Carlos III, artífice de la Lotería Nacional
Carlos III, artífice de la Lotería Nacional - ARCHIVO ABC
Lotería Nacional

La actual Lotería de Navidad se basa en el sorteo que crearon los borbones

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Hace más de 250 años que la Lotería de Navidad lleva toneladas de ilusión a millones de hogares españoles y mucho, pero que mucho dinero, a algunos pocos afortunados (pues, como sabemos cuándo adquirimos el billete, no todo el mundo puede ganar los millones que ofrece «El Gordo»). Y es que, este «impuesto de los tontos» -como vulgarmente se conoce al sorteo- nació en la Guerra de la Independencia basándose en el estilo utilizado por la Lotería Primitiva, la cual fue creada en 1763 por Carlos III para salvar a nuestro país de la quiebra en la que había quedado tras la época de los austrias.

Sea como fuere, lo cierto es que la llegada de la lotería instaurada por este monarca creó un gran impacto social y provocó –además de que la gente se dejara los reales en billetes- la creación de multitud de refranes populares. Uno de los primeros en llegar a las tierras rojigüaldas fue el de «de enero a enero, me enriquece mi lotero», sin despreciar el antiguo dicho atribuido al propio monarca que decía: «el que juega mucho es un loco, pero el que no juega nada es un tonto». «Tirar la casa por la ventana» es la última de las frases que se inventaron durante esta época pues, según explica Guillermo Suazo Pascual en su «Abecedario de dichos y frases hechas», era costumbre que, aquel que ganaba el sorteo en el SXIX, arrojara desde su piso sus antiguas pertenencias para sustituirlas por otras nuevas.

Nace la Primitiva

A pesar de que existen testimonios de sorteos previos, para hallar el nacimiento de una de las loterías más famosas de nuestra historia es necesario viajar hasta el SXVIII. Corrían por entonces años de dificultades económicas en España, la cual se veía asolada por una fuerte crisis que había llegado de la mano de los austrias y del Antiguo Régimen. Por eso, cuando el nuevo monarca –Carlos III- sentó sus reales en la poltrona, no le quedó más remedio que romperse los sesos para llenar las arcas del estado. Pero no sólo eso, sino que hizo el «más difícil todavía» al señalar que no quería subir los impuestos. ¿El objetivo? Que la sociedad no acabara hasta el chambergo de él.

La solución vino de manos de los italianos, a los cuales copió la idea de una lotería que se establecería a nivel nacional para recaudar el mayor dinero posible (una medida que iba incluida en un «paquete» -que dirían ahora los políticos- económico). «Dentro de la reforma se incluyó la creación de la lotería. La aprobación no fue sencilla. En la institución del juego, Carlos III se benefició de la experiencia adquirida durante su etapa de gobierno napolitana, entre los años de 1734 y 1759», explica la profesora de la Universidad Carlos III Cecilia Font en su dossier «La aparición de la lotería española ¿Qué reacciones generó?»

El monarca hizo traer a España al director de la lotería napolitana, don José Peya, quien se encargó de dar forma al que, posteriormente, sería uno de los sorteos más destacados de la época. En apenas unos meses (el 30 de septiembre de 1763) se autorizó, por Real Decreto firmado por el Marqués de Esquilache, el establecimiento del juego en Madrid. «Un proyecto tan novedoso despertó una gran expectación y a pesar de que juegos de distinta naturaleza existían desde antiguo, el pueblo lo acogió con gran alborozo», completa la experta. Había nacido la conocida como Lotería de Números (posteriormente, Primitiva)

El curioso sistema de juego

A pesar de que fue un proyecto totalmente revolucionario en España para la época, lo cierto es que era sumamente complejo poder jugar a esta lotería. Para empezar, el interesado debía seleccionar los números a los que quería apostar de entre un total de 90. De ellos, solo cinco tendrían la suerte de ganar. A continuación seleccionaba el tipo de apuesta que realizaría y, finalmente, la cantidad de dinero. Los premios, como cabía esperar, dependían de todos estos factores.

«Las apuestas podían ser varias: “extracto simple”, en la que el jugador escogía un solo número y obtenía premio en caso de que fuera uno de los cinco extraídos; “extracto determinado”, en el caso de que -además de escoger un número- se especificara el lugar en el que sería extraído […]; “ambo”, en la que se debían escoger dos números sobre los que realizar la apuesta; y “terno”, en la que se realizaba la apuesta sobre tres números», añade Font.

La dificultad del juego era tal que se llegaron a crear varios manuales que explicaban pormenorizadamente cual era la mejor forma de apostar. Pero no solo eso, sino que también empezaron a salir al mercado todo tipo de libros que –editados por adivinos y supuestos expertos matemáticos- aseguraban ofrecer al lector una fórmula mágica para ganar. Como destaca Font, entre ellos se encontraba «Misterios de la Lotería Primitiva ó el Gitano Cabalista del SXIX».

