Después de un relajado verano con vistas a palmeras reales, aguas esmeraldas y arenas blancas hay que reconocer que, volver a la rutina, cuesta trabajo. Mucho trabajo. Sin embargo, dentro del sobre que he recibido días atrás lleno de cortometrajes, he hallado tantas delicias que he mandado a freír monas a la depresión posvacacional y a la depresión a secas. Ambas depresiones, que siempre iban encadenadas a las primeras fechas de septiembre, eran una especie de visitas inoportunas que me untaban de tristeza, como si fuese una tostada a punto de ser engullida por el otoño en un desayuno sin diamantes. El caso es que abrí el sobre, saqué los cortos que me enviaban desde el Festival y empecé a mirar por aquí y por allá las carátulas con la esperanza de elegir con tino la primera película (he dicho bien, no es una errata, los cortos también son películas) que iba a meter en el DVD.
Una misteriosa fuerza, que no sé si procedía de algún sueño de "Origen" o de una de las visiones de Cristal (la falsa vidente de la última de Woody Allen), me hizo decantarme por "Los 4 McNífikos". Y no me arrepiento. Es cierto que el hombre es el único animal que tropieza dos, cuatro o seis veces en la misma piedra (siempre números pares), pero en ocasiones el destino nos prepara agradables sorpresas. Este falso documental lleno de humor y amor, a partes desiguales, fue la mejor manera de ponerme en marcha y de encontrar, por unos segundos, mi lugar en el cosmos. El corto de Tucker Dávila Wood es de esos que primero te pintan una leve sonrisa, después te hace reír abiertamente y, por último, no puedes dejar de enviar a los colegas. ¡Ojalá se vieran más “carretillas” como la de Los 4 McNífikos por los desenladrillados solares llenos de amapolas!

"Flat love", un corto de Andrés Sanz narrado por Isabella Rossellini
Con “Flat love” hubo otro flechazo a primera vista, parecido al que tiene el prota de este corto de Andrés Sanz. Es una obra donde todo está en su sitio. Tiene un buen guión, una buena realización y fotografía, una notable interpretación y, para colmo, la narradora es Isabella Rossellini, que nos narra la historia como si fuera un cuento de esos que te contaban los abuelos antes de dormir. En este caso, el número de premios cosechados guarda relación con la gran calidad de la peli.
“El opositor”, de María Giráldez y Miguel Provencio, tiene como protagonista a Fran Perea, que hace un buen trabajo. A mi humilde modo de ver, lo mejor del corto es precisamente su interpretación. También hay otras caras conocidas, pues Cesáreo Estébanez, que no para de participar en cortometrajes, aparece en un pequeño papel.
“Die Schneider Krankheit”, de Javier Chillón, es otra de mis debilidades. Falso documental en blanco y negro con factura “mirando hacia atrás con gusto”. ¡Verlo ya porque dejarlo para mañana puede ser demasiado tarde...! Del resto de los primeros seleccionados (lo siento), ya os iré contando en las próximas horas. Por ahora, no me enrollo más porque el teléfono rojo, el de las prisas que me meten estos chicos del FIBABC, no para de sonar... No sé si pedir auxilio u observar cómo la brisa mueve dulcemente las hojas de los árboles.