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Eufemismos: de los «campos de trabajo» nazis, al «derecho a decidir» catalán

Día 03/11/2014 - 15.46h

El uso de este recurso lingüístico se ha vuelto recurrente en política para enmascarar aquello que no se quiere decir

Desde usar la conocida expresión «campos de trabajo» para denominar a los «campos de concentración y exterminio» que acabaron con la vida de millones de personas, hasta hablar de «traslado» para enmascarar las deportaciones en masa a las que eran sometidos, por entonces, los judíos. Además de por su violencia y por sus crímenes de guerra, si por algo fueron conocidos los nazis y –en especial- Adolf Hitler, fue por el uso espléndido que hicieron de la propaganda, por su espectacular capacidad retórica y por su gran habilidad a la hora de elaborar eufemismos que ocultaran la pesadilla que estaban haciendo vivir a una buena parte de la humanidad.

Desde aquellos duros años de la Segunda Guerra Mundial en los que el «Führer» aterrorizaba Europa, hasta ahora, el uso de los eufemismos se ha generalizado entre los políticos. Por suerte, en la actualidad no se emplean para esconder atrocidades como asesinatos en masa o torturas, sino para evitar alguna que otra palabra que podría resultar demoledora para los intereses de un partido. Un claro ejemplo de su constante empleo puede atribuírsele al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, quien, para no decir la palabra «crisis», hizo uso de una gran remesa de términos que iban desde «situación ciertamente difícil», hasta «frenazo». A su vez, y de manera más actual, la palma se la lleva Artur Más y su «derecho a decidir» en lugar de «independencia».

Los eufemismos

Pero ¿Qué es un eufemismo? «Según la definición académica, el eufemismo es la ‘manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante’. El término, aunque fechado en la segunda mitad del siglo XIX, aparece ya en el “Arte de la lengua española castellana” (1625), de Gonzalo Correas (“El eufemismos es buena habla, quando por no dezir las cosas tristes, aziagas, i molestas, ó desonestas por sus vocablos. las dezimos por otras palavras, i terminos mas dezentes”, CORDE). Procede del latín “euphemismus”, y este de un término griego que significaba ‘que habla bien, que evita las palabras de mal agüero’», explica, en declaraciones a ABC, Francisco Javier de Cos Ruiz, profesor de Filología en la Universidad de Cádiz.

De la misma opinión es Paula Requeijo Rey, profesora de la Universidad Camilo José Cela y especialista en comunicación y marketing político. «Un eufemismo, dicho de manera coloquial, es una sustitución de un término por otra palabra con el objetivo de evitar decir algo», explica en declaraciones a este periódico. Con todo, a día de hoy el uso de los eufemismos está tan generalizado que es usual que todo el mundo (tanto políticos como personas sin ninguna actividad pública) recurra a él varias veces al día para evitar situaciones incómodas.

Eufemismos: de los «campos de trabajo» nazis, al «derecho a decidir» catalán
Hitler, el rey de la propaganda y de los eufemismos, durante uno de sus discursos
ARCHIVO ABC

«Todos entendemos el eufemismo en sentido peyorativo. Se supone que a través de eufemismos escondemos la realidad. Y es así en muchas ocasiones, sin duda. Pero el lenguaje está lleno de trampas eufemísticas. En realidad, me interesa más pensar en el uso del lenguaje para construir la realidad, no solo para describirla. Así, decimos que nos hemos comprado un coche “seminuevo” o “de ocasión”, para no decir que es usado o “de segunda mano”. Cuando no queremos hablar de nuestra expareja decimos “esa señora” o “ese señor”, eliminando el nombre como hacían los nazis con los prisioneros en los campos», señala, en este caso, Luis Arroyo -presidente de la consultoría «Asesores de Comunicación Pública»- a ABC.

A su vez, los medios de comunicación tampoco somos una excepción a la hora de usar los eufemismos. «En “ABC” es costumbre hablar de ETA como “banda terrorista”, y en tiempos incluso “banda de pistoleros”. Para “The Economist”, ETA era una “organización independentista”, y esos mismos terroristas se llaman a sí mismos “gudaris”, a su movimiento lo llaman “de liberación” y lo suyo es la “lucha armada” a través de “acciones”. Y así gira el mundo, con visiones alternativas y verosímiles, no necesariamente veraces, de la realidad», añade Arroyo.

