Dicen los que le conocían que era solitario y nostálgico, exigente y sentimental, minucioso y callado.
Enrique Urquijo era un miembro destacado de esa generación de personajes irrepetibles que derrocharon talento y vida a partes iguales.
Hoy el calendario nos recuerda que los años pasan a toda velocidad. Urquijo fallecía hace ya 10 años. Una eternidad.
Sus canciones no han dejado de sonar por lo que en cierta manera uno tiene la sensación de que nunca se ha ido; de que ha quedado como en un espacio intermedio; como suspendido en el tiempo a través de acordes y versos.
Malasaña ha cambiado mucho desde que Enrique Urquijo paseaba sus huesos por el barrio y, al decir esto y al recordar el tiempo que ha pasado, no puedo evitar acordarme de las primeras líneas de El Aleph de Borges:
“La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita”
Enrique Urquijo tuvo un final indigno. Hay quien hace literatura con muertes así; quien cree que ese es un final épico. No les crean. Es una impostura.
La droga arrasó como un torbellino talentos e ilusiones de toda esa generación que creció escuchando las canciones de Los Secretos y Los Problemas. No hay épica en ello.
Son canciones de una profunda melancolía. Canciones llenas de personajes fronterizos, de vidas al límite, de historias urbanas… pero siempre, en todas ellas, incluso en la más triste, hay un brillo de esperanza, un destello profundamente vitalista. Como si siempre existiera una posibilidad de redención.
Hoy hemos querido recordar a Enrique Urquijo, un escritor de canciones, un cantante, un compositor, un cronista urbano; un hombre que se sentía “vulgar al bajarse de cada escenario”.
Hoy nos hemos enterado de que el ministerio del Interior va a fijar unas normas estrictas para los policías y los guardias civiles de uniforme.
Ni pendientes, ni maquillaje estrambótico, ni melenas al viento… los agentes van a tener que atenerse a un código común.
Eso se llama “uniformidad”, nos recuerda el maestro Martín Ferrand. Y desde luego parece un criterio muy apropiado para los que visten uniforme, aunque sólo sea por pura coherencia etimológica.
Los agentes de las fuerzas de seguridad tienen como misión imponer la ley y es muy razonable que a su vez deban someterse a sus propios códigos.
Hay quien ve en esto de las normas y de las obligaciones, una forma de autoritarismo, algo pasado de moda, antiguo y contrario a los usos de una democracia.
Nada más lejos de la realidad. No hay nada más justo y democrático que el cumplimiento de unas normas. Y, por el contrario, no hay nada más antidemocrático que la arbitrariedad.
Los policías son servidores públicos y como tales, deben responder ante los ciudadanos.
Luis Ignacio Parada, nuestro hombre de los datos, apunta que la palabra correcta para referirse a las imposiciones de Interior no es “decoro”. Bien, no utilizaré por tanto ese término. Diremos entonces que un servidor público debe presentarse ante los demás con una apariencia impecable.
Nos escribe un oyente llamado Javier Gironés al que todo esto le parece una tontería.
Argumenta que él no ha visto “todavía a ningún Policía o Guardia uniformado que me atienda con pendiente o melenas heavys o atufando a zorrillo”. Yo tampoco, querido oyente, yo tampoco. Pero ¿qué pasaría si a uno le apeteciera hacerlo? Pues mejor que ahí tenga las normas.
Siempre he creído que no existe en el mercado un producto tan rentable como un periódico.
Piensen en ello. Uno o dos euros, te abren las ventanas al mundo; trasladan pasiones, verdad, debates, reflexiones, experiencias… Conocimiento. Son el diapasón de un país. Hay quien incluso dice que un buen diario es una cosmovisión; una forma de enfrentarse a la realidad.
Puede que los que seguimos esperando con ansiedad nuestra cita con los titulares, con el papel entintado con mimo, con las cinco columnas; seamos ya unos extravagantes. Una especie en extinción de excéntricos, de románticos, de locos capaces de debatir por la colocación de una noticia, por la pertinencia de un adjetivo o el argumento de un editorial.
Puede que seamos criaturas de otro tiempo. Seres anacrónicos. No lo sé… pero me resisto a creerlo.