En este pintoresco estadillo, un hombre de etnia gitana señalaba uno por uno los números que saldrían del bombo en los años siguientes e, incluso, afirmaba que se podrían adivinar los premios del sorteo que se quisieran haciendo uso de la magia de las cartas. «Obtendrán ambos en bastante número, y por lo menos cuatro ternos y una quinterna, gozando de inmensas ganancias hasta el punto de la riqueza y la felicidad», rezaba el texto. También afirmaba haber creado un sistema perfecto para ganar llamado «la jugada del diablo». ¿Locura? Puede ser, pero lo cierto es que sus libros se vendieron en los kioscos como churros.

Un nuevo sorteo

Años después (en 1808), y con la entrada de Napoleón Bonaparte en la Península y el inicio de la Guerra de la Independencia, España quedó dividida en dos partes bien diferenciadas: la Napoleónica (regida por el hermano del emperador, José Bonaparte) y la anti francesa (dirigida desde tierras andaluzas y encargada de salvaguardar la cultura española). La primera no tenía demasiados problemas de liquidez y la segunda necesitaba cuántas más monedas mejor para financiar los mosquetes y sables con los que equipar a los soldados hispanos.

-Puedes leer el artículo completo sobre el primer sorteo de la Lotería Moderna en el siguiente link: «Lotería de Navidad, el sorteo que ayudó a los españoles a expulsar a Napoleón».

Por ello, en 1811 el Ministro del Consejo y Cámara de Indias, Ciríaco González Carvajal, presentó ante las Cortes Generales y Extraordinarias en Cádiz (sede de la resistencia hispana) un nuevo proyecto de lotería como «un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes». La idea era recaudar todos los reales que se pudieran con el objetivo de expulsar al «Pequeño corso» de la Península. Así pues, se determinó que es sistema sería similar al que había instaurado Carlos III en la Lotería de Números, aunque muchísimo más sencillo.

Napoleón BonaparteLa creación de esta Lotería se aprobó el 23 de noviembre de 1811. «Su éxito lo garantizó su sencillez, resultaba mucho más comprensible para el público y más fácil de gestionar para el Estado, ya que el sistema de apuestas era mucho más simple que la anterior», destaca Font en su texto. Fue en esta época cuando ambos sorteos fueron bautizados con dos curiosos nombres para diferenciarlos: la más antigua (la de Números) fue denominada «Primitiva» y la nueva, «Moderna». Ambas eran, sin embargo, «Loterías Nacionales».

El nuevo modo de juego hizo que la Moderna terminara siendo conocida como la Lotería de Billetes. ¿La razón? El gobierno emitía una serie de boletos con unos números y, si tenías la fortuna de que éste saliera, ganabas un buen pellizco. «Las lotería de clases era una lotería de billetes o números fijos. Estas loterías se organizaban según un […] plan de sorteos y de premios establecidos que se hacía público, de modo que el jugador tenía la certidumbre del premio del que sería acreedor», explica Roberto Garvia en «Las loterías españolas desde una perspectiva comparada: unos datos y una hipótesis».

La expansión de la Lotería y la llegada del sorteo de Navidad

Aunque la emisión de billetes comenzó siendo pequeña, la demanda fue aumentando radicalmente en los siguientes sorteos. Cinco años después ya se realizaban dos mensuales y se comenzó a barajar la posibilidad de llevar a cabo un sorteo extraordinario en Navidad. Finalmente, la Lotería Moderna tuvo tanto éxito que terminó superando ampliamente las ventas de la Primitiva, que fue abolida por la Ley de Presupuestos del 4 de mayo en 1862. Su eliminación trajo consigo, además, la expansión del nuevo sorteo -el cual incluyó varias rifas más para llegar a toda la población- y un novedoso nombre: el de Lotería Nacional para la de Billetes (pues ya no hacía falta diferenciarla de su competidora).

A su vez, y debido a que la clientela principal de la Primitiva estaba forma principalmente por la gente de menor poder adquisitivo, se ajustó el precio de la Moderna. «La hacienda debía procurar satisfacer la demanda de las clases populares, [… ]. Si no lo hacía perdería alrededor del 15% de los ingresos totales […]. Pero tampoco podía crear sorteos especiales de la Lotería Nacional al alcance de los bolsillos de esas clases cuando se había justificado el desmantelamiento de la [Primitiva] por razón de alejar del juego a las clases "laboriosas". Se optó por […] añadir tres sorteos más y se redujo el precio de la fracción mínima a diez reales en dos sorteos y a cuatro reales en otros tres sorteos (cuando el año anterior la fracción mínima costaba quince reales)», añade el experto.

Posteriormente, al sorteo específico de la Lotería Nacional celebrado en diciembre se le cambió el nombre por Lotería de Navidad. Concretamente, esta modificación se realizó –según fuentes de Loterías y Apuestas del Estado- el 23 de diciembre de 1892, aunque el título no apareció impreso oficialmente en los billetes hasta 1897. Más de 100 años después –en 1985- el Gobierno recuperó la Primitiva, cuyo sorteo se volvió a celebrar a partir de la publicación del BOE en agosto de ese mismo año. Así, hasta hoy.