Qué no es un eufemismo

En la actualidad se suele confundir el eufemismo con otra serie de fenómenos lingüísticos. Uno de los errores más comunes, en palabras de Ruiz, es considerar que el término se puede sustituir por un grupo de palabras. Sin embargo, este es un concepto diferente y, para que se diera un eufemismo puro, habría que cambiar, por ejemplo, la palabra «minusvalía» (mal considerada a nivel social) por «discapacidad» (mucho más aceptada). Aunque hoy en día ésta es una diferencia que no se suele aplicar a nivel social.

«Por último, frente al eufemismo, que es un recurso atenuador, tenemos el disfemismo como recurso de realce o refuerzo de las referencias o asociaciones de un término noble o neutro. Si, ante la muerte de una persona, le decimos a los familiares del interfecto que este “ha pasado a mejor vida”, hacemos un uso eufemístico de esta expresión. Si, en cambio, con una intención bien distinta, hablásemos de que “ha estirado la pata”, “la ha palmado” o “la ha espichado”, emplearíamos sustitutos disfemísticos», completa el filólogo español.

¿Por qué son tan efectivos a nivel político?

Durante años, y sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial, los eufemismos han sido un elemento utilizado por todo tipo de gobiernos para enmascarar aquello que era mejor que no se entendiese a la perfección. Sin embargo, cuando miramos con perspectiva la historia son muchas las dudas que nos asaltan. ¿Cómo es posible que los alemanes que acudían a los discursos de Hitler no supieran que aquel hombrecillo les estaba engañando y, tras sus palabras, se escondía una realidad terrible? Para Requeijo, la respuesta está clara: este recurso lingüístico hace que el cerebro piense en positivo, y nadie suele rechazar una buena noticia cuando se la sirven en bandeja de plata.

«Las palabras crean marcos mentales (una serie de conceptos que están relacionados entre sí, de manera que, cuando yo un término, se asocia inmediatamente con otras). Cuando utilizamos una palabra, activamos un marco dentro de la mente de la persona. Por ejemplo, en Estados Unidos aprendieron que es mucho más popular hablar de “alivio fiscal” que hacerlo de “pagar impuestos”. Esto se debe a que la palabra “alivio” se enlaza en la mente con términos que inspiran tranquilidad, cosa que no sucede cuando hablamos de impuestos, que es automáticamente negativo. Estas asociaciones dependen, en gran medida, de la cultura y de la enseñanza», explica la experta en comunicación.

Tal y como señala la profesora, no es lo mismo usar el término «islámico» en Occidente, que emplearlo en regiones musulmanas. Y es que, una persona que haya vivido en países como España o Estados Unidos –donde se han sucedido duros ataques de células árabes contra la estación de Atocha y las Torres Gemelas- asociará inmediatamente la palabra con el miedo, el terrorismo etc. Mientras que, en otras regiones, puede ser un vocablo totalmente neutro o, incluso, positivo. Esto provoca que, en los discursos, sea un término a evitar a no ser que se busque generar miedo.

«Un ejemplo de la variación del marco mental dependiendo de la cultura y la enseñanza lo tenemos en Cataluña. Si yo le pregunto a alguien que esté a favor de la consulta qué asocia con “independencia” me dirá que libertad, autogobierno, capacidad para decidir, derechos etc. Si le pregunto a alguien que no está de acuerdo con ella lo asociará con secesión, ilegalidad, estar fuera de la constitución, subversión etc. Cada uno lo llamará de diferente manera. La palabra que se usa está diciendo, por lo tanto, define la opinión con respecto a un tema», añade Requeijo.

Una vez dicho esto hay que preguntarse lo siguiente ¿qué hay de verdad y qué hay de mentira en los eufemismos? Para Arroyo no existe como tal la verdad, sino que lo que debe importar –como buen asesor de comunicación que es- es lo verosímil que se pueda llegar a ser: «Un señor entrajetado con su corbata y con un teléfono frente a unas pantallas con la cotización de las empresas del mundo, ¿es “el mercado”?, ¿o más bien “un especulador? ¿Qué es más “verdad”? No jugamos con la verdad, aunque también, sino con lo verosímil. Si dices “mercado” la gente está en un 80 por ciento -más o menos- en contra de la intervención del Estado en la economía. Si dices “especulador”, la gente está en un 90 por ciento en contra de esa misma intervención del Estado en la economía. Lo tienes, junto con dos decenas de ejemplos más de uso del lenguaje y su influencia en la opinión pública en mi libro “Frases como puños: el lenguaje y las ideas progresistas”, de Edhasa».