El Diario Vasco ha cumplido 75 años. El Diario ya estaba allí cuando nacían la mayoría de sus lectores. Muchos guipuzcoanos han crecido entre sus páginas, el relato de su vida está escrito en sus titulares.
Los lectores han crecido, han cambiado; y han visto también como su periódico iba evolucionando; como cambiaba su rostro con un nuevo tipo de letra, como iba adquiriendo una figura más estilizada gracias a los nuevos diseños y como, en definitiva, se acomodaba al mundo que le ha tocado glosar.
No sé si ustedes, oyentes, han tenido la oportunidad de visitar la redacción de un periódico. Si lo han hecho, comprenderán lo que les decía al principio.
Un producto elaborado con esa pasión siempre será rentable. No existe un lujo más asequible y tan necesario.
Sí, ‘necesario’, es un buen calificativo para esta cabecera. El Diario Vasco informa donde más se necesitan los periodistas y ha tenido que pagar un precio muy alto por su compromiso.
Quizás usted que me escucha tenga ya un ejemplar en las manos consciente del valor de lo efímero.
Usted sabe que mañana su delicada arquitectura será material de derribo.
Pero mientras yo les cuento esto desde el micrófono, su redacción empieza a bullir de actividad para construir pieza a pieza el ejemplar de mañana. Así ha ocurrido durante 75 años.
Un intruso recorre ayuntamientos y administraciones. Parece haberse instalado en algunas oficinas públicas una idea algo simplista de lo que es la responsabilidad democrática.
Algunos servidores públicos piensan que la democracia consiste, sencillamente, en consultar periódicamente a los ciudadanos. Ustedes se habrán dado cuenta de esta deriva, sobre todo cuando escuchan a políticos que, ante las críticas, invocan el gran respaldo que tienen de los electores.
Sí, no lo niego, una democracia consiste en escuchar la voz de la calle, en consultar periódicamente a la población… en preguntar.
Sí, es cierto, pero falta una parte fundamental a esta definición: democracia es, también, y en igual medida responder ante los ciudadanos. No sólo plantear preguntas, también ofrecer respuestas.
He pensado en ello cuando escuchaba a Borja Bergareche recordar en la tertulia de Protagonistas que “los informes que pide un ayuntamiento pertenecen a quien los ha pagado, es decir, a los ciudadanos”.
Hoy hemos vuelto a hablar de informes inútiles, de cursos innecesarios, de despilfarro burocrático. ¿Algo ilegal? Puede que no. Pero les aseguro que es francamente irresponsable.
Por el mismo agujero en el que caen miles de euros gastados a la ligera, se cuela la confianza de unos ciudadanos hastiados.
Y las excusas que se ofrecen son insuficientes. La pregunta elemental que habría que trasladar a algunos despachos municipales y autonómicos es: ¿Emplearían así su propio patrimonio? Lo dudamos.
La ingeniería de un espectáculo de magia sigue, por lo general, un planteamiento básico.
Para ejecutar un truco y sorprender a la concurrencia, el mago ha de introducir un elemento de distracción. Debe desplazar la atención del público para que luego aparezca ante sus ojos la “magia”.
Trucos, le llaman; y es un término muy correcto.
Los políticos son seres mucho más pretenciosos que los magos y a esta estrategia le llaman cortinas de humo, globos sonda, anuncios de alcance…
Metáforas rimbombantes que llegan a las redacciones en forma de comunicados o ruedas de prensa y que sirven, sobre todo, para pasar página... o como ellos le llaman: para marcar la agenda de los medios.
Si el partido está sumido en una crisis interna letal para su imagen: desplacemos la atención y hablemos de una supuesta máquina que viola intimidades y que controla nuestras comunicaciones.
Si la crisis acorrala nuestra acción de gobierno: demos donde duele, hablemos de fútbol, de los impuestos que pagan futbolistas millonarios llegados del extranjero.
Y mientras, nosotros, comentaristas de la actualidad, cegados por el destello de estos anuncios, olvidamos lo esencial: que hoy 9 de cada 10 jóvenes españoles estarían dispuestos a aceptar un contrato precario.
Que la mayoría de los españoles de entre 18 y 30 años ven tan mal su futuro, que ya no les importa salario u ocupación… lo que quieren es trabajar, meter el pie en la puerta del mercado laboral y empezar a construir su futuro.
