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	<title>Castelo</title>
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		<name>Castelo</name>
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		<title><![CDATA[Mingote y ABC]]></title>
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		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p><img alt="Imagen de Mingote" align="middle" src="/blogs/castelo/public/mingote_retratook.jpg" /></p>
<p>Nos est&aacute; costando sobrellevar esta muerte. Han sido casi sesenta a&ntilde;os de una vida entregada por completo a ABC los que ha truncado la desaparici&oacute;n de Mingote. M&aacute;s de cuarenta de mi vida en su cercan&iacute;a, aqu&iacute; en el peri&oacute;dico, cuando Antonio ven&iacute;a por la <strong>Casa de Serrano</strong>, primero, cincuent&oacute;n y elegante, simp&aacute;tico y humilde, caballeroso siempre. As&iacute; hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a, porque Dios quiso concederle una existencia larga y fecunda. Conserv&oacute; hasta el &uacute;ltimo momento la elegancia, el se&ntilde;or&iacute;o, el humor sutil&iacute;simo y la timidez. En la reuni&oacute;n de los Cavias del a&ntilde;o pasado declin&oacute; h&aacute;bilmente la presidencia del Jurado en el Director de la Real Academia Espa&ntilde;ola (su otro Director era el de ABC) <strong>Jos&eacute; Manuel Blecua</strong> y as&iacute;, por aquello de la jerarqu&iacute;a, se ahorraba de paso tener que pronunciar el discurso reglamentario en la cena de entrega de los premios. Porque Antonio era un hombre profundamente t&iacute;mido, que se ruborizaba cuando lo abordaban por la calle o lo saludaban los taxistas.</p>
<p>Siempre recuerdo el gesto de su cabeza, con su sonrisa apenas dibujada, cuando ve&iacute;a en el despacho de Juan Ignacio Luca de Tena, el que cre&oacute; el premio con su nombre, aquel dibujo suyo, en color, extraordinario, sobre un Vel&aacute;zquez pensativo, <strong>ante las Meninas</strong>, porque &ldquo;hay d&iacute;as en que no se le ocurre a uno nada&rdquo;.</p>
<p>En estas jornadas en que se han escrito tantas y tan magn&iacute;ficas rese&ntilde;as, en que el peri&oacute;dico se ha visto literalmente desbordado por la cantidad de cartas de p&eacute;same recibidas, hay algo que s&iacute; me gustar&iacute;a destacar: la laboriosidad de Mingote. Militar al fin, ten&iacute;a un sentido estricto del deber. Madrugaba, le&iacute;a los peri&oacute;dicos y trabajaba incansablemente horas y horas. Durante cincuenta y nueve a&ntilde;os <strong>no ha faltado nunca a su cita diaria con ABC</strong>; cuando en agosto se marchaban a M&aacute;laga, antes dejaba un sobre con los dibujos del mes, perfectamente ordenados, con motivo de coplas, refranes, sucesos hist&oacute;ricos... Una especie de colch&oacute;n ingenios&iacute;simo que le permitiera la tranquilidad de veranear con sosiego. Pero &ndash;periodista siempre- cuando una noticia importante saltaba en medio de los calores del est&iacute;o, sin que nadie lo molestara, ah&iacute; estaba puntual el dibujo de Antonio comentando una guerra, glosando tal suceso veraniego o dedicando su particular necrolog&iacute;a si a alg&uacute;n ser importante o amigo se le ocurr&iacute;a morirse en verano.</p>
<p><img alt="" align="left" src="/blogs/castelo/public/mingote_cuadro.jpg" />Daba gloria tratar con &eacute;l. Si mandaba un dibujo que merec&iacute;a los honores de portada se le llamaba y volv&iacute;a a repetir la obra tras pedirte el tama&ntilde;o exacto al que iba a ser reproducida. Y tuvo &ndash;hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a- ese ligero temor del principiante, el balbuceo del que est&aacute; aprendiendo y te preguntaba por tel&eacute;fono: &ldquo;&iquest;T&uacute; crees, poeta, que ha quedado bien? &iquest;Que se entiende?&rdquo; La humildad de los grandes.</p>
<p>Gustaba hacer por Navidades las felicitaciones de Pascua de ABC y de la Real Academia Espa&ntilde;ola. &ldquo;Creo que este a&ntilde;o se la vamos a dedicar a los Reyes Magos&rdquo; me dec&iacute;a en diciembre y, al d&iacute;a siguiente, estaba la cartulina con toda la ternura, la sensibilidad y la belleza de unos seres m&aacute;gicos y entra&ntilde;ables que ya eran como algo nuestro. Como las beatas enlutadas o los se&ntilde;ores de negro que tienen la seguridad de que &ldquo;al Cielo iremos los que hemos ido toda la vida&rdquo;. O las se&ntilde;oras gordas y mandonas con maridos temerosos y escuchimizados, que las escuchaban en silencio y que al encontr&aacute;rtelos por la calle, siempre pensabas: Ah&iacute; va un matrimonio de los de Mingote. Como lo fue <strong>Gundisalvo</strong>, aquel personaje de ficci&oacute;n mingotiana que se burlaba de las elecciones ama&ntilde;adas del viejo R&eacute;gimen y cuyo lema :Vote a Gundisalvo. &iquest;A usted que m&aacute;s le da, hombre? se hizo popular&iacute;simo en 1971, por no citar los votos que sac&oacute; en las urnas. Que no fueron pocos. </p>
<p>Y estaban los amigos. En ABC Mingote se hallaba en su casa. Fue &iacute;ntimo de <strong>Guillermo Luca de Tena</strong>, adoraba a sus hijas, &ldquo;las ni&ntilde;as&rdquo;, como las seguimos llamando. Gustaba de las lealtades. &ldquo;Quer&iacute;a a ABC como a su madre&rdquo; confesaba Isabel, su mujer, la que mejor le conoci&oacute;, le trat&oacute;, le quiso. La que ha permitido que Antonio haya llegado esplendoroso a los 93 de su edad, cuidado, ajeno a las menudencias del d&iacute;a a d&iacute;a, entregado de lleno a su trabajo como escritor y pintor. S&oacute;lo ped&iacute;a para sus amigos: de derechas, de izquierdas, ricos, pobres, ten&iacute;a amigos en todos sitios y s&oacute;lo por ellos, con infinito pudor, ped&iacute;a algo. Era un ser extraordinariamente generoso.</p>
<p>Por eso, hoy, doloridos por su muerte, nos queda esta serenidad y esta alegr&iacute;a de poder decir sencillamente: Yo tambi&eacute;n fui su amigo.</p>]]></content>
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		<issued>2012-05-16T12:45:32+01:00</issued>
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		<title><![CDATA[Un libro para una voz]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/un-libro-para-una-voz-11547.asp</id>
		<created>2012-03-02T13:48:09+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p><img hspace="5" alt="Antoñita Moreno" vspace="5" align="left" src="/blogs/castelo/public/antonita_moreno.jpg" />De vez en cuando nos llevamos sorpresas agradabil&iacute;simas. Como escuchar la voz, al otro lado del tel&eacute;fono, &nbsp;de <strong>Anto&ntilde;ita Moreno</strong>. Y volver a sentir esa cadencia, tan dulce musicalidad, tan fino acento, de quien hoy vive retirada junto al Mediterr&aacute;neo, recordando sin tristezas los &eacute;xitos que cosech&oacute;, el cari&ntilde;o de un p&uacute;blico entregado a su labor musical y los largos a&ntilde;os en los que fue dama indiscutible de la canci&oacute;n espa&ntilde;ola.<br />&nbsp;<br />Porque Anto&ntilde;ita Moreno tocaba todos los palos de la mejor tradici&oacute;n musical espa&ntilde;ola: desde la copla en su versi&oacute;n m&aacute;s pura hasta el folclore m&aacute;s variado de las regiones de Espa&ntilde;a que ella musicalizaba y recreaba con un respeto, una fidelidad y una belleza que impresionaban. Luego estaba la otra Anto&ntilde;ita: la escritora, la mujer sensible, la poetisa que perge&ntilde;aba versos bell&iacute;simos y que compon&iacute;a letras de una sensibilidad deslumbrante. Mi entra&ntilde;able y querida amiga <strong>Carmen Conde</strong>, la primera mujer que obtuvo un sill&oacute;n en la Real Academia Espa&ntilde;ola, me hablaba de ella con verdadera devoci&oacute;n. No olvido algunas tardes inolvidables en aquel Madrid de los setenta &quot;ech&aacute;ndolas a versos&quot;... Hab&iacute;a que ver c&oacute;mo recitaba Anto&ntilde;ita Moreno...&nbsp;&nbsp;<br /><br />Luego, estaba la Anto&ntilde;ita empresario, la que montaba sus propias compa&ntilde;&iacute;as, la que exig&iacute;a respeto al p&uacute;blico, porque como dice su bi&oacute;grafo<strong> Emilio Garc&iacute;a Carretero</strong> &quot;si no hay p&uacute;blico no hay espect&aacute;culo&quot;. El respeto por uno mismo que hizo que aquellos&nbsp;montajes escenogr&aacute;ficos &nbsp;-como las revistas de Celia G&aacute;mez- fueran deslumbrantes. Porque el p&uacute;blico, que era el que pagaba, ten&iacute;a que salir satisfecho del teatro: tarareando las canciones de Anto&ntilde;ita y con una sonrisa en los labios. &nbsp;Eso, Anto&ntilde;ita lo consigui&oacute; siempre. Por eso se la recuerda tanto y se la a&ntilde;ora tanto. Todav&iacute;a hoy en mis frecuentes viajes por la Am&eacute;rica hispana me encuentro en cafeter&iacute;as o centros regionales evocadores de la lejana Madre Patria la voz rotunda y clara, sensual y luminosa&nbsp;de Anto&ntilde;ita Moreno. &iquest;Qui&eacute;n no ha cantado alguna vez el estribillo de &quot;Puente de San Rafael&quot; o la bell&iacute;sima &quot;Sortija de oro&quot; que dar&iacute;a paso a un espect&aacute;culo soberbio del mismo nombre... Toda mi infancia est&aacute; llena de los sones de &quot;El cord&oacute;n de mi corpi&ntilde;o&quot;, una canci&oacute;n con ritmo de carnavalito que se escuchaba a todas horas en las emisoras de radio y que se ped&iacute;a sin cesar en los &quot;discos dedicados&quot;.</p>
<p><strong>Garc&iacute;a Carretero, trabajador incansable<br /></strong><br />Pues bien, toda la vida y la obra de la gran tonadillera est&aacute;n amorosamente recogidas en el libro de Emilio Garc&iacute;a Carretero sobre Anto&ntilde;ita Moreno. Un libro para una voz. &nbsp;Emilio es un extreme&ntilde;o luchador, un trabajador infatigable, un artista dotado de una sensibilidad y un ah&iacute;nco que le hacen &uacute;nico. A&nbsp;Emilio lo mismo lo podemos ver cantando en un&nbsp;teatro de la Gran V&iacute;a &quot;La Corte de Fara&oacute;n&quot; que dictando una conferencia sobre el mundo del espect&aacute;culo y sus int&eacute;rpretes que siendo el alma y la vida de la historia del <strong>Teatro de la Zarzuela,</strong> en cuya labor de investigaci&oacute;n ha trabajado durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os y, fruto de esos desvelos, es la magn&iacute;fica publicaci&oacute;n en tres tomos, imprescindibles hoy para&nbsp;conocer los avatares del m&iacute;tico teatro de la calle de Jovellanos. En 2010 sac&oacute; a la luz en Ediciones Amberley <strong>&quot;Celia G&aacute;mez, memoria gr&aacute;fica de la revista espa&ntilde;ola&quot;</strong>, libro que me cupo el honor de presentar en Madrid y que obtuvo un &eacute;xito impresionante.<br /><br />No oculto mi admiraci&oacute;n por un hombre que quiso desde ni&ntilde;o ser cantante (y lo ha conseguido), ha pasado por magn&iacute;ficas compa&ntilde;&iacute;as de teatro, ha grabado discos -&quot;Tarde de oto&ntilde;o en Plater&iacute;as&quot; es una verdadera obrita de arte-, ha recorrido medio mundo formando parte del coro titular de la&nbsp;Compa&ntilde;&iacute;a L&iacute;rica Nacional y en sus ratos libres -pero &iquest;puede tener ratos libres Emilio Garc&iacute;a Carretero?- se mete en las hemerotecas y pasa horas y horas acumulando datos, copiando cr&iacute;ticas, sacando rese&ntilde;as para hacer estos libros que est&aacute;n avalados por el rigor y la devoci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p><strong>Un &laquo;devocionario&raquo;<br /><br /></strong>Durante dos temporadas consecutivas, Emilio ha estado cantando <strong>&quot;El rey que rabi&oacute;&quot;</strong> de Chap&iacute; con el Teatro de la Zarzuela. Vi&eacute;ndolo en el coro, entregado, feliz, me preguntaba a veces: &iquest;de d&oacute;nde le salen las ganas a Emilio para encerrarse ma&ntilde;ana seis horas a ojear peri&oacute;dicos? De su&nbsp;fervor al mundo de la canci&oacute;n. Y en este libro se ve. Hombre agradecido, no olvida a aquella Anto&ntilde;ita Moreno a la que conoce en diciembre de 1966 y le contrata para tenor de su coro. Recuerda con emoci&oacute;n aquel 12 de diciembre en que se entrevista con la cantante para incorporarse a su compa&ntilde;&iacute;a y preparar el estreno de &quot;<strong>Ronda de Espa&ntilde;a</strong>&quot;. Desde entonces siente hacia ella una&nbsp;devoci&oacute;n extraordinaria que ha fructificado en este libro certero, lleno de datos, de an&eacute;cdotas, de vida... donde se agavilla todo: los poemas que le dedicaron desde Pem&aacute;n a Salvador Guerrero; las letras de canciones de las que es autora Anto&ntilde;ita; las cr&iacute;ticas teatrales; los homenajes...<br /><br />He escrito varias veces la palabra devoci&oacute;n. Este es un libro escrito como un devocionario. Anto&ntilde;ita Moreno se lo merec&iacute;a y Emilio Garc&iacute;a Carretero nos ha demostrado una vez m&aacute;s lo que es capaz de hacer. Sobre todo cuando quiere. Y &eacute;l siempre quiere bien.</p>]]></content>
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		<title><![CDATA[Juan Bazaga, un político al servicio de Cáceres]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/juan-bazaga-un-politico-al-servicio-de-caceres-11283.asp</id>
		<created>2012-02-10T13:37:25+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p>Ha muerto en C&aacute;ceres, donde vivi&oacute;, un hist&oacute;rico de la pol&iacute;tica extreme&ntilde;a. Juan Bazaga S&aacute;nchez ha sucumbido a una r&aacute;pida y cruel enfermedad que soport&oacute; con cristianas resignaci&oacute;n y entereza, rodeado del cari&ntilde;o de los suyos. Ten&iacute;a 78 a&ntilde;os. Era uno de los padres de la autonom&iacute;a de Extremadura, pero su carrera pol&iacute;tica ven&iacute;a pr&aacute;cticamente desde su juventud.&nbsp;</p>
<p align="center"><img hspace="2" vspace="2" align="middle" src="/blogs/castelo/public/juan-bazaga-1.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p> Aunque nacido en Trujillo viv&iacute;a desde los siete a&ntilde;os en la capital cacere&ntilde;a. Entr&oacute; en el Ayuntamiento de C&aacute;ceres en 1962 siendo el concejal m&aacute;s joven de la <strong>Corporaci&oacute;n que lideraba Alfonso D&iacute;az de Bustamante</strong>. Lleg&oacute; a ser teniente de alcalde durante veinti&uacute;n a&ntilde;os. De 1971 a 1979 ocup&oacute; el cargo de vicepresidente de la Diputaci&oacute;n de C&aacute;ceres. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 1978, con la llegada de la democracia, Juan Bazaga fue uno de los doce pol&iacute;ticos que constituyeron la Junta preauton&oacute;mica de Extremadura. Bajo la presidencia de <strong>Luis Ramallo</strong> y <strong>Manuel Bermejo</strong> dirigi&oacute; varias consejer&iacute;as, llegando a ser bautizado con el apelativo de &laquo;superconsejero&raquo;. As&iacute;, en 1982, le vemos como vicepresidente de Econom&iacute;a, Hacienda e Industria y cuando en noviembre de ese a&ntilde;o dimiti&oacute; Manuel Bermejo, Juan Bazaga desempe&ntilde;&oacute; durante dos meses el cargo de presidente de la Junta de Extremadura en funciones. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Eacute;l sol&iacute;a decir que &laquo;era un hombre de pueblo, de una extracci&oacute;n modesta, pero que ten&iacute;a much&iacute;simos amigos&raquo;. Pero tampoco le faltaron enemigos, a los que nunca guard&oacute; rencor. El 20 de diciembre de 1982, en las elecciones para que los consejeros nombraran al futuro presidente de la Junta, UCD propuso a Juan Bazaga y el PSOE, a <strong>Juan Carlos Rodr&iacute;guez Ibarra</strong>. Como ha recordado <strong>Sergio Lorenzo</strong>, &laquo;Bazaga perdi&oacute; por dos votos, los votos de dos centristas que le hab&iacute;an asegurado su apoyo&raquo;. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Milit&oacute; una temporada en Alianza Popular, pero, seg&uacute;n el propio Bazaga, no soportaba la disciplina del partido y <strong>en las elecciones de mayo 1991 se present&oacute; a la Alcald&iacute;a</strong> con una candidatura independiente. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La pol&iacute;tica le di&oacute; hondas satisfacciones y tambi&eacute;n amarguras sin cuento. Pero &eacute;l ten&iacute;a una <strong>gran vocaci&oacute;n de servicio al ciudadano</strong>, que era su manera de entender la pol&iacute;tica y frente a los desgarros de la clase dirigente del color que fuere, el se centr&oacute; siempre en la ayuda a los m&aacute;s d&eacute;biles, a los m&aacute;s humildes. S&oacute;lo as&iacute; entendemos sus medidas socioecon&oacute;micas en todo momento de su carrera para terminar en colectivos de defensa de los consumidores y eso s&iacute;, siempre, una pasi&oacute;n por C&aacute;ceres y sus candidaturas internacionales. (El fue uno de los integrantes de la delegaci&oacute;n cacere&ntilde;a que recibi&oacute;, hace veinticinco a&ntilde;os, en Par&iacute;s, la <strong>designaci&oacute;n de C&aacute;ceres como Ciudad Patrimonio de la Humanidad</strong>). </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Casado con la tambi&eacute;n trujillana <strong>Manuela Gazapo Cancho</strong>, la dulce, fuerte, sensata, inteligente y sabia Loly tuvieron cinco hijos: Inmaculada, Antonio, Victoria, Cristina y Juan. En el funeral por su eterno descanso celebrado en la iglesia de <strong>Nuestra Se&ntilde;ora de F&aacute;tima de C&aacute;ceres</strong>, abarrotada de gentes de toda clase y condici&oacute;n y de pol&iacute;ticos de todas las tendencias, el oficiante, don <strong>Juan Jos&eacute; Rivero</strong>, destac&oacute; de Juan Bazaga su sentido profundo de entrega a los dem&aacute;s y la honda religiosidad que marc&oacute; toda su existencia y que hizo m&aacute;s llevadera la enfermedad que le atenaz&oacute; los &uacute;ltimos d&iacute;as de su vida. Luego, sus restos mortales fueron trasladados al <strong>cementerio de la Vera Cruz</strong>, de Trujillo, uno de los camposantos m&aacute;s bellos de Espa&ntilde;a. Desde aquella altura rocosa, bordeada de cipreses, se contempla la llanura trujillana y en los d&iacute;as claros de la primavera, C&aacute;ceres se otea a lo lejos. El sue&ntilde;o eterno de Juan Bazaga.</p>]]></content>
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		<title><![CDATA[Eran las once y media de la mañana, hora habanera]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/eran-las-once-y-media-de-la-manana-hora-habanera-10584.asp</id>
