liga bbva | jornada 38

El Atlético gana su Décima agarrado a la épica

Fiel a su estilo, sobrevive a las lesiones de Costa y Arda, a un gol en contra y al asedio final de un Barça luchador, pero espeso (1-1)

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Dieciocho años después de aquel doblete que los hinchas rojiblancos más jóvenes han conocido por el boca a boca, los recortes amarillentos de prensa o la wikipedia, el Atlético es de nuevo campeón de Liga, esta vez contra todo pronóstico por la dinámica de los últimos años, protagonizada por ese famoso duopolio Real Madrid-Barcelona que parecía que se iba a perpetuar hasta el fin de los días. Dieciocho años después de que el Simeone jugador celebrara el título, el Simeone entrenador recupera la gloria para un club siempre excesivo en lo bueno y en lo malo, lastrado por el tópico del Pupas, un equipo con vocación antisistema que iba a caerse en febrero, luego en marzo, más tarde en abril y que, fiel a su prestigio, se jugó el todo o nada a la última carta. No podría entenderse este éxito sin el “cholismo”, convertido no solo en una forma de entender el fútbol desde la vivencia de cada partido como si fuera el último, sino en una especie de credo laico para la parroquia rojiblanca. La deuda del Atlético con el técnico argentino se antoja impagable. [Narración y estadísticas del Barcelona-Atlético]

Para alcanzar su décimo título liguero tuvo que afrontar la durísima prueba del Camp Nou ante el conjunto que ha dominado el fútbol en el arranque del siglo XXI, un Barcelona que ahora buscará soluciones en el diván después de una racha maravillosa sustentada por unos jugadores irrepetibles. Su despiste en el último tercio de temporada, cuyas causas habría que buscarlas en el agitado contexto (el fallecimiento de Tito Vilanova, las tribulaciones fiscales de Messi, el polémico fichaje de Neymar y la salida del presidente Rosell), pero también en una sensación de fin de ciclo, no le impidió utilizar una bala de la recámara que a punto estuvo de acabar con el sueño de los madrileños.

Sorprendió el Atlético buscando al Barça en su campo desde el inicio, aunque el prometedor comienzo se quebró con la lesión de Diego Costa, que en un contraataque claro de los rojiblancos dimitió de la jugada y se tiró al suelo, quebrado. Fue sustituido por Adrián y cuando se sentó en el banquillo las lágrimas le nublaron los ojos por el presente y quién sabe si por el futuro. Para colmo de males, minutos después se rompió Arda, que fue relevado por Raúl García. Corría el minuto 22 del partido y Simeone había perdido dos de sus mejores hombres de vanguardia. No mejoró el Barcelona en sus prestaciones, y de hecho las pérdidas constantes del balón y alguna cesión comprometida a Pinto motivaron algún runrún en la grada, pero cumplió los deseos de Martino: adelantarse en el marcador de una vez por todas ante el Atlético esta temporada. El gol no fue fruto de un dominio agobiante, sino de una genialidad de Alexis, que aprovechó una cesión con el pecho de Messi para soltar un zapatazo tremendo, sin ángulo, que propulsó el balón como un misil por la escuadra.

No hubo mucho más Barça en la primera parte, con Pedro excesivamente acelerado en su banda y Messi anclado en esa indolencia pre-Mundial tan característica. Los focos se giraron hacia él por un pequeño rifirrafe cuando el árbitro ya había ordenado el descanso: pegó un patadón al balón porque entendió que había recibido una falta, y se ganó una tarjeta amarilla. Ahí se acabó el papel del astro argentino en la representación.

El comienzo de la segunda mitad recordó a aquellos minutos desaforados de la Champions, cuando el Atlético negó la existencia al Barça. Un remate al palo de Villa fue el preludio del gol del empate en una jugada de libro: córner botado por Gabi y cabezazo inapelable de Godín. No reaccionaron los locales de una forma fluida, aunque la salida de Neymar por Pedro animó la banda izquierda de su ataque. Con el Atlético metido en su cueva y recurriendo al despeje sin ton ni son, el sufrimiento se anudó a la garganta de unos y otros, por las premuras y los agobios. A un paradón de Courtois a lanzamiento lejano de Alves siguió el suspense en un nuevo saque de esquina en el área contraria. Agarrado el conjunto rojiblanco a la resistencia numantina, ganó su particular Décima siendo fiel a su prestigio. “Si hay que sufrir, se sufre”, primer mandamiento de Simeone, el hombre que mató al Pupas e inventó al Atlético moderno. Tras el pitido final, el Camp Nou aplaudió al campeón.