Uno creía que este oficio nuestro consistía en identificar lo importante e interesante y contarlo.
Empiezo a intuir que todavía más necesario que eso, es saber identificar lo que no es importante y desecharlo.
Ayer les decía que los periodistas somos a la vez buscadores de perlas y clasificadores de basura… Hoy añado otra definición: cazadores de las liebres que salen de las chisteras de los políticos.
100 años. Casi nada.
Hoy despedimos al testimonio de un siglo. Las biografía de Francisco Ayala y de Levi Strauss son la memoria del siglo XX.
Ambos superaron la centuria y sus muertes nos ponen ante una reflexión insoportable: ¿Por qué tienen que apagarse mentes que han acumulado tanta experiencia, tanta sabiduría y tanta belleza?
Los que vivimos de las palabras, de expresarnos ante un micrófono o de escribir en un periódico, hoy somos un poco huérfanos.
El escritor y el antropólogo habían convertido al lenguaje en objeto de culto, en materia de reflexión.
Para Levi Strauss: “Quien dice hombre dice lenguaje, y quien dice lenguaje, dice sociedad”
Francisco Ayala escribió un día: “La patria del escritor es el lenguaje”
Ambos pensadores plantearon otras enseñanzas que deberían encabezar el temario de los estudiantes de periodismo.
Me quedo con esta de Levi-Strauss: “El sabio no es el hombre que suministra las respuestas verdaderas, es el que plantea las verdaderas preguntas"
Tenemos por tanto una deuda con ellos y quizás sea insuficiente saldarla con un obituario o con estas pocas palabras en un programa de radio.
Pero la actualidad es como un torbellino ciego que lo revuelve todo a su paso, y ya ven, al final tenemos que dedicar nuestro tiempo a hablarles de un hombre que ha estafado a sus propios consuegros.
Es nuestro oficio. Un trabajo que nos convierte a la vez en buscadores de perlas y en clasificadores de basura.
Un oficio cuyo resultado es al mismo tiempo una galería de hombres ilustres y un pasaje del terror.
Siempre fuera de micrófono, un importante barón regional socialista suele describir a Zapatero como un político funambulista.
Este presidente autonómico lo expresa así: “Zapatero se mueve muy bien en el alambre, de hecho parece que le gusta más vivir en el desequilibrio, que pisar tierra firme”.
El gusto por el riesgo no es una virtud para un político porque demuestra grandes dosis de irresponsabilidad.
Mariano Rajoy no debería imitar al presidente en este punto, precisamente porque muchos esperan que el PP constituya no sólo una alternativa de gobierno sino también una alternativa a determinadas conductas del actual ejecutivo.
En principio Rajoy parecía poco amigo de las aventuras inestables pero no es el primer lunes que en Protagonistas pronunciamos la siguiente frase para arrancar la información política: “Semana decisiva para el Partido Popular”. Hoy me he dado cuenta de ello.
El discurrir del principal partido de la oposición no puede parecerse al guión de un thriller.
En la tertulia de nuestro programa en Punto Radio, Manuel Martín Ferrand describía la situación del PP como “esperpéntica y trágica”.
Mariano Rajoy fue diputado por Pontevedra, ciudad natal de Valle-Inclán, pero no debería inclinarse por el esperpento como modelo.
Aunque es cierto que hasta hace bien poco el popular imaginaba que, para él, esta legislatura se parecería a otro subgénero literario muy alejado de la tragedia o el esperpento.
Rajoy imaginaba más bien una comedia burguesa, con un planteamiento amable, sin sobresaltos, sencillo y con final feliz: el que le conduciría a La Moncloa gracias a la pésima gestión económica de Zapatero.
Pero no ha ocurrido así y ahora está obligado a introducir un giro de guión, lo que los antiguos dramaturgos griegos llamaban “Deus ex Machina”.
Por ahora, otro lunes más, tenemos que repetir el indeseado sintagma: “Semana decisiva para el Partido Popular”.
Sobre la naturaleza de los poderosos se ha escrito mucho. Quizás sólo falta que alguien se atreva a hacer un estudio fisiológico del Poder.
