Hay cortos en los que no pasa nada y son encomiables y otros en los que no dejan de suceder cosas y... es mejor ver el siguiente del mismo autor. En los últimos atracones de fibabc que me he pegado, la peli que más me ha llamado la atención es la que inspira el título de este post: “El típico cortometraje en el que no pasa nada”. Esta obra de Juan Irache está rodada en Italia e, imagino, que hecha con muy poco presupuesto. Al empezarla a ver uno sospecha que ha cometido el error de pinchar el play equivocado. Pero, en este caso, la sospecha es errónea. Con sencillez, y en menos de cinco minutos, Irache nos cuenta de modo tácito una cruel historia al tiempo que nos golpea la conciencia. Si queréis descubrir si pasa o no pasa nada en este trabajo que compite en la sección de i-Cortos, nada mejor que verlo.

"El típico cortometraje en el que no pasa nada", de Juan Irache
También estamos acostumbrados a visionar los típicos cortos de pareja o similares. Esos en los que mujer-hombre o chico-chica (con todas sus variantes posibles) nos enseñan sus corazones y su último balance de sentimientos de una manera más o menos impúdica. Hasta ahora, en fibabc habíamos visto “Encuentro”, de Nick Igea; y, en una línea más original, “Mie2”, de Iván Ruiz Flores. Pero, en estos días, me he tomado un “Chocolate frío” junto a Mariana Cordero y Ramón Barea. Un buen corto el de Pedro Loro Avis interpretado con soltura por esos dos magníficos actores. Hoy he visto que se publicaba “Clara. El mar”, de Dany Campos, donde Merce Capdevilla y Diego Juan tienen una curiosa charla playera, manejada con sutiliza y llena de equívocos, que a todos nos parece haberla vivido alguna vez. Un corto recomendable.
Hay otro corto de “pareja” que entra esta semana en la competición: “La rubia de Pinos Puente”, de Vicente Villanueva. Sin duda, es uno de mis favoritos a los premios de esta edición de fibabc. Ya han recibido muchos galardones el corto y los actores, Carmen Ruiz y Font García, que están espléndidos en esta nueva entrega de uno de los mejores directores de este país. Su salto al largo parece que no tardará en producirse, pero, mientras tanto, seguimos disfrutando con sus comedias agridulces o sus dramas cáusticos (no sabría decir dónde se encuentra la frontera).
También tenemos este año los típicos cortos con pistola. Empezando por “Happy Birthday”, de Pedro Cohen, y “The story of David Leonard Sutton”, de Alfonso Díaz. Del primero ya hablamos en otro post, pero también se merece unas líneas la curiosa historia de Sutton. Jonathan David Mellor está espléndido en su papel y la historia desconcierta hasta el final. Todo un hallazgo. Asimismo hay pistola en “Los muertos y los sordos”, de Senén Fernández, aunque verdaderamente este es un filme bélico del que destaco la puesta en escena y la fotografía en blanco y negro.
Y luego está el típico corto que no es nada típico. “Qué divertido”, de Natalia Mateo también podría titularse como el primero del que hablamos en este post. ¿Pasa o no pasa nada? El caso es que suceden muchas cosas de un modo sutil, natural... La vida fluye y una cámara nos lo cuenta. Acompañamos a los actores (Luis Bermejo y el niño Teo Planell) en su historia rural, sencilla, íntima, dramática... ¡Ir con ellos al árbol es toda una aventura! ¡Tolón, tolón... que no es poco!