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Y si no fue la CIA, ¿quién mató a Carrero Blanco?

Anna Grau - Top secret
03 de enero de 2012

 


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La autora de este blog (yo...), autora de "De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak" (Destino, 2011) se ha (me he.. ) leído con gran interés el libro de reciente aparición de Pilar Urbano "El precio del trono" (Planeta, 2011). Me gustaría llamar la atención sobre este libro, aunque quizás no por las mismas razones por las que la han llamado otros.

El protagonista absoluto de "El precio del trono" es Juan Carlos I, Rey de España. Pilar Urbano dedica más de ochocientas páginas a contarnos la peripecia de cómo llegó a serlo. No es mi intención ahondar en la biografía real, de la que soy conocedora pero sin particular especialización. No estoy en condiciones de confirmar ni de desmentir muchas de las cosas que en su libro afirma Urbano. Sí creo que puedo aportar algo a las especulaciones de esta autora sobre el atentado que el 20 de diciembre de 1973 le costó la vida al almirante Luis Carrero Blanco.

Vaya por delante que el título de mi propio libro sobre la materia es esencialmente irónico... Tras años de investigación entre Washington, Nueva York y Madrid, tras exhumar centenares de documentos que reproduzco literalmente en las páginas de mi libro, tras incontables entrevistas explícitas y otras más confidenciales, yo llego a la conclusión de que ni la CIA ni ningún otro servicio secreto de Estados Unidos tuvieron nada que ver con la muerte de Carrero Blanco. Es más: los documentos que exhumo demuestran que EEUU no solo no tenía ningún motivo para querer verle muerto, sino que el atentado les sorprendió y les preocupó, por su potencial efecto desestabilizador del tardofranquismo.

Los norteamericanos distaban y distan mucho de compartir el entusiasmo de algunos (muchos, en realidad) que en este país siempre han visto la famosa Operación Ogro, el célebre atentado de ETA contra Carrero, como el pórtico necesario de la Transición democrática. Para Washington no solo Carrero no constituía ninguna amenaza seria para el advenimiento de la monarquía de Juan Carlos I, sino que su muerte violenta fue lo que más cerca estuvo de hacerlo naufragar, atizando los fuegos y los peligros de la involución.

En su libro Pilar Urbano parece inclinarse a dar por buena la muy extendida (y españolísima) conclusión contraria: que la mano de la CIA sí anduvo cerca de aquella tremenda explosión el 20 de diciembre de 1973 en la calle Claudio Coello de Madrid. Urbano no blande en ningún momento ninguna prueba fehaciente, ninguna pistola humeante. En cambio acumula sospecha tras sospecha de que ETA por sí sola no pudo acometer un magnicidio así. Ejemplo: desde las graves contradicciones y lagunas que aparecen en el sumario de Carrero, que se mantuvo secreto hasta el año 2003, hasta las dudas de si el explosivo utilizado no sería de procedencia militar norteamericana.

Una vez lanzada a rodar la suspicacia, todo parece encajar: desde la posibilidad de que Carrero amagara el penúltimo día de su vida, reunido con Henry Kissinger, con que España desarrollara su propio programa nuclear, hasta que Kissinger abandonara precipitadamente Madrid para estar lo más lejos posible cuando se consumara el asesinato.

Urbano es una escritora sensacional. Dota de intensa vida propia todo lo que cuenta. Pero en este caso hay que decir que nada de lo que cuenta es definitivo. Ni es siempre convincente. La mítica alianza del PNV con los servicios secretos norteamericanos se fraguó al calor de la Segunda Guerra Mundial, sí, pero a principios de los años 70 había perdido casi todo su fuelle. Desde principios de los 50 los gudaris vascos tenían muy claro que en Washington ya no tenían interés en su causa. Que les habían usado como un kleenex cumplidamente tirado a la basura en cuanto la Casa Blanca decidió entenderse con el régimen de Franco y patrocinar su reconocimiento por la ONU. Estados Unidos tenía tantos motivos y tanto interés en patrocinar a ETA como a Sendero Luminoso.