		<created>2011-11-23T15:23:04+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p><strong>El 5 de noviembre de 1992 se le concedi&oacute; a la escritora cubana Dulce Mar&iacute;a Loynaz el Premio Cervantes, considerado el Nobel de las Letras hisp&aacute;nicas. Esta es la cr&oacute;nica que public&oacute; ABC al d&iacute;a siguiente y que le vali&oacute; a su autor, un a&ntilde;o despu&eacute;s, el premio nacional de Periodismo Julio Camba.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><img hspace="5" alt="Don Juan Carlos I, entregando el Premio Cervantes a la poetisa Dulce María Loynaz, en 1992 " vspace="5" align="left" src="/blogs/castelo/public/dulce-maria-loynaz-2.jpg" />Hab&iacute;amos quedado a las doce para almorzar. Desde que llegu&eacute; a la Habana el pasado 28 de octubre nos ve&iacute;amos todos los d&iacute;as. Una ligera indisposici&oacute;n la mantuvo a finales de mes en cama: un pescado en malas condiciones tal vez; pero ya se hab&iacute;a repuesto. Mientras dur&oacute; la convalecencia le fui leyendo todas las tardes los art&iacute;culos del n&uacute;mero extraordinario que ABC dedic&oacute; al que fuera nuestro com&uacute;n y gran amigo <strong>Luis Rosales</strong>. Habl&aacute;bamos de Espa&ntilde;a, de sus viejos amigos <strong>Manuel de Aguilar, Jos&eacute; Mar&iacute;a Pem&aacute;n, Carmen Conde, Garc&iacute;a Nieto, Joaqu&iacute;n Calvo Sotelo</strong>. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;El viejo palacete de El Vedado es como el decorado de una pel&iacute;cula de <strong>Visconti</strong>: ara&ntilde;as de cristal, porcelanas, lienzos, bronces. All&aacute; un biombo o un piano de cola, muebles franceses, bibelots&hellip; Pero con ese peso del silencio y el abandono. Toda La Habana es como una sinfon&iacute;a pat&eacute;tica de derrumbamiento y soledad. Las verjas del jard&iacute;n est&aacute;n oxidadas, los parterres abandonados. En lo que fuera comedor de la casa se extendi&oacute; un div&aacute;n para que su convalecencia no fuera tan aislante en los dormitorios de la primera planta, tan solos, tan amplios, tan llenos del recuerdo del esplendor de otros d&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Ayer hab&iacute;amos quedado a almorzar. Pero a las once y media de la ma&ntilde;ana, hora habanera, salt&oacute; la noticia. Est&aacute;bamos con ella la doctora <strong>Isolina de Arag&oacute;n</strong>, su m&eacute;dico particular y yo. Para estar m&aacute;s fresquitos hab&iacute;amos escogido para nuestra charla un ala de la cocina que da a la parte trasera del jard&iacute;n. La luz de la ma&ntilde;ana habanera es incomparable. Tamizada por el verdor de las ceibas y los pl&aacute;tanos entraba por el ventanal. Sobre la mesa de m&aacute;rmol una historia de la literatura espa&ntilde;ola de <strong>Juan Chab&aacute;s</strong>, una carta de la Real Academia y el ejemplar de ABC en homenaje a Rosales. Convers&aacute;bamos en unas mecedoras tranquilamente cuando salt&oacute; la noticia: <strong>Dulce Mar&iacute;a Loynaz</strong>, premio Cervantes. Lleg&oacute; por tel&eacute;fono, voz an&oacute;nima, de alguien que lo hab&iacute;a o&iacute;do por radio. Dulce Mar&iacute;a se qued&oacute; muy quieta, alz&oacute; las manos finas, cuidadas y muy blancas hacia la albura de su pelo y s&oacute;lo exclam&oacute;: &iexcl;Dios m&iacute;o! </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Luego, nos abraz&oacute;. Unos segundos m&aacute;s tarde llamaba el ministro de Cultura, <strong>Jordi Sol&eacute; Tura</strong>, y fue este cronista quien cogi&oacute; su llamada y puso a Dulce Mar&iacute;a al tel&eacute;fono. A partir de ese momento, &eacute;ste ya no parar&iacute;a de sonar. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Ante la avalancha period&iacute;stica que se avecinaba, Dulce Mar&iacute;a se coloc&oacute; una batita larga de seda color burdeos con esa elegancia de la escasez que poseen todos los habaneros y con un punto de coqueter&iacute;a se alis&oacute; el cabello. En el amplio recibidor del palacete, con su &aacute;guila inmensa de bronce oxidado y los desconchones de las paredes, escoltadas por sus vitrinas con abanicos y porcelanas chinas, <strong>Dulce Mar&iacute;a Loynaz</strong>, desde el silencio sonoro, fue desgranando recuerdos: </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;- El premio Cervantes es para m&iacute; como una resurrecci&oacute;n. Yo era una mujer que hab&iacute;a entrado en la noche. Viv&iacute;a encerrada en mi casa. No hab&iacute;a vuelto a publicar desde 1958. Gracias a ABC y a usted, <strong>Castelo</strong>, yo volv&iacute; a nacer para los espa&ntilde;oles. Y en Cuba empezaron a darse cuenta de que yo no me hab&iacute;a muerto. Desde 1986 para ac&aacute; todo ha ido cambiando. Mis art&iacute;culos en ABC no s&oacute;lo me devolv&iacute;an a la vida sino que me devolv&iacute;an a mis amigos lejanos. Y <strong>cuando mis art&iacute;culos de ABC consiguieron el premio de periodismo Isabel la Cat&oacute;lica</strong>, all&aacute; en Espa&ntilde;a, me di cuenta de que Espa&ntilde;a segu&iacute;a siendo &ndash;como entonces- generosa conmigo&hellip; Y, ay, Dios m&iacute;o, ahora el Cervantes&hellip; </p>
<p><strong><img hspace="5" alt="Dulce María Loynaz, directora de la Academia Cubana de la Lengua, contesta a Santiago Castelo con motivo de su ingreso en esta corporación (1988)" vspace="5" align="middle" src="/blogs/castelo/public/dulce-maria-loynaz.jpg" /></strong></p>
<p><strong></strong></p>
<p><strong>Dulce Mar&iacute;a Loynaz</strong> cruza las manos suavemente sobre su regazo. Es una mujer peque&ntilde;a, suave, delicada, pero firme de car&aacute;cter, voluntariosa, rotunda. Sus libros son un modelo de riqueza del castellano, con una sensibilidad exquisita, febril y desbordada. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En las entrevistas vuelve una y otra vez a recordar a <strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong>, que se aloj&oacute; en su casa durante su viaje a Cuba: &laquo;Era un hombre muy alegre, muy vital, muy simp&aacute;tico. Intimaba m&aacute;s con mis hermanos <strong>Carlos Manuel</strong>, <strong>Flor</strong> o <strong>Enrique</strong> que conmigo. &Eacute;l y yo tuvimos nuestras peleas pol&iacute;ticas, pero era un hombre encantador. En ese piano de ah&iacute; tocaba y cantaba y se re&iacute;a much&iacute;simo. Aquel viaje a Cuba fue definitivo para &eacute;l. Luego, tard&eacute; mucho en creerme que lo hab&iacute;an matado. Era un hombre tan sensible y tan bueno&hellip;&raquo; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y Dulce Mar&iacute;a evoca a <strong>Gabriela Mistral</strong> que tambi&eacute;n vivi&oacute; en su casa, y a <strong>Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez</strong>, -&laquo;Que era muy dif&iacute;cil y muy extra&ntilde;o&raquo;- y aquel encanto de mujer que fue <strong>Zenobia</strong>&hellip; Escurre h&aacute;bilmente las preguntas que alguien le hace sobre su silencio interior, sobre la postergaci&oacute;n sufrida. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llegan <strong>Rafael Dezc&aacute;llar</strong>, ministro consejero de la Embajada de Espa&ntilde;a; <strong>Wivaldo Leyva</strong>, presidente de los escritores de la UNEAC; y el poeta y novelista <strong>Miguel Barnet</strong>. El encuentro m&aacute;s emotivo es el de <strong>Alicia Alonso</strong>. Estaba ensayando &laquo;La diva&raquo;, que interpreta esta noche en el Festival de Ballet, y ha querido ir a darle un abrazo a Dulce Mar&iacute;a. El tel&eacute;fono sigue sonando. Y ella, rodeada de periodistas, de c&aacute;maras de televisi&oacute;n, como asustada, sigue definiendo y defendiendo el papel de la poes&iacute;a pura, intimista, lejana de todo panfleto. Y habla de Espa&ntilde;a enamoradamente, de sus viajes tantos, de su vasco apellido Loynaz, de su marido, <strong>Pablo &Aacute;lvarez de Ca&ntilde;as</strong>, tinerfe&ntilde;o, de sus libros &laquo;Jard&iacute;n&raquo;, &laquo;Los &uacute;ltimos d&iacute;as de una casa&raquo;, &laquo;Un verano en Tenerife&raquo;, su libro preferido&hellip; Y de los dos &uacute;ltimos, recientemente aparecidos en Espa&ntilde;a: &laquo;La novia de L&aacute;zaro&raquo; y &laquo;Poemas n&aacute;ufragos&raquo;&hellip; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se cansa. Del Ministerio de Cultura le env&iacute;an un ramo de flores. Siguen las llamadas. La <strong>doctora Arag&oacute;n</strong> me hace una se&ntilde;al y cortamos las entrevistas. Los periodistas est&aacute;n perplejos por la suave delicadeza y entereza a un tiempo de esta mujer que el pr&oacute;ximo 10 de diciembre cumplir&aacute; noventa a&ntilde;os. Y por el marco de esta casa encantada, decadente, detenida en el tiempo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llega el ministro de Cultura cubano, <strong>Armando Hart</strong>, le da un abrazo, la felicita y se marcha enseguida. La casa ha vuelto a quedarse muda, apagada. <strong>Dulce Mar&iacute;a Loynaz</strong>, la <strong>doctora Arag&oacute;n</strong> y este cronista vuelven a sus mecedoras en la cocina. Dulce Mar&iacute;a susurra: &laquo;Volver a Espa&ntilde;a, volver a Espa&ntilde;a&hellip; &iquest;Y es verdad que el Cervantes lo entregan los Reyes?&raquo;. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son las dos y media de la tarde. Se ha pasado la hora del almuerzo cubano. &laquo;&iquest;Por qu&eacute; no comemos aqu&iacute; mismo?&raquo; Y, como si nada hubiera pasado, sobre la mesa de m&aacute;rmol de la cocina, mirando tras los ventanales del mediod&iacute;a habanero, degustamos una sopa de pollo, malanga y patata, unos trocitos de jam&oacute;n cocido y un poquito de melocot&oacute;n en alm&iacute;bar. Un lujo de comida en Cuba. Y para celebrar el acontecimiento brindamos con vino de Espa&ntilde;a. Desde un rinc&oacute;n de la mesa nos miraba la portada de ABC con Luis Rosales.</p>
<p>&nbsp;<img hspace="5" alt="Dulce María Loynaz, con Giuliana y Joaquín Calvo Sotelo, en Madrid a comienzos de los años 50." vspace="5" align="middle" src="/blogs/castelo/public/dulce-maria-loynaz-3.jpg" /></p>]]></content>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/eran-las-once-y-media-de-la-manana-hora-habanera-10584.asp"/>
		<issued>2011-11-23T15:23:04+01:00</issued>
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		<title><![CDATA[Dulce Rosa del Norte]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/dulce-rosa-del-norte-9905.asp</id>
		<created>2011-09-19T15:00:55+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p align="justify"><strong><img hspace="5" alt="Retrato de la Reina Victoria Eugenia, en 1910 (ARCHIVO ABC)" vspace="5" align="left" src="/blogs/castelo/public/victoria-eugenia.JPG" />Por un <a href="http:///20110917/espana/abcp-reina-victoria-eugenia-sera-20110917.html"><font style="BACKGROUND-COLOR: #ffffff" color="#993300">magn&iacute;fico reportaje de Almudena Mart&iacute;nez-Forn&eacute;s, publicado en ABC el pasado 17 de septiembre</font></a>, hemos sabido que en los pr&oacute;ximos d&iacute;as los restos de la Reina Victoria Eugenia de Espa&ntilde;a ser&aacute;n trasladados a su tumba definitiva en el Pante&oacute;n de Reyes de El Escorial. Tuve el honor de conocerla, de asistir a su entierro hace cuarenta y dos a&ntilde;os en Lausana (Suiza) y cuando, hace veintis&eacute;is a&ntilde;os, sus restos mortales regresaron a su &ldquo;querida Espa&ntilde;a&rdquo; me toc&oacute;, gozosamente, cubrir como periodista de ABC aquel impresionante y emotivo traslado. Pero aquella ma&ntilde;ana del 25 de abril de 1985 tuve adem&aacute;s el honor de que ABC me publicara este art&iacute;culo en homenaje y saludo a la Reina que volv&iacute;a definitivamente del exilio para dormir el sue&ntilde;o eterno bajo los azules velazque&ntilde;os del Guadarrama.</strong></p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify">As&iacute; llama a la <strong><a href="/20110917/espana/abcp-reina-victoria-eugenia-sera-20110917.html">Reina Victoria Eugenia</a></strong> el poeta <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Machado">Manuel Machado</a></strong>. <em>Dulce rosa del Norte, diosa, el calor de Espa&ntilde;a / es amor, es amor de tu espa&ntilde;ola gente</em>. Porque fue eso, la dulce y clara rosa del Norte que se avino a los aires morenos y mediterr&aacute;neos para hacer por amor un romance de sue&ntilde;os y de nostalgias. Un romance que todav&iacute;a hoy sigue guardando el lejano eco de las leyendas rom&aacute;nticas y el sonsonete brioso de las coplas andaluzas que viven y se acrecientan en la melancol&iacute;a como en aquellas sevillanas que escribiera un poeta popular llamado <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rafael_de_Le%C3%B3n">Rafael de Le&oacute;n</a></strong>, que, encima, era conde y marqu&eacute;s.&nbsp;</p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify">Pero aquella Soberana, aquella <em>fina Reina a caballo, graciosa y diamantina, victoriosa se&ntilde;al de una hora africana</em>, seg&uacute;n el verso de <strong><a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1955/03/04/035.html">S&aacute;nchez Mazas</a></strong>, supo ser a un tiempo el iris m&aacute;ximo de la belleza y la expresi&oacute;n m&aacute;s pura de la sensibilidad y la devoci&oacute;n a un pueblo. Ese pueblo, el espa&ntilde;ol, pese a tantos azares, a veces tormentosos, nunca fue infiel a su cari&ntilde;o. Le correspondi&oacute; leal, callada, sencilla, honradamente. Hoy, cuando tantas historias y leyendas y versos parece hab&eacute;rselos llevado el aluvi&oacute;n de los tiempos, reverdecen, en esta primavera nueva, las sonatas de una Reina que se gan&oacute; la entera lealtad de su pueblo. Nos orlar&iacute;an poemas de <strong>Machado</strong>, de <strong>S&aacute;nchez Mazas</strong>, de <strong>Amado Nervo</strong>, de <strong>Ventura de la Vega</strong>, de <strong>Santos Chocano</strong>, de <strong>Jos&eacute; del R&iacute;o Sainz</strong>, de <strong>Juan Antonio Cavestany</strong>, de <strong>Agust&iacute;n de Fox&aacute;</strong> o de <strong>Miguel de Unamuno</strong>, trenzados desde la pasi&oacute;n o la amargura, por una Soberana que sobre sus hombros delicados de majestad coloc&oacute; la fama y la gloria de los triunfadores y al mismo tiempo la delicadeza suprema de su fragilidad de mujer. Cuando su hijo, el Conde de Barcelona, en un acto memorable en Estoril, rinda homenaje a su propia madre, presente en la ceremonia, exclamar&aacute; p&uacute;blicamente que &quot;Dios le ha concedido, en medio de tantos dolores, el consuelo de contemplar c&oacute;mo la Historia hace justicia a su reinado&quot;. Desde los ojos azules de mar atl&aacute;ntico de la Reina exiliada unas l&aacute;grimas de gratitud y melancol&iacute;a realzaban su serena hermosura.&nbsp;&nbsp;</p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify"><img border="5" hspace="5" alt="Don Alfonso XIII con su prometida Doña Victoria Eugenia de Battenberg, durante el viaje del Rey a Gran Bretaña, en enero de 1906 (ARCHIVO ABC)" vspace="5" align="right" src="/blogs/castelo/public/8846905.jpg" />Hoy, que tan en boga se hallan los versos del Modernismo, que los nuevos escritores &quot;venecianistas&rdquo; sienten tan hondo las glorias imperecederas de todo lo decadente, cobran vida y pasi&oacute;n y nervio y estatura estos versos de <strong>S&aacute;nchez Mazas</strong>, en los que se anhela que de <em>una tierra elegante de potros y nueva de nav&iacute;os / llegue para nosotros con laureles y olivos / la hora antigua de gloria y con h&eacute;roes del aire, / del mar y de la tierra, / fina Reina a caballo sobre coral de guerra, / seas un d&iacute;a m&aacute;rmol al viento / &iexcl;la Victoria!</em> Pero, al mismo tiempo, desde la lejan&iacute;a del exilio, renacen esos otros poemas libres del turbador don <strong>Miguel de Unamuno</strong>. Sue&ntilde;a el escritor los pasados esplendores de la Corte, contemplativo ahora de ese Santander de 1934, azotado de revoluciones y sombras. Y evoca, pesaroso de sus vaivenes, aquel otro palacio de la Magdalena de luces y alegr&iacute;as y, sin quererlo, se duele de ese marasmo por aquella <em>anglicana sirena a la que un pueblo en vendaval te barri&oacute; un d&iacute;a / espumas, sue&ntilde;os, brumas</em> para terminar, dolorosamente, con un <em>fatal Ena</em>, como eco lejano y brumoso, suave candencia de la mar, el mismo eco que la voz del pueblo sign&oacute; para esta Reina, la m&aacute;s hermosa y m&aacute;s tr&aacute;gica que ideara la historia de este siglo. Durante los veinticinco a&ntilde;os que vivi&oacute; en Espa&ntilde;a, que rein&oacute; en Espa&ntilde;a, <strong>Do&ntilde;a Victoria Eugenia</strong> se desvivi&oacute; por los m&aacute;s humildes, por los m&aacute;s necesitados. A sus hijos les imbuy&oacute; de esta obligaci&oacute;n para con los d&eacute;biles. &quot;Abnegada cumplidora de su deber -recordar&aacute; Don Juan-, no se ha borrado de la memoria de las gentes su constante actividad caritativa y su amor a las clases m&aacute;s humildes del pueblo espa&ntilde;ol&quot;. Reina de la belleza y de la armon&iacute;a, de la elegancia y de la prudencia, <strong>Do&ntilde;a Victoria Eugenia</strong> fue tambien la Soberana de la sensibilidad y de los silencios. Silencios siempre prudentes ante unas gentes que el d&iacute;a de su boda la reciben con flores que guardan bombas asesinas o que la despiden, en otro abril de duelo y amenazas, con insultos o desdenes. Do&ntilde;a Victoria fue siempre el silencio solemne, la belleza envidiada. Nadie, o casi nadie, conoc&iacute;a sus amarguras. A sus hijos -sus chicos, como ella siempre llamaba castizamente- los amaba de una manera entra&ntilde;able, casi fiera de tan pura. De ah&iacute; que cuando <strong>Don Juan</strong> la evoque, desde el cari&ntilde;o y la melancol&iacute;a, no yerre al asegurar que los m&aacute;ximos dolores de su madre fueron las muertes de sus hijos y la guerra civil espa&ntilde;ola: su propia sangre derramada en in&uacute;tiles caminos del mundo y la sangre de su pueblo vertida en tambi&eacute;n in&uacute;til contienda fratricida. Al final, asunto de sangre siempre. Ella, tan dulce, tan suave, tan hermosa, <em>bella Princesa de una isla lejana, c&aacute;ndida y rubia como la luz de la ma&ntilde;ana</em>, habr&iacute;a de apostar por un pa&iacute;s de resuellos y de afanes impetuosos, por una naci&oacute;n racial y estremecedora a la que quiz&aacute; nunca comprendi&oacute;, pero a la que am&oacute; apasionadamente, tal vez como reflejo de aquel otro amor mediterr&aacute;neo que se encarnaba en su marido, el <strong>Rey Don Alfonso XIII</strong>.