Los eufemismos, en el día a día

Por el contrario, a nivel cotidiano el uso de los eufemismos cambia. La razón es sencilla: la persona de a pie no quiere –a priori- activar ningún marco mental determinado. Por el contrario, normalmente busca ocultar con ellos una opinión demasiado controvertida sobre un tema concreto para, así, evitar ofender a aquellos que se encuentran junto a él.

«Desde un punto de vista psico-social, el eufemismo puede analizarse como un mecanismo verbal de respuesta ante el miedo, condicionante universal de la conducta humana. El ser humano es vulnerable si está solo, necesita la compañía del otro y su aprobación. Busca la seguridad que da tener una imagen normal de sí mismo, la seguridad de pertenecer al grupo. En este sentido, en el ámbito social de las relaciones humanas se justifica evitar el empleo de términos y expresiones que pueden “herir la sensibilidad” del prójimo», completa Ruiz.

Para el filólogo, el eufemismo es además un mecanismo que cumple una función social como es no ofender a nuestros interlocutores: «Es una estrategia de cortesía positiva que nos permite salvar nuestra imagen, concepto este clave de la teoría de la cortesía. En primer lugar, para que surta efecto el eufemismo, el oyente debe ser cooperativo. En segundo lugar, el eufemismo cumple la máxima de simpatía, la que promueve maximizar la simpatía y minimizar la antipatía; la regla que dice “sea cortés, sea amable, haga que su interlocutor se encuentre cómodo”. Ello a pesar de que con el eufemismo se incumpla la máxima de modalidad o claridad, la que dicta “ser claro, evitando la ambigüedad y la oscuridad de expresión”».

Así nació el lenguaje del nazismo

De entre todos aquellos que han usado los eufemismos a través de la Historia como parte de una estrategia de comunicación, los que realmente pueden presumir de haberlos empleado de manera magistral fueron los altos cargos del nazismo. Pero no sólo este recurso lingüístico, si no todo aquel del que pudieron echar mano para lograr que la sociedad alemana creyera a pies juntillas lo que declamaban. De hecho, tal fue el teatro gramatical que crearon alrededor de las palabras que, con el paso de los años, una buena parte de los ciudadanos que habitaban en el «Reich» no se podían ni a imaginar las atrocidades que se estaban cometiendo en los campos de concentración existentes.

«Los regímenes totalitarios son maestros en el uso del lenguaje, que trasladan a cada rincón a través de sus libros “sagrados”, a través de la educación de los niños, a través incluso del conocimiento supuestamente científico, de la cultura, de las artes… Quizá el ejemplo más brutal de una construcción forzada y asquerosa a través del lenguaje sea ese cartel en la puerta de Auschwitz: “El trabajo os hará libres”. Pero ¡cuidado! Recordemos con qué facilidad le quitamos nosotros también el nombre a la persona a la que no apreciamos…», explica Arroyo.

Eufemismos: de los «campos de trabajo» nazis, al «derecho a decidir» catalán
Hitler, frente a miles de seguidores en Nuremberg
ARCHIVO ABC

Para entender el origen de la lengua y la comunicación que los nazis utilizaron durante el Tercer Reich y la Segunda Guerra Mundial es necesario remontarse en el tiempo hasta 1919, año en que Hitler entró a formar parte del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán («NSDAP»). Aunque por entonces este sujeto no era más que un sujeto bajito y alborotador que se hacía notar por su característico bigote, ya empezaba a ser conocido entre sus iguales por su capacidad para hablar ante el público y su talento innato para convencer a todo aquel que se atreviera a mantener una discusión con él.

Por ello, no tardó en abrirse paso a codazos dentro del partido hasta que, en 1921, se hizo con sus riendas. Fue precisamente en ese momento cuando, día tras día y junto a sus compañeros, empezó a crear un lenguaje característico que pronto se hizo un hueco entre los jerarcas del «NSDAP». Éstos sujetos serían posteriormente sus camaradas al frente del país a partir de 1933, año en que se sentaron en la poltrona del poder y época, a su vez, en la que este lenguaje ideado en las cavernas del partido comenzó a extenderse entre la sociedad. Así lo afirma el filólogo judío Víctor Klemperer –quien vivió en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial- en su obra «La lengua del Tercer Reich», en la que señala las características de este nuevo dialecto.