Por lo demás, que un explosivo sea de procedencia militar norteamericana no presupone que solo puedan usarlo militares o norteamericanos. Si una supuesta amenaza nuclear de Carrero a Kissinger hubiese sido determinante para dar la orden de eliminarle, ¿cómo se explica que el túnel con la carga explosiva se empezara a cavar meses antes de la reunión entre los dos dignatarios? Y si Kissinger hubiera ordenado matar a Carrero con la suficiente antelación, ¿es razonable pensar que se habría reunido con él veinticuatro horas antes en Madrid? Por último, el famoso argumento de que "le mataron por las bases", por su oposición al uso de las bases militares norteamericanas en apoyo de Israel, se derrumba ante la evidencia de que EEUU hizo una interpretación más que libre de los acuerdos. Y que se pasó la negativa a usar las bases, por decirlo elegantemente, bastante por el forro.

En todo esto parece ir implícita una desautorización o cuanto menos una crítica del trabajo de Pilar Urbano. Nada más lejos de mi objetivo. Me propongo llamar la atención sobre lo más interesante, para mí, de su libro. Y para mí, lo más interesante del libro de Pilar Urbano es que pone el dedo en una llaga muy curiosa que a mí también me intrigó mucho cuando yo escribía mi propio libro. Y esa llaga es la siguiente pregunta: si la CIA no ayudó a ETA a matar a Carrero Blanco, entonces, ¿quién lo hizo?

 

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Tics antiamericanos aparte (es difícil sustraerse a ellos en este país, convencido contra toda evidencia de ser el ombligo del mundo y de las conspiraciones de la CIA...), el libro de Pilar Urbano levanta un vibrante dedo acusador. Para acusar a quién, ya veremos. Pero yo suscribo al cien por cien su extrañeza, su recelo, su convencimiento de que la versión oficial de la Operación Ogro no cuadra. Que la mano asesina fue ETA, pero tuvo que haber alguien más. O algo más. Algún factor que, así fuese casualmente, coadyuvara al éxito de la inconcebible audacia etarra.

¿Quién? ¿Qué? Si, como es mi caso, la investigación sobre el terreno y el trabajo de campo te obligan a descartar la mano negra de la CIA, inevitablemente los ojos se vuelven hacia el interior. Hacia esas misteriosas carreteras vacías y casi sin controles que tanto sorprendieron a la hija de Luis Carrero Blanco la noche del día de su muerte. A esa extraña precipitación en nombrar presidente del gobierno en sustitución de Carrero a Carlos Arias Navarro, quien en su calidad de ministro de la Gobernación era el único responsable político plausible de no haber detectado la gestación del atentado. Y que informado de que ETA podía planear secuestrarle no hizo nada significativo para aumentar su seguridad. A los rápidos movimientos que galvanizaron a las camarillas más intransigentes del franquismo, todas ellas con muchas mejores razones que Kissinger para brindar por la desaparición del almirante.

No hay que forzar demasiado el sentido común para darse cuenta de que, si EEUU hubiese tenido algún conocimiento de tramas ocultas en relación con este atentado, solo habría podido ser a través de elementos del Ejército o de los servicios secretos españoles, que en aquel momento estaban en gran medida bajo la tutela de Washington. Pero, ¿es creíble que estos elementos y Washington estuviesen enterados sin que llegase ni un soplo al Pardo, sin que nadie con mando en plaza moviera un dedo para impedir semejante magnicidio?

¿Y si en lugar de gracias a una vasta conspiración exterior, el atentado hubiese sido posible gracias a una llamativa pasividad interior? ¿Y si lo que la extraña evolución de todo este sumario y este caso tratara de disimular no una mano negra internacional, sino una inconmensurable dejadez nacional?

En 2013 se cumplirán cuarenta años del atentado contra Carrero. Es sabido que los aniversarios sirven a veces para refrescar la memoria y aclarar la confusión. Si alguien tiene claves, por favor, que proceda. Entretanto, la señora Pilar Urbano, servidora de ustedes y algunos más seguimos con la mosca detrás de la oreja.