&nbsp;&nbsp;</p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify"><img border="5" hspace="5" alt="La Reina Victoria Eugenia con Alfonso de Borbón, en una imagen de 1907 (ARCHIVO ABC)" vspace="5" align="left" src="/blogs/castelo/public/victoria-alfonso.jpg.JPG" />Apost&oacute; y no perdi&oacute;. Gracias a su silencio y a su generosidad; gracias a su hijo <strong>Don Juan de Borb&oacute;n</strong>, acostumbrado, como ella, a las m&aacute;s tremendas renuncias en bien de Espa&ntilde;a, sobre el viejo solar hispano, como una nueva rosa de abril, florecen hoy las lises de la Monarqu&iacute;a entre las libertades de un pa&iacute;s renovado y esperanzador. No se pierde todo con la vida. A veces queda la lecci&oacute;n de la Historia escrita sobre nuestras propias biograf&iacute;as. <strong>Victoria Eugenia de Battenberg</strong>, Reina de Espa&ntilde;a, &uacute;ltima rosa de oro del Vaticano, aquella dulce y fatal Ena de los poemas y de las coplas (la que fuera prima hermana del <strong>Kaiser Guillermo</strong> y de la <strong>Emperatriz Alejandra de todas las Rusias</strong>, y nieta de la Reina Victoria de Inglaterra, todo un mundo perdido y desolado, la inolvidable Soberana de los espa&ntilde;oles, quienes durante un cuarto de siglo no tuvieron para ella m&aacute;s elogio que llamarla Reina guapa), <strong>descansar&aacute; a partir de hoy en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial</strong>. Junto a ella tomar&aacute;n tierra espa&ntilde;ola sus hijos <strong>Don Alfonso</strong> y <strong>Don Gonzalo</strong>, muertos tr&aacute;gicamente; <strong>Don Jaime</strong>, tras una vida azarosa. Ser&aacute; como el remate de un reinado. Lleno de luces y tornasoles, pero, a la postre, fecundo.&nbsp;</p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify">Quienes tuvimos la dicha impagable de conocer a la Reina madre -desde la muerte de su esposo, su hijo era para ella y para todos los mon&aacute;rquicos el <strong>Rey Juan III</strong>-; de conversar con ella, de ver sus ojos claros, llenos de azul y primavera, en aquellos d&iacute;as de febrero de 1968, cuando contemplaba por &uacute;ltima vez su Madrid tan querido; quienes asistimos, doloridos y acongojados a su entierro en Lausana, un a&ntilde;o despu&eacute;s, sentimos hoy como un &iacute;ntimo, triste y gozoso a la par, repiqueteo de campanas en nuestro coraz&oacute;n. La <strong>Reina Victoria Eugenia</strong>, aquella de quien <em>a sus pies las espumas dec&iacute;an de la gloria y del linaje</em>, vuelve a su tierra espa&ntilde;ola, junto a los suyos. Seg&uacute;n los versos -y &eacute;ste es el art&iacute;culo de un poeta-, <em>reinar no es tener Trono</em> -que escribi&oacute; <strong>Cavestany</strong>-, <em>reinar es ser querida; vos sois Reina de Espa&ntilde;a porque ella os ama ya</em>; pues bien, desde esas premisas, desde esa voz del pueblo que se alza y aclama a la que fue su Reina, hoy, de nuevo, las piedras seculares -oro y bronce- del <strong>Real Sitio de El Escorial</strong> abren sus sones de tradici&oacute;n y gloria para dar cobijo y descanso eterno a aquella mujer que quiso ser espa&ntilde;ola por encima de todo. Si <strong>Manuel Machado</strong> ofreci&oacute; flores <em>y sombras de los &aacute;rboles del Sur, naranjo y Iimonero...</em>, hoy la cat&oacute;lica majestad de Victoria Eugenia de Espa&ntilde;a encuentra su reposo definitivo entre los pinares y las piedras berroque&ntilde;as de la sierra de Guadarrama por los siglos de los siglos.</p>]]></content>
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		<issued>2011-09-19T15:00:55+01:00</issued>
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		<title><![CDATA[Magia y presencia de Cándido Camacho]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/magia-y-presencia-de-candido-camacho-9584.asp</id>
		<created>2011-08-11T14:18:56+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p><img hspace="5" alt="" vspace="5" align="left" src="/blogs/castelo/public/castel2.jpg" />Todos los adjetivos, por encontrados que fuesen, ten&iacute;an acomodo en su persona. Era t&iacute;mido ante los desconocidos, pero profundamente simp&aacute;tico y ocurrente en la privacidad de los amigos; era popular y aristocr&aacute;tico a un tiempo &ndash;<strong>aquellos brazos interminables, la finura de sus manos-; ciudadano del mundo &ndash;paseaba por Londres como si toda su vida hubiese vivido en la City</strong>- y no pod&iacute;a olvidar su condici&oacute;n de baga&ntilde;ete y hacer los m&aacute;s encendidos elogios de su &ldquo;isla bonita&rdquo;; pasaba con una tranquilidad pasmosa del asunto m&aacute;s fr&iacute;volo &ndash;con el juego de sus grandes ojos negros- a la conversaci&oacute;n m&aacute;s profunda, casi siempre de arte, casi siempre de pintura. </p>
<p>Ahora, <strong>C&aacute;ndido Camacho</strong> ha vuelto a la actualidad con motivo de una exposici&oacute;n que se puede ver estos d&iacute;as en el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Museo_Municipal_de_Bellas_Artes_de_Santa_Cruz_de_Tenerife">Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife</a>, tras diecisiete a&ntilde;os de su &uacute;ltima exposici&oacute;n p&oacute;stuma. Su comisario,<strong> Pedro David Hern&aacute;ndez Luis</strong>, ha hecho una inteligent&iacute;sima selecci&oacute;n con un detallado recorrido cronol&oacute;gico con obra expuesta y catalogada, en su mayor&iacute;a, por primera vez. Coincidiendo con la exposici&oacute;n Pedro David Hern&aacute;ndez Luis ha sacado a la luz un espl&eacute;ndido cat&aacute;logo donde se agrupan las vivencias de los que fuimos amigos y admiradores de la obra de C&aacute;ndido Camacho: desde <strong>Gonzalo Gonz&aacute;lez</strong> a <strong>Magda L&aacute;zaro</strong>, desde<strong> Juan Gopar</strong> a <strong>Mariano C&aacute;ceres</strong>, desde <strong>Fernando &Aacute;lamo</strong> a Manolo Blahnick, destacando los testimonios impresionantes de la madre del pintor, la admirable y singular Epifania G&oacute;mez Bre&ntilde;a, alma y gu&iacute;a del artista, y el de su sobrina <strong>Yolanda Mart&iacute;n</strong> Camacho, en quien C&aacute;ndido ten&iacute;a puestas todas sus esperanzas. He pasado unos d&iacute;as inolvidables en Tazacorte, Los Llanos de Aridane y Santa Cruz de Tenerife. La presencia de C&aacute;ndido Camacho era constante. De pronto hemos vuelto a las Canarias de los a&ntilde;os setenta con aquella ebullici&oacute;n art&iacute;stica y literaria, con noches que no se acababan nunca, con aquel hervidero de La Laguna y las largas siestas en la arena de la playa... </p>
<p>Miro ahora las<strong> fotos de C&aacute;ndido en ABC</strong>, las rese&ntilde;as de sus exposiciones en la Conca, de Tenerife; en la Balos, de Las Palmas; en la galer&iacute;a del Naviglio de Mil&aacute;n... En 1985, con motivo de su exposici&oacute;n en el C&iacute;rculo de Bellas Artes de Tenerife, escrib&iacute;amos en ABC: &ldquo;C&aacute;ndido Camacho, amante fiel de su tierra canaria, ha despreciado las ofertas que le han tendido desde fuera, para seguir creando en el seno mismo de sus ra&iacute;ces, entre los platanares de Tazacorte y cara al mar donde dicen los antiguos que a veces aparece la isla de San Borond&oacute;n, como una resurrecci&oacute;n de la Atl&aacute;ntida embrujada...&rdquo; Es verdad. Desconcertaba a los tontos &uacute;tiles y a los intelectuales de medio pelo y arrastraba tras de s&iacute; a los puros y a los limpios de coraz&oacute;n. </p>
<p><strong>No soportaba a los mediocres ni a los envidiosos ni a los maledicentes</strong>. El era claro como un torrente de La Palma, ardiente como el Tenegu&iacute;a, misterioso como San Borond&oacute;n y la Atl&aacute;ntida... Y gozaba de poderes. &Eacute;l mismo era un poder sobrenatural. Urbano Dom&iacute;nguez es testigo. Te adivinaba, con una humilde sonrisa, si te iban a dar un premio o si hab&iacute;as tenido un contratiempo. Por anunciar, anunci&oacute; su propia muerte. Y todo sin inmutarse, con esa serenidad de los justos, de los que est&aacute;n a bien con su conciencia. Adoraba a sus padres, a su hermana, a su sobrina Yolanda, en quien trazaba los futuros de sus sue&ntilde;os. Y no se ve&iacute;a fuera de Tazacorte: all&iacute; estaban los azules, los verdes, los rojos, la naturaleza... Lo dem&aacute;s era mundo que se pod&iacute;a visitar. Para vivir y para pintar era necesario aquel rinc&oacute;n callado de su isla, rodeado del mar y de las plataneras. Haciendo verdad el soneto: &ldquo;so&ntilde;ando con un lienzo espejeante/ lleno de labios, labios, labios mudos&rdquo;.</p>
<p>Por &eacute;l, <strong>Marlene </strong>viv&iacute;a sensualmente entre nosotros y las cucarachas se hicieron nuestras amigas. No sab&eacute;is lo que era acompa&ntilde;arle a un museo. &iexcl;Cu&aacute;nta sabidur&iacute;a, cu&aacute;nto conocimiento, qu&eacute; exacta su palabra! Se march&oacute; de mi casa -donde siempre viv&iacute;a cuando estaba en Madrid- para ver una exposici&oacute;n en Granada y nunca m&aacute;s volvi&oacute;. <strong>Un accidente de carretera acab&oacute; con su vida</strong>. Era un d&iacute;a de mayo. Todav&iacute;a hoy, casi veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, sigo esperando que regrese.</p>
<p align="center"><img hspace="5" alt="" vspace="5" align="left" src="/blogs/castelo/public/castelbuena.jpg" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><font size="1">De izquierda a derecha: Pedro David Hern&aacute;ndez Luis, comisario de la exposici&oacute;n; el alcalde de Santa Cruz de Tenerife, Jos&eacute; Manuel Berm&uacute;dez; Omayra Mart&iacute;n Camacho, Fany Camacho G&oacute;mez y Yolanda Mart&iacute;n Camacho, hermana y sobrinas del pintor C&aacute;ndido Camacho; el teniente de alcalde de Santa Cruz de Tenerife, Julio P&eacute;rez, y la alcaldesa de Tazacorte, Carmen Mar&iacute;a Acosta</font></p>
<p>&nbsp;</p>
<div>&nbsp;</div>
<div>&nbsp;</div>]]></content>
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		<title><![CDATA[Memoria viva de un dibujante genial]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/memoria-viva-de-un-dibujante-genial-8823.asp</id>
		<created>2011-05-11T11:56:16+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p><img alt="" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/lorenzo_goni.jpg" align="middle" vspace="5" /></p>
<p>Poco a poco estamos llegando -gajes de la vida-&nbsp; a casi todos los centenarios de personajes que fueron nuestros amigos, con los que convivimos y pasamos los ratos buenos y los malos y ahora, al evocarlos, se nos antojan seres maravillosos, porque lo fueron, siguen vivos en nuestra memoria&nbsp; y porque nos dejaron el extraordinario poder de su legado. Este es el caso de <strong>Lorenzo Go&ntilde;i</strong>, un dibujante genial, cuyo centenario se cumple ahora. El <a href="http://www.museoabc.es/"><strong>Museo ABC</strong></a> ha tenido el acierto de programar, junto a una exposici&oacute;n antol&oacute;gica de Kurosawa, una muestra de la obra de Go&ntilde;i, que est&aacute; resultando deslumbradora por desconocida para las nuevas generaciones. De ah&iacute; el &eacute;xito que est&aacute; obteniendo.</p>
<p>Nacido en Ja&eacute;n, conquense de adopci&oacute;n, est&aacute; considerado por la cr&iacute;tica m&aacute;s exigente como uno de los m&aacute;s grandes de los dibujantes espa&ntilde;oles del siglo XX. Y eso que su modestia, su retraimiento, su timidez no le arrancaban de donde era verdaderamente feliz:&nbsp; el ambiente de su casa, rodeado de su familia o inmerso en el mundo del dibujo en el que alanceaban pinceles, l&aacute;pices, pliegos de papel, plumas de todas las clases y <strong>su ingenio portentoso de hombre que todo lo analizaba con profundidad</strong> y que desde el silencio de su enclaustramiento nos ofreci&oacute; una s&iacute;ntesis de la vida profunda de los seres y de las cosas. </p>
<p>Hubo quien pensaba que era hura&ntilde;o; pero no. <strong>Su sordera &ndash;como a Goya, como a Beethoven-&nbsp; le hab&iacute;a aislado de alguna manera</strong>; pero &eacute;l ya lo quer&iacute;a as&iacute;. El prefer&iacute;a su casa y su gente y el navegar entre su obra&nbsp; antes que los artificios de los saraos o de la vida social. Su &lsquo;soledad del prisionero&rsquo; no era un alejamiento del mundo: era un retirarse intencionado para analizar y desentra&ntilde;ar mejor a ese mundo que le&nbsp; toc&oacute; vivir. Por eso era grande y era modesto. Y por eso la Espa&ntilde;a que nos dej&oacute; dibujada nos produce ese estremecimiento. Se le llam&oacute; el poeta de los tejados, las buhardillas y los gatos. S&iacute;, lo fue. Pero fue tambi&eacute;n el diseccionador de la vida humilde, de esa que se colaba a trav&eacute;s de sus ventanas abiertas a la noche con sus casas antropof&oacute;rmicas y sus personajes enigm&aacute;ticos de miradas imposibles. Donde no faltaba la gota sutil&iacute;sima del humor m&aacute;s tierno ni el punto &aacute;cido de la amargura. <br />&nbsp;<br />Lorenzo Go&ntilde;i creaba &aacute;rboles animados, aquelarres legendarios y lun&aacute;ticos, animales que se confund&iacute;an con sus rocas vivientes, tejadillos de derrumbe y melancol&iacute;a, barrancos insondables, muchachas pensativas. Era un poeta. Gonz&aacute;lez-Ruano lo defini&oacute; con agudeza: &ldquo;<strong>es universal por muy espa&ntilde;ol</strong>. No s&oacute;lo porque sean dibujos de un gran dibujante, sino porque son dibujos de un gran poeta&rdquo;. Y nos atrever&iacute;amos a agregar: &ldquo;de un gran poeta espa&ntilde;ol&rdquo;. Por eso no es de extra&ntilde;ar esta confesi&oacute;n de su hija In&eacute;s: &ldquo;tras largos a&ntilde;os de residencia en el extranjero, me doy cuenta de que la obra de mi padre es profundamente espa&ntilde;ola. Posee ese &ldquo;sentimiento tr&aacute;gico&rdquo; que no se halla en ning&uacute;n otro pa&iacute;s&rdquo;.</p>
<p><img alt="" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/goni3.jpg" align="middle" vspace="5" /></p>
<p>Lorenzo Go&ntilde;i era un hombre hondamente<strong> querido y admirado en ABC</strong> donde durante a&ntilde;os dej&oacute; una muestra impresionante de su buen hacer como pintor e ilustrador. Aquella portada del extraordinario de ABC del primero de a&ntilde;o de 1958 era ya de Lorenzo Go&ntilde;i, en un n&uacute;mero especial donde, entre otros artistas, colaboran Juan Esplandi&uacute;, Teodoro Delgado, &ldquo;Marian&rdquo;, A. Lorenzo, Pardo Galindo, Robledano, Serny, Grau Sala, Alfredo Ram&oacute;n, Guijarro, Arias, Redondela,&nbsp; y donde escriben desde Pem&aacute;n a V&iacute;ctor de la Serna, desde Wenceslao Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez a Manuel Halc&oacute;n o Jos&eacute; Mar&iacute;a de Coss&iacute;o. En ese n&uacute;mero, a t&iacute;tulo de ilustraci&oacute;n po&eacute;tica a los meses del a&ntilde;o, se publican poes&iacute;as modernas y cl&aacute;sicas en las que no faltan autores como Luis Rosales, Manuel Machado, Antonio Machado o Federico Garc&iacute;a Lorca. Estamos en enero de 1958. Ya ha dejado nuestro pintor el apellido de su madre &ndash;Su&aacute;rez del &Aacute;rbol- como firma. Es Lorenzo Go&ntilde;i y es la portada de un extraordinario de ABC. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1988,&nbsp; en la entrega del Premio &ldquo;Penagos&rdquo; a nuestro pintor, Antonio Mingote afirmaba: &ldquo;Si Go&ntilde;i dibujaba los pliegues de una t&uacute;nica, eran pliegues verdaderos... Si dibujaba una maleta, se adivinaba dentro el traje plegado, las camisas a rayas y hasta unos calcetines apretujados en un rinc&oacute;n. Si dibujaba un hombre rico, se adivinaba su poder; si es un pobre, se trasluc&iacute;a su miseria...&rdquo;</p>
<p>Le recuerdo en la Redacci&oacute;n de ABC, donde yo era Jefe de Colaboraciones y &eacute;l tra&iacute;a puntualmente sus dibujos. Camilo Jos&eacute; Cela, que siempre le llamaba &ldquo;el sordico&rdquo;, le admiraba profundamente.&nbsp; Veo en la memoria a Camilo en el despacho de Guillermo Luca de Tena, entonces director de ABC, trayendo y leyendo en voz alta&nbsp; sus colaboraciones para &ldquo;El juego de los tres madro&ntilde;os&rdquo;, serie que vio la luz en ABC y que luego Camilo llev&oacute; a libro. Go&ntilde;i hab&iacute;a hecho el dibujo general en la parte de arriba de la p&aacute;gina, con caricatura de Cela incluida. La parte de abajo, abrazando al texto, era siempre alusiva a &eacute;ste. Como sal&iacute;a tres veces en semana, Go&ntilde;i<strong> ven&iacute;a constantemente a traerme sus trabajos y a llevarse los escritos de Cela</strong>. Uno de esos &ldquo;madro&ntilde;os&rdquo;, como los llam&aacute;bamos, se lo dedic&oacute; Cela a &ldquo;Lorenzo Go&ntilde;i, el Sordico&rdquo;. Es aquel en el que dice &ldquo;mi amigo Lorenzo Go&ntilde;i, el Sordico, dibuja y graba y pinta con muy raro talento y muy firme pulso unos sue&ntilde;os que son parientes de los de Goya, quiz&aacute; con un punto menos de acritud y un adarme m&aacute;s de misericordia&rdquo;.&nbsp; De esa etapa conservo el precioso retrato que me hizo para mi libro de poemas &ldquo;La sierra desvelada&rdquo; que obtuvo el premio nacional Gredos en 1980.</p>
<p><img alt="" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/goni2.jpg" align="middle" vspace="5" /></p>
<p>Amigo de Ruano, de Cela, de Julio Camba (&ldquo;Go&ntilde;i es uno de los pocos artistas capaz de ilustrar un concepto&rdquo;), de Pedro de Lorenzo, de Pepe Hierro, de Federico Muelas, de Rafael de Penagos, de Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, se sab&iacute;a a don P&iacute;o Baroja de memoria y se sent&iacute;a orgulloso de la edici&oacute;n que ilustr&oacute; del Quijote. Hab&iacute;a ilustrado tantos libros de muchos de esos amigos...Y <strong>amaba extraordinariamente a Cuenca</strong> mientras en silencio coleccionaba soldaditos de plomo. Su &ldquo;ex libris&rdquo; era una caracola y este texto: &ldquo;Solo oigo mis rumores&rdquo;. </p>
