La cocina pre-electoral
La cocina pre-electoral
Cuando se dice de un dato que está cocinado, suelen surgir sospechas de manipulación poco rigurosa o incluso interesada. Si se supiese cuál es el tratamiento que requieren los datos desde que se obtienen en bruto hasta que se presentan cocinados, los recelos no estarían tan extendidos. Muchos de los datos que aportan las encuestas apenas exigen cálculos para ser presentados. Otros han de recalcularse porque su recogida está sistemáticamente condicionada por sesgos o lagunas de información. El ejemplo más conocido es el de la intención de voto, cuya declaración está afectada por la indecisión y por la ocultación. El dato directo, no cocinado, de intención de voto declarada no es una estimación de voto per se. Para que lo sea es necesario aplicar procedimientos calibrados de proyección.
También es cierto que en ocasiones los propios medios y los institutos de investigación cometemos excesos que propician malentendidos. Siguiendo con el ejemplo de la intención de voto, suelen publicarse estimaciones de escaños a partir de muestras nacionales, sin representación provincial, recurriendo a modelos alimentados por escrutinios históricos. Solo cuando se cuenta con muestras provinciales suficientes es posible una estimación soportada en técnicas estadísticas. Lo recomendable es prestar atención a las fichas técnicas para evaluar los estudios electorales distinguiendo mediante qué tipo de cocina se han elaborado.
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