Sí, ha leído bien, un estudio fisiológico. Se lo digo porque empiezo a intuir que cuando un hombre adquiere poder su epidermis se vuelve especialmente sensible.
¿Cómo se explica si no que Nicolas Sarkozy mandara instalar una ducha de 250 mil euros?
El paladar del poderoso también se vuelve muy fino. De una delicadeza exquisita. Tanto como para encargar una cena de 5 mil euros el cubierto.
El ascenso a las cumbres del poder debe de tener estos efectos en el cuerpo de las personas.
Decía en la tertulia de Protagonistas Carmen Remírez de Ganuza que su educación judeocristiana le impediría disfrutar bajo una ducha de 250 mil euros.
No creo que exista código de valores que apruebe semejante derroche pero en lo referido a los valores judeocristianos… Nicolas Sarkozy se ha llenado la boca muchas veces con los valores occidentales y la recuperación de los antiguos códigos morales.
Miren esta cita pronunciada en Versalles: "La vida del hombre no tiene tan sólo una dimensión material, al hombre no le basta consumir para ser feliz”
Estas palabras las ha pronunciado un presidente que se ha metido en la boca una cena de 5000 euros.
Por cierto, se me olvidaba un detalle, todo ese dispendio corre a cargo del contribuyente francés.
Para que vean que para disparar con la pólvora del Rey no hace falta vivir en una monarquía.
Al principio del mandato de Sarkozy se publicó un libro muy interesante titulado: ‘El alba, la tarde o la noche’.
Lo escribió la dramaturga Yasmina Reza que diseccionó con pulso de cirujano la personalidad de Sarkozy tras seguir su ascenso a la Presidencia de la República.
La autora concluía que personas como Sarkozy ansían tanto el Poder que cuando lo alcanzan no saben qué hacer. Han perdido su horizonte vital, su objetivo.
El Poder por el Poder. El Poder como fin y no como instrumento. El Poder es el destino y no el camino.
Jorge Valdano, que es un hombre versado, seguramente habrá leído El Quijote.
Es probable que el director deportivo del Real Madrid tenga la sensación de que ayer Don Quijote y Sancho pasearon por el césped del estadio Santo Domingo de Alcorcón.
Puede que haya imaginado al ilustre hidalgo repitiéndole a su escudero una valiosa enseñanza: “Sábete Sancho, que un hombre no es más que otro, si no hace más que otro”
Quizás esa escena estuviera en la cabeza de Jorge Valdano cuando gol a gol los jugadores del Alcorcón iban apagando la galaxia construida a golpe de chequera.
Decía en la tertulia Bieito Rubido que también hay una burbuja en el mundo del fútbol. Sí, una burbuja, como la inmobiliaria, una ilusión, una ficción. Bueno, la burbuja la pincharon los jugadores de un equipo modesto con cuatro certeros disparos.
Ayer, además, ocurrió algo más extraordinario que un simple partido de fútbol. Ayer los aficionados pudieron asistir a un ejercicio de nostalgia.
El juego del Alcorcón evocó aquellos partidos de barrio que sólo tenían un horizonte: divertirse a rabiar.
Ha sido como aquellos partidos en los que el equipo de la clase le gana a “los mayores”. Y estos, los mayores, se miran desconcertados unos a otros sin explicarse lo que ha ocurrido.
Miren, si el fútbol es ante todo un inmenso continente de ilusiones, ayer ganó el fútbol.
No sé si ustedes han visto una película algo antigua de Ridley Scott. La cinta se titula Los Duelistas y es la crónica de una indeseada obsesión.
Dos hombres se retan a un duelo por una causa que enseguida pasa a ser algo secundario, una anécdota. Año tras año, los duelistas repiten su enfrentamiento, se buscan, se reencuentran, vuelven a retarse… aunque el motivo originario ya ninguno lo recuerda. Y ocurre algo extraordinario. El espectador comienza a intuir el enorme respeto que uno siente por el otro.
Permítanme que les diga que algunos martes mis queridos Fernando Jáuregui y Edurne Uriarte me recuerdan a esa extraña pareja. Y me enorgullece tener el privilegio de asistir a sus inteligentes duelos y que ustedes, oyentes, puedan ser testigos de ello.