<p>La muerte de su mujer, Conchita, en 1989, fue un duro golpe para Lorenzo Go&ntilde;i. <strong>&ldquo;Mi v&iacute;scera m&aacute;s&rdquo;</strong> la llamaba. Su &uacute;nica hija In&eacute;s se lo lleva a vivir con ella a Suiza. Muere all&iacute;, dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Era marzo de 1992 y ten&iacute;a 81 a&ntilde;os. </p>
<p>Su obra es hoy uno de los descubrimientos de los j&oacute;venes dise&ntilde;adores y dibujantes. Quienes visitan a diario el Museo ABC se llevan la confirmaci&oacute;n magistral de Kurosawa y la sorpresa y el estupor de haber hallado a uno de los m&aacute;s grandes dibujantes espa&ntilde;oles de todos los tiempos.&nbsp; Desde las salas donde Go&ntilde;i pasea esta parte de su obra se divisan las torres y c&uacute;pulas de las Comendadoras y los cielos velazque&ntilde;os llenos de tejas y chimeneas. Curiosamente, al cumplir su primer siglo,&nbsp; Lorenzo Go&ntilde;i ve desde los tejados madrile&ntilde;os que tanto am&oacute; c&oacute;mo su obra se afianza deslumbradora mientras &eacute;l hace un gui&ntilde;o a la luna porque <strong>&ldquo;hay tambi&eacute;n la cig&uuml;e&ntilde;a de la muerte&rdquo;,</strong> aunque &eacute;l no la quisiese.<br /></p>]]></content>
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		<issued>2011-05-11T11:56:16+01:00</issued>
		<modified>2011-05-11T11:56:16+01:00</modified>
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		<title><![CDATA[La auténtica memoria]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/la-autentica-memoria-8723.asp</id>
		<created>2011-04-26T13:09:41+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<img src="/blogs/castelo/public/madrid.jpg" alt="" /><br /><br /><span style="font-weight: bold;">Federico Ayala S&ouml;renssen</span> es un hombre sabio, discreto, casi t&iacute;mido; por eso oculta a uno de los documentalistas mejor preparados de Espa&ntilde;a. Sus conocimientos de la historia del siglo XX son deslumbrantes, pero &eacute;l sigue de puntillas, temeroso, en su grandeza, de molestar a alguien. Ahora, con esa discreci&oacute;n que le caracteriza, acaba de publicar en <span style="font-weight: bold;">Lunwerg</span> este libro sobre Madrid en cien fotograf&iacute;as. Son cien im&aacute;genes impresionantes para conocer la transformaci&oacute;n de la Villa y Corte en el &uacute;ltimo siglo y medio. Aqu&iacute; est&aacute; desde la llegada del agua a Madrid, calle de San Bernardo esquina a Divino Pastor, 1858, hasta una bell&iacute;sima composici&oacute;n de Concha Prada sobre la <span style="font-weight: bold;">Gran V&iacute;a</span>, v&iacute;speras de su centenario.   <br /><br />Y en medio, la vida alegre y triste, desconcertante y m&aacute;gica, de este rompeolas de todas las provincias espa&ntilde;olas que es Madrid: de simones y de verbenas, de eternas obras municipales y de golfillos achulados, de navidades y carnavales, de cambios pol&iacute;ticos y entra&ntilde;ables escenas del d&iacute;a a d&iacute;a de los madrile&ntilde;os de a pie.   <br /><br />Es un homenaje de fervor a <span style="font-weight: bold;">Madrid</span> y &mdash;por qu&eacute; no decirlo&mdash;a los fot&oacute;grafos que le tomaron amorosamente el pulso. Casi todas estas fotos vieron la luz en ABC. Por eso tambi&eacute;n nos ha emocionado tanto este libro: porque al lado de instant&aacute;neas de Clifford o Laurent, de Oorthuys o Franzen, est&aacute;n las im&aacute;genes de Zegr&iacute;, Duque, Virgilio Muro, Alfonso... Y m&aacute;s cercanamente los inolvidables Santos Yubero, Manolo Sanz Bermejo, Teodoro Naranjo, S&aacute;nchez Mart&iacute;nez, Luis Alonso, &Aacute;lvaro Garc&iacute;a Pelayo, Jaime Pato, Luis Ram&iacute;rez... Hombres que dejaron su sello y su vida en esta Casa de <span style="font-weight: bold;">ABC</span>, magn&iacute;ficos compa&ntilde;eros, y a quienes de alguna manera va el homenaje c&aacute;lido y emotivo de este libro de memorias.]]></content>
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		<issued>2011-04-26T13:09:41+01:00</issued>
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		<title><![CDATA[Los 150 años de Don Torcuato]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/los-150-anos-de-don-torcuato-8164.asp</id>
		<created>2011-03-04T12:28:43+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p align="justify"><img alt="Torcuato Luca de Tena, en una de las primeras rotativas de Prensa Española (1910) " hspace="6" src="/blogs/castelo/public/torcuato-luca-tena-rotativa.jpg" align="middle" vspace="6" /></p>
<p align="justify">El d&iacute;a 21 de febrero de 1861 naci&oacute; en Sevilla don <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1903/01/01/001.html"><strong>Torcuato Luca de Tena, fundador de ABC</strong></a> y de <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1891/05/10/001.html"><strong>&laquo;Blanco y Negro&raquo;</strong></a>. Ciento cincuenta a&ntilde;os nos separan de aquella fecha que se nos antoja lejan&iacute;sima: reinado de Isabel II, la revoluci&oacute;n de 1868 o &laquo;La gloriosa&raquo;, el ef&iacute;mero reinado de Don Amadeo, la primera Rep&uacute;blica, su derrumbe, la restauraci&oacute;n de la Monarqu&iacute;a alfonsina, la dictadura de Primo de Rivera. Todo este abanico de sucesos pol&iacute;ticos se suceden solo en la vida de don Torcuato, un hombre que a los ojos de hoy muere joven &mdash;68 a&ntilde;os&mdash; y que en su &eacute;poca &mdash;1929&mdash; ya se nos antoja por las fotograf&iacute;as un anciano venerable. Lo asombroso era el imperio period&iacute;stico que dejaba con una cabecera, ABC, imprescindible en el mundo informativo espa&ntilde;ol e hispanoamericano cuando a&uacute;n quedaban tantos sucesos &mdash;y tan graves&mdash; por aparecer en la vida nacional espa&ntilde;ola: la <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1931/04/15/001.html"><strong>II Rep&uacute;blica</strong></a>, con sus persecuciones al peri&oacute;dico, los secuestros del diario, la <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1931/04/15/001.html"><strong>Guerra Civil</strong></a> &mdash;cuando, por azares de la vida, fue <a href="http://www.abc.es/20100126/historia-/franco-conquista-barcelona-201001261612.html"><strong>el &uacute;nico peri&oacute;dico que sali&oacute; con la misma cabecera en las dos zonas en guerra</strong></a>&mdash;, los cuarenta a&ntilde;os del franquismo, la <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1975/11/21/001.html"><strong>Transici&oacute;n</strong></a> y, en fin, la <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1975/11/23/001.html"><strong>restauraci&oacute;n mon&aacute;rquica en la persona de Don Juan Carlos de Borb&oacute;n</strong></a> y su dilatado periodo de paz y democracia que llega a nuestros d&iacute;as. &nbsp;</p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify">Pero lo que impresiona y conmueve es contemplar hoy la labor de aquel joven empresario sevillano que sue&ntilde;a con una empresa period&iacute;stica y que esa empresa sigue viva, gozando de buena salud, en medio de una de las crisis econ&oacute;micas m&aacute;s fuertes que se han conocido en la historia y code&aacute;ndose con los m&aacute;s sofisticados y asombrosos m&eacute;todos de edici&oacute;n. En la &eacute;poca de Internet y de las distintas clases de &laquo;i-phone&raquo; o &laquo;ipad&raquo;, <a href="http://www.abc.es/gestordocumental/uploads/Otras/portada04032011.pdf"><strong>el diario ABC sigue su marcha con la misma impronta que le dio su fundador</strong></a>. </p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify"><strong><font size="3">&laquo;El gusanillo del Periodismo&raquo;&nbsp;</font></strong></p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify">Porque lo que parece claro es que don Torcuato tiene desde su m&aacute;s tierna infancia una doble dualidad que le marcar&aacute; su vida toda: un profundo sentido empresarial y lo que llamamos en la profesi&oacute;n &laquo;el gusanillo del Periodismo&raquo;. Por eso lo vemos a los catorce a&ntilde;os estudiando en el Instituto de San Isidro en Madrid, donde entabla amistad con <strong>Luis Romea</strong> y se embarcan a esa edad a fundar un periodiquito llamado <strong>&laquo;La Educaci&oacute;n&raquo;</strong>. Don Torcuato, con el gracejo andaluz que tuvo siempre, recordaba: &laquo;Pedimos el cambio a algunos peri&oacute;dicos de provincias. <strong>&ldquo;El Papamoscas&rdquo;</strong>, de Burgos, lo estableci&oacute; y hasta nos dedic&oacute; un suelto, en el que dec&iacute;a que el semanario deb&iacute;a llamarse &ldquo;La Lactancia&rdquo; en vez de &ldquo;La Educaci&oacute;n&rdquo;. No hay que contar la irritaci&oacute;n que el caso produjo entre los j&oacute;venes redactores&raquo;. Pero a &eacute;l le qued&oacute; el &laquo;gusanillo&raquo;...</p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify"><img alt="" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/retrato-luca-tena.jpg" align="left" vspace="5" />A&ntilde;os m&aacute;s tarde, <strong>en 1879, fija definitivamente su residencia en Madrid</strong> para representar los negocios familiares de Sevilla. Se mueve con soltura: conoce a pol&iacute;ticos y escritores, viaja por toda Europa. <strong>Tiene la amistad de Sagasta, Canalejas y otros dirigentes del Partido Liberal</strong>. Lo tientan con la pol&iacute;tica, pero... 1890 ser&aacute; un a&ntilde;o decisivo en su vida. El 2 de julio se casa con <strong>do&ntilde;a Esperanza Garc&iacute;a de Torres</strong> y un par de meses m&aacute;s tarde viaja con Luis Romea a M&uacute;nich para estudiar la organizaci&oacute;n art&iacute;stica e industrial de la revista &laquo;Fliegende Bl&auml;tter&raquo;. De regreso a Madrid es cuando se produce la escena tantas veces narrada del C&iacute;rculo de Bellas Artes. Lo cuenta as&iacute; el propio don Torcuato: &laquo;Conversando con varios pintores j&oacute;venes me lament&eacute; de que no se hiciera en Espa&ntilde;a algo an&aacute;logo... Me replicaron que aqu&iacute; sobraban artistas para publicar un peri&oacute;dico ilustrado, pero hac&iacute;an falta editores. Pues yo ser&eacute; ese editor, contest&eacute;. Y aquel mismo d&iacute;a <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro.html"><strong>qued&oacute; decidida la publicaci&oacute;n de &ldquo;Blanco y Negro&rdquo;</strong></a>&raquo;. </p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify">El sue&ntilde;o anhelado desde los catorce a&ntilde;os se hac&iacute;a realidad. Ahora comenzaba una de las aventuras empresariales m&aacute;s arriesgadas. Con &laquo;ByN&raquo; ensalz&oacute; la cr&oacute;nica breve, el cuento, el poema, con magn&iacute;ficas ilustraciones. Era un producto pensado para entretener y divertir honestamente. Un feliz equilibrio entre im&aacute;genes y palabras. Hab&iacute;a que <strong>abrir a los lectores los salones palaciegos, los acontecimientos sociales, los estrenos teatrales, los &uacute;ltimos deportes</strong>. Nada de cr&oacute;nicas aburridas, textos cortos; im&aacute;genes con &laquo;glamour&raquo;, los vestidos de la Reina, los sombreros de las actrices de moda, los toreros de cartel, los concursos h&iacute;picos. Ese era el nuevo periodismo. &laquo;Ha sido un hijo agradecido&raquo;, dir&aacute; don Torcuato cuando al comenzar el siglo XX la revista alcance los ochenta mil ejemplares de tirada. Tan hijo agradecido que de un capital de cuatro mil pesetas y una imprenta alquilada se pas&oacute; a construir el palacete de la calle de Serrano con nuevas y magn&iacute;ficas maquinarias tra&iacute;das de Alemania y aquellas naves, &laquo;como un trasatl&aacute;ntico&raquo;, dispuestas al gran sue&ntilde;o: sacar ABC. </p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify"><strong><font size="3">&laquo;Seguimos y permaneceremos donde est&aacute;bamos&raquo;</font></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="justify"><strong></strong></p>
<p align="justify"><strong>Jos&eacute; Cuartero</strong>, un magn&iacute;fico periodista an&oacute;nimo de ABC, al que entreg&oacute; toda su vida, autor del <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1931/04/15/003.html"><strong>c&eacute;lebre editorial del 15 de abril de 1931, el del &laquo;seguimos y permaneceremos donde est&aacute;bamos&raquo;</strong></a>, dijo que la salida de ABC se perfil&oacute; como una gran operaci&oacute;n militar. Hasta se hacen &mdash;impensable en 1903&mdash; n&uacute;meros de ensayo. Semanal primero, bisemanal despu&eacute;s, todo ten&iacute;a que salir a la perfecci&oacute;n. Es curioso: don Torcuato, que no era escritor, pero s&iacute; periodista, dej&oacute; trazada desde el primer momento una especie de l&iacute;nea editorial de lo que quer&iacute;a que fuera ideol&oacute;gicamente ABC. </p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify"><img alt="Alfonso XIII y Torcuato Luca de Tena, sobre las rotativas de ABC, en 1910" hspace="5" src="http://administraciones.abc.es/blogs/castelo/public/alfonso-xiii-luca-tena.jpg" align="right" vspace="5" />Asombra ver que, ciento ocho a&ntilde;os despu&eacute;s, esas l&iacute;neas maestras del pensamiento liberal-conservador sigan vigentes: la defensa de la Corona, la unidad de Espa&ntilde;a, el respeto a la Iglesia cat&oacute;lica y al Ej&eacute;rcito, la econom&iacute;a libre de mercado, la b&uacute;squeda de la excelencia all&iacute; donde estuviere, la pasi&oacute;n por la informaci&oacute;n gr&aacute;fica, la necesidad de prescindir de simpat&iacute;as personales a la hora de enjuiciar un problema pol&iacute;tico. Y quer&iacute;a los mejores colaboradores, fueran de la ideolog&iacute;a que fueran, se llamaran <strong>Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Azor&iacute;n, Maeztu, Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez o Manuel Machado</strong>... Sin contar con el acierto del formato y de la grapa, que todo hay que decirlo. Como escribi&oacute; <strong>Wenceslao Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez</strong>, &laquo;en Espa&ntilde;a, en todo lo que alcanza la visi&oacute;n del pasado y del presente, no ha habido ni hay un creador de peri&oacute;dico a su altura&raquo;. </p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify">Don Torcuato, aquel sevillano de genio vivo y marcado acento andaluz, lo supervisaba todo, meditaba sus iniciativas, viajaba constantemente a Europa &mdash;sobre todo a Alemania&mdash; para traer las &uacute;ltimas tecnolog&iacute;as, moderniz&oacute; el periodismo espa&ntilde;ol como nunca antes se hab&iacute;a hecho. Por no faltarle reda&ntilde;os, hasta se present&oacute; en las Ramblas de Barcelona a vocear el peri&oacute;dico cuando el separatismo rampante <strong>ba&ntilde;&oacute; de sangre la Semana Tr&aacute;gica de 1909</strong>. Y con el mismo temple rechaz&oacute; por dos veces las carteras ministeriales que se le ofrecieron. &laquo;Firme como el acero y claro como el diamante&raquo;, lo defini&oacute; <strong>Azor&iacute;n</strong>. </p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify"><img alt="" hspace="5" src="http://administraciones.abc.es/blogs/castelo/public/luca-tena-portada-muerte.jpg" align="left" vspace="5" />Fue un empresario con un profundo sentido social, anticip&aacute;ndose siempre a las conquistas y mejoras que los trabajadores de su tiempo comenzaban a obtener gracias a las presiones de los sindicatos. <strong>Prensa Espa&ntilde;ola</strong> fue la primera industria del pa&iacute;s en adoptar la jornada de ocho horas y en respetar el descanso semanal de sus trabajadores; estableci&oacute; las concesiones de cr&eacute;ditos sin inter&eacute;s a sus empleados; las vacaciones pagadas; la jubilaci&oacute;n a los sesenta y cinco a&ntilde;os; una caja de ahorros con inter&eacute;s del 10 por ciento; los gastos de m&eacute;dico y farmacia &ndash;m&aacute;s el sueldo &iacute;ntegro- en caso de enfermedad; el seguro de vida a partir de los cinco a&ntilde;os de servicio y la participaci&oacute;n en los beneficios de la empresa, una medida que en 1909 se consider&oacute; sencillamente revolucionaria. Don Torcuato sigui&oacute; un lema que su padre y su t&iacute;o pusieron al frente de sus industrias sevillanas: &ldquo;De la prosperidad de esta Casa dependen el bienestar y el porvenir de cuantos trabajan en ella&rdquo;. En su testamento figuraban tambi&eacute;n sus empleados: una paga del diez por ciento de su sueldo anual. De todos aquellos anhelos y realidades a&uacute;n queda gozosamente viva la instituci&oacute;n que cre&oacute; poco antes de morir: la <strong><a href="http://www.fundacionlucadetena.org/">Fundaci&oacute;n Luca de Tena - Casa de Nazareth</a></strong>. Puesta en marcha por su mujer, Esperanza Garc&iacute;a de Torres comenz&oacute; siendo un internado para hu&eacute;rfanos de periodistas y hoy sigue ayudando a familias de la profesi&oacute;n period&iacute;stica en momentos delicados. </p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify">Sintiendo cercana la muerte redact&oacute; su propia esquela, resumiendo sus t&iacute;tulos en esta sola palabra: Periodista. En el margen de la cuartilla donde la dibuj&oacute;, subray&oacute;: &laquo;No poner excelencias, cruces, senador vitalicio, etc&eacute;tera&raquo;. </p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify"><a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1929/04/16/001.html"><strong>Muri&oacute; en Madrid el 15 de abril de 1929</strong></a>. <strong>Rafael S&aacute;nchez Mazas</strong> cont&oacute; as&iacute; sus minutos finales: &laquo;Al cerrar los ojos cristianos, t&uacute; fuiste, Sevilla, su &uacute;ltimo dulce sue&ntilde;o terrenal. &iquest;Sabes c&oacute;mo hasta la &uacute;ltima hora so&ntilde;aba tu Giralda y tus jardines?&raquo;. Pero esto apenas se conoce. </p>
<p align="justify">&nbsp;<img alt="Torcuato Luca de Tena, en su despacho de la calle Serrano, antigua sede de ABC (1891)" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/torcuato-luca-tena-despacho.jpg" align="absMiddle" vspace="5" /></p>]]></content>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/los-150-anos-de-don-torcuato-8164.asp"/>