 

  • Comentarios

    Mostrando 5 a 1 de 5
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  • #5  Brummel - 13/04/2012 a las 12:51:51

    No hace falta ser el ombligo del Mundo para que la CIA intervenga en nuestro país. Siendo un enclave importante dentro del marco geoestratégico del Mediterraneo no entiendo como usted pretende siempre hacernos creer que no somos nada. Tampoco lo era Allende y mira como acabó. Los EEUU tienen un gran potencial y más hablando de ciertos países de nivel medio que pueden servir a sus fines. Decir que España no tenía ningún tipo de relevancia es como admitir que tampoco la tenía Turquía en el conflicto de la Guerra fría, cuanto menos una estupidez digna de alguien que minusvalora el punto estratégico en el que se encuentra. Algo por otro lado muy común cuando se desconoce de materia militar. Quizás antes de abordar la historia como una persona civil, debiera abordarla como una militar, así puede que comprendiera la mitad de sucesos que acaecen en este mundo. Con esto por supuesto ni afirmo ni desmiento la implicación a la CIA en el asesinato, pero no me sirve de argumentación válido sostener que no somos "tan importantes" como para que la CIA venga aquí, porque la historia nos ha demostrado que sí teníamos nuestra importancia, quizás no éramos máxima prioridad, eso nadie lo duda. Pero lo que es obvio es que somos un punto con cierta relevancia y más en el contexto de la GUERRA FRÍA.

  • #4  Ricardo R. - 04/01/2012 a las 16:04:01

    Yo me acuerdo de unas declaraciones del terrorista internacional Carlos "El Chacal" en las que afirmaba sin reparos haber asesorado a ETA en el atentado a Carrero Blanco. Cuadra tanto por fechas como por historia y ese personaje no es proclive a exageraciones sobre su pasado criminal. Caso resuelto... podéis enviarme tarjetas de agradecimiento ;)

  • #3  Rafa López - 04/01/2012 a las 02:59:57

    Obviamente la tesis de que la CIA ayudó en el atentado vende más, y Pilar Urbano, que es todo menos tonta, lo supo cuando escribió su libro. También el título de tu libro juega, con ironía, con la morbosa hipótesis conspirativa. Pero, como tú bien recuerdas, España no es el ombligo del mundo, y EEUU tenía en aquella época asuntos más importantes de los que ocuparse, como el Chile de Pinochet o la crisis energética mundial. Además, tu versión de los hechos está mucho mejor documentada que la de Pilar Urbano, que aquí tira de su (supongo, bien ganado) prestigio periodístico para defender una tesis cogida con alfileres. ¿Que ETA no pudo cometer el atentado por sí sola? Lo mismo podría decirse del 11-S y no digamos del 11-M, pero claro, a los que piensan esto de los atentados de Madrid se les tacha de "conspiranoicos". Lo que dice Pilar Urbano es lo mismo que se alega sobre el atentado que acabó con Kennedy: Lee Harvey Oswald no pudo actuar solo. ¿De verdad que no? ¿Qué pruebas hay de lo contrario? Si ETA hubiese contado con alguna colaboración de la CIA o de elementos del régimen (algo todavía más inverosímil), lo hubiese revelado, porque esa revelación la hubiese beneficiado.
    Quienes conocen un poco la figura de Carrero Blanco, y yo la estudié en el ámbito universitario, saben que el de Santoña era un militar monárquico y amante del orden y de la disciplina. No hubiera sido un obstáculo para el rey Juan Carlos, ni hubiera prolongado el franquismo sin Franco en caso de que, como ocurrió, el rey hubiese dado carpetazo al Movimiento.
    Lo que dice Pilar Urbano es inverosímil. Vamos, no me imagino a Kissinger temiendo que España fuese a convertirse en potencia nuclear. Parece una elucubración más propia de Iker Jiménez...

  • #2  manel - 03/01/2012 a las 23:12:43

    Pues yo creo que si ,falta un servicio secreto que nunca aparece el Ingles.Pues recordar el ir y venir de personas en embaja francesa.

  • #1  Anonimo - 03/01/2012 a las 18:12:10

    Contra una teoría conspirativa absurda (la implicación de la CIA en el asesinato de Carrero), el artículo opone otra teoría más absurda si cabe: la connivencia de ETA con los sectores más intransigentes del franquismo, Y eso sin ofrecer la más mínima prueba. Sólo, la "precipitación" en el nombramiento de Arias, que tuvo lugar... a los diez días.

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