado.

Hoy el antisemitismo no se dirige contra ese "otro" que practica una religión diferente y vive en un entorno cultural parcialmente distinto, sino contra esa "otra" forma de ser occidental que representa el estado de Israel. Europa ha abrazado el relativismo y rechaza, con mayor o menor vergüenza, su pasado. Ya no tiene fe en que la razón le ayude a comprender la realidad y renuncia a distinguir el bien del mal, lo justo de lo injusto. El uso de la fuerza le parece inaceptable, más aún cuando no sabe qué es lo que tiene que defender. En este contexto Israel representa los valores de la Europa que rechazamos: saben que quieren ser una nación, saben que quieren preservar su milenario legado cultural, están dispuestos a hacerlo en medio del Islam y a pesar de todos los problemas que ello conlleve y, aquí llega lo peor, están dispuestos a usar las armas para defender su soberanía, su libertad y el conjunto de sus valores.

 



 

Israel es el "otro" porque representa la vieja Europa, todo aquello en lo que creímos y ahora rechazamos y nos avergüenza. De nuevo los judíos, en realidad sólo una parte, se distinguen del resto avalando un experimento estigmatizado. Hoy hay antisemitismo en Europa, y muy particularmente en España, porque se rechaza esa forma de ser. Se apoyará formalmente su existencia, aunque se considere un estorbo, pero nunca se aceptarán sus acciones. Israel tiene derecho a existir, se piensa o incluso se dice, si cede ante las demandas árabes y llega a un entendimiento con ellos. Pero eso no es posible, porque esas demandas pasan por su inviabilidad como estado.

 



 

Apoyar a Hezboláh en la guerra contra Israel no sólo fue una irresponsabilidad y otro ejemplo de apoyo al terrorismo por parte de nuestro Presidente, fue además un acto claro de antisemitismo. Es sólo un caso, podríamos citar otros muchos por parte de nuestros gobernantes. Es muy fácil "ponerse estupendo" en el Museo del Holocausto y decir unas cuantas palabras inconexas pero altisonantes. Hoy el problema no está en los campos de exterminio levantados en el corazón de la Vieja Europa sino en Oriente Medio, donde una nación democrática trata de lograr cosas tan sorprendentes como unas fronteras, seguridad y paz. ¿Tan difícil resulta a esta izquierda post-socialista aceptar el derecho de Israel a ser y a defender su soberanía y su libertad?

 
De Florentino Portero (el 09/10/2009 a las 16:55:09, en Estados Unidos,  1453 Visitas)
Lo sé. Es una maldad demasiado fácil, pero no siempre hay que contenerse. De vez en cuando bien está concederse una licencia.



Hace ya mucho tiempo que el Premio Nobel de la Paz, no confundir con los otros Nobel que se conceden en Estocolmo, perdió toda credibilidad. La lista de sus agraciados da un susto al miedo y todos juntos conforman uno de los clubes menos prestigiosos del planeta. Para muchos pasar a formar parte de este grupo resultaría humillante, para Obama llega en un momento delicado en que sus iniciativas chocan con grandes resistencias o entran en barrena. Sus asesores podrán sacarle partido mejorando su imagen ante sus propios conciudadanos.

Quienes se lo han concedido han decidido volver a hacer política. Ellos están en su derecho, como nosotros de denunciarlo. Utilizan descaradamente a Obama para reivindicar un tipo de política internacional y rechazar otra. El Presidente norteamericano no lleva ni un año en la Casa Blanca. En estos meses ha incumplido sus compromisos sobre Guantánamo, Iraq y Afganistán, ha hecho el ridículo en la cuestión iraní y ha cedido humillantemente ante las demandas rusas. Pero, a pesar de todo ello, es muy pronto para poder valorar su obra política. Francois Mitterrand tuvo un desastroso primer año para luego rectificar y dejar un legado de cierto relieve en política exterior. Obama puede todavía sorprendernos en un sentido u otro y hay que darle tiempo.

Que los miembros del Comité Nobel noruego den un paso más en la dirección de desprestigiar su Premio me parece bien. Que castiguen los errores de Obama colgándole este "sambenito" también me parece bien. Lo que me sorprende es la falta de visión de tantos europeos a la hora de valorar las consecuencias que sobre nuestras vidas van a tener algunas de sus iniciativas.