		<issued>2011-03-04T12:28:43+01:00</issued>
		<modified>2011-03-04T12:28:43+01:00</modified>
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	<entry>
		<title><![CDATA[El Museo ABC, cita ineludible en Madrid]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/el-museo-abc-cita-ineludible-en-madrid-7833.asp</id>
		<created>2011-01-31T16:04:57+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p><img alt="Portada del primer número de la revista " hspace="5" src="/blogs/castelo/public/blanco-negro.jpg.JPG" align="left" vspace="5" y="" blanco="" />La frase est&aacute; en la calle: &laquo;Quedamos en el <a href="http://www.museoabc.es/"><strong>Museo ABC</strong></a>, al lado de las Comendadoras&raquo;. Es el Museo de moda, el que est&aacute; despertando tantas sorpresas, el que concita la atenci&oacute;n del abuelo que quiere evocar las ilustraciones que le recordaban al <strong><a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro.html">&laquo;Blanco y Negro&raquo;</a></strong> de casa de sus padres y de los j&oacute;venes artistas que necesitan beber de tanta vanguardia y tanta modernidad. Me divierte escribirlo porque me lo han dicho varias personas: El <strong>Museo ABC</strong> es ahora mismo el m&aacute;s vanguardista de Madrid. &nbsp; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si hay algo que conmueve y estremece, por la impresionante variedad, por las tendencias tan distantes, por el rompimiento y a la vez por la tradici&oacute;n de las&nbsp;modas y vanguardias &nbsp;pict&oacute;ricas en Espa&ntilde;a, &nbsp;es la contemplaci&oacute;n serena de la obra gr&aacute;fica de ABC y Blanco y Negro. Toda la memoria colectiva del siglo XX, m&aacute;s una buena parte de los finales del&nbsp;XIX, est&aacute; recogida en ABC&nbsp; de manera amorosa y deslumbrante. Claro que hay que conocer c&oacute;mo se gesta toda esta aventura de Blanco y Negro y ABC para darse cuenta de por qu&eacute; fue posible conseguir tan preciado tesoro. Y, como en tantas cosas y situaciones, hay que acudir inevitablemente al alma del fundador <strong>don Torcuato Luca de Tena y Alvarez-Ossorio</strong>. Lo&nbsp;narra &eacute;l mismo en un art&iacute;culo publicado en el n&uacute;mero 2000 de Blanco y Negro.&nbsp;Cuenta&nbsp;as&iacute; la creaci&oacute;n de esta revista: </p>
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<p>&laquo;Naci&oacute; Blanco y Negro de un viaje a Alemania. Estuve en Munich y all&iacute; pude admirar y estudiar la organizaci&oacute;n art&iacute;stica e industrial de la famosa revista &quot;<strong>Fliegende Bl&auml;tter</strong>&quot;. De regreso a Madrid y conversando con varios pintores j&oacute;venes en el C&iacute;rculo de Bellas Artes, me lament&eacute; de que no se hiciera en Espa&ntilde;a algo an&aacute;logo, pues s&oacute;lo exist&iacute;a entonces y estampado en litograf&iacute;a el &quot;<a href="http://www.ciberniz.com/madridcomico.htm"><strong>Madrid C&oacute;mico</strong></a>&quot;. Me replicaron que aqu&iacute; sobraban artistas para publicar un peri&oacute;dico ilustrado, pero hac&iacute;a falta editores. Pues yo ser&eacute; ese editor, contest&eacute;. Y aquel mismo d&iacute;a qued&oacute; decidida la publicaci&oacute;n de Blanco y Negro&raquo;. &nbsp; </p>
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<p><font size="2"><strong>De Juan Gris a Joaqu&iacute;n Sorolla </strong></font></p>
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<p>Como nos contaba a&ntilde;os despu&eacute;s su nieto, el inolvidable don Guillermo Luca de Tena, desde entonces, fiel a su palabra empe&ntilde;ada, don Torcuato Luca de Tena hizo de su revista el marco ideal que cobij&oacute; a una pl&eacute;yade de artistas cuyas obras enriquecer&iacute;an cualquier museo. Porque fueron pintores y escultores de primera l&iacute;nea los que llenaron con sus obras esas p&aacute;ginas art&iacute;sticas de Blanco y Negro: <strong>Juan Gris, Ram&oacute;n Casas, Mariano Benlliure, Moreno Carbonero, Bernardino de Pantorba, Joaqu&iacute;n Sorolla, Aniceto Marinas, Dar&iacute;o de Regoyos, Agust&iacute;n Querol, Daniel V&aacute;zquez D&iacute;az, Valent&iacute;n de Zubiaurre, Manuel Benedito, Fernando Alvarez de Sotomayor, Cecilio Pla, Angel D&iacute;az Huertas, Francisco Sancha, Mart&iacute;nez Abades</strong>... Don Guillermo, con esa agudeza de empresario, nos contaba a principios de los a&ntilde;os 90 del siglo pasado que ese cuadro de colaboradores art&iacute;sticos, tan impresionante, no se deb&iacute;a al azar ni a la fina sensibilidad de un editor para seleccionar a los mejores. La raz&oacute;n, seg&uacute;n don Guillermo, estaba en los extraordinarios adelantos t&eacute;cnicos que permitieron ofrecer la m&aacute;s perfecta reproducci&oacute;n de tantas obras de arte. De ah&iacute; el inter&eacute;s, el&nbsp;&laquo;pique&raquo; por salir en sus p&aacute;ginas. De ah&iacute;, tambi&eacute;n, que semana a semana se agolparan sobre la mesa del director decenas y decenas de portadas de Blanco y Negro, cada cual m&aacute;s atractiva y singular, m&aacute;s novedosa y llamativa. Por eso se halla en esta colecci&oacute;n -a color o en blanco y negro- toda la moda tan cambiante y revolucionaria de la &eacute;poca, los usos y costumbres de la sociedad espa&ntilde;ola, las nuevas tendencias. <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1891/07/05/001.html"><strong>Tengan en cuenta que cuando se publica Blanco y Negro estamos en 1891</strong></a>, la mujer usaba polis&oacute;n y se tocaba con sombreros sofisticados, las noches del Real son deslumbrantes de joyas y pieles, existen los coches de caballos...&nbsp; Junto a la burgues&iacute;a adinerada &ndash;a la que pintan o sutilmente critican- los pintores buscan tambi&eacute;n&nbsp;cuadros de costumbres, con muchachas envueltas en mantoncillos de cresp&oacute;n, lavanderas a orillas del Manzanares, gomosos y guindillas, chulapos de pantal&oacute;n ce&ntilde;ido a cuadros, ventorrillos de los alrededores -ay, las ventas del Esp&iacute;ritu Santo, con su vino barato y sus gallinejas-, en los terrenos donde hoy se asienta la plaza de toros y una parte de la M-30...&nbsp; &nbsp; </p>
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<p><img alt="La obra de Ramón Casas " hspace="5" src="/blogs/castelo/public/ramon-casas.jpg.JPG" align="right" vspace="5" y="" dama="" />Todo esto va a ir cambiando.&nbsp; Siguiendo la colecci&oacute;n pict&oacute;rica y gr&aacute;fica de ABC, asistiremos a las ca&iacute;das de los Imperios centrales, a las escenas a plumilla de la primera guerra mundial;&nbsp;el lector contemplar&aacute; at&oacute;nito el desmoronamiento de todo un mundo que parec&iacute;a magn&iacute;ficamente establecido; pero que no: Europa se desangra y empieza a llegarnos una nueva cultura donde los negros han dejado de ser la servidumbre de las&nbsp;casas elegantes para convertirse en cantores de jazz; aparecen y triunfan deportes desconocidos como el &laquo;foot-ball&raquo; y el &laquo;tennis&raquo; y de los bailes de sal&oacute;n a ritmo de vals se pasa al alocado charlest&oacute;n, al prohibido tango y al corte de pelo a lo &laquo;gar&ccedil;on&raquo;. Y, en f&iacute;n, surge, arrasador, el cinemat&oacute;grafo. La revoluci&oacute;n a todos los niveles es absoluta. Nadie sabe realmente qu&eacute; est&aacute; pasando, hay una cierta ridiculizaci&oacute;n de las democracias tradicionales y los &laquo;ismos&raquo; &ndash;literarios y art&iacute;sticos- abundan por doquier. No, nadie sabe qu&eacute; est&aacute; pasando pero en la vieja Rusia la familia imperial ha sido brutalmente asesinada por los comunistas y en Alemania, desde las urnas, surge un nacionalsocialismo que encarnar&aacute; <strong>Hitler</strong>. El viejo mundo est&aacute; desapareciendo con un punto de embriaguez y de atracci&oacute;n por el vac&iacute;o, y, sin darnos cuenta, estamos asistiendo desde las p&aacute;ginas de Blanco y&nbsp;Negro y ABC&nbsp;a ese desmoronamiento, pero de otra manera. A las antiguas ilustraciones de <strong>Ram&oacute;n Casas</strong> o del valenciano <strong>Cecilio Pla</strong>, con sus mujeres exquisitas y barrocas, muy fin de siglo, vendr&aacute;n las damas estilizadas de <strong>Penagos</strong> o de <strong>Rom&aacute;n Bascones</strong>; <strong>Lozano Sidro</strong> hace aut&eacute;nticos cuadros de las capillas p&uacute;blicas de Palacio mientras ridiculiza a los nuevos ricos, <strong>D&iacute;az Huertas</strong> nos trae escenas de la vida cotidiana y grata y <strong>Francisco Sancha</strong>, con sus trazos gruesos y su pincelada de claroscuro donde la ternura se une al patetismo, nos ilustra con la vida menestral madrile&ntilde;a, hecha de tiendas de ultramarinos, tabernas con noct&iacute;vagos adormecidos, vallas de tablones para personajes barojianos, mientras otro pintor, <strong>Eulogio Varela</strong>, crea unos deliciosos motivos decorativos para&nbsp;orlar art&iacute;culos o poemas de escritores que se llamaban <strong>Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez</strong>, <strong>Manuel</strong> y <strong>Antonio Machado, Francisco Villaespesa&nbsp;</strong>o <strong>Eduardo Marquina</strong>. &nbsp; </p>
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<p><font size="2"><strong>200.000&nbsp;obras y m&aacute;s de 2.000 artistas </strong></font></p>
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<p>Son cerca de 200.000&nbsp;originales de m&aacute;s de dos mil artistas.&nbsp;Algunos, como hemos insinuado, comenzaron aqu&iacute;, enviando sus colaboraciones libremente mientras empleaban las t&eacute;cnicas m&aacute;s expresivas del momento. De ah&iacute; la variedad tambi&eacute;n en las t&eacute;cnicas: acuarela, gouache, acr&iacute;lico, pastel, grafito, carb&oacute;n, tinta, pastel, &oacute;leo. Hay algo que conviene resaltar tambi&eacute;n y es la continuidad del car&aacute;cter de la revista. Aunque la publicaci&oacute;n se fue amoldando a las distintas transformaciones de las &eacute;pocas, esto hizo que las tendencias o gustos art&iacute;sticos fueran tambi&eacute;n acogi&eacute;ndose a los nuevos tiempos sin que nada tuviera que chirriar.&nbsp;Y as&iacute; vemos desde las m&aacute;s bellas alegor&iacute;as del art d&eacute;co a las vanguardias&nbsp;m&aacute;s absolutas. Por eso si se contempla la lista de colaboradores nuestro asombro quedar&aacute; marcado sencillamente porque est&aacute;n todos y est&aacute;n todos con sus maneras de ser y de pintar: desde <strong>Emilio Sala</strong> a <strong>Almada Negreiros</strong>, desde <strong>Alvaro Delgado</strong> a <strong>Manuel Rivera</strong>. &nbsp; </p>
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<p><img alt="Portada de " hspace="5" src="/blogs/castelo/public/almada-negreiros.jpg" align="left" vspace="5" y="" blanco="" de="" agosto="" en="" negreiros="" amada="" por="" realizada="" />Para muchos estudiosos de las vanguardias del siglo XX esta impresionante colecci&oacute;n de ABC podr&iacute;a establecerse en cuatro apartados: los ilustradores, los humoristas, los caricaturistas y los retratistas. Ellos, sin duda, ocuparon un lugar destacado en el mundo del arte de su tiempo. Algunos se han eternizado por encima de sus &eacute;pocas; otros, han ca&iacute;do en el olvido; pero entre todos hicieron posible no s&oacute;lo un mundo art&iacute;stico mejor sino tambi&eacute;n una de las mejores colecciones privadas que existen de esa &eacute;poca. Hay adem&aacute;s otro detalle sumamente curioso: desde un primer instante, la Casa de ABC cre&oacute; concursos y premios a los que optaban -y siguen optando- los j&oacute;venes de cada momento que han continuado aportando su caudal de inteligencia y sensibilidad. </p>
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<p>Quiz&aacute;s hoy d&iacute;a lo que m&aacute;s llame la atenci&oacute;n de los nuevos admiradores del arte sean los ilustradores. <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1891/07/05/001.html">Desde la primera portada de Blanco y Negro, obra de D&iacute;az Huertas</a>, al &uacute;ltimo dibujo de <strong>Mingote</strong> publicado&nbsp;recientemente en la portada de ABC hay un sin fin de nombres que, seg&uacute;n quien los evoque, as&iacute; les gustar&aacute; hasta llamarlos por su nombre. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hemos o&iacute;do a alg&uacute;n lector de ABC recordar las escenas buc&oacute;licas de&nbsp;Regidor, con sus pastores dulcemente enamorados, la paz de los campos, las humeantes chimeneas en los oto&ntilde;os castellanos!&nbsp; Otros, como dec&iacute;a, prefer&iacute;an los nobles salones con damas enjoyadas y alabarderos de buen porte de <strong>M&eacute;ndez Bringa</strong> o <strong>Lozano Sidro</strong>. O&nbsp; las escenas campesinas de Medina Vera o el popular&iacute;simo Sancha. Volviendo a Francisco Sancha, que era malague&ntilde;o, recuerdo que, en una ocasi&oacute;n, las ilustraciones madrile&ntilde;istas -bell&iacute;simas como suyas- de este singular ilustrador sirvieron de carteles de&nbsp;cr&eacute;dito a una de las pel&iacute;culas cupleteras de <strong>Sara Montiel</strong> y c&oacute;mo la noche del estreno, con la sola visi&oacute;n de aquellas estampas del Madrid un punto entre arrabalero y quevedesco, se despert&oacute; un cerrado aplauso entre los estrenistas de turno. Como&nbsp; escribi&oacute; <strong>Francisco Nieva</strong> &laquo;nadie hay de comparable a Sancha&nbsp;entre los dibujantes espa&ntilde;oles de su tiempo&raquo;. Otro personaje injustamente olvidado&nbsp;es <strong>Mart&iacute;nez Abades</strong>. Era famoso por sus &laquo;marinas&raquo;, delicad&iacute;simas, y por sus puertos de mar llenos de tonalidades rosas y atardeceres nost&aacute;lgicos. Escrib&iacute;a tambi&eacute;n letras de cupl&eacute; y ten&iacute;a tal fijaci&oacute;n por el agua que si en pintura eran famosas sus marinas, su cupl&eacute; m&aacute;s&nbsp;solicitado era &laquo;Agua que no has de beber&raquo;, con el consiguiente cachonde&iacute;to que eso originaba en las tertulias del Caf&eacute; Suizo o del Fornos. &nbsp; </p>
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<p><strong><font size="2">Los a&ntilde;os 20 </font></strong></p>
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<p>Y, como dec&iacute;amos, en los a&ntilde;os veinte la colecci&oacute;n se enriqueci&oacute; con <strong>Penagos</strong> &ndash;que cre&oacute; &laquo;su&raquo; tipo de mujer-, <strong>Ribas</strong>, tan vinculado a la Perfumer&iacute;a Gal, Bartolozzi, Baldrich, que traen a escena a la &laquo;Eva&raquo; nueva, la que viene determinada por el cine, la que ha olvidado los pechos orondos gracias a las pilules orientales, las fajas de ballena, los peinados desparramados e interminables y se ha apuntado al pelo corto, el talle bajo, el sombrerito &laquo;cloche&raquo; y, en fin, a la modernidad y a la libertad m&aacute;s absoluta. Celia G&aacute;mez estrena chotis a la falda muy cortita, muy cortita, ajustadita, luciendo el talle o a la Manuela que por el cine ten&iacute;a desatendido el taller de planchar. Nombres de ilustradores como <strong>Juanito Esplandi&uacute;, Estalella, Benjam&iacute;n Palencia, Masberger, Santonja, Barradas, Teodoro Delgado, Carlos S&aacute;ez de Tejada, Angeles Torner</strong>, al lado de los humoristas de cada &eacute;poca, como <strong>Sileno, Xaudar&oacute;</strong> &ndash;con su popular perrito, que los ni&ntilde;os &laquo;chic&raquo; llevaban en un &laquo;pin&raquo; de plata &ndash;y nos creemos que hemos descubierto algo- hasta llegar al maestro Antonio Mingote &ndash;gloria de ABC, m&aacute;s de medio siglo en sus p&aacute;ginas, adoraci&oacute;n de propios y extra&ntilde;os, personaje querido y admirado donde los haya-, sin olvidar a <strong>Lorenzo Go&ntilde;i, Martinmorales, M&aacute;ximo, Puebla, Berridi</strong>, ni al llorado <strong>Mena</strong> con su inolvidable &laquo;C&aacute;ndido&raquo;. </p>
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<p align="left"><img alt="Portada de Mingote del 25 de agosto de 1984" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/mingote.jpg" align="right" vspace="5" />&iquest;Y los caricaturistas? &iquest;Y los retratistas? Siempre quedar&aacute; alguno olvidado y esa pena nos baquetear&aacute;. Pero en esta Casa hicieron santo y se&ntilde;a <strong>Fresno, Romero Escarcena, Tovar, Mart&iacute;nez de Le&oacute;n, Ricardo Mart&iacute;n, el entra&ntilde;able y querid&iacute;simo Antonio Casero, Ugalde, Men&eacute;ndez-Chac&oacute;n, Puente, Sirio, C&oacute;rdoba, Palacios, Almarza, P&eacute;rez D&rsquo;El&iacute;as</strong> o el prematuramente fallecido <strong>Fernando Rubio</strong>. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los retratistas o dibujantes ten&iacute;an y tienen un respeto absoluto a lo ya hecho, porque se encuentran que entre los retratistas de la Casa figura <strong>Daniel V&aacute;zquez-D&iacute;az</strong> o <strong>Sol&iacute;s Avila, Angel de la Fuente, Acquaroni, Ca&ntilde;izares, Olabarr&iacute;a, Pinto, Mampaso</strong>... &nbsp; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No. No. La lista no se acaba. Como no se acaba la historia. ABC es un peri&oacute;dico abierto a las nuevas tendencias, completamente joven. Cuando este escrito vea la luz ya habr&aacute; m&aacute;s ilustradores y m&aacute;s dibujantes y m&aacute;s pintores... </p>
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<p><strong><font size="2">Anecdotario</font></strong> </p>
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<p>Pero hoy estoy ca&ntilde;ero y batallador y orgulloso y tengo ganas de contar esas cosas que casi no se saben. Por ejemplo, &iquest;saben los j&oacute;venes lectores que <strong>Ram&oacute;n G&oacute;mez </strong>de la Serna ilustraba &eacute;l mismo sus propios art&iacute;culos y greguer&iacute;as y que en la colecci&oacute;n de ABC hay decenas y decenas de originales magn&iacute;ficos? &iquest;Qu&eacute; <strong>Maruja Mallo</strong>, la gran musa del 27 y una de las m&aacute;s grandes pintoras del surrealismo espa&ntilde;ol tiene una tinta publicada en ABC el 9 de noviembre de 1930? No s&eacute; c&oacute;mo le daba tiempo de pintar porque en aquella &eacute;poca andaba como una desorejada tras todo var&oacute;n que se mov&iacute;a. <strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong> la llamaba &laquo;pimiento picante&raquo; y logr&oacute; quitarle un novio. Para que luego digan que no ha existido el donjuanismo femenino... &iquest;Saben que la pintora <strong>Angeles Torner</strong> , bajo las siglas ATC, marc&oacute; la moda en &laquo;Blanco y Negro&raquo; y sus modelos revolucionaron la est&eacute;tica femenina en la primera mitad del siglo XX? </p>
