Diez años después del 11-S y casi ocho de que Estados Unidos entrara en Irak para no encontrar ni las armas de destrucción masiva ni la resistencia organizada a la dictadura que la CIA le había asegurado que había, tales cosas pueden volver a ocurrir. Ese es el no muy optimista veredicto de Matthew Aid, especialista en la comunidad de inteligencia norteamericana que acaba de publicar "Intel Wars: The Secret History of the Fight Against Terror" (Bloomsbury Press, 2012). Allí analiza la evolución de los espías y analistas de inteligencia tanto de la CIA como del Pentágono a lo largo de la última década y, aún admitiendo que han dado un salto cualitativo importante, les sigue situando en una especie de Neandertal de los servicios secretos.
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Año 2005, Nueva York: quien esto firma se sienta a cenar con el entonces juez Baltasar Garzón, otros periodistas y personal de la Universidad de Nueva York, donde acaba de celebrarse una de esas jornadas con ponentes de primera fila moderadas por Garzón -que se gana así un internacional prestigio- y financiadas por empresas españolas pendientes de causas que él instruye en España. Pero el tema estrella de la noche no es ese sino que por aquel entonces el gobierno Zapatero amaga por primera vez con negociar con ETA y parece que se las promete muy felices. Hay en la mesa gente ilusionada. Garzón se apresura a echarles encima un jarro de agua fría. Zapatero fracasará, vaticina, por dos cosas: porque ETA le traicionará, como hace siempre con los que le dan ocasión, y porque aunque así no fuera, ahí está él, Garzón, para no dejar que en la Audiencia Nacional se muevan pata ni oreja sin su consentimiento o protagonismo absoluto. "A mí nadie me ha dicho nada, y si a mí nadie me dice nada, que no cuenten conmigo para sacar a ningún etarra de la cárcel", advierte, con una actitud que en uso de la interpretación, siempre arriesgada, osaremos llamar flamenca. Lo cierto es que llegó a dar la impresión de que el mayor error de Zapatero era atreverse a negociar con ETA sin sentarse a hablarlo primero con Garzón, sin hacerle a él la estrella del proceso.
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Atención a un libro de publicación muy reciente y lectura muy obligada: "Guantánamo, diez años", (Rocaeditorial, 2012) del que es autora la periodista y jurista Emma Reverter, neoyorquina de adopción desde poco después de los atentados del 11-S. Es pluma habitual en medios como FronteraDe, BBC Mundo o The Huffington Post. En 2004 Reverter tuvo acceso por primera vez a la cárcel de Guantánamo, por aquel entonces en el punto de mira de la pasión mundial. De aquella primera incursión salió "Guantánamo, prisioneros en el limbo de la legalidad internacional". Cuando se cumplen diez años de la apertura de la controvertida prisión, la intrépida analista vuelve a la escena del crimen.
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Michael Bloomberg es un hombre acostumbrado a salir en los papeles. Su condición de multimillonario, de dueño de la agencia Bloomberg y de alcalde de Nueva York da para muchos titulares por muchos motivos. Pero ninguno de ellos suele estar relacionado con la cultura alta, baja o media. El primer edil neoyorquino se jacta de ser un hombre práctico, que desdeñó en seguida las ciencias sociales por las que dan dinero, y que solo lee prensa económica y política. Si tenía querencias literarias o artísticas ocultas, hasta ahora las ha disimulado muy bien.
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Si alguien esperaba que la muerte de Osama Bin Laden o la primavera árabe nos darían un respiro y amenguarían las previsiones de ataques terroristas islámicos para 2012, que espere sentado. Al decir de los expertos, este año habrá menos yihad pero dará más miedo...porque el peligro procederá menos del núcleo histórico de Al Qaida y más del hijo de vecino de toda la vida que después de pasar pacíficas décadas o incluso nacer en Occidente de repente va y descubre el gusto de la radicalización islámica y la aventura. Los nuevos yihadistas tienen pasaporte norteamericano, australiano y europeo.