 
De Florentino Portero (el 07/10/2009 a las 21:16:22, en Afganistán,  1162 Visitas)


La muerte del cabo Cabello Santana en las proximidades de la ciudad de Herat vuelve a replantear las preguntas fundamentales sobre nuestra presencia en aquellas tierras ¿Están nuestros soldados dotados de los medios necesarios para realizar su trabajo? ¿Cuáles son los objetivos que tienen que cubrir? ¿Es necesario aumentar el contingente?

La cuestión del blindaje de nuestros vehículos es tema recurrente y es normal que así sea. Actualmente utilizan trasportes antiguos y mal protegidos frente a minas y granadas. Nuestro Ministerio de Defensa no se ha enfrentado a un conflicto serio desde la Guerra de Ifni, que perdimos, y eso se nota en la falta de sensibilidad y en la tendencia a los comportamientos burocráticos. De prisa y corriendo se ha optado por la compra de dos modelos de vehículo de trasporte de la serie RG-31, fabricados por la multinacional BAE Systems. Son excelentes opciones, pero no son la solución porque ésta no existe.



La historia de los blindajes va en paralelo a la de los proyectiles. Cada paso en el perfeccionamiento de los primeros va seguido por otro en el avance de los segundos. Los RG-31 mejorarán la seguridad de nuestros hombres pero no garantizarán su supervivencia ante los ataques de las fuerzas talibán. A día de hoy estas guerrillas disponen de lanzagranadas de fabricación rusa, los RPG-7, con munición capaz de penetrar los blindajes de los vehículos RG-31. Lo mismo podemos decir de explosivos ocultos en el suelo. Por otro lado, las finanzas de estos extremistas no cesan de mejorar y siempre hay alguien dispuesto a venderles las armas que necesitan.



Que los militares exponen sus vidas es una obviedad, pero no por ello un hecho irrelevante. Si tenemos un destacamento en aquella tierra será para algo. Lo primero que tenemos que exigir a nuestro Gobierno es que nos explique de forma fidedigna cuál es la situación que reina en aquellas tierras y, a partir de ese marco de referencia, cuáles los objetivos que nos hemos propuesto. Resulta evidente que el discurso oficial es falso, que negar la existencia de una guerra es ridículo, que los cometidos que se les asignaron a día de hoy resultan anacrónicos. Gracias a la dejadez de muchos, entre los que nos encontramos, las fuerzas talibán han podido penetrar en todo el territorio afgano hasta el punto de que ya no es posible hablar de reconstrucción si antes no se garantiza la seguridad. Este tema está todavía pendiente de ser tratado en el Congreso con un mínimo de seriedad y responsabilidad. El Gobierno tiene que darnos muchas explicaciones que hasta la fecha nos ha hurtado.

La presentación del Informe McChrystal ha puesto sobre la mesa las opciones de victoria. El Presidente Obama no está dispuesto a asumir los sacrificios políticos implícitos en la aplicación de esa estrategia y la mayoría demócrata ha aceptado la derrota como mal menor, que tratará de disfrazar y endosar a los propios afganos. En la OTAN ya se ha tomado nota y el tema hoy es cómo salir con el menor coste posible. En estas circunstancias ¿qué papel pueden jugar allí nuestras tropas? Si fuimos con la OTAN deberemos coordinar nuestros pasos con los aliados y evitar otra chapuza diplomática como nuestra salida de Kosovo, pero sin perder de vista el hecho fundamental, que los talibán y sus amigos de al Qaeda han derrotado a la Alianza Atlántica y a Estados Unidos, que hemos renunciado a la victoria porque no estamos dispuestos a luchar.

 
De Florentino Portero (el 04/10/2009 a las 20:22:34, en Irán,  50 Visitas)
Conviene detenerse un poco en el papel que viene jugando Francia en el embrollo diplomático provocado por el programa nuclear iraní.

1.- Ya en tiempos de Chirac la Administración francesa, sus analistas de inteligencia y sus jefes militares, mostraron una clara e indisimulada preocupación por las consecuencias estratégicas que un Irán nuclear provocaría. De hecho la revisión de la estrategia nuclear francesa contemplaba este escenario con realismo.