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<p><img alt="Portada de &quot;Blanco y Negro&quot; de Ramón Gaya del 6 de marzo de 1932" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/ramon-gaya.jpg" align="left" vspace="5" />&iquest;Que <strong>Juan Gris</strong> era disc&iacute;pulo de <strong>Cecilio Pla</strong>, uno de los m&aacute;s grandes ilustradores de Blanco y Negro, y que fue &eacute;ste quien lo recomend&oacute; a don Torcuato para que publicase ilustrando un poema de <strong>Santos Chocano</strong> y una narraci&oacute;n de <strong>Francisco Flores Garc&iacute;a</strong>? </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Sab&iacute;an, por ejemplo, que <strong>Rafael Alberti</strong> no s&oacute;lo public&oacute; antes de la guerra un poema taurino , sino que tras su exilio volvi&oacute; a colaborar en ABC, donde obtuvo el premio Mariano de Cavia? Uno de sus dibujos apareci&oacute; en ABC Cultural el 3 de enero de 1992. Y su amigo <strong>Dal&iacute;</strong> que tambi&eacute;n har&iacute;a una ilustraci&oacute;n- dedicatoria en octubre de 1963... Tantos. Todos. &nbsp; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y se quedan nombres important&iacute;simos, como el canario <strong>Jos&eacute; Aguiar</strong> o <strong>Cray&oacute;n </strong>o <strong>Pedro Mayrata</strong> o <strong>Marceliano Santa Mar&iacute;a</strong> o <strong>Maximino Pe&ntilde;a</strong> o <strong>Mariano Bertuchi</strong> con sus deliciosos y ex&oacute;ticos paisajes de Marruecos. Y los que ilustraron para las publicaciones incautadas por el Gobierno republicano como <strong>Arcones</strong> o <strong>Camarero</strong> y los m&aacute;s cercanos <strong>Serny, &laquo;Chumy Ch&uacute;mez&raquo;, Manolo Summers, Teodoro Delgado</strong> o <strong>Lorenzo Go&ntilde;i</strong> &ndash;magn&iacute;fico ilustrador de series del premio Nobel <strong>Camilo Jos&eacute; Cela</strong>- o <strong>Juli&aacute;n Grau Santos</strong> o el exquisito <strong>Tauler</strong>. Y, hoy como ayer, presidi&eacute;ndolo todo, como un don de la naturaleza, el maestro <strong>Antonio Mingote</strong>, que lo ha visto todo, lo ha pintado todo y sigue con su generosidad y su humor viendo avanzar el nuevo siglo &ndash;con todos sus recuerdos al hombro- trabajando alborozadamente con la ilusi&oacute;n de un principiante. Gajes de las Casas con tantas historias vividas con ardorosa pasi&oacute;n. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo dicho: que nos vemos en el Museo ABC, al lado de las Comendadoras... </p>]]></content>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/el-museo-abc-cita-ineludible-en-madrid-7833.asp"/>
		<issued>2011-01-31T16:04:57+01:00</issued>
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		<title><![CDATA[Recordando a Rafael de León]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/recordando-a-rafael-de-leon-6432.asp</id>
		<created>2010-11-08T13:02:41+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<div>Al hilo del asombroso descubrimiento por <strong>Agust&iacute;n Tena</strong> de la primera pel&iacute;cula sonora que ha resultado ser de <a href="http://www.rtve.es/noticias/20101103/2-rescata-primera-pelicula-sonora-castellano-concha-piquer-este-jueves-imprescindibles/367225.shtml"><strong>Conchita Piquer</strong></a> cantando y bailando en Estados Unidos con apenas diecis&eacute;is a&ntilde;os, han vuelto los comentarios sobre los autores de aquellas canciones que la hicieron reina indiscutible de la copla. Y sobre todo en torno a la figura de un poeta extraordinario al que todav&iacute;a muchos intelectuales a la violeta siguen negando el pan y la sal. Me refiero a Rafael de Le&oacute;n. </div>
<div>&nbsp;</div>
<div><img alt="" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/cocha_piquer.jpg" align="middle" vspace="5" /><br />Foto: Concha Piquer, entre Rafael de Le&oacute;n y Manuel L&oacute;pez Quiroga, y Antonio Quintero (ABC) <br /><br /><br />Un poeta extra&ntilde;o y singular. Extra&ntilde;o y singular porque&nbsp; siendo el hijo primog&eacute;nito y heredero de una de las familias de m&aacute;s rancio abolengo de la aristocracia sevillana se convertir&iacute;a en el poeta m&aacute;s genuinamente popular del siglo XX espa&ntilde;ol. En &eacute;l se cumpli&oacute; de manera absoluta el verso de su vecino de nacimiento y calle, <strong>Manuel Machado</strong>: &laquo;Hasta que el pueblo las canta, / las coplas coplas no son, / y cuando las canta el pueblo, / ya nadie sabe el autor&raquo;. No existe un poeta en toda el &aacute;rea hisp&aacute;nica que mejor encarne esta aseveraci&oacute;n. Autor de miles de canciones, renovador de la copla espa&ntilde;ola, hay trozos de sus versos que ya pertenecen al lenguaje com&uacute;n. Son octos&iacute;labos de coplas que fueron y son famosas y que de tanta popularidad han quedado convertidos en pedazos del habla cotidiana.&nbsp; </div>
<div>&nbsp;</div>
<div>Pensemos que <strong>Rafael de Le&oacute;n</strong> &ndash;sevillano, de 1908-&nbsp; es el autor de canciones como &laquo;Y sin embargo te quiero&raquo;, &laquo;Ojos verdes&raquo;, &laquo;La Zarzamora&raquo;, &laquo;Tatuaje&raquo;, &laquo;A la lima y al lim&oacute;n&raquo;,&nbsp; &laquo;Mar&iacute;a de la O&raquo;, &laquo;La Lirio&raquo;, &laquo;No me quieras tanto&raquo;, &laquo;Romance de la Reina Mercedes&raquo;... <strong>&iquest;Qui&eacute;n no sabe un estribillo, un verso, hasta una canci&oacute;n entera de Rafael de Le&oacute;n? </strong>Pero aqu&iacute; viene tambi&eacute;n la extra&ntilde;eza y la singularidad: Aquella &laquo;voz con corona&raquo; &mdash;que dijera Antonio Burgos&mdash; fue Marqu&eacute;s del Valle de la Reina, Conde de G&oacute;mara, amigo fervoroso de Garc&iacute;a Lorca, homosexual confeso, rompedor de todos los moldes y poeta popular&iacute;simo. Todo esto en la Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os cuarenta. &iquest;C&oacute;mo encaja e hila todo esto nuestro poeta? Con una valent&iacute;a extraordinaria. Sabiendo a lo que pod&iacute;a renunciar y a lo que no. <img alt="Rafael de León" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/rafaelleon.jpg" align="right" vspace="5" /></div>
<div>&nbsp;</div>
<div>Hombre de una cultura vast&iacute;sima, se hab&iacute;a educado con los jesuitas y los salesianos en colegios de El Puerto, M&aacute;laga y Utrera donde estudiaron, entre otros, <strong>Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Fernando Villal&oacute;n, Pedro Mu&ntilde;oz Seca o Rafael Alberti</strong>. Se sab&iacute;a a los cl&aacute;sicos de memoria y dominaba el verso, el ritmo y la rima con una profundidad de sentimientos que estremec&iacute;a. No es de extra&ntilde;ar que cuando conoce a<strong> Federico Garc&iacute;a Lorca</strong> (&eacute;ste, con 27 a&ntilde;os; Rafael, con 18), en la Granada de los a&ntilde;os veinte &mdash;adonde lo hab&iacute;an mandado para estudiar Derecho&mdash;, se decantase abiertamente por la poes&iacute;a y empezase a barruntar la primera de sus grandes rebeld&iacute;as: sin renunciar a nada de lo que era, quer&iacute;a ser libre y vivir su vida sin los oropeles y las cortapisas de su clase social. &laquo;Estar&iacute;a una semana bes&aacute;ndote la mano, / elogiando marfiles y mirando vitrinas, / y de pronto, una noche, llegar&iacute;a mi viento / a romper miniaturas y abanicos de encaje&raquo;. Estos versos pertenecen a un poema que se titula escuetamente &laquo;No&raquo;. </div>
<div>&nbsp;</div>
<div>Amante de la bohemia, de los caf&eacute;s-cantantes, de ese pueblo que le fascinaba, empez&oacute; a escribir canciones donde el alma de los patios y de los corralones de cal y jazminero y de las criadas y de los amores turbios y de las duquesas enamoradas de toreros se alzaba a la categor&iacute;a de poemas cantados. Tuvo la suerte de conocer al compositor Manuel L&oacute;pez Quiroga y al empresario y escritor teatral Antonio Quintero. S&iacute;, fue <strong>el c&eacute;lebre tr&iacute;o Quintero, Le&oacute;n y Quiroga</strong>. Rebelde contra la cerraz&oacute;n social de los suyos, vivi&oacute; una temporada en Madrid dando clases de declamaci&oacute;n en una academia y tocando el piano en caf&eacute;s nocturnos. Hasta que un d&iacute;a, el maestro Quiroga le dijo por tel&eacute;fono a don Jos&eacute; de Le&oacute;n: &laquo;No se preocupe usted por su hijo, se&ntilde;or marqu&eacute;s: sabe ganarse la vida solo&raquo;. Acababan de sacar a la calle uno de los m&aacute;s grandes &eacute;xitos de la canci&oacute;n espa&ntilde;ola: el tango &laquo;Roc&iacute;o&raquo;. Era 1933.</div>
<div>&nbsp;</div>
<div><img alt="" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/lola_flores.jpg" align="middle" vspace="5" /></div>
<div>&nbsp;Foto: Antonio Gonz&aacute;lez, &laquo;El Pesca&iacute;lla&raquo;, Antonio Quintero, Lola Flores, Mercedes Vecino y Rafael de Le&oacute;n&nbsp;(ABC).</div>
<div>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por el inolvidable <strong>Sebasti&aacute;n Gasch</strong> sabemos de la estancia de Federico y de Rafael en la Barcelona de 1935. Un a&ntilde;o despu&eacute;s estallar&iacute;a la guerra.&nbsp; Federico fue asesinado en Granada por unos y Rafael encarcelado por los otros &mdash;se salv&oacute; milagrosamente de ser fusilado&mdash; en la Ciudad Condal. En la c&aacute;rcel estar&iacute;a hasta la entrada de las tropas nacionales en enero de 1939.&nbsp; Rafael de Le&oacute;n dedicar&iacute;a a Federico el impresionante poema &laquo;Responso&raquo;:&nbsp; &laquo;Ten&iacute;as una fuerza de toro desmandado / por la marisma seca con alambres y&nbsp; pitas / y la dulzura rosa de una ni&ntilde;a morena / que se queja, a la fuente, por su novio lejano&raquo;. <br />A&ntilde;os m&aacute;s tarde escribir&iacute;a el &laquo;R&eacute;quiem por Federico&raquo;&nbsp; cuyo recitado interpret&oacute; y grab&oacute; Lola Flores. <br /><br />Curiosamente, &laquo;Responso&raquo; aparece en la primera edici&oacute;n de &laquo;Pena y alegr&iacute;a del amor&raquo;, en 1941, justo antes del &laquo;Poema del amor oscuro&raquo;, ese que comienza: &laquo;Te espero al lado del puente / antes de que den las doce&raquo;. Es la primera vez que aparece impreso &ldquo;amor oscuro&rdquo; para designar al amor homosexual y seg&uacute;n me dijo Gasch lo utilizaban a menudo en sus conversaciones &ldquo;serias&rdquo;&nbsp; Rafael y Federico. Cuando muchos a&ntilde;os despu&eacute;s ABC publicara, -17 de marzo de 1984-, en exclusiva mundial, los bell&iacute;simos &ldquo;Sonetos del amor oscuro&rdquo; de Lorca, m&aacute;s de un conocedor de la obra de Rafael de Le&oacute;n peg&oacute; un brinco por la coincidencia.</div>
<div>&nbsp;</div>
<div>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llama la atenci&oacute;n el atrevimiento de este libro,&rdquo;Pena y alegr&iacute;a del amor&rdquo;,&nbsp; editado por Quiroga, en Madrid, al precio de diez pesetas, con largo p&oacute;rtico de <strong>Jos&eacute; Antonio Ocha&iacute;ta</strong>, porque en &eacute;l no s&oacute;lo se habla abiertamente del amor oscuro sino que aparecen poemas claramente homoer&oacute;ticos como &laquo;Hora&raquo; o &laquo;As&iacute; te quiero&raquo;. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1943, publicar&iacute;a &laquo;Jard&iacute;n de papel&raquo; editado en Alas, de Barcelona, libro dedicado al poeta moguere&ntilde;o <strong>Xandro Valerio</strong> y donde se recogen los c&eacute;lebres sonetos &laquo;Duda&raquo; (&laquo;&iquest;Por qu&eacute; tienes ojeras esta tarde? / &iquest;D&oacute;nde estabas, amor, de madrugada, / cuando busqu&eacute; tu palidez cobarde / en la nieve sin sol de la almohada?&raquo;), o &laquo;Encuentro&raquo; (&laquo;Y despu&eacute;s, a morir, a ser dos r&iacute;os / sin adelfas, oscuros y vac&iacute;os, / para la boca torpe de la gente...&raquo;).</div>
<div>&nbsp;</div>
<div>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Apenas public&oacute; nada m&aacute;s.<strong> Antonio Burgos</strong> le hizo una bell&iacute;sima antolog&iacute;a, a la que han seguido la que elaboraron los editores <strong>Acosta D&iacute;az, G&oacute;mez Lara y Jim&eacute;nez Barrientos</strong> y la fallida &laquo;Entre el gozo y la pena&raquo;, de Renacimiento, donde el poeta <strong>Daniel Pineda Novo</strong>, con todos sus conocimientos del autor y la obra, cay&oacute; en lo que Rafael de Le&oacute;n siempre rechazaba: mezclar la poes&iacute;a aut&eacute;ntica con las coplas m&aacute;s o menos ocasionales. Mi paisano y editor sevillano <strong>Anselmo Mart&iacute;nez Camacho</strong>, bibli&oacute;filo impenitente y magn&iacute;fico, me regal&oacute; un libro editado en 1970, en Rosario (Argentina), con una portada muy ambigua y este t&iacute;tulo &ldquo;Poema del amor oscuro&rdquo;, como el romance que Rafael publica en su primer libro y que est&aacute; dedicado a <strong>Luis Puig Pe&ntilde;a</strong>, un personaje curioso, m&eacute;dico ilustrado de Almer&iacute;a, del que supe gracias a mis queridos amigos <strong>Francisco Gim&eacute;nez Alem&aacute;n y Emilio Contreras Ortega</strong>, almerienses de pro. No s&eacute; lo que hubo entre Rafael y Luis: S&oacute;lo la valent&iacute;a y el arrojo de atreverse en 1941 a dedicar a un hombre un poema como &eacute;se. </div>
<div>&nbsp;</div>
<div><img alt="Rafael de León" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/rafael_leon.jpg" align="left" vspace="5" />Se habla tambi&eacute;n de un libro que nadie ha visto, &laquo;Amor de cuando en cuando&raquo;, y por la Am&eacute;rica hispana circulan, como digo,&nbsp; las m&aacute;s variadas antolog&iacute;as piratas llenas de errores y de versos falsos.<strong> Federico Carlos Sainz de Robles</strong> lo incluy&oacute; en su &laquo;Diccionario de la literatura&raquo;. All&iacute; se lee: &laquo;En pocos poetas la imagen es tan viva y c&aacute;lida, la met&aacute;fora tan sorprendente, el sentimiento tan fecundo como en Rafael de Le&oacute;n&raquo;. Hace tres a&ntilde;os aparecieron en M&aacute;laga dos vol&uacute;menes sobre &laquo;La copla.&nbsp; La poes&iacute;a popular de Rafael de Le&oacute;n&raquo;, de <strong>Sonia Hurtado Balbuena</strong>.</div>
<div>&nbsp;</div>
<div>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hombre t&iacute;mido a primera vista, era divertido y ocurrente, chispeante y mordaz entre los &iacute;ntimos. Huy&oacute; de las Academias, de los honores, de la vida literaria, gan&oacute; much&iacute;simo dinero escribiendo canciones, jam&aacute;s quer&iacute;a una entrevista ni salir en los peri&oacute;dicos, ten&iacute;a devoci&oacute;n por Conchita Piquer y segu&iacute;a llev&aacute;ndole flores a Mari Paz, una canzonetista que le estren&oacute; &laquo;Las cosas del querer&raquo; y que muri&oacute; de una septicemia de mal de amores cuando apenas ten&iacute;a veintid&oacute;s a&ntilde;os. Fue hasta su muerte marqu&eacute;s y conde; profundamente religioso, su verso est&aacute; pre&ntilde;ado de citas evang&eacute;licas que, a veces, engarzaba con el amor m&aacute;s carnal (&laquo;Centinela de tus sue&ntilde;os, / hombro para tu descanso, / Cirineo de tus penas / y San Juan de tu calvario&raquo;); no ocultaba una nostalgia agridulce de Sevilla &mdash;a la que dedic&oacute; poemas bell&iacute;simos&mdash;; pertenec&iacute;a a la Hermandad de Excautivos y sobre la solapa de la chaqueta luc&iacute;a la insignia de hermano de la Macarena. No s&eacute; si estos datos contribuyeron a su ostracismo. Vivi&oacute;, como hab&iacute;a querido, en libertad, y muri&oacute; &mdash;no pod&iacute;a ser de otro modo&mdash; de un ataque fulminante al coraz&oacute;n el 9 de diciembre de 1982, en su casa de Madrid. Quiso descansar solo en el cementerio de la Almudena junto a unos rosales sevillanos.<br /></div>]]></content>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/recordando-a-rafael-de-leon-6432.asp"/>
		<issued>2010-11-08T13:02:41+01:00</issued>
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		<title><![CDATA[Centenario de la Reina de los ojos tristes]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/centenario-de-la-reina-de-los-ojos-tristes-5015.asp</id>
		<created>2010-10-05T11:12:14+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p><br /><img src="/blogs/castelo/public/mercedes.jpg" align="middle" alt="" /></p>
<p>Este a&ntilde;o coinciden una serie de fechas en torno a la figura de Do&ntilde;a Mar&iacute;a de las Mercedes de Borb&oacute;n y Orle&aacute;ns, Condesa de Barcelona, esposa que fue de Don Juan de Borb&oacute;n y madre del Rey Don Juan Carlos: centenario de su nacimiento, <strong>75 aniversario de su boda y diez a&ntilde;os de su muerte</strong>. Vamos, pues, a glosar, aunque sea brevemente, la historia de esta mujer singular que pas&oacute; de puntillas por la Historia y cuya labor, sin embargo, es tan decisiva que a veces me pregunto si no son ellas &ndash;estas figuras de segundo orden- las que hacen la aut&eacute;ntica y verdadera historia. Porque lo que s&iacute; es cierto es que ellas son las que marcan la pauta de los aconteceres de cada d&iacute;a, que determinan, luego, los actos solemnes y transcendentes que son los que pasan a los libros y que &ndash;ignorantes- desconocen a los verdaderos art&iacute;fices de la historia real.</p>