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Mal pintan las cosas para Bradley Manning, el soldado norteamericano que muy probablemente se enfrentará a un consejo de guerra por las filtraciones de documentos secretos a WikiLeaks. Un consejo de guerra no es ninguna broma en ninguna parte del mundo, menos en Estados Unidos. La elección de esta fórmula da una idea de las poderosas fuerzas que pugnan por aplicar en este caso la mayor severidad permitida por la ley castrense. Manning tiene los puntos para pasar el largo resto de su vida en prisión, previa degradación humillante a lo más bajo del ejército.
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La autora de este blog (yo...), autora de "De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak" (Destino, 2011) se ha (me he.. ) leído con gran interés el libro de reciente aparición de Pilar Urbano "El precio del trono" (Planeta, 2011). Me gustaría llamar la atención sobre este libro, aunque quizás no por las mismas razones por las que la han llamado otros.
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¿Se acuerdan de Missing, aquella película de Costa-Gavras, protagonizada por Jack Lemmon y Sissy Spacek, que transcurría en el Chile inmediatamente post-Pinochet? Costa-Gavras la rodó en 1982, tuvo gran éxito en Europa y en Estados Unidos se llevó una querella del que fuera embajador norteamericano en Chile cuando acontecieron los hechos (reales) en que se basa la película. Hubo que esperar casi veinte años para que Missing se distribuyera normalmente en EEUU.
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Anda de morros parte de la comunidad de inteligencia norteamericana, concretamente la vinculada al FBI. Digamos que a muchos no les ha gustado nada "J. Edgar", el biopic de Edgar J. Hoover, mítico director histórico del Buró Federal de Investigación, dirigido por Clint Eastwood (que tampoco es Oliver Stone) y protagonizado por Leonardo DiCaprio. Que en esto último, por lo menos, sí que le han hecho una merced estética importante a Hoover, sólo hay que ver y comparar las fotos.
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Lo último del caso DSK es una apasionante reconstrucción de los hechos que precedieron a la detención de Dominique Strauss-Kahn el 14 de mayo de 2011 en el Sofitel de Nueva York. De acuerdo con esta reconstrucción gana fuerza la teoría de que Strauss-Kahn pudo ser víctima de una conspiración para hundir su carrera hacia la presidencia francesa, probablemente urdida por cerebros de la inteligencia francesa próximos a Nicolas Sarkozy. Publica el tema la prestigiosa The New York Review of Books y no lo firma cualquiera sino Edward Jay Epstein, periodista y escritor muy famoso en Estados Unidos. Lleva cuarenta años escribiendo sobre temas de inteligencia "con inusual claridad", nos asegura personalmente Tim Weiner, autor de una trepidante historia de la CIA ("Legado de cenizas", Debate, 2008) y de una historia del FBI que aparece dentro de siete semanas en EEUU.
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Se ha estrenado este viernes 18 de noviembre en Nueva York "Garbo: The Spy", el aclamado documental de Edmon Roch sobre la vida de Juan Pujol Garbo, el espía catalán que resultó clave para engañar a Hitler y hacerle creer que los aliados desembarcarían por Calais y no por Normandía. La película es de 2009 y llega a los cines de Estados Unidos -después de Nueva York viajará a Los Angeles, Chicago, Portland (Oregón) y Boca Ratón (Florida)- en 2011. ¿Un éxito con pocos precedentes, pues en EEUU no se distribuye el cine español que quiere, o ya les vale tardar dos años en asomar la cabeza a una historia que es tanto o más la suya que la nuestra?
Lo mejor de que Edmon Roch haya hecho un documental y no una película sobre Garbo (aunque tiene ofertas para dar el paso) es que nos ofrece un punto de vista bastante inédito sobre los espías, por lo menos en la gran pantalla. Existe literatura oscura sobre este oficio, pero el cine suele incidir en la adrenalina y en el glamour, poniendo poco énfasis en el lado sórdido y hasta patológico del oficio.