«A partir de su llegada al poder, los nazis […] se lanzaron al asalto del lenguaje, lo recrearon, se lo apropiaron, lo “nazificaron”, su jerga de grupo, su dialecto, se desparramó hacia todos los confines de la sociedad, se lo socializó “a punta de bayoneta”. El nazismo fue el ejemplo de una sociedad “panóptica” […] en la cual, el férreo control ideológico, la “pureza racial” de la lengua, se llevó a cabo a través de la acción del “megaministerio” de propaganda; los nazis se volcaron frenéticamente a la construcción y reconstrucción de la lengua, lo que produjo el efecto material de la transformación del sistema de relaciones sociales en la sociedad alemana», explica el sociólogo argentino Patricio Adrián Brodsky en su dossier «El uso político del eufemismo en la jerga política nazi: de la exclusión de la lengua al exterminio de los sujetos».

Eufemismos: de los «campos de trabajo» nazis, al «derecho a decidir» catalán
La Legión Cóndor escucha las palabras de Hitler
Campua

Desde su nacimiento, la lengua del «NSDAP» buscó llegar a las masas, a un público amplio y deseoso de que alguien les alumbrara el camino después de haber sido vapuleados por los vencedores tras la Primera Guerra Mundial y sus «reparaciones de guerra». Por ello, Hitler no dudó en utilizar un lenguaje simple para conseguir situarse cerca de todos sus interlocutores. A su vez, usaba frecuentemente siglas y superlativos en un intento de imbuir de violencia sus palabras.

«Los nazis utilizaron un sistema de lenguaje que es digno de estudio. Hacían un uso constante de muchos slogans, superlativos, imperativos… Con ellos activaban unos marcos mentales determinados que les favorecían. También intentaban enfatizar todo lo germano. Evitaban usar expresiones francesas muy utilizadas en el lenguaje alemán y las sustituían por un término propio», añade Requeijo.

Sin embargo, si por algo destacaron los nacionalsocialistas alemanes fue por el amplio uso que hicieron de los eufemismos, términos mediante los que pretendían esconder las atrocidades que llevaban a cabo en los campos de concentración y mediante los que, con el paso de los años y la llegada de las derrotas, ocultaban a sus soldados lo desesperada que era la situación en todos los frentes.

En base a ello, preferían evitar que sus tropas se desmoralizaran utilizando todo tipo de curiosos términos que, en la actualidad, pueden parecer increíbles: «En la Segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes querían levantar la moral de las tropas y, sobre todo, de la retaguardia –donde la población vivía más penurias debido al hambre y a la marcha de muchas personas a la lucha- se evitaban palabras como, por ejemplo, “dificultad para avanzar” (que da pie a un marco mental que se asocia con lo negativo, con lo costo) y utilizaban “pausa momentánea en el avance” (que activa unos marcos mentales más agradables en el receptor)», añade, en este caso, la profesora a este diario.

Los eufemismos nazis

Entre los eufemismos más usados por Hitler y sus seguidores destacaban los siguientes (orden alfabético):

-Acciones: Linchamientos de judíos.

-Ajeno a la especia: Inapropiado.

-Arresto preventivo: Encarcelamiento o marcha hacia campos de concentración de prisioneros judíos.

-Avance elástico sobre la retaguardia: Retirada de las tropas del frente de batalla.

-Campo de conciertos: Campos de concentración / campos de exterminio.

-Campos de trabajo: Campos de concentración / campos de exterminio.

-Caracterialmente positivo: Nazi perfecto.

-Centros de reubicación: Campos de concentración / campos de exterminio.

-Centros médicos: Lugares de matanza, ya fueran campos de exterminio o edificios en los que ejecutar la «eutanasia» (ver término posteriormente)

-Cosas: Víctimas dispuestas para ser asesinadas.

-Crisis: Derrota en batalla.

-Doctor: Persona encargada de acabar con los disminuidos físicos y psicológicos en los programas de «eutanasia» (ver término posteriormente).

-Eutanasia: Programa de asesinato de personas con deficiencias mentales o psíquicas a las que se le quitaba la vida de forma clandestina y sin preguntar a sus familias (ya fueran alemanas o no).

-Festival de la cosecha: Asesinato masivo de judíos en Polonia

-Fundación de beneficencia para el cuidado institucional: Entidad encargada de ejecutar el programa de «eutanasia».