<p>Los muchachos que en los a&ntilde;os sesenta y setenta del pasado siglo <strong>acud&iacute;amos clandestinamente a ver al Rey en el exilio</strong> de Estoril sent&iacute;amos un cari&ntilde;o especial por Do&ntilde;a Mar&iacute;a de las Mercedes de Borb&oacute;n, a la que todos llam&aacute;bamos la Reina Mar&iacute;a. Ella nos ve&iacute;a como a unos cr&iacute;os, m&aacute;s j&oacute;venes que sus hijos y nos trataba de manera cari&ntilde;osa y maternal, pregunt&aacute;ndonos siempre por nuestros estudios y teniendo para cada uno de nosotros unas palabras de afecto y ternura que se hac&iacute;an m&aacute;s entra&ntilde;ables al venir acompa&ntilde;adas de aquella mirada azul en cuyos ojos bell&iacute;simos reinaba una tristeza infinita. <br /><br />No oculto la devoci&oacute;n que todos sent&iacute;amos hac&iacute;a Don Juan, el Rey Juan III de las generosidades y los sacrificios. Creo que<strong> todos los que hemos tenido la suerte de conocerle, tratarle y servirle</strong>, nunca &ndash;por muchos a&ntilde;os que vivamos- nunca, insisto,&nbsp; podremos olvidar a nuestro viejo Rey que tantas y tan sencillas y tan magn&iacute;ficas lecciones de patriotismo, de entrega, de lealtad y de renuncias, nos daba cada d&iacute;a a&uacute;n en las cosas m&aacute;s peque&ntilde;as. Hoy, al cabo de los a&ntilde;os, su figura se agranda en la memoria y mientras, con todo honor, su nombre se ha colocado en el lugar que le correspond&iacute;a en la Historia de Espa&ntilde;a, a los que fuimos sus fieles nos queda el orgullo y la satisfacci&oacute;n de haber trabajado junto a uno de los personajes m&aacute;s impresionantes y admirables de todos los tiempos.<br /><br />Do&ntilde;a Mar&iacute;a <strong>era madrile&ntilde;a de nacimiento y sevillana de coraz&oacute;n</strong>. Como escribi&oacute; Alfonso Uss&iacute;a, &ldquo;de no haber nacido hija de un Infante de Espa&ntilde;a, de ser la esposa de un Rey en la sombra, y la madre del Rey, Do&ntilde;a Mar&iacute;a habr&iacute;a sido campo y bullicio, rociera antigua, trianera del alma. Madrile&ntilde;a, s&iacute;, pero sevillana siempre&rdquo;. Por decir sevillan&iacute;a hasta el nombre llevaba de la que fuera Reina Mercedes, la malograda mujer de Alfonso XII, la ni&ntilde;a del palacio de San Telmo de los romances y coplas populares. <br /><br />Si hay un peri&oacute;dico que cuid&oacute; la imagen de Do&ntilde;a Mar&iacute;a a lo lago de toda su vida, ese&nbsp; es ABC. En los a&ntilde;os buenos y en los malos. Ella fue protagonista indirecta de uno de los m&aacute;s graves enfrentamientos de ABC con el r&eacute;gimen republicano, tan sectario, pese a la buena prensa que ahora lo rodea. Fue con motivo de su boda en Roma, hace ahora, p<img alt="" hspace="5" src="http://n2abc10.abc.es/blogs/castelo/public/censuraok.jpg" align="left" vspace="5" />recisamente, setenta y cinco a&ntilde;os. </p>
<p>El 12 de octubre de 1935. Pese a las prohibiciones gubernamentales, cientos de espa&ntilde;oles se trasladaron a Roma para asistir al enlace del entonces Pr&iacute;ncipe de Asturias, Don Juan de Borb&oacute;n, con su prima Do&ntilde;a Mar&iacute;a de las Mercedes. (&iexcl;Qu&eacute; discurso el de Pem&aacute;n la noche antes!). Cuando llegaron las fotos a la Redacci&oacute;n de ABC, el Gobierno de la <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1935/10/16/001.html"><strong>Rep&uacute;blica impidi&oacute; su publicaci&oacute;n en portada</strong></a>. Y ABC sac&oacute; su c&eacute;lebre &ldquo;Este n&uacute;mero est&aacute; visado por la censura&rdquo;,&nbsp; portada tan escandalosa que al d&iacute;a siguiente el Gobierno reconsider&oacute; la medida y aprob&oacute; la foto del enlace. </p>
<p>Era un pulso diario.&nbsp; Luego, los otros enfrentamientos de ABC. Ahora, en Sevilla, en plena guerra civil, con las autoridades franquistas,&nbsp; y en medio de la batalla del Ebro, cuando naci&oacute; en el exilio de Roma su hijo var&oacute;n Don Juan Carlos&nbsp; y <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1935/10/17/001.html"><strong>ABC se atrevi&oacute; a sacarla en portada</strong></a>; as&iacute;,&nbsp; hasta los actos m&aacute;s sencillos e intrascendentes que ella protagoniz&oacute;. </p>
<p><img alt="" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/portada.jpg" align="right" vspace="5" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La recuerdo en el hotel Alfonso XIII de Sevilla presidiendo los actos del <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1990/11/17/119.html"><strong>cincuentenario del ABC hispalense</strong></a>. Era el mes de octubre de 1979. Todav&iacute;a no estaba baldada por la artrosis y se mov&iacute;a por todos los rincones, interes&aacute;ndose por los detalles m&aacute;s nimios y a la vez m&aacute;s entra&ntilde;ables. A&ntilde;os m&aacute;s tarde recibi&oacute; de manos del Patr&oacute;n Guillermo Luca de Tena el t&iacute;tulo de &ldquo;Andaluza del a&ntilde;o&rdquo; en un almuerzo celebrado en la casa de la Real Maestranza de Sevilla. Sevilla, siempre Sevilla. O la visita &uacute;ltima que hizo a la Casa de ABC, en Madrid,&nbsp; en julio de 1992. Siempre tambi&eacute;n ABC. <br /><br /><strong>La osteoporosis y un desgraciado accidente la llev&oacute; a una silla de ruedas</strong>. Pero, brava siempre, en lugar de asustarse y arredrarse, sigui&oacute; haciendo su vida normal en las m&aacute;s diversas obras sociales, asistiendo a las obras de teatro, en las corridas de toros, en los actos acad&eacute;micos... Le gustaba el cari&ntilde;o con el que la rodeaba el pueblo espa&ntilde;ol, su pueblo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img alt="" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/homenaje.jpg" align="left" vspace="5" /><br />&nbsp;Curiosamente, Do&ntilde;a Mar&iacute;a, pese a tantos a&ntilde;os de exilio, no perdi&oacute; nunca ni el gracejo ni la sutil iron&iacute;a de esa Sevilla que sin ser su cuna era como un faro de su sentimentalidad. Cuando, ya instalados en Espa&ntilde;a, despu&eacute;s de m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os de destierro, con su hijo reinante, Do&ntilde;a Mar&iacute;a, convertida para las nuevas generaciones en &ldquo;la madre del Rey&rdquo;, se dedic&oacute; a viajar y a empaparse de esa Espa&ntilde;a que durante tantos a&ntilde;os se le hab&iacute;a hurtado. Y a saborear y gozar sobradamente de la luz y del embrujo de Sevilla. &iexcl;<strong>C&oacute;mo disfrut&oacute; en la boda de su nieta, la Infanta Elena</strong>, en la catedral&nbsp; hispalense, y c&oacute;mo a ella la aclamaba el pueblo llam&aacute;ndola &ldquo;B&eacute;tica&rdquo;! Cuando llegaba a la capital andaluza lo primero que hac&iacute;a era ir a la iglesia del Salvador y all&iacute;, en la cripta, rezar ante la tumba de sus padres. Luego, lo mismo se iba a los toros en la Maestranza &ndash;a ser posible a ver a Curro Romero y decirle lo de siempre: &ldquo;a ver c&oacute;mo te portas&rdquo;-&nbsp; que a comprar unas yemas de San Leandro que a postrarse ante el Se&ntilde;or de Pasi&oacute;n, que a cenar en un ventorrillo...&nbsp; <br /><br />Fue una mujer admirable, prudente, delicada, abnegada compa&ntilde;era de todas las amarguras de su marido, que comparti&oacute; sin rechistar. Hubo momentos en que las campa&ntilde;as orquestadas contra ellos fueron de una crueldad desmedida. Do&ntilde;a Mar&iacute;a asumi&oacute; todas esas angustias en silencio, sabiendo su papel de sombra, mitigando dolores, cauterizando heridas, buscando moderaci&oacute;n y serenidades. <br /><br />A veces se la acus&oacute; de que ser m&aacute;s madre que Reina; pero vistas las cosas desde esta atalaya del tiempo, gracias a su inteligencia, a su equilibrio y a su prudencia las dificil&iacute;simas situaciones que se presentaron pudieron solucionarse de manera tan precisa como asombrosa. <strong>En aquel terrible verano de 1969, cuando su hijo fue nombrado sucesor por Franco</strong>, a t&iacute;tulo de Rey, y daba la impresi&oacute;n de que la uni&oacute;n de la Familia Real pod&iacute;a saltar por los aires, la figura de Do&ntilde;a Mar&iacute;a, siempre tan en segundo plano, tan discreta y callada, casi tan indefensa, fue m&aacute;s que nunca la de Do&ntilde;a Mar&iacute;a la Brava. Hay una frase que se dijo entonces y que yo jam&aacute;s me he atrevido a confirmar. Fue dirigida a su hijo en aquellos angustiosos momentos: &ldquo;T&uacute; sigue adelante. De tu padre me encargo yo&rdquo;.<br />&nbsp;<br />Sufri&oacute; dolores tremendos, como la muerte de su hijo Alfonsito y se mantuvo siempre con un sentido del deber que impresionaba. <strong>Sent&iacute;a pasi&oacute;n por sus hijos</strong>. Sab&iacute;a atemperar, allanar los caminos, quitar asperezas. Por Don Juan Carlos ten&iacute;a aut&eacute;ntica debilidad. Despu&eacute;s de tan largo camino de amarguras, los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida los vivi&oacute; rodeada del cari&ntilde;o y de la gratitud de todos. La Reina Mar&iacute;a del exilio de Estoril se hab&iacute;a convertido en esa abuela adorable que iba a los toros o a los teatros con una toca sobre los hombros &ndash;&ldquo;no es que sea friolera, es que nunca he dejado de tener fr&iacute;o&rdquo;- y unos cojines de croch&eacute; que ella misma hab&iacute;a hecho. El pueblo la vitoreaba los quince de agosto al llegar a la madrile&ntilde;a iglesia de la Paloma o al aparecer en el palco real en las Ventas. Se la ve&iacute;a aut&eacute;nticamente feliz. </p>
<p>Recuerdo que el domingo que <strong><a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/2000/01/03/001.html">muri&oacute; en Lanzarote</a></strong>, rodeada de toda su familia,&nbsp; fue el 2 de enero del a&ntilde;o 2000. El Evangelio de aquel d&iacute;a hablaba de las cosas que Mar&iacute;a, la Virgen, guardaba en su coraz&oacute;n. Y aquel domingo pens&eacute; &ndash;y pienso ahora- en el desarrollo que ha conseguido Espa&ntilde;a bajo la Monarqu&iacute;a de todos. <br /><br />Porque muchas cosas, muchas, de las que ahora nos gloriamos han sido posible gracias a la abnegaci&oacute;n y al sacrificio de aquel Juan III que nunca rein&oacute; pero que leg&oacute; a su hijo una Instituci&oacute;n impecablemente democr&aacute;tica&nbsp; y a las sencillas y claras decisiones de esta Do&ntilde;a Mar&iacute;a silenciosa que guardaba tantos secretos en su coraz&oacute;n.<br /></p>]]></content>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/centenario-de-la-reina-de-los-ojos-tristes-5015.asp"/>
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		<title><![CDATA[Una «tentación» de 96 años]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/una-tentacion-de-96-anos-4479.asp</id>
		<created>2010-07-30T12:08:22+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p><img alt="María de los Ángeles Santana" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/santana1.jpg" align="left" vspace="5" />Agradezco profundamente a mis lectores sus contestaciones a este blog, las llamadas telef&oacute;nicas, el correo tradicional y las sugerencias que me hacen para que retome temas &ldquo;menores&rdquo;, vamos a llamarlos as&iacute;, que ocuparon l&iacute;neas en ABC y que ya han pasado a la memoria cuando no al m&aacute;s absoluto de los olvidos. Es curioso c&oacute;mo el recuerdo&nbsp; se aviva con un peque&ntilde;o soplo que se de a unas brasas. <strong>He recibido, por ejemplo, carta de un exiliado cubano</strong> que me pide noticias de cuando Cuba era una isla desbordante de alegr&iacute;a y musicalidad, con las calles habaneras repletas de autom&oacute;viles de lujo, tiendas magn&iacute;ficas, soberbias relojer&iacute;as y los m&aacute;s rutilantes modelos &ndash;masculinos o femeninos- luci&eacute;ndose por sus calles desde el Parque Central a Carlos III &oacute; Reina. Y me da, entre otros muchos datos, este nombre: Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles Santana. Sabe mi comunicante por alguna vieja cr&oacute;nica m&iacute;a&nbsp; en ABC que he conocido y tratado a la Santana. Pero &eacute;l ya ignora casi todo de sus &uacute;ltimos a&ntilde;os. <br /></p>
<p>Y aqu&iacute; estamos para complacerlo. La gran actriz y vedette Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles Santana vive tranquilamente en su casa de La Habana y creo que merece este sencillo homenaje en los d&iacute;as en que cumple los 96 de su edad. Porque <strong>Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles naci&oacute; en agosto de 1914</strong>. Es con Alicia Alonso,&nbsp; Esther Borja, Rosita Forn&eacute;s uno de esos mitos que tanto gustan a los cubanos, capaces de matar por ellos y de tener sus humildes viviendas empapeladas de carteles y fotograf&iacute;as de sus viejos &iacute;dolos.</p>
<p><br />A la Santana ya la tenemos en 1938 interviniendo en pel&iacute;culas cubanas como &ldquo;Sucedi&oacute; en La Habana&rdquo; o &ldquo;El &uacute;ltimo palmar&rdquo; hasta que conoce al maestro Ernesto Lecuona y se convierte en una de las voces m&aacute;s representativas de su repertorio musical. Su canci&oacute;n &ldquo;Mariposa&rdquo; es uno de los m&aacute;s bellos exponentes de <strong>aquella isla sensual y melanc&oacute;lica a partes iguales</strong>. Hasta hace muy poco tiempo Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles Santana ha trabajado en el teatro y en la televisi&oacute;n siendo uno de los personajes m&aacute;s admirados del p&uacute;blico&nbsp; cubano. Mi querido compa&ntilde;ero y amigo Ram&oacute;n Fajardo hizo una documentada biograf&iacute;a de ella, pero la edici&oacute;n fue corta y se agot&oacute; pronto. Curiosamente, Fajardo titul&oacute; su libro &ldquo;Yo ser&eacute; la tentaci&oacute;n&rdquo;, que es el primer verso del bolero que ella cantaba en una revista estrenada en Madrid y que se ha convertido en el paradigma de la Santana. &ldquo;Tentaci&oacute;n&rdquo; se llamaba la revista, con letra de Antonio y&nbsp; Manuel Paso y m&uacute;sica de Daniel Montorio.&nbsp; Se estren&oacute; en el teatro Madrid, de la plaza del Carmen, el 9 de febrero de 1951 y al d&iacute;a siguiente, en ABC,&nbsp; se habla de la Santana&nbsp; como <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1951/02/10/025.html"><strong>un aut&eacute;ntico valor art&iacute;stico</strong></a>. &ldquo;Dotada de gentil figura &ndash;dice el cr&iacute;tico-, la nueva estrella fue en La Habana protagonista de comedias musicales; su voz bien timbrada sabe modular y matizar y posee una elegante desenvoltura esc&eacute;nica&rdquo;.<strong> A mi me hacen gracia estos circunloquios para burlar la censura</strong>. Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles ten&iacute;a una belleza extraordinaria, era una mulata clara con un cuerpo deslumbrante y cantando &ldquo;Yo ser&eacute; la tentaci&oacute;n&rdquo; ard&iacute;a la sala. Con ella trabajaban en la obra la veterana Selica P&eacute;rez Carpio y los actores Pedr&iacute;n Fern&aacute;ndez y Pedrito Pe&ntilde;a. Uno de los espectadores de aquellos d&iacute;as fue Orson Welles, que, como todo el que&nbsp; entraba en el Madrid, sal&iacute;a susurrando aquello de &ldquo;mis caricias te dar&eacute;/ si a ti me entrego...&rdquo; Y la censura sin enterarse... Y fueron dos mil ochocientas setenta y cuatro funciones...<br /><br /><br /></p>
<p>Fue tal el &eacute;xito de Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles que, en noviembre de 1952, volver&iacute;a a estrenar otra revista de los mismos autores, &ldquo;Conqu&iacute;stame&rdquo;, con Pedro Terol como acompa&ntilde;ante. A esta revista pertenecen &ldquo;Qu&eacute; triste es vivir&rdquo;, &ldquo;El &uacute;ltimo beso&rdquo; o el pasodoble &ldquo;Los calabreses&rdquo;...&nbsp; Todav&iacute;a en 1954 encontramos a la Santana en Madrid, en el Alb&eacute;niz, reponiendo &ndash;a petici&oacute;n del p&uacute;blico- &ldquo;Tentaci&oacute;n&rdquo; antes de regresar a Cuba, de donde volver&iacute;a en 1957,&nbsp; junto a Ernesto Lecuona,&nbsp; para estrenar &ldquo;Tropicana&rdquo;, con Aladys y Carlitos Pous. <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1957/10/09/053.html"><strong>Alfredo Marquer&iacute;e escribi&oacute; en ABC</strong></a> el 9 de octubre de 1957: &rdquo;Tropicana&rdquo; sabe crear ese clima mel&oacute;dico que la revista requiere y que hace honor a su t&iacute;tulo, porque, en efecto, la partitura tiene, m&aacute;s que calor, ardor afro-cubano&rdquo;.<strong> Puede decirse que la d&eacute;cada de los cincuenta fue la de la Santana en Espa&ntilde;a</strong>. Hizo amigos, recibi&oacute; homenajes, se la requebr&oacute; hasta lo indecible. Si a la G&aacute;mez se la llam&oacute;, irreverentemente, nuestra se&ntilde;ora de los buenos muslos, a la Santana se la motej&oacute; como nuestra se&ntilde;ora de la tentaci&oacute;n. Cosas de los madrile&ntilde;os. <img alt="María de los Ángeles Santana" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/santana2.jpg" align="right" vspace="5" /><br /><br /><br />Luego, volvi&oacute; a La Habana, vino la revoluci&oacute;n... y lo dem&aacute;s es bien sabido. Se refugi&oacute; en la comedia,&nbsp; en la zarzuela, hizo televisi&oacute;n, con un personaje entra&ntilde;able, Remigia, la mujer del alcalde del imaginario pueblo de San Nicol&aacute;s el Peladero. Y la vida sigui&oacute; su marcha.<br /></p>
<p>Volver&iacute;a a Espa&ntilde;a en 1989 para presentar una versi&oacute;n de &ldquo;Mar&iacute;a la O&rdquo; de su inolvidable Lecuona. En medio de la representaci&oacute;n,&nbsp; cantaba, muy tristemente, &ldquo;Juventud, que te vas para nunca volver&rdquo;, aunque no perteneciera a esa zarzuela. Entonces, el p&uacute;blico se daba cuenta de que era ella, la que fue la &ldquo;tentaci&oacute;n&rdquo; y <strong>le devolv&iacute;a en aplausos las l&aacute;grimas contenidas de los viejos recuerdos de mocedad</strong>. Ahora, retirada en su casa, con el pelo blanqu&iacute;simo y la mirada cuajada de melancol&iacute;a, recuerda aquella d&eacute;cada feliz&nbsp; y con ella los a&ntilde;os apasionadamente vividos en Espa&ntilde;a. <br /><br /><br />Y debe pensar en aquel cartel, con su cuerpo escultural de mulata clara y su largu&iacute;sima melena, que casi cubr&iacute;a la fachada del teatro Madrid, mientras los madrile&ntilde;os, a su sombra,&nbsp; tarareaban aquello de &ldquo;yo ser&eacute; la tentaci&oacute;n/ hecha carne de pasi&oacute;n/ la mujer que t&uacute; esperabas&rdquo;. Pero esta es la vida.</p>
<p><br /></p>]]></content>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/una-tentacion-de-96-anos-4479.asp"/>
		<issued>2010-07-30T12:08:22+01:00</issued>
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		<title><![CDATA[Celia Gámez y el abuelo de Prada]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/celia-gamez-y-el-abuelo-de-prada-4150.asp</id>