Un espía no es ni puede ser una persona normal. Menos si, como en el caso de Garbo, carece de la más elemental formación militar o de inteligencia y se ha hecho autónomo y autodidacta, viendo películas de Mata-Hari protagonizadas por Greta Garbo (de ahí su alias). Pero sus excentricidades no empiezan ni acaban ahí. Tenemos un héroe de guerra del lado "bueno" que habrá quien considere que empezó en el lado "malo", ya que en la guerra civil rechazó con horror el bando republicano y no paró hasta conseguir unirse a Franco. Sus biógrafos más políticamente correctos insisten en el trauma que padeció con la Setmana Tràgica de Barcelona para "justificarle". ¿Pero de verdad hace falta una justificación?
Que alguien que había estado contra los "rojos" en la guerra civil española estuviera a favor de los aliados en la Segunda Guerra Mundial puede romperles los esquemas y alguna neurona a muchos, pero no es sino un indicio de la sensibilidad y la complejidad de una época que tendemos a leer muy edulcorada y simplificada en los grandes hits de la memoria histórica. Además en los motivos y en la peripecia de Garbo, tanto o más (bastante más) que la ideología parecen pesar la idiosincrasia personal, la pasión por la simulación y un apetito incorregible de aventura. Era un héroe, pero también un histrión a quien un mundo patas arriba deparó oportunidades únicas de vivir la vida peligrosamente, como él la entendía.
No es extraño que personalidades que en tiempo de paz acaban fácilmente en la cárcel o por lo menos teniendo muchos problemas de adaptación a l sociedad (Garbo se arruinó después de la guerra) resulten providenciales en tiempos de convulsión. Pasa con Garbo como con Oskar Schindler, el vividor alemán que acabó salvando judíos en masa, y también con otro colega y compatriota de Garbo, Juan Ribas Lipstick, otro catalán tirando a bala perdida y lanzado románticamente a espiar para los aliados. Sin alcanzar un protagonismo tan notable como el de Garbo, los conocedores del tema no dejan de apreciar su biografía comparablemente contradictoria y colorista.
Otro punto de contacto entre Garbo y Lipstick es que ninguno de los dos puso jamás que se sepa un pie en EEUU después de la guerra. Garbo se organizó la vida en el Caribe venezolano. Lipstick pidió una y mil veces el visado para entrar en territorio norteamericano y una y dos mil veces se le denegó. No le dejaron entrar nunca.
¿Y eso? Bueno, hay quien cree que Roma no paga leales, y hay quien apunta que a estos espectaculares agentes dobles ibéricos les hundió, a los ojos de Washington, haber estado a las órdenes de Kim Philby. Sí, del supremo mandarín de la inteligencia inglesa, responsable en su día precisamente de España, Portugal y Norte de África, y que acabaría pasándose con armas y bagajes a Moscú después de espiar para ellos prácticamente desde la universidad. Su defección fue una debacle para todos los servicios secretos anglosajones. Simplemente cualquiera que hubiese trabajado con Philby podía ser sospechoso, más siendo extranjero, no digamos de un país tan desconcertante, para EEUU, como es y siempre ha sido España.
Resumiendo, que este estreno de Garbo: The Spy en Nueva York y otras ciudades norteamericanas, aparte de ser un merecido éxito para sus autores, tiene algo de reparación de una larga indiferencia histórica on mucho de injusticia. Los espías pródigos vuelven, no exactamente a casa, pero sí al centro del mundo libre que tanto les debe. Así sea a veces medio por inconsciencia y otro medio quizás por chiripa.

Se ha estrenado hace muy pocos días en Washington un documental interesante: The Man Nobody Knew: In Search of My Father, CIA Spymaster William Colby (El Hombre que Nadie Conocía: En Busca de Mi Padre, el Jefe de Espías William Colby). El autor es Carl Colby, hijo de William Colby, el que fue director de la CIA de 1973 a 1976, cuando la central de inteligencia norteamericana atravesó la mayor crisis de su historia antes del 11-S. Son los años en que aflora el papel jugado por los servicios secretos de Estados Unidos en el golpe de Pinochet contra Allende, en que estalla el escándalo Watergate, en que cae Vietnam, etc.