2.- Cuando en 2007 la inteligencia norteamericana publicó que el programa nuclear iraní para uso militar había sido detenido en el 2003, Francia fue uno de los países que no dudó en afirmar que esa evaluación no se sostenía en datos verificados. Tenía razón. La inteligencia militar norteamericana se inventó descaradamente aquella mentira tras la petición del presidente Bush de que estudiaran una acción militar contra las instalaciones nucleares iraníes. Estaban desbordados por las crisis iraquí y afgana y sabían que podrían contar con la colaboración demócrata para sacar adelante aquel Informe. Así fue.

3.- Francia presionó al secretario general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, el-Baradei, para que incluyera en el último Informe anual sobre Irán un anexo relativo a la capacidad técnica del régimen de los ayatolás para diseñar cabezas nucleares destinadas a sus misiles de medio alcance Sahab-3. Al-Baradei se negó.

4.- La diplomacia francesa ha presionado a la norteamericana para que no ceda ante la iraní -Obama está cada día más preso de la buena voluntad de los ayatolás- y exija el apagón inmediato de las cascadas de centrifugadoras o la aplicación de sanciones.

5.- El Quai d'Orsay está jugando un papel fundamental, junto con los rusos, para lograr un acuerdo diplomático que saque del citado embrollo a todas las partes. Descartado el uso de la fuerza y ante el escepticismo sobre la posibilidad de que se aprueben sanciones medianamente contundentes -por razones que ya comenté en un post precedente- nos queda volver al principio, cuando años atrás ya se planteó por parte de Rusia que la forma de resolver el dilema entre el deseo iraní de disponer energía nuclear para uso civil y la ansiedad generada por el temor a que vaya más allá y se convierta en una amenaza nuclear era retirar del control iraní el combustible nuclear. Es el caso de la central nuclear de Busher, construida por Rusia en el norte de Irán, donde el combustible llega de Rusia y vuelve allí cuando ha finalizado su ciclo. Sobre esta idea se trabaja intensamente. Sólo falta que los iraníes muestren algún interés. Por ahora sólo sabemos que quieren disponer de un pleno control sobre su programa nuclear.

La llegada de Sarkozy, el declinante papel de Estados Unidos y el agotamiento del gabinete laborista en el Reino Unido han llevado a la diplomacia francesa a un protagonismo al que no estábamos acostumbrados. Sobre sus espaldas descansa hoy el liderazgo europeo y en esta cuestión concreta hay que reconocerles sentido de la responsabilidad y profesionalidad.

 
De Florentino Portero (el 01/10/2009 a las 23:34:45, en Irán,  198 Visitas)
A lo largo de los siglos la diplomacia ha ido depurando su técnica. Una de las acciones más comunes, que se utiliza sobre todo cuando hay una clara desigualdad entre las partes, es la táctica del "palo y la zanahoria". Los aliados la utilizaron intensamente con la España Franquista, cortando o reanudando suministros en función de la proximidad o alejamiento del Régimen con la Alemania Nazi. Es un ejercicio de eso que los psicólogos llaman "conductismo", pero sin necesidad de realizar descargas eléctricas.

En torno a la crisis de Irán estamos viendo de nuevo el empleo de esta antigua táctica, pero de forma sorprendente y original. No es el fuerte quien la aplica sobre el débil, sino el débil quien lo hace sobre el fuerte. Aunque quizás el problema es nuestro, o mío, y no entendemos bien quién es quién.