-Grupos de servicios especiales: Grupos de ejecución.

-Grupos de tareas: Soldados encargados del asesinato en masa de personas en los campos de concentración.

-Interrogatorio intensificado: Tortura.

-Judíos indeseados: Mensaje que prohibida la entrada a judíos en las puertas de los restauran al comenzar la Guerra.

-Limpieza: Asesinatos.

-Mierda: Víctimas dispuestas para ser asesinadas.

-Muñecos: Víctimas dispuestas para ser asesinadas.

-«Noche de los cristales rotos»: Ataques nazis masivos sobre la población judía entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938.

-Pacificación: Asesinatos.

-Pacificación especial: Asesinatos / Introducir a prisioneros en cámaras de gas.

-Pausa momentánea en el avance: Dificultad para avanzar sobre un territorio debido a al férrea defensa del enemigo.

-Propaganda difamatoria: Verdad contada por los diarios ajenos al régimen.

-Reacomodo: Deportación de judíos.

-Reinstalación de judíos: Deportación de judíos.

-Sincronización: Sistema de control de los individuos.

-Solución final: Asesinato en masa de judíos que tenía como objetivo la eliminación de su raza de la Tierra.

-Trapos: Víctimas dispuestas para ser asesinadas.

-Traslado: Deportación de judíos.

-Tratamientos especiales: Gasear, introducir a los prisioneros en las cámaras de gas.

-Troncos de madera: Víctimas dispuestas para ser asesinadas.

Disfemismos usados por los nazis

-Casa de judíos: Casa en la que habitaba, al menos, un judío.

-Cría: Hijo de un judío.

-Judíos del Kremlin: Trotski, Stalin etc.

-Judíos del mundo: Todo judío que no se hallara en Alemania.

También hoy

Tras el paso de los nazis por la Historia, los eufemismos -como ya hemos comentdo- no han dejado de tener presencia pública. Aunque, por suerte, ya no se usan para esconder la muerte de miles de personas ni para ocultar un régimen antidemocrático. Por el contrario, su objetivo es el de suavizar la realidad en política.

En la actualidad, los eufemismos vuelven a estar de moda gracias a la independencia catalana, un tema que –sin duda- ha avivado la imaginación de todos los partidos políticos. «La información respecto de la independencia aporta, claro está, casos de eufemismo. Así, en una entrevista reciente a Oriol Junqueras, en vez de hablar de ruptura de la relación con España, el líder de ERC propuso un «replanteamiento» de esa relación. También, en los medios se ha aludido precisamente a que el “queremos votar” es un eufemismo de aquellos que defienden “la independencia de Cataluña”. En varios lugares se reconoce el “derecho a decidir” como eufemismo de “derecho a la autodeterminación o independencia”», señala Ruiz.

Lo mismo ha sucedido con los eufemismos que se han creado para sustituir a la palabra «referéndum». Éstos han sido muy utilizados por aquellos que están a favor de la independencia para evitar introducir el componente de legalidad que lleva implícito este término. «Con respecto a “referéndum”, los partidos proindependentistas, con la idea de adelgazar, si no eliminar, el componente jurídico del término, han utilizado como sustitutos eufemísticos “consulta”, “proceso participativo” y, en los últimos días, “consulta alternativa”. Por su parte, el partido gobernante en España habla disfemísticamente de “referéndum separatista” y de “órdago al Estado”».

Finalmente, otra de los vocablos que ha acuñado el independentismo catalán ha sido el de «derecho a decidir». Una serie de palabras que, según el consultor Luis Arroyo, están perfectamente pensadas para generar una sensación concreta en aquel que las recibe: « “Derecho a decidir” es fácil de defender en amplias capas. El 80 por ciento de los catalanes está a favor “del derecho a decidir”. Seguro que el lector también. A favor de la independencia “sólo” está en torno a un 40 o 50 por ciento».

Eufemismos catalanes, según Luis Arroyo

-Yo digo independentista, tú dices soberanista.

-Yo digo secesión, tú dices soberanía.

-Yo digo independencia, tú dices derecho a decidir.

-Yo digo España, tú dices Estado español.

-Yo digo las fuerzas políticas independentistas, tú dices el pueblo.

-Yo digo la Comunidad Autónoma de Cataluña, tú dices el país o los países catalanes.

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