Kruschev, fumando en pipa en 1960
Kruschev, fumando en pipa en 1960 - AFP

El día en que Kruschev regaló la península de Crimea a Ucrania

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Han pasado pocas semanas desde que Rusia se embarcó en un proceso ampliamente criticado por la comunidad internacional que desembocó en la anexión del territorio crimeo. Sin embargo, lo que ha quedado olvidado en las páginas de la Historia es que, en febrero de 1954,el entonces líder de la U.R.S.S Nikita Kruschev regaló Crimea a la R.S.S. de Ucrania en conmemoración del 300 aniversario de su adhesión a Rusia. Aquel suceso, curiosamente, ocupó apenas un párrafo en los periódicos internacionales, nada comparable a 2014, donde Putin ha llenado horas de radio y televisión.

Corrían por entonces unos años convulsos para los europeos, pues acababan de ser testigos del final de una Segunda Guerra Mundial que no había dejado piedra sobre piedra y que había chupado hasta la última moneda de los diferentes países en conflicto. Y es que, aunque Adolf Hitler se había despedido del mundo en 1945 pegándose un tiro en la cabeza al ver la caída en picado de su nacionalsocialismo, sus fechorías iban a ser difíciles de olvidar y pagar.

Al este de Europa tampoco marchaban mejor las cosas para la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.), la cual se había quedado sin líder después de la muerte del «tovarich» Iósif Stalinen 1953. No obstante, como para todo roto hay un descosido, a un presidente fallecido le sucedió uno impuesto: Nikita Kruschev, uno de los amigos del anterior líder y que había gobernado la República Socialista Soviética de Ucrania desde 1938, región que, además, le había visto nacer.

Así definía un corresponsal de ABC, a finales de los 50, al sucesor de Stalin: «Kruschev es hombre regordete, y gran consumidor del refranero, jocoso a veces y con gran sentido de la propaganda, pero es tan comunista como su predecesor. La política de Kruschev es predicar el evangelio marxista por el mundo y que Rusia dirija esa evangelización. Stalin defendía lo mismo. Este prefería la acción militar y Kruschev es partidario de la acción política, de la subversión y de la confusión».

Kruschev también tenía en su currículum multitud de años de continuos combates contra las tropas nazis en Ucrania –primero- y Stalingrado –después- y se había hecho famoso entre los oficiales rusos por hacer cumplir a rajatabla la regla de oro soviética de «ni un solo paso atrás» (la cual castigaba con la muerte o la deportación a aquellos que se retiraran del combate). Todas esas cosas era el hombre que, gustoso, se hizo en 1953 con la poltrona de la U.R.S.S; un tipo que, para su mala suerte, se dio de bruces con un territorio sobrepasado por los costes de la reconstrucción tras la guerra contra Hitler.

El regalo de Crimea

Una vez en lo más alto del poder soviético, pasaron los días hasta la llegada de 1954, un año muy representativo para Kruschev, pues se correspondía con el 300 aniversario de la adhesión de Ucrania a Rusia. Sus dos tierras más amadas se encontraban de celebración. Por ello, puso su cabeza a cavilar y tomó una repentina y desconcertante decisión: regalaría la península de Crimea, de 27.000 kilómetros cuadrados, a la R.S.S. de Ucrania.

Entre enero y febrero el gesto se hizo efectivo favorecido por la evidente cercanía entre ambas regiones. Sin titubear, Kruschev puso un lacito a la península y se la entregó en bandeja de plata a los ucranianos. En principio, la decisión no era tan descabellada como puede aparentar en la actualidad, pues Ucrania formaba parte de la U.R.S.S. bajo dominio de Nikita. En la práctica, por lo tanto, la transferencia se correspondía más bien con un presente sin importancia hacia una de las tierras amadas del líder y que, de paso, le ahorraría unas cuantas monedas debido a que no se encontraría bajo su responsabilidad directa.

El día en que Ucrania recibió su ansiado regalo, los principales diarios soviéticos no dedicaron más que un párrafo al suceso. Y es que, a pesar de todo, no era más que un bonito gesto realizado por Kruschev. De hecho, en ABC no ocupó más que unas líneas del periódico el 28 de febrero de 1954: «El Presídium soviético ha aprobado una petición conjunta de las regiones interesadas para transferir al región de Crimea a la República de Ucrania. Se anuncia en Moscú que la decisión se tomó “por la similitud de economías, la proximidad del territorio y los íntimos lazos económicos y culturales entre la región de Crimea y la República Socialista Soviética de Ucrania».

Por el contrario, con lo que no contaba Kruschev era con que su amada U.R.S.S. iba a resquebrajarse algunas décadas después y muchas de las regiones que albergaba iban a tomar las de Villadiego. Una de ellas fue Ucrania, la cual hizo válido el «Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita» y metió en la maleta la península de Crimea antes de marcharse.