Obama planteó un diálogo estratégico y el Líder Supremo le contestó que lo que tenía que hacer era renunciar a intervenir en los asuntos propios de los iraníes. Al final Estados Unidos se conformó con ir a una reunión con los restantes cuatro grandes, Alemania e Irán. Los ayatolás sólo pusieron una condición: que no se negociara su programa nuclear. Los grandes se humillaron con tal de que se mantuviera vivo un hilo de diálogo y se plantearon, según nos cuenta el Financial Times, sólo dos objetivos: que los iraníes aceptaran en un futuro próximo una reunión que sí tratara del programa nuclear y que permitieran la inspección de la hasta ahora secreta instalación de enriquecimiento de uranio en las cercanías de Qom. En los días precedentes Ahmadinejad aplicó el palo: lanzamiento de misiles de corto y medio alcance mejorados, declaraciones inaceptables en la Asamblea General de Naciones Unidas contra Estados Unidos e Israel y reconocimiento de que disponen de otra instalación para el enriquecimiento de uranio que habían mantenido en secreto pero que, nos aclara, tiene fines pacíficos. Tras esta lluvia de chuzos llega el momento de la zanahoria: Irán acepta las dos peticiones norteamericanas, una nueva reunión en la que, ésta vez sí, se podrá hablar de programas nucleares y la visita de los inspectores a la instalación de Qom.

La diplomacia norteamericana respira. Los iraníes han sido caritativos y han permitido a Obama seguir manteniendo la esperanza de llegar a un entendimiento. El único problema es que han pasado años desde la primera reunión, que no se ha avanzado nada en el plano diplomático pero mucho en el desarrollo del programa nuclear, del reconocido y del desconocido. Norteamericanos y europeos están presos de la diplomacia iraní. Desde el momento en que se han comprometido a defender el régimen de no proliferación sin usar la fuerza dependen de la buena voluntad iraní, que los ayatolás administran con esmero mientras dan tiempo a que sus cascadas de centrifugadoras produzcan la suficiente cantidad de uranio enriquecido para realizar una prueba y disponer de sus primeras cabezas nucleares.

El mes que viene volverán a reunirse...

 
De Florentino Portero (el 01/10/2009 a las 11:59:31, en Unión Europea,  175 Visitas)
La diplomática suiza Heidi Tagliavini ha presentado un Informe sobre el origen de la Guerra de Georgia, encargado y financiado por la Unión Europea. Todavía no he podido acceder al texto por lo que me voy a limitar a comentar de forma esquemática tanto sus conclusiones como los efectos que previsiblemente va a tener sobre la política internacional de nuestros días.

1.- Los medios de comunicación y los servicios diplomáticos ruso y georgiano han reaccionado como si se tratara de una posición oficial de la Unión Europea, dando por sentado que franceses y alemanes no hubieran permitido su publicación sin haber dado su previo visto bueno. En cualquier caso, su posterior silencio sería la prueba de su consentimiento.

2.- El Informe es crítico con el comportamiento de las dos partes, pero carga la responsabilidad del primer disparo sobre las fuerzas georgianas, como si el uso de la fuerza fuera el hecho determinante y no la decidida voluntad rusa de anexionarse los territorios de Abjacia y Osetia del Sur. El Informe utiliza el derecho internacional para culpar a Georgia, ignorando todo aquello que no quiere ver.

3.- El Informe parece sancionar, por las referencias que he podido encontrar en los medios, el principio de que un estado, Georgia, no tiene derecho a imponer su soberanía sobre su propio territorio ni defenderse de otro, Rusia, que, habiendo introducido tropas amparándose en una misión pacificadora, había anunciado a la comunidad internacional su voluntad de incorporase ambos territorios en el marco de la Crisis de Kosovo.

4.- Iniciado el conflicto la mayor parte de los estados europeos, encabezados por Francia y Alemania, dejaron claro que no estaban dispuestos a sacrificar sus relaciones con Rusia por culpa de Georgia. El presidente Sarkozy, entonces presidente de turno de la Unión, se brindó a protagonizar una pseudo-mediación que se resolvió en favor del gobierno de Moscú. La publicación del Informe sanciona aquella posición y envía un mensaje claro a aquellos países que están en situación semejante, como Moldavia o Ucrania. Su vocación europeista o atlantista no puede convertirse en un obstáculo para las relaciones entre Bruselas y Moscú. La Unión nunca aceptará formalmente el derecho de Rusia a disponer de un área de influencia sobre los países limítrofes -Doctrina Breznev-, pero actuará como si lo hubiera hecho. El Gobierno de Kiev debe entenderse con Moscú, es decir ceder, y dejar de convertirse en una causa constante de problemas.