William Colby era un jefe de espías atípico. Con un historial de héroe de guerra y del servicio clandestino de la CIA tanto en Europa como en Vietnam, católico, apostólico y romano (lo cual, por cierto, no le impidió divorciarse y volverse a casar), cuando el servicio secreto de su país empezó a oler a podrido, apostó no por tapar la podredumbre sino por hacer limpieza. Colaboró con las investigaciones y purgas del Congreso hasta un extremo que puso los pelos de punta a Richard Nixon, a su sucesor Gerald Ford y por supuesto a Henry Kissinger, quien en sus memorias, Years of Renewal, no duda en cargar contra Colby y en calificarle de boy scout frustrado y de bocazas.
Fue bajo el mandato de Colby cuando vieron de luz las famosas "joyas de familia", demoledor informe de 25 años de tropelías e ilegalidades de la CIA que escandalizaron a la nación (y al mundo, claro) y llevaron al presidente Ford a firmar una orden presidencial ejecutiva prohibiendo expresamente a los miembros de la agencia participar en asesinatos o intentos de asesinato de mandatarios extranjeros.
Ciertamente hay algo curiosamente paradójico, muy americano, en el personaje de un jefe de espías ávido de decir la verdad. ¿Era Colby un ingenuo intolerable, como loco de rabia afirma Kissinger en sus memorias, o un hombre lúcido que hizo lo único que podía salvar la CIA de su disolución en un momento de extrema y absoluta desconfianza? ¿Hay secretos de primera, secretos de segunda y secretos que matan?
Dos detalles biográficos interesantes: a William Colby le reemplazó al frente de la CIA George Bush padre en 1976. Veinte años después apareció ahogado tras caerse de su bote cerca de su casa en Maryland. Se tiende a considerar que su muerte fue un accidente (que por ejemplo se cayó al agua tras sufrir un ataque al corazón), pero sería exagerado decir que todo el mundo en Washington está de acuerdo.
La última de Julian Assange es salir a pasar la boina con dramatismo. Cuenta el hombre que WikiLeaks está al borde de la ruina y de la desaparición física por falta de fondos desde que Visa, Mastercard, Paypal y otras empresas dejaron de gestionar las donaciones con que se financia el invento. Assange ve en esto (una vez más) un complot orquestado por el gobierno de Estados Unidos, el Pentágono y la CIA, que habrían puesto a los gigantes del crédito mundial a trabajar para ellos y en contra de WikiLeaks. Ante semejante ataque a la "libertad de expresión", Assange pide a sus seguidores que burlen este "bloqueo", que dirían en Cuba, haciendo transferencias bancarias, mandando cheques o incluso recurriendo al dinero electrónico virtual (bitcoin).
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Se suponía que desde el fin de la guerra fría ser espía ruso había perdido todo su glamour y toda su razón de ser, en Occidente por lo menos. Pero de un tiempo a esta parte no paran de salir espías rusos como caracoles tras la lluvia. Desde el año pasado se han registrado por lo menos tres casos en países tan sensibles como Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania, donde acaban de detener a un matrimonio, Andreas y Heidrun, que llevarían nada menos que desde 1988 -antes de la caída del Muro de Berlín-pasando información a Moscú y haciéndose pasar respectivamente por argentino y peruana.
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Diez años después del 11-S, parece que se enfría la luna de miel entre la ciudad de Nueva York y su cuerpo de policía. Los héroes de azul han caído bajo sospecha. Hay quien les acusa de llevar demasiado lejos su cruzada antiterrorista, que incluyó la creación de una unidad especial de inteligencia (espías), actualmente representada en 11 ciudades del mundo, y también una unidad específica contra el terror que pretende ser "proactiva", es decir, no esperar sentada a que se produzcan atentados para coger a los culpables, sino cogerlos con las manos en la masa, mejor si es antes incluso. Para lo cual no han vacilado en espiar a prominentísimos ciudadanos musulmanes, incluidos amigos personales del alcalde.
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