Ante el atracón de cortos que mi personita se está dando en estas fechas, que parecen navideñas por la continua ingesta de alimentos –aunque se trate de alimentos audiovisuales–, no dejo de tocar la corneta, como en la célebre secuencia de “
El guateque”, para anunciar con sonora algarabía la gran calidad de los trabajos seleccionados.

Esta semana he empezado mi particular menú con “
En la otra camilla”, un plato cocinado por el director Luis Melgar, que he saboreado con regocijo. Pese a que sus actores protagonistas, María Botto y Roberto Drago, comienzan demasiado “arriba” por exigencias del guión, en cuanto el corto llega al hospital la cosa mejora sustancialmente y empieza una procesión de momentos hilarantes que no tiene fin. Buen guión, buenos actores, buena realización... Un corto perfecto para alegrarse el día.
“
Gentuza”, el corto más votado hasta el momento, y también el más comentado por una entusiasta peña de seguidores, es un pequeño western urbano donde brilla, por encima de todo, el desparpajo de sus jovencísimos protagonistas. El trabajo de Javier Betolaza es un ejemplo claro de cómo a veces la sencillez logra transmitir más que una compleja trama.
De “
2,14”, cortometraje de José Luis Santos, guardo en el recuerdo un sabor desigual. Su propuesta es brillante y tiene el corto momentos y planteamientos originales, pero en el difícil terreno de la ciencia-ficción es fácil resbalar. En cualquier caso, su valiente apuesta merece un aplauso. Por un terreno más experimental navega “
La paradoja de Arrow”, un ejercicio aún más complicado, pero resuelto con gran tino por Jorge Caballero. Un corto diferente, original y brillante. Así que, por favor, siga usted la flecha.
“
Salomón”, de Ignacio Lasierra, cuenta de un bello modo un tema tan manido, sobre todo en el mundo del cortometraje, como el de la inmigración. Esa ecuación emocional entre el melocotón y la petanca, entre el inmigrante negro y el pueblerino chapado a la antigua, tiene un buen resultado. Y el trabajo de los actores es sobresaliente.
En “
Retrato de mujer blanca con navaja” Carlos Ceacero nos pinta una intrigante historia tejida entre la realidad y la ficción de una escritora. Llena de brillantes silencios y con un cuadro de actores para enmarcar (especialmente Vicky Peña y Natalia Mateo), la trama sin embargo se enreda tanto que el ovillo al final se queda algo deshilachado. En cualquier caso, un trabajo notable lleno de calidades y sutilezas.
De “
5 segundos”, de Jean François Rouzé, destaca sobre todo la originalidad del guión. Si tiene alguna tacha es que, en ocasiones, la narración del protagonista no logra mantener el mismo ritmo y tensión a lo largo de todo el trabajo. Es un corto bien armado, con una fotografía cuidada y una historia de amor diferente. “
Las gafas”, de Alberto García Martín, cuenta con uno de los mejores comienzos que he tenido el placer de degustar esta semana. Los diálogos son brillantes, los actores te llevan de la mano por la historia sin notarlo, todo es hilarante y hondo a la vez, hasta que, de repente, el corto pide a gritos acabar, pero continúa... De todos modos, creemos que “Las gafas” posee los condimentos necesarios para ser uno de los favoritos del público en este Festival.
Antes de pasar a los trabajos seleccionados en el Certamen de i-Cortos, no quiero olvidar una de las sugerencias de un visitante de nuestro Blog, quien me pedía unas líneas para “El soldadito de plomo”, “Cincuenta barras de pan” y “Hannah, un documental en rock menor”. Pese a que otro internauta tuvo a bien contestar, también lo haré yo si me permitís que me enrolle un poco más.
Empecemos por el documental de Álvaro Oliva. “
Hannah” cuenta la historia de un grupo musical con sobriedad y naturalidad, sin demasiadas pretensiones; sin alharacas ni exotismos. Acertado. “
Cincuenta barras de pan”, de Álvaro Aránguez, es un peculiar paseo lleno de emoción, imaginación y ternura. Brillante. Mientras que en “
El soldadito de plomo”, de Virginia Curiá y Tomás Conde, nos encontramos con un trabajo muy cuidado. La historia es archiconocida, pero su tratamiento y animación no sólo tiene el ritmo y la ternura que ésta pide, va más allá. La música, de Emilio Aragón, es sobresaliente.
En cuanto al Certamen de i-Cortos, decir que en general priman las ideas sobre la técnica, cosa que estaba en guión de la propuesta.
Todos los seleccionados derrochan originalidad. De los trabajos de David Muñoz me quedo con “El tío que sale en todas las fotos” y “La mañana maldita” –este último codirigido por José Martínez–. Muy recomendables son también "Yo controlo", de José María Blázquez, “Mi nueva SIM”, de Isabel de Navasqüés, “La bombilla”, de Joan Durán, y, especialmente “¡Están locos!”, de Alfonso Díaz, y “Subtitled”, de Víctor Múñoz. Todavía me río cuando recuerdo el visionado de alguno de estos títulos. El je, je famoso aquí corre a raudales.