5.- Las potencias europeas no disimularon su contrariedad ante la propuesta norteamericana de instalar su Defensa anti Misiles en Polonia y Chequia, porque suponía un refuerzo de la relación de estos países con Washington y un nuevo litigio con Moscú. Tampoco disimularon su rechazo a la actuación de la diplomacia norteamericana en Ucrania y el Cáucaso. Ahora, ante el giro impuesto por el presidente Obama a la diplomacia norteamericana, tratan de consolidar su posición utilizando para ello supuestos informes técnicos.

6.- Putin está de enhorabuena. Su estrategia de acción contundente -tanto en el plano diplomático como en el militar- ha tenido efectos muy positivos. Estados Unidos ha retirado su Defensa anti Misiles, aparentemente a cambio de nada, y Europa reconoce, de hecho, su derecho a ejercer un área de influencia sobre su entorno inmediato. El bloque oriental -estados bálticos, Polonia, Chequia, Hungría- se ha visto avasallado por el renovado eje París-Berlín, que no está dispuesto a poner en peligro sus suministros energéticos ni mucho menos a mantener pulsos diplomáticos con Rusia. Una rendición a tiempo evita muchos sinsabores.

 
De Florentino Portero (el 26/09/2009 a las 13:19:53, en Irán,  162 Visitas)
En pocas horas nos han llegado desde Estados Unidos dos noticias tan llamativas como obvias. O, si se prefiere, llamativas por su obviedad. Cuando lo evidente se convierte en noticia es que algo no marcha bien, es que hemos perdido el sentido de la realidad.

Norma Gutiérrez, una especialista en Derecho Internacional que trabaja en la Library of Congress, el gran centro de documentación y análisis que trabaja al servicio del Congreso norteamericano, ha presentado un estudio para sus señorías en el que apunta dos conclusiones sobre la crisis de Honduras: que la deposición de Zelaya se atuvo a lo establecido en la Constitución, pero que su expulsión del país supuso una violación de derechos. Sin tener ni idea de derecho internacional público hemos sido muchos los que hemos venido afirmando lo mismo. La línea editorial de este períodico, seguro que con mejor fundamento, también se ha mantenido en esta posición. Ciertamente no nos podemos colgar medallas por afirmar algo que es obvio. Lo llamativo es que la Administración norteamericana, siendo tan consciente como nosotros de lo que había pasado en Tegucigalpa, se haya sumado a la campaña bolivariana para desestabilizar una democracia todavía en construcción.

El presidente Obama, escoltado por Sarkozy y Brown, todos con cara de circunstancias, todos transfigurados en Neville Chamberlain, nos comunicaron que Irán tenía en la ciudad de Qom un centro de enriquecimiento de uranio. Los tres grandes amenazaron al gobierno de Teherán con graves sanciones en el caso de que no pusiera fin a su programa nuclear. ¿De qué se quejan? Irán ha repetido hasta la saciedad que van a seguir adelante. Los tres grandes llevan años amenazando sin hacer nada relevante. Los estudios publicados estos últimos años sobre el programa nuclear iraní insisten en que los centros conocidos lo eran por haber sido descubiertos por los servicios de inteligencia occidentales, no porque el gobierno de Teherán los hubiera declarado. Lo lógico es que hubiera otros y que el programa se encontrara en un estado más avanzado de lo que la Agencia Internacional para la Energía Atómica había podido evaluar. El régimen de no proliferación se sustenta en la idea de que las potencias nucleares utilizarán su capacidad disuasoria para imponer sanciones contundentes o, llegado el caso, harán uso de la fuerza para abortar programas proliferadores. No se ha hecho nada relevante. El Consejo de Seguridad ha dejado hacer, los europeos se han entregado a lo que mejor saben hacer, el ridículo, y los norteamericanos han optado por lavarse las manos ¿Por qué van ellos a asumir la responsabilidad en solitario abriendo un nuevo frente? Ahora, de nuevo, el Consejo de Seguridad deberá tratar el asunto y veremos si son capaces de aprobar alguna sanción, por irrelevante que sea, para salvar la cara.