		<created>2010-07-02T11:42:32+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<p><img alt="Celia Gámez, en 1951" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/celia-gamez.jpg" align="right" vspace="5" />Estos d&iacute;as de atr&aacute;s publicaba en el <a href="http://xlsemanal.finanzas.com/web/home.php?id_edicion=5327"><strong>Semanal de ABC</strong></a> un art&iacute;culo mi querido Juan Manuel de Prada al hilo de una vieja canci&oacute;n que su abuelo le cantaba cuando &eacute;l era ni&ntilde;o. Bien es sabido que la pasi&oacute;n de Juan Manuel por su abuelo fue durante una temporada motivo de escritura para el novelista que vareaba y recreaba toda su infancia en torno a un abuelo singular&iacute;simo y lleno de magia y reciedumbre. Yo tuve la suerte de conocerlo y dedicarle un poema. Fue cuando se cas&oacute; Prada en Zamora. El abuelo era feliz viendo feliz a su nieto y, como a los postres, echamos la tarde a versos, todos, l&oacute;gicamente, llev&aacute;bamos nuestras &eacute;glogas para el joven matrimonio. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n yo. S&oacute;lo que yo me permit&iacute; dedicar tambi&eacute;n un soneto al abuelo, porque pienso, sinceramente, que nuestro escritor no ser&iacute;a quien es sin la presencia absoluta en su ni&ntilde;ez de aquel hombre serio, castellano, entero y con una sensibilidad tan profunda como visible. Creo que Juan Manuel, que ya anda agavillando sus art&iacute;culos en diversos libros, deber&iacute;a recoger todas esas cr&oacute;nicas volanderas que dedic&oacute; a su memoria, porque sinceramente son p&aacute;ginas de una belleza y una ternura admirables.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img alt="Celia Gámez, en 1931" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/celia-gamez (1).jpg" align="left" vspace="5" /><a href="http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=5327&amp;id_firma=11050"><strong>El art&iacute;culo de marras se llamaba &ldquo;La canci&oacute;n del abuelo&rdquo;</strong></a> y tras una serie de citas literarias que iban desde Borges hasta Coleridge, el escritor nos confiesa algo que uno ya sabe por experiencia: que de pronto en el mundo de los sue&ntilde;os vuelven los recuerdos a corporeizarse y hasta retornar a la memoria textos que, en alguna ocasi&oacute;n, habitaron en nuestra memoria y un d&iacute;a se olvidaron para siempre. As&iacute; le pas&oacute; a &eacute;l. Llevaba meses intentando recordar la letra de &ldquo;una canci&oacute;n o copla&rdquo; de la que s&oacute;lo recordaba el verso inicial &ndash;&ldquo;Virgencita milagrosa&rdquo;&ndash;.Y, mira por d&oacute;nde, una noche, en sue&ntilde;os, volvi&oacute; la presencia del abuelo y como si &eacute;l fuera a&uacute;n el ni&ntilde;o que ya se perdi&oacute; en la historia, pidi&oacute; al abuelo que se la volviera a cantar &ldquo;porque he olvidado la letra&rdquo;. Y el abuelo la cant&oacute; de un tir&oacute;n y le inst&oacute; a que corriera a copiarla en un papel. &ldquo;Y justo entonces &ndash;dice Prada&ndash; despert&eacute;, tray&eacute;ndome conmigo del sue&ntilde;o la letra de aquella copla tan desgraciada que ya cre&iacute;a olvidada para siempre&rdquo;. &nbsp; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La tal copla es un tango de los a&ntilde;os veinte del siglo pasado que en Espa&ntilde;a cant&oacute; y grab&oacute; una jovenc&iacute;sima Celia G&aacute;mez, nada m&aacute;s llegar de sus Buenos Aires natal. Andaba yo aquella noche de domingo de lecturas perezosas, ojeando revistas, leyendo peri&oacute;dicos atrasados, cuando me encontr&eacute; con &ldquo;La canci&oacute;n del abuelo&rdquo;. No me import&oacute; la hora. Llam&eacute; a Juan Manuel y le d&iacute; todas las claves. D&iacute;as m&aacute;s tarde le encontr&eacute; una edici&oacute;n digitalizada del tango y creo que es el mejor regalo que he podido hacerle a &eacute;l, tan generoso siempre. &nbsp; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es que la vida son c&iacute;rculos que se van cerrando. Celia G&aacute;mez fue una vieja devoci&oacute;n de mi abuelo, que la vio en el teatro en el a&ntilde;o 31 <strong><a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1931/11/13/048.html">cuando el &eacute;xito arrollador de &ldquo;Las leandras&rdquo;</a></strong>. En mi casa siempre se hablaba de ella como de un mito de belleza y transgresi&oacute;n. Mi abuelo muri&oacute; en plena guerra y muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, siendo yo ni&ntilde;o, o&iacute;a hablar en las tertulias del taller de costura que el vestido que Celia sac&oacute; para cantar la java de las viudas era una gasa negra que s&oacute;lo pesaba doscientos gramos. Cuando llegu&eacute; a Madrid, con 16 a&ntilde;os, en 1964, lo primero que hice fue gastarme las &uacute;nicas ochenta pesetas que ten&iacute;a para comprar la mejor butaca del teatro Mart&iacute;n y ver la tarde del 24 de diciembre una edici&oacute;n especial de &ldquo;Las leandras&rdquo;, con el t&iacute;tulo edulcorado por la censura de &ldquo;Mami, ll&eacute;vame al colegio&rdquo;. Eso s&iacute;: all&iacute; estaba &ldquo;la Celia&rdquo; en persona con su &ldquo;Pichi&rdquo;, sus nardos, su canci&oacute;n canaria, su verbena de San Antonio o sus viudas. Remat&oacute; la funci&oacute;n de &ldquo;tardebuena&rdquo;-as&iacute; se la llam&oacute;- cantando una serie de tangos de cuando ella lleg&oacute; a Madrid. Recuerdo una versi&oacute;n &uacute;nica de &ldquo;Mi caballo muri&oacute;&rdquo;. Y ah&iacute; mismo comenz&oacute; una amistad que ha durado hasta su muerte en 1992 y que perdura en mi memoria. En las p&aacute;ginas de ABC est&aacute; la historia de esa amistad en numerosos reportajes, cr&oacute;nicas, gacetillas... y hasta en la exclusiva de <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/2007/09/20/057.html"><strong>haber firmado la necrol&oacute;gica de Jos&eacute; Manuel Goenaga</strong></a>, el &uacute;nico marido que tuvo Celia G&aacute;mez y <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1944/07/02/032.html"><strong>cuya boda en los Jer&oacute;nimos, apadrinada por Mill&aacute;n Astray, fue la m&aacute;s famosa y multitudinaria de la Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os cuarenta</strong></a>. &nbsp; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img alt="Retrato de Celia Gámez realizado por Gyenes" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/celia-gamez (3).jpg" align="right" vspace="5" />Pero volvamos a &ldquo;Milagrosa Virgencita&rdquo;. Fue un &ldquo;tango plegaria&rdquo;, de Luis Martino y Gonz&aacute;lez Pulido, terriblemente lacrim&oacute;geno, muy de la &eacute;poca y que Celia con su particular voz entre met&aacute;lica y chillona bordaba como nadie. De esa etapa de los a&ntilde;os veinte Celia grab&oacute; en pizarra y populariz&oacute; tangos como &ldquo;A media luz&rdquo; &ndash;que embobaba a Alfonso XIII&ndash;, &ldquo;Una plegaria&rdquo;, &ldquo;Mamita&rdquo;, &ldquo;Ch&eacute;, papusa, o&iacute;&rdquo; o &ldquo;Confesi&oacute;n&rdquo;, de Disc&eacute;polo. La primera foto de Celia en &ldquo;Blanco y Negro&rdquo; aparece en el oto&ntilde;o de 1926, cuando ella debuta en teatros de Madrid, vestida de gaucho y cantando tangos y milongas. Hoy casi nadie sabe que en el Romea de la calle de Carretas se presentaron juntos Carlitos Gardel y ella y que &ldquo;el morocho del Abasto&rdquo; pas&oacute; sin pena ni gloria por la Villa y Corte, mientras Celia &ndash;que nunca perdi&oacute; el acento porte&ntilde;o&ndash; se convirti&oacute; en la m&aacute;s castiza int&eacute;rprete del alma de Madrid. Aparte de &ldquo;Las leandras&rdquo;, Celia cre&oacute; los chotis &ldquo;Tabaco y cerillas&rdquo;, &ldquo;Las taquimecas&rdquo;, &ldquo;La Lola&rdquo;, &ldquo;La Manuela&rdquo; y &ldquo;Manolet&iacute;n&rdquo;; fue &ldquo;Yola&rdquo; y su &ldquo;M&iacute;rame&rdquo;, con ese emocionante acento a lo Piacentini, tan inolvidable, y &ldquo;La hechicera en palacio&rdquo; y &ldquo;La estrella de Egipto&rdquo; y &ldquo;El &aacute;guila de fuego&rdquo; y &ldquo;Su excelencia la embajadora&rdquo; y &ldquo;Colomba&rdquo;. Y la creadora de &ldquo;La estudiantina portuguesa&rdquo; y &ldquo;Luna de Espa&ntilde;a&rdquo; y &ldquo;La florista sevillana&rdquo; y &ldquo;El beso&rdquo;... &nbsp; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mire usted por donde resulta que fue tambi&eacute;n Celia G&aacute;mez la que encandil&oacute; al abuelo de Juan Manuel de Prada con su trist&iacute;simo &ldquo;Milagrosa Virgencita&rdquo;, ese tango que dec&iacute;a en su estribillo: &ldquo;Milagrosa Virgencita,/ T&uacute; que sabes que se ha ido/ con aquella mujer mala de milonga y cabaret,/ que una noche lleg&oacute; a casa/ implorando nuestro amparo/ y que, al cabo de unos meses,/ con mi hombre ella se fue...&rdquo; Un delicioso dram&oacute;n de la &eacute;poca. Lo cierto es lo que dio de s&iacute; el siglo XX, caramba. A su lado, &eacute;ste es un rosario de penitencia.</p>]]></content>
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		<title><![CDATA[El crimen que conmovió a la República]]></title>
		<id>http://www.abc.es/blogs/castelo/public/post/el-crimen-que-conmovio-a-la-republica-3921.asp</id>
		<created>2010-06-09T12:25:59+01:00</created>
		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<div style="TEXT-ALIGN: justify"><img alt="Retrato de Hildegart Rodríguez, muerta a amnos de su madre, Aurora (a la dcha.), en un retrato de 1933" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/hildergat-rodriguez-aaa.jpg" align="left" vspace="5" />Fue sin duda uno de los sucesos m&aacute;s estremecedores de aquel periodo asaz convulso que supuso la II Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola. Y mira que la &laquo;ni&ntilde;a&raquo; &ndash;como la llamaron cari&ntilde;osamente sus parteros de abril del 31&ndash; trajo sustos, violencia y sangre, digan ahora lo que quieran los cuatro manipuladores de la mal llamada memoria hist&oacute;rica. Pero aquello fue otra cosa. Aquello fue un crimen en toda regla, con los m&aacute;s variados componentes de novela por entregas que hizo las delicias, los comentarios y los aspavientos de todas las clases sociales habidas y por haber. Y eso, que valga la paradoja, fue un crimen muy sencillito. Pero, caray, qu&eacute; crimen.  &nbsp; <br /><br /><br />Todo pas&oacute; el d&iacute;a 9 de junio de 1933. Est&aacute; contado tan maravillosamente bien en la p&aacute;gina 29 de ABC del d&iacute;a siguiente que me van a permitir mis lectores una vivencia personal. Y ya vendr&aacute; luego el crimen. Mi inolvidable y querid&iacute;simo amigo Fernando Fern&aacute;n-G&oacute;mez, que llevar&iacute;a el asunto al cine en 1977, me coment&oacute; que en esa p&aacute;gina de ABC estaba todo el gui&oacute;n de la pel&iacute;cula, dicho sea en honor de los periodistas de sucesos de la &eacute;poca. S&iacute;, los m&aacute;s avispados ya lo han intuido. Se trata del crimen de Hildegart Rodr&iacute;guez y <a style="FONT-WEIGHT: bold" href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1977/11/20/110.html">la pel&iacute;cula de Fernando fue &laquo;Mi hija Hildegart&raquo;</a>. Parece ser que quien conoc&iacute;a la cr&oacute;nica de ABC era Rafael Azcona, el otro guionista, pero lo mismo da so que arre, lo cierto es que hicieron una pel&iacute;cula magn&iacute;fica sobre un suceso que estremeci&oacute; a todo el pa&iacute;s. &nbsp; <br /><br /><br />Y ahora s&iacute; que vamos por el crimen. Hildegart Rodr&iacute;guez fue una jovencita de dieciocho a&ntilde;os, &laquo;creada&raquo; por su madre, do&ntilde;a Aurora Rodr&iacute;guez, como un aut&eacute;ntico &laquo;monstruo&raquo; engendrado por la raz&oacute;n. Se cuenta que la madre quer&iacute;a tener un hijo al que ella modelase, que, en su locura creadora se fue a su Galicia natal donde convenci&oacute; a un can&oacute;nigo tan inteligente y brillante como rijoso y alegre de bragueta para que yaciese con ella en la seguridad de que no iba a reclamar nada el d&iacute;a de ma&ntilde;ana. Naci&oacute; de esa coyunda una ni&ntilde;a a la que la madre puso el progresista nombre de Hildegart. Y el monstruo funcion&oacute; para mayor gloria de la enloquecida do&ntilde;a Aurora, que ve&iacute;a c&oacute;mo su ni&ntilde;a terminaba a los diecis&eacute;is a&ntilde;os la carrera de Derecho, comenzaba a estudiar Medicina, hab&iacute;a aprendido tres idiomas, escrib&iacute;a libros revolucionarios y logr&oacute; ser elegida vicepresidenta de las Juventudes Socialistas. A los dieciocho a&ntilde;os colaboraba habitualmente en &laquo;La Tierra&raquo;, un peri&oacute;dico de extrema izquierda y daba conferencias un d&iacute;a s&iacute; y otro tambi&eacute;n, a mayor caimiento de baba de su hacedora y laica madre, sobre los temas m&aacute;s avanzados y rompedores del momento. Hasta aqu&iacute; todos felices. Pero <a style="FONT-WEIGHT: bold" href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1933/06/10/029.html">la cr&oacute;nica de ABC de ese s&aacute;bado 10 de junio titula escuetamente: &laquo;La se&ntilde;orita Hildegart, muerta a tiros por su madre&raquo;</a>. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a pasado? Esa fue la pregunta que toda Espa&ntilde;a se hizo aquella ma&ntilde;ana. &nbsp; <br /><br /><br />Lo amargo, lo curioso y hasta lo pat&eacute;tico fue que aquella relaci&oacute;n materno-filial se rompi&oacute; por algo tan dulcemente cursi y contrarrevolucionario como es el amor. Hildegart, que en el momento de su muerte desempe&ntilde;aba la avanzad&iacute;sima Liga de Reforma Sexual, cometi&oacute; algo imprevisto y terrible para los planes de su madre: enamorarse de un teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona. As&iacute; es la vida. &nbsp; <br /><br /><br />Y do&ntilde;a Aurora Rodr&iacute;guez Carballeira, a las ocho de la ma&ntilde;ana, en el piso que ambas compart&iacute;an en la calle de Galileo, 57, cuarto, descerraj&oacute; cuatro tiros a su hija, con la misma frialdad con que la hab&iacute;a engendrado y hab&iacute;a hecho de ella &laquo;un adalid del progreso&raquo;. Antes de cometer el crimen, do&ntilde;a Aurora mand&oacute; a la sirvienta, Julia Garc&iacute;a Sanz, a que sacara a dos perros a pasear. Tras el crimen -y sin esperar a la criada- do&ntilde;a Aurora sali&oacute; a la calle, no sin antes pedirle fr&iacute;amente a la portera que buscara a la pobre Julia que fue la que se encontr&oacute; con el cuerpo acribillado de su se&ntilde;orita, dicho sea con todos los respetos para la pobre Hildegart. Do&ntilde;a Aurora se fue tranquilamente a casa del diputado se&ntilde;or Botella Asensi, quien le recomend&oacute; que se presentara a las autoridades.&nbsp;&nbsp; <br /><br /><br /><img alt="Imagen de Hildegart Rodríguez, poco antes de ser asesinada por madre / ABC" hspace="5" src="/blogs/castelo/public/hildegart.jpg" align="right" vspace="5" />La que se arm&oacute; en el bloque de viviendas no es para contado. La criada, hist&eacute;rica, dando voces en la escalera, los perros ladrando, la portera puntualizando detalles de do&ntilde;a Aurora, los periodistas enloquecidos con la noticia... Por los vecinos sabemos que unos d&iacute;as antes do&ntilde;a Aurora subi&oacute; a la azotea de la casa armada de una pistola con la que hizo un disparo al aire y despu&eacute;s de comprobar que el arma funcionaba bien se retir&oacute; a sus habitaciones. Tambi&eacute;n se hablaba de las desavenencias &uacute;ltimas, dando cada uno un detalle: que si a la chica la quer&iacute;a un escultor, que si tambi&eacute;n andaba por medio un joven socialista enamoradizo, que si do&ntilde;a Aurora no vi&oacute; bien que su hija se afiliara al Partido Federal y dejara el radical-socialista. De todo esto se hablaba a gritos en la escalera. Luego, <a style="FONT-WEIGHT: bold" href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1933/06/11/048.html">el cuerpo de Hildegart Rodr&iacute;guez, tras la autopsia </a>que determin&oacute; los cuatro tiros a bocajarro mientras dorm&iacute;a, fue llevado al C&iacute;rculo Federal, de la calle de Echegaray, de donde al d&iacute;a siguiente, a las seis de la tarde, sali&oacute; el entierro laico, abundante de diputados y concejales izquierdistas as&iacute; como de numerosas comisiones femeninas de Uni&oacute;n Republicana y de la ir&oacute;nicamente llamada Cruzada de Mujeres Espa&ntilde;olas. &nbsp; <br /><br /><br /><a style="FONT-WEIGHT: bold" href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1934/05/25/022.html">Un a&ntilde;o despu&eacute;s, en mayo de 1934, se celebr&oacute; el juicio por parricidio en Madrid</a>. All&iacute; do&ntilde;a Aurora se declar&oacute; anarquista integral y dijo que para salvar a la Humanidad era necesario concebir y criar a un hijo desde el primer momento con estos ideales am&eacute;n de otros discursos que ten&iacute;an apabullados a los asistentes. Por cierto, la pr&aacute;ctica de la prueba pericial corri&oacute; a cargo de los doctores Vallejo N&aacute;jera y Piga, propuestos por el fiscal, y Sacrist&aacute;n y Prados, por la defensa. Cuatro eminencias. &nbsp; <br /><br /><br />Los golpes de efecto se sucedieron y el p&uacute;blico asist&iacute;a a las sesiones entre at&oacute;nito y divertido. El m&aacute;s llamativo fue cuando el abogado defensor, L&oacute;pez Lucas, dijo que, seg&uacute;n sus noticias, se encontraba, entre los curiosos, el padre de Hildegart. El revuelo fue enorme mientras do&ntilde;a Aurora gritaba, como una posesa, &laquo;el padre de la Hildegart est&aacute; muerto para ella&raquo;. &laquo;Muerto para ella&raquo;. <br /><br /><br />El 26 de mayo se cerr&oacute; la vista de la causa y Aurora Rodr&iacute;guez fue condenada a veintis&eacute;is a&ntilde;os, ocho meses y un d&iacute;a de reclusi&oacute;n mayor. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s estall&oacute; la guerra y se perdi&oacute; su rastro. Andando el tiempo, Eduardo de Guzm&aacute;n publicar&iacute;a un magn&iacute;fico libro titulado &laquo;Aurora de sangre&raquo;. Hoy d&iacute;a nadie sabe qui&eacute;n fue aquella muchachita roja que cometi&oacute; el error de enamorarse.</div>]]></content>
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