Disculpen la autorreferencia pero si César Antonio Molina puede asociar su nombre a Alejandro Magno, un servidor cree que se puede permitir un elogio a sus tertulianos.
Vuelvo al asunto de los duelos. Nada ennoblece más a una persona que la dignidad en el enfrentamiento.
Un hombre se retrata por el trato que proporciona a sus adversarios. Dicen que Julio César saludaba con respeto cada vez que pasaba ante la estatua de Pompeyo, su eterno enemigo.
No vamos a pedirles a los dirigentes del Partido Popular tal ejercicio de grandeza personal pero sí podemos exigirles un poco de pudor, y un poco de responsabilidad, porque al fin y al cabo lo que está en juego es el interés de los ciudadanos.
Esperanza y Alberto. Aguirre y Gallardón han logrado que sus nombres sean inseparables, fíjense en la paradoja, gracias a sus enfrentamientos.
En ocasiones sus batallas han proporcionado escenas memorables. Esta vez, han excedido todos los límites. Y cuando eso ocurre en un duelo, ha de intervenir el árbitro.
Alguien tiene que asumir ese papel. Si Rajoy no se atreve, si prefiere ponerse a cubierto para evitar las balas perdidas… Él verá. Pero debería tener en cuenta que si él no quiere ejercer de árbitro, otro podría ocupar ese lugar.
Hay personas que dedican tanto tiempo de su vida a hablar de sí mismas que a su muerte no necesitan un obituario.
No es el caso de Sabino Fernández Campo. Ha muerto un hombre discreto.
Y su vida ha de ser conocida. Porque Don Sabino todavía puede prestar un servicio a la sociedad española, un postrero servicio que sólo está destinado a los grandes hombres: servir como referencia. Ser un modelo de conducta.
Desde Protagonistas hemos trazado nuestro particular obituario. Lo hemos hecho como si fuera un mosaico, colocando las piezas que nos han traído nuestros colaboradores.
Como decía Manuel Martín Ferrand ese obituario debe estar escrito con “el laconismo militar que tanto complacía a Don Sabino, un hombre que siempre cumplió con su deber”.
Antonio San José ha resumido el espíritu de Sabino con una sencilla fórmula: “Era un servidor”
Y Fermín Bocos completa esa definición al explicar que “ha sabido ganar para la monarquía a sectores que durante la Transición no parecían muy favorables”
Y no podemos terminar sin recordar una frase sin la que no se puede entender la historia reciente de España. Lo recordaba Alejandro Vara: “Una frase tan sencilla como ‘Ni está, ni se le espera’ sirvió para que todo el mundo se enterara de cuál era la posición de la monarquía respecto al golpe de estado de Tejero”
En fin, éste es nuestro recuerdo de Sabino Fernández Campo.
Quizás quepa añadir una cosa. Puede que gracias a este hombre hayamos encontrado una imagen de lo que realmente es el patriotismo: un fiel servidor que trabaja en silencio, con serenidad, que se mantiene fiel y discreto hasta la muerte y al que no se le conoce un golpe en el pecho.
campo;
fernandez;
obituario;
patriotismo;
Protagonistas;
sabino;
Si fuera un disidente cubano, hoy mi cara y mi mirada enviarían mensajes de decepción. Esperaba algo más de lo ocurrido en La Habana entre los gobiernos de España y Cuba, porque, al final, sólo hubo lo que el régimen de los hermanos Castro imponen: Una reunión de Moratinos con Raúl Castro… y gracias!
Si fuera un disidente cubano le recordaría a Moratinos (que vuelve satisfecho de la Isla), que ha olvidado a los Oswaldo Payá y los Elizardo Sánchez… con los que habrá que hablar el día que Cuba camine decididamente hacía la democracia.
Si fuera como soy un ciudadano español, me sentiría esta mañana feliz, satisfecho, realizado como se decía antes, sabiendo que los malos son detenidos y entran en la cárcel. Estaría sorprendido sabiendo como sé… que un jovenzuelo de 30 años era el jefe político de ETA, el que daba ordenes a Otegi y a Usabiaga. El discurso de ETA ha decaído todavía más en picado como analizaba JAIME GONZÁLEZ.