Si sabían que la deposición de Zelaya era justa y que el programa iraní seguía adelante sólo cabe reconocer que la diplomacia occidental se fundamenta en la ilusión y no en la realidad. Recuerdo haber escuchado a uno de mis profesores en la Universidad, creo que era Juan Pablo Fusi, que los partidos políticos tienen la obligación de dar respuesta a las dos tensiones básicas del ser humano: responder a los retos de la realidad y dar cauce a nuestras ilusiones. Los partidos conservadores se caracterizarían por lo primero mientras que la izquierda tendería a lo segundo. Necesitamos ilusiones, pero cuando éstas nos hacen perder el norte, cuando se convierten en excusas para rehuir la realidad, es que nos encontramos en un callejón sin salida.

 
De Florentino Portero (el 24/09/2009 a las 12:18:56, en Afganistán,  199 Visitas)
Reconozco que uno de los comportamientos humanos que más me sorprenden e interesan, en mi doble condición de historiador y comentarista, es la disposición a ignorar la realidad cuando ésta no se ajusta con nuestros ideales o intereses. Un ejemplo, entre otros muchos posibles, es el efecto provocado por la presentación del Informe elaborado por el general Stanley McChrytal sobre la situación en que se encuentra Afganistán y la estrategia que deberíamos seguir para lograr la victoria. Como ya apunté en mi columna de ABC no hay nada sorprendente en sus palabras. Para cualquiera que haya seguido el tema con un mínimo interés el Informe recoge lo que cabía esperar, lo que muchos en distintos países hemos venido escribiendo: que las fuerzas de la OTAN se han preocupado más por su propia seguridad que por la del pueblo afgano; que para vencer a los talibán hay que aumentar sensiblemente el contingente militar y adoptar una estrategia de contrainsurgencia; que la población sólo dará la espalda a los talibán cuando vea que el nuevo estado se ocupa de ella y resuelve de verdad problemas fundamentales para su vida cotidiana. Una campaña contrainsurgente es siempre a medio y largo plazo. Requiere, por lo tanto, tiempo y el sacrificio de muchas vidas humanas.

¿Cómo es posible que muchos militares europeos de alta graduación hayan quedado impresionados con la presentación del Informe? ¿Cómo es posible que el Partido Demócrata se eche las manos a la cabeza y presione a Obama para que no acepte las demandas de los generales? La respuesta no es otra que habían decidido engañarse a sí mismos, hacer trampas en el solitario. Un militar de carrera, por muy europeo que sea, no necesita que alguien le explique lo que es la contrainsurgencia o no debería necesitarlo. Durante estos últimos años se han publicado cientos de interesantes estudios que permitían hacerse una idea muy aproximada de lo que allí estaba ocurriendo. Los demócratas habían insistido hasta la saciedad que donde estaban amenazados los intereses norteamericanos era en Afganistán, no en Iraq, y que había que concentrarse en ese teatro. Tienen especialistas de sobra para saber con certeza lo que les esperaba, por lo que es inaudito que a estas alturas les sorprenda el Informe McChrystal.

El Informe no contiene sorpresas, pero sí verdades. Ya no es posible seguir engañándose, sólo cabe la huida. Cada día todos nosotros -norteamericanos, europeos, afganos constitucionalistas o talibán- podemos leer la prensa internacional y valorar las tensiones internas. Cada día son menos los que ven a Obama como un comandante victorioso. Cada día es más evidente la falta de voluntad de la mayoría de los gobiernos europeos por asumir su responsabilidad. Cada día son más lo que buscan una salida digna. Los talibán asisten encantados al espectáculo de la descomposición del frente ocupante, tal como habían previsto. El guión ensayado en Vietnam funciona si se es constante y se espera que se forme la mayoría política apropiada en el Capitolio. La Guerra de Afganistán se puede ganar. Estados Unidos tiene los medios necesarios y sabe cómo hacerlo. Pero los sacrificios requeridos son incompatibles con los intereses políticos de los dirigentes demócratas o eso piensan ellos. Obama tiene la última palabra.

