Refranes

El Rosario de la Aurora que acabó a farolazos

«El hecho pasó en más pueblos, pero el sitio donde primero ocurrió fue aquí, en Espera», señala un historiador local

«El Rosario de la Aurora», de José García Ramos
«El Rosario de la Aurora», de José García Ramos - Guillermo Mendo Murillo (ministerio de educación, cultura y deporte)

El rezo de un rosario de madrugada acabó en tal trifulca en el siglo XVIII que desde entonces parece ser que corre el dicho popular de que «esto va a acabar como el Rosario de la Aurora». «El hecho pasó en más pueblos, pero el sitio donde primero ocurrió fue aquí, en Espera», señala Manuel Garrucho Jurado, director del colegio Antonio Machado de esta localidad gaditana. Los espereños, ironías de la historia, no esperaron a resolver pacíficamente sus diferencias y aquella sonada madrugada perdieron la paciencia y los estribos.

La bronca surgió por la fuerte rivalidad que existía entre las dos hermandandes importantes de Espera, la de la Vera Cruz y la de las Ánimas. «Espera era un pueblo muy religioso y había mucha competencia entre las dos hermandades. La localidad, que tendría entonces entre 1.500 y 2.000 habitantes, estaba dividida», señala a ABC este licenciado en Historia y autor de cinco libros sobre la historia local que añade cómo «ya había antecedentes de broncas entre hermandades desde antes de 1773».

De la tensión entre las dos hermandades da cuenta Fray Baltasar de San José, un religioso jerónimo del monasterio de Bornos autor del Retablo de las Ánimas de la Iglesia de Santa María de Gracia de Espera. Según relata Garrucho Jurado, la muerte en 1749 de un vecino de Espera miembro de las dos hermandades estaría en el origen de la bronca posterior. Al entierro de un hermano acudía tradicionalmente la hermandad con su cruz y en éste ambas se disputaban la prioridad. La tensión entre ambas a raíz de este fallecimiento habría estallado después en el rosario de la aurora. A ello habría contribuido también el presbítero Domingo Antonio Pérez, quien «intentó suprimir la hermandad de la Vera Cruz», continúa Garrucho.

El rosario que por aquel entonces celebraban de madrugada ambas hermandades por separado acabó según parece a farolazos. José María Iribarren, académico de la RAE, así lo señala en «El porqué de los dichos»: «En Andalucía dicen: Acabará como el rosario de Espera, pueblo de la provincia de Cádiz, diócesis de Sevilla, en donde suponen acaeció la escena de los farolazos. Es muy posible que el final de los farolazos ocurriese en otros pueblos, si tenemos en cuenta que a la hora de salir el rosario solían andar las rondas de mozos pendencieros por las calles y que hasta fecha reciente eran frecuentes las colisiones por motivos políticos o religiosos».

Garrucho Jurado cree que Iribarren tomó estos datos del «Florilegio o ramillete alfabético de refranes y modismos...» de José Sbarbi (1873), donde se dice que «alude a cierto choque que hubo entre los que acompañaban al rosario que en muchos pueblos, particularmente de Andalucía, se canta y lleva procesionalmente por las calles los domingos al asomar la aurora; y tanto es así que se cree tuvo mal fin aquella contienda, que muchos suelen añadir al refrán el enunciado "que acabó a farolazos". Otros dicen: Acabará como el rosario de Espera (...) en el cual suponen se verificó aquel funesto desenlace».

La misma versión sostiene el paremiólogo sevillano Luis Montoto en «Un paquete de cartas de modismos, locuciones, frases hechas, proverbiales y familiares» (1888), donde nada se dice tampoco de la historia que señaló Juan Candil, párroco de la Iglesia de Espera a finales de los años 60. Este sacerdote aficionado a la Historia encontró en los archivos diocesanos la nota del fallecimiento del presbítero Juan José Valverde, de 82 años. El religioso murió en 1845 por los golpes recibidos por parte de un buey que se escapó sobre la calle Caraza de Espera (la actual calle Verónica), durante la procesión de la Cofradía del Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de la Esperanca y acometió contra varios de los feligreses, según recoge Garrucho Jurado en su artículo «El Rosario de Espera o de la Aurora» publicado en septiembre de 2013 en la web del Ayuntamiento.

A la versión de los bueyes evoca la imagen representada en un azulejo del monolito inaugurado en Espera en 2007, «aunque más parecen miuras que bueyes», añade el director del colegio Antonio Machado de Espera. Sin embargo, el suceso de los bueyes nada tuvo que ver con el origen del dicho, según ha podido comprobar Manuel Garrucho. «El Corrector del disparate» ya recoge la expresión en 1820, un cuarto de siglo antes del incidente por el que falleció Valverde. «¿Hay necesidad de exponernos a que decida la disputa quien no la entiende, o a que se acabara, según dicen, como el rosario de Espera?», señala la revista sevillana y «La Posdata» publicada en Madrid también se refiere a ella en 1843 cuando refiere que «los ayacuchos y los hermanos de la orden mendicante tratan de establecer una compañía de servicios mutuos en la que cada cual pondrá su parte: pero como estas son eterogeneas (sic), la compañía acabará como el rosario de Espera».

La chispa que encendió la mecha

José Luis Rodríguez Plasencia en «De Tomo y Lomo» (1997) recoge otras versiones sobre el motivo que provocó la descompostura procesional: «Según uno, fueron los quintos de aquel año, trasnochados y beodos, los que promovieron la discusión conlos píos penitentes que, no tan sumisos, arremetieron contra los provocadores y organizaron la tangana que dio lugar al dicho. Otros aseguran que el causante del tumulto fue un tiesto o maceta, lanzado desde un balcón por alguien a quien los cánticos y letanías a horas tan intempestivas no agradaron en absoluto».

El autor de la «Gran Enciclopedia del Disparate» relata también una divertida versión sobre la que no hay constancia acerca de la sonora ventosidad que habría soltado un monaguillo y que le habría costado un soberbio puntapié en el trasero por parte del sacristán. «El mozuelo no se arredró. Dolido por el golpe se revolvió y dio con el cirial en la cabeza del sacristán, que repelió la agresión usando la cruz procesional. Y así, unos que apoyan a éste y otros al otro, todos acabaron enzarzándose en una pelea que no parecía tener fin...».

Fuera como fuere, acabar como el Rosario de la Aurora ha llegado a nuestros días, ya sí lo recoge el Diccionario de la Real Academia, como «desbandarse descompuesta y tumultuariamente los asistentes a una reunión, por falta de acuerdo».

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