Aunque no es muy usual, hay gente que se va a Venecia a rodar su corto, como es el caso de David Muñoz en “Barcelona-Venecia”. Según cuenta el mismo en los comentarios-opiniones de la página donde se puede visionar su obra: “El corto se rodó en seis horas, ya que encontramos una oferta de vuelos a Venecia por 1 céntimo incluidas tasas, pero la ida y vuelta solo nos daba ese tiempo. Por eso, optamos por no grabar sonido alguno y doblar todo, voces y ambiente, posteriormente.” Este trabajo, que participa en la categoría de i-cortos, es todo un prodigio de ingenio, y más en los tiempos que corren. El resultado no es una obra maestra, pero sí me resulta original y plausible pese a la sobreactuación de alguno de los actores y el asunto del doblaje que apunta el propio director. Pero por encima de las bondades del corto, que las tiene como digo, querría destacar el que un director salga a la palestra a comentar sin acritud pormenores de su trabajo. Aunque sea para responder a un comentario anterior. Y ahí es donde quería ir a parar, que no es Venecia, por supuesto, pero tampoco soy yo un Hombre-G.
Y es que, vuelvo a insistir, el espacio abierto para que dejéis vuestras opiniones debería estar más para cosas así, en las que la gente actuara de crítico constructivo y los participantes pudiesen contar anécdotas del rodaje y el corto dentro del corto que todos sabemos que existe. El anonimato, que nos permite opinar sin identificarnos del todo, no debería ser una patente de corso para insultar o malmeter contra otro corto al que se ve como rival para los diferentes premios. Dicho todo esto, los que leáis este post, por favor, tenedlo en cuenta.
Y ahora quería comentar otros dos cortos que se publicaron la semana pasada y tienen vitola de grandes obras. Me refiero a “El orden de las cosas”, de los hermanos Alenda; y a “Cíclope”, del mexicano Carlos Morett. Éste último es un corto que atesora en los meses postreros más fama que premios. El telediario nocturno de TVE1 le dedicó, en su momento, unos minutos, pero su gran hito fue lograr que la mismísima Disney llamara a sus puertas. El corto, como alguno también ha comentado en fibabc, es un prodigio técnico y tal vez en una sala de cine se disfruten más sus virtudes. Morett rodó íntegramente en cromas con fondos de tres dimensiones en alta definición, «con ayuda de amigos y desde el salón de casa, lo que da como resultado una factura muy especial», aseguró el director en una entrevista en ABC. A mí del corto me fascinan la recreación de ese Madrid 2070 a lo “Blade Runner” y cómo está contada la búsqueda del cíclope futurista, que es no tan bicho como Alien pero se le acerca. La pena es que la historia esté hecha para ese lucimiento técnico y no corra más riesgos en lo concerniente al guión. En cualquier caso, es obligatorio dar al play si no habéis visto el corto.

Fotograma de "El orden de las cosas", de los hermanos Esteban Alenda.
En el “El orden de las cosas” el planteamiento es prácticamente el contrario. Los hermanos Alenda se tiraron, en este caso a la bañera, con una historia dura, manida, lenta, pero tratada con tanta exquisitez y con un simbolismo brillante y bien entendido. No es un corto para todos los públicos ni para todos los paladares, pero reconozco que me ha emocionado y eso lo valoro por encima de todo. Podría ahora hablar de lo bien que están los actores, de la cuidada fotografía..., aunque siempre he dicho que cuando algo te emociona, sobran las palabras. Pues eso. Ahora os toca verlo a vosotros y, si no os gusta, os ruego que al menos tengáis gusto al opinar.