Si fuera un ciudadano español y vasco, y además votante del PNV, me preguntaría esta mañana cómo es posible que algunos dirigentes de ese partido centenario aguantaran en la manifestación del sábado en San Sebastián gritos de apoyo a ETA y a la lucha armada. Si fuera un ciudadano español y vasco, y además votara al PNV, hoy no me sorprendería cuando alguien dice que el PNV y ETA son distintos, pero persiguen las mismas cosas. El PNV hace la estrategia de ETA, que decía Rubalcaba. Una política esquizofrénica, como la ha calificado Javier Nart.
Si fuera un ciudadano de los que se manifestaron contra la nueva ley del aborto haría pública mi decepción al saber que el presidente del Gobierno de España, mi presidente a fin de cuentas, sólo hace caso a la voz de la calle cuando es él quién se manifiesta, o se manifestaba. La voz de los suyos contra el aborto no vale. Las miles y miles de personas que piden un acuerdo, tampoco. Me pregunto: ¿Cómo es posible que alguien que tanto trabajó la calle para llegar a La Moncloa hoy no escuche nada?
Y si fuera, por último, un niño expectante y nervioso ante la llegada de la Navidad, hoy estaría triste porque Freixenet (esa marca de cava cuyos anuncios maravillosos nos recuerda que ha llegado la Navidad), no hará este año su tradicional anuncio. Sin embargo ¿Le estamos haciendo la campaña publicitaria a Freixenet sin quererlo, como ha apuntado Edurne Uriarte?
Si fuera como soy un periodista les diría que, pase lo que pase, la vida merece ser vivida, y que eso es lo que aprendemos después de firmar en Punto Radio las tres primeras horas y media de Protagonistas para usted, amigo oyente, que es persona audaz, inteligente y educada.
Cuando vean los periódicos, si es que no los han visto ya, van a ver a Mariano Rajoy haciendo quesos. Sí, como lo veo lo cuento. Ignoro si antes mezcló la leche de oveja con la de cabra y la de vaca, o si lo que tiene en la mano es que genuino queso de oveja. Rajoy mira al queso como mira la actualidad política, con una cierta distancia, con tremenda displicencia.
Hoy Rajoy pide al Gobierno generosidad, que tenga en cuenta a los manifestantes del sábado en Madrid que han dicho NO a la reforma del aborto. La imagen de España, dice, es la de un país dividido.
Pero el Gobierno puede hacer como los monos de Gribraltar, que se tapan los ojos antes de mirar, y seguir su camino sin escuchar y sin tener en cuenta lo que un millón de españoles le dijeron el sábado en Madrid. El Gobierno puede enrocarse en la teoria del “y tú más” que tan bien esboza José Blanco cuando dice: “Con Aznar estos no se manifestaban”. Con Aznar, señor Blanco, nadie consideró la posibilidad de que una niña de 16 años pudiera abortar sin permiso paterno.
Zapatero tiene hoy una oportunidad inmejorable para demostrar que tiene oídos, y que cuando dijo aquello de “no os fallaré, no os fallaré” lo estaba diciendo a todos los españoles, los que le votaron y los que no.
Ya sabemos que los hombres que hacen cosas, cometen errores. Y sabemos también que el mayor error de todos es el error de no hacer nada. Lo que se ha hecho se puede deshacer.
Por lo demás, el día trae al veterano socialista Carlos Solchaga en el tren de cabecera de la actualidad. Solchaga habla, Solchaga critica, Solchaga se rié, Solchaga se cabrea, Solchaga advierte, Solchaga dice, Solchaga arremete, Solchaga es una voz en el desierto...Clama, pero no lo escuchan.
Es como dicen los que mandan ahora en la calle Ferraz: un viejo socialista, unos de esos que perdió en el Congreso y que mejor haría callando. Pero no calla. Si el hubiera sido Solbes se hubiera ido antes. Zapatero, remata, actúa como si estuviera en un régimen presidencialista y tarta a sus ministros como verdaderos secretarios.
En el PSOE pueden creer que Solchaga es el abuelo cebolleta, y se equivocarán. Le está diciendo a Zapatero que frecuente a los clásicos, que los escuche; que recuerde a Ortega cuando decía eso de que el reconocimiento de un error siempre entraña una nueva verdad. Quizá escuezan sus palabras. Pero harán mal los que en el PSOE olviden que Solchaga sigue teniendo el mismo carnet socialista que Zapatero lleva en su cartera.
