¿Se puede ser cineasta sin ser curioso? Se antoja difícil que una persona sin especial interés por la observación del mundo que le rodea acabe ganándose el pan haciendo películas. Sí, hace falta ser curioso, pero ¿y cotilla? Puede ser de gran ayuda, desde luego, ser un metomentodo, un fisgón. Alguien que dirige la antena hacia la conversación de la mesa de al lado, que no para de escudriñar a quien se sienta delante en el metro, o incluso que rebusca en los cajones –los de madera y los del cerebro- de los demás.
Posiblemente así nació el espléndido cortometraje “Tres en playa” (de Sergio Candel). Una idea genial, con un plano fijo, un encuadre inalterable y excelentes interpretaciones en la distancia, que puede (por favor, cuéntenoslo señor Candel) haber nacido de la contemplación de las miserias ajenas. Con sólo unos gritos casi inaudibles, gestos y aspavientos, el reparto de “Tres en playa” despliega una historia abierta a cualquier interpretación (si les parece podemos abrir debate, comenten sus teorías), que se ha hecho un hueco en este festival con todas las de la ley.
Otros que no paran de cotillear son los protagonistas de “Showtime” (de Frederic Massot). Aunque rebosa frescura y originalidad, este cortometraje se hace algo lento y no termina de dejar huella debido a que la poca verosimilitud de la historia no se compensa con un final sólido. Sin embargo, “Showtime” encontrará fans en aquellos que buscan algo nuevo.

En el trabajo abundan los cotilleos para matar el aburrimiento, pero en “La Oficina” (en la imagen), dirigido por Chalo Crespo y Rafa Oliver, lo que hay para dar y tomar es mala leche. Basado en una historia real, este cortometraje con caras conocidas (las de Antonio Dechent y Antonio Garrido, por ejemplo) es entretenido de verdad, logrando el deseado efecto “quiero más” en el espectador. Difícil encontrarle fisuras.
Más rostros famosos desfilarán por la pantalla de tu ordenador cliqueando en “Paseo” (de Arturo Ruiz Serrano), una película para disfrutar con calma, paladeando las interpretaciones de Paco Tous y José Sacristán, que se toman con filosofía la llamada del tipejo de la guadaña. Enhorabuena a los técnicos de sonido de este corto.
El tercio cambia con “Test” (de Natalia Mateo y Marta Aledo), más que nada un trabajo de interpretaciones, algo facilón de guión, pero con actuaciones brillantes (especialmente la tercera y última) que dan varias versiones de uno de los momentos más importantes en la vida de una mujer. Hay algún conato de sobreactuación, pero la película mantiene el tono –y con ello, el tipo- de principio a fin.
“Jun Ducat, ¿héroe o terrorista?” (de Adaia Teruel) es un joya documental que deja a los medios de comunicación de masas a la altura del betún. Se lo buscaron ellos solitos cuando desinformaron acerca del secuestro de un autobús que tuvo lugar en Manila en 2007. Sorprendente, incisiva, maravillosa, una obra de la que estar realmente orgulloso, y que además sirve de hacha de guerra contra la indiferencia.
Lo visual trata de hacerse un hueco a empujones en “Zambra” (de Xavi Peralta, Alba Monteagudo y Anna González), un trabajo que roza el género musical, guiado por una profundamente sentida narración que adentra al espectador en un universo particular en el que el flamenco cobra vida. Perfectamente facturado, creíble, y con un gran sentido de la estética. La única pega es que este corto es quizá demasiado largo.
El premiadísimo “Vlog” (de Valerio Boserman), por el contrario, tiene la duración perfecta. Yohana Cobo (la niña de “Volver”) lleva sobre sus hombros el peso de este dramón que cobra sentido extra viéndolo on-line, pues tiene como hilo conductor la relación entre diferentes internautas que dialogan a través de la red mediante cámaras. Un gran éxito para Yohana –aunque tiene algún momento poco convincente-, algo menos para el director, que debería haber metido algo de “caña” al resto de sus actores.