 
De Florentino Portero (el 17/09/2009 a las 22:16:52, en España,  135 Visitas)
En política exterior no hay mucho espacio para exquisiteces morales. Cada estado tiene que mantener relaciones con el resto, le gusten o no, y tratar de defender sus intereses de la mejor manera posible. La tentación de excluir a éste o aquél debe ser contenida. Hay lujos que no podemos consentirnos y, además, hay que evitar caer en la hipocresía. Si mantenemos intensas relaciones con China y Rusia, estados donde se persigue a demócratas y minorías y se protege a otros que, como Irán, Corea del Norte o Venezuela, suponen una seria amenaza para la seguridad internacional ¿con qué cara vamos a rechazar una relación fluida con una república pequeña y poco ejemplar?

La diplomacia, como la política, tiene mucho de arte. Entre el aislamiento y la íntima alianza hay una gama de situaciones que hay que saber administrar y dosificar. Por Madrid han pasado el bolivariano Chávez y el indigenista Morales y amenaza con llegar el golpista Zelaya. Lo mejor de cada casa. Es comprensible que nos visiten, pero ni es normal ni sensato el recibimiento que se les está haciendo. Son personalidades que se caracterizan por las críticas a España, por amenazar los intereses de nuestras empresas, por acabar con los restos de democracia en sus países y por desestabilizar las de sus vecinos. La recepción debe ser proporcionada a estas realidades, dejando claro nuestro rechazo a sus políticas y nuestro compromiso con la libertad.

El gobierno socialista no está dispuesto a defender la democracia. Se estrenó con la Alianza de las Civilizaciones, que es una iniciativa destinada a legitimar las dictaduras y el fanatismo. Si no se está dispuesto a defender aquello en lo que supuestamente se cree, si la democracia es sólo una forma más de toma de decisiones característica de una "civilización" que, desde luego, no es mejor que otras, es comprensible que nuestra diplomacia piense que su espacio natural de acción es la mediación. Recuerdan aquello de que "Siria no es parte del problema sino parte de la solución", al fin y al cabo sólo había invadido Líbano, asesinado al dirigente suní Hariri, apoyado a Hizboláh, y facilitado el tránsito a cuantos terroristas quisieran inmolarse o actuar en Iraq. Pues lo mismo vale para Venezuela. Para Moratinos es normal ofrecerse como mediador entre Colombia y Venezuela. Para el ministro de Defensa colombiano y para quien humildemente escribe estas líneas lo que corresponde a España es defender la democracia en Venezuela y Colombia y combatir el terrorismo y el narcotráfico.

Es una obsesión, una paranoia que viene de muy atrás, pero un hecho constatable. Para muchos de nuestros diplomáticos, entre los que se encuentra Moratinos, España será importante en la medida en que medie en otros conflictos. Esta obsesión es enormemente representativa de una mentalidad que viene desde las postrimerías del Franquismo: no se cree en nada, no se está dispuesto a luchar por nada y nadie tiene más razón que otro. El relativismo, la falta de valores aboca a la condición de correveidile, una curiosa vocación ilustrativa de la decadencia en que vivimos.

La falta de valores lleva a la pérdida del sentido común, a la falta de criterio ¿Con qué cara retiran la acreditación a los diplomáticos hondureños o impiden la llegada a Madrid de autoridades de este país cuando nos visitan entre agasajos dirigentes cubanos, venezolanos o bolivianos? Una democracia europea castiga a quien defiende la democracia y halaga a quien la persigue, asesinando, torturando y asaltando haciendas.

 
De Florentino Portero (el 02/09/2009 a las 18:03:29, en España,  72 Visitas)
No puedo evitarlo. Aunque alguno de mis más ilustres colegas -mis admirados Ramón Pérez-Maura e Ignacio Camacho- han tratado el tema no renuncio a escribir unas líneas sobre uno de los momentos más tristes de la diplomacia española desde la recuperación de la democracia. Han coincidido en el tiempo dos hechos singulares: la retirada del placet al embajador de Honduras y el envío de una delegación de alto nivel a los festejos en honor a Gadafi.

Somos una democracia y en teoría nuestra política exterior responde a los valores y principios jurídicos recogidos en nuestra Constitución. A pesar de esto nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores ha retirado su acreditación al embajador de Honduras porque ese país, desde la legalidad, ha puesto en la calle a un Presidente que trataba de dar un golpe de estado desde las propias instituciones. Lo ocurrido en el país centroamericano es una excelente noticia, una prueba de que las instituciones democráticas han funcionado cuando una amenaza real puso en peligro el régimen de libertades. ¿Qué hace nuestro Gobierno? Defender los supuestos derechos del golpista y tratar de aislar a la democracia hondureña, movilizando en su contra a la Unión Europea.