En la cartera de estas tres horas y media de Protagonistas no queda ya nada que contar a nuestros oyentes. Aunque no lo crean como cada día hemos intentado buscar la felicidad...la hemos buscado sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una.
Esta es pues la casa del oyente audaz, inteligente y educado que ahora sigue con Luis del Olmo....
Hay días en los que cuando uno se sienta en el estudio de radio no sabe si debe abrir las ventanas y dejar que circulen libremente los testimonios y las palabras de algunas personas.
Miren, lo que los periodistas llamamos “el testimonio” o “las declaraciones”, son material informativo sensible. Como tal, hay que tener mucha precaución al manejarlo.
Me voy a poner los guantes de latex para sacar del cajón del archivador del día lo que Anasagasti ha escrito en su blog. Se dirige de forma directa a Antonio Basagoiti: “No eres más tonto porque no te entrenas”.
Hombre, hombre… Ya sabemos que Anasagasti dispone de mucho tiempo libre como senador. Ya sabemos que el tedio le ha provocado una intensa incontinencia verbal. Pero, a un cargo público habría que exigirle un estilo un poco más depurado, incluso en el insulto.
Habría que pedirle un poquito, aunque sea sólo un poquito, más de capacidad expresiva que a Diego Armando Maradona.
En su escrito el ilustre senador vasco llama a Basagoiti: bobo, bocazas y lo completa escribiendo “no pintas nada” y “vas de listo”.
Menudo ejercicio de estilo el de Anasagasti. Deberían incluir el texto en el examen de Selectividad.
No es fácil escribir e insultar es, en ocasiones, todo un arte.
Ahora que está tan de moda gracias a Francisco Camps vamos a recordar a Churchill. Fíjense cómo insultaba el británico. En una ocasión dijo de un adversario:
"Es una personilla muy modesta, con muchas razones para serlo."
No hace falta ser político para saber ofender con estilo. Miren lo que dijo Mark Twain de una persona que acababa de fallecer:
"No pude asistir al funeral, pero envié una amable carta diciendo que lo aprobaba".
Señor Anasagasti, cuando uno cobra un sueldo público lo mínimo es pensar antes de ponerse a escribir
En el subsuelo de la actualidad, enterrado bajo los grandes titulares del día asoma de nuevo el nombre un país: Honduras.
Está ahí, apenas perceptible bajo los comunicados de los Partidos Populares, bajo las fotos que ilustran los encuentros planetarios… en fin ahí está, en el subsuelo.
Según parece los equipos de Micheletti y Zelaya llevan días trabajando para alcanzar un acuerdo y han avanzado notablemente en ese propósito.
Tras semanas de estruendo mediático, de declaraciones hiperbólicas, de puro espectáculo… ha habido que esperar a que se apaguen los focos, a que mengüen los titulares, a que cese el ruido; para que empiece el trabajo.
Cosas como esta hacen que uno se pare a reflexionar sobre su profesión… Y también sobre los políticos.
Anoche los dirigentes del Partido Popular decidieron prescindir de los cauces habituales de comunicación entre personas.
Debieron de pensar que el teléfono o el correo electrónico eran instrumentos demasiado aburridos y decidieron comunicarse a través de las portadas de los periódicos y de los informativos de radio y televisión.
Esto es como si usted, ciudadano normal al que los medios no hacemos mucho caso, decide comunicarse con su señora mediante un graffiti en la plaza de su pueblo. Mala cosa ¿verdad?
Pues en esas andan: comunicado va, comunicado viene: ¡Ratifico! ¡Pues yo desmiento! ¡Confirmo! ¡Pues yo niego!
Deberían saber los dirigentes populares que los focos deslumbran y así es muy difícil trabajar.
Permítanme ponerles otro ejemplo: ¿Ustedes creen que se decide algo en las grandes reuniones de líderes planetarios? Por si no han captado la ironía me refiero a Zapatero y Obama. ¿Ustedes creen que se ha decidido algo en el despacho oval?
No. Es en otra sala más austera, menos iluminada, menos confortable y decorada, donde funciona la diplomacia.
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