El injusto maltrato al pueblo hondureño ha coincidido con los fastos en homenaje al aniversario del acceso de Gadafi al poder. Gadafi dio un golpe de estado que derrocó a la Monarquía reinante. Impuso un nuevo régimen, tan peculiar como él, que ha supuesto la dictadura y la pobreza para su pueblo y el ejercicio reconocido del terrorismo durante décadas. Eso es lo que nuestra delegación oficial va a festejar: golpe de estado más dictadura más terrorismo.

No puedo acusar a Moratinos de inconsecuente. De la misma forma que protege a un golpista en Centroamérica lo hace en el Norte de África. Ésta es la Alianza de las Civilizaciones en marcha, la alianza de los que odian la libertad y practican el terrorismo en cualquier latitud. Puesto que no parece que estos hechos escandalicen a la población ni a la oposición habrá que reconocer que es lo que los españoles desean.

 
De Florentino Portero (el 28/08/2009 a las 23:53:34, en Afganistán,  35 Visitas)
Leo en Financial Times que el enviado especial de Estados Unidos para Afganistán y Pakistán, el célebre Richard Holbrooke, ha tenido unas palabras nada agradables con el Presidente Karzai sobre el desarrollo de las elecciones afganas. El suceso me devuelve a los días del Presidente Bush cuando el principio doctrinal que informaba el conjunto de la estrategia norteamericana era la vieja idea del prusiano Emmanuel Kant de que la expansión de la democracia es el mejor garante de la paz. Por entonces los demócratas acusaban a Bush de tratar de imponer su visión al resto del mundo, olvidando que las diferencias culturales hacían imposible su pronta trasformación en democracias. Si tan claro lo tenían ¿por qué se empeñan ahora en que las elecciones presidenciales sean ejemplares? ¿De qué se extrañan? ¿Por qué era irresponsable presionar a Egipto para que avanzara hacia un auténtico estado de derecho y no lo es exigirlo a los dirigentes afganos?

Lo sorprendente de la Administración Obama, clintonitas aparte, es su curioso idealismo, su facilidad para confundir deseos con realidades y su natural tendencia a la contradicción. Afganistán es uno de los países más atrasados de la tierra y, por lo tanto, de los que tienen un camino más largo por recorrer. Demos a los pobres afganos un poco más de tiempo para aprender a convivir. El Reino Unido y España, por poner dos ejemplos próximos, necesitaron décadas, cuando no siglos, para lograrlo. La literatura y la pintura de la época recogen escenas poco ejemplares de cómo se "hacían" unas elecciones, porque se "hacían".

Obama está nervioso porque para criticar la Guerra de Iraq hizo de la de Afganistán el legítimo objetivo de su mandato. Las elecciones van a resolverse con un gobierno falto de legitimidad, corrupto e incompetente, un mal socio para reconstruir el país. A ello habrá que sumar las peticiones de aumento de tropas del general McCrystal, que el secretario Gates trata de contener y que están creando un ambiente semejante al de los momentos más duros de Iraq. El Presidente tiene muchos frentes abiertos y éste puede resultar uno de los más complicados de gestionar. Conviene que vayan aterrizando en la realidad y que dejen atrás las críticas irresponsables a la anterior Administración. "A cada cerdo le llega su San Martín", reza el dicho popular. Bien está que quien se benefició de la demagogia pague ahora su penitencia. A Afganistán se fue para destruir el centro de mando y control del terrorismo yihadista, un objetivo que se tardará años en lograr siempre que se tenga la constancia y el sentido de la responsabilidad del que hizo gala Bush en Iraq. Por ahora los demócratas sólo han demostrado una inequívoca tendencia a la rendición.

No hay espacio para idealismos en Afganistán. Karzai no es mucho peor que el resto y con esa tropa toca trabajar. La guerra no es lugar para exquisiteces sino para comandantes que tienen claro lo que quieren y que están dispuestos a asumir los riesgos y sacrificios que el uso de la fuerza requiere.

 
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