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Antonio Vidal, el hombre que pudo evitar la dictadura de Franco

Día 11/08/2013 - 12.00h
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Tres días antes de la sublevación, tres canarios casi asesinan a Franco en un plan ideado por este anarquista catalán. Llegaron hasta la puerta de su habitación. «¡Socorro, pistoleros!», gritó al oír ruido

¿Os imagináis que la dictadura franquista no se hubiera producido? ¿Qué habría sido de la historia de España sin este episodio?, o ¿cuál habría sido el devenir del país en el caso de que otro general hubiera triunfado al frente del golpe de Estado contra la República? Todas estas preguntas podrían haber sido respondidas si cuatro días antes del inicio de la guerra, de la que hoy se cumplen 77 años, Antonio Vidal hubiera llevado a cabo con éxito su plan de asesinar a Franco en Canarias.

Antonio Vidal, el hombre que pudo evitar la dictadura de Franco
Antonio Vidal

Muchas organizaciones se plantearon esta misma posibilidad después del 39 para poner fin a la dictadura –desde anarquistas a falangistas, pasando por republicanos o independentistas–, pero en contra de lo que pueda pensarse, los primeros intentos se remontan a los días previos al 18 de julio de 1936. Franco, por aquel entonces comandante militar de Canarias, no había conseguido mantener a salvo entre las cuatro paredes de su despacho en la sede de la Comandancia de la capital tinerfeña, la información referente al golpe de Estado que planeaba. No fue un secreto especialmente bien guardado, por lo que llegó hasta los oídos de la CNT, de la Defensa Confederal de Canarias y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI).

Estas organizaciones contaban entonces con la ayuda de Antonio Vidal, un destacado intelectual anarquista catalán que vivía en Santa Cruz de Tenerife, considerado el cerebro de este primer intento de atentado contra Franco, según cuenta el investigador canario Ricardo García Luis en «Crónica de vencidos» (La Marea, 2005), donde recoge varias primeras fuentes de lo acontecido aquellos días.

El traidor

Franco llevaba pocos meses en la capital tinerfeña, pero ya intuía que cualquier día de esos podría ser objeto de un atentado, por lo que tomó sus precauciones, como dormir con las puertas y ventanas cerradas a cal y canto a pesar del calor.

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Franco, en 1939

La decisión de asesinarlo había sido tomada por varios miembros del Comité Confederal de Canarias y la FAI en una «desafortunada» reunión en la que no contaban con la presencia de un compañero anarquista que iba a traicionarles, informando de las intenciones de Vidal y sus compañeros a los altos mandos militares involucrados en la sublevación. Tal vez el traidor, del que no se ha averiguado el nombre, no se planteó su perfidia entonces y simplemente cambió de opinión cuando le advirtieron de que, una vez Franco se hiciera con el poder, sería detenido y fusilado.

Según García Luis, uno de los anarquistas que participó en el intento la noche del 14 de julio del 36 fue Antonio Tejera Alonso, conocido como «Antoñé», un anarquista de Santa Cruz de Tenerife. El segundo colaborador fue Martín Serarols Treserras, apodado «El Catalán», que fue fusilado el 9 de enero de 1937 por pertenecer al Comité de Defensa Confederal de Canarias. Nunca se averiguó tampoco el nombre del tercer brazo ejecutor del plan de Vidal.

«¡Socorro, auxilio, pistoleros!»

Al anochecer del 14 de julio de 1936, estos tres anarquistas se escurrieron por la trampilla que conectaba una cantina cercana con las dependencias que ocupaba Franco. A través de la azotea, primero, y de un corredor de la Comandancia Militar, después, llegaron a la puerta que daba a la habitación del futuro dictador.

Antonio Vidal, el hombre que pudo evitar la dictadura de Franco
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Portada del ABC franquista al final de la Guerra Civil

La idea era abrir la puerta y liquidarlo de inmediato, pero Franco se encontraba en el interior con la puerta cerrada por dentro, alertado como estaba de las intenciones anarquistas. Antoñé, Serarols y el tercer compinche no se lo pensaron dos veces e intentaron forzar la puerta, pero el general se percató de inmediato del ruido y, según la versión aportada por Antoñé en el libro de García Luis, comenzó a pedir auxilio a grito pelado: «¡Socorro, auxilio, pistoleros!». Aquello provocó la huida de los anarquistas, que consiguieron escapar rápidamente, a pesar de encontrase a escasos metros de su objetivo, sin ser vistos.

Otros escritores de la época dieron otras versiones diferentes de cómo se produjeron los hechos, pero ninguna duda de que ocurrieron. Entre ellos, el biógrafo de Franco, Joaquín Arrarás, o el teniente general Francisco Franco Salgado-Araujo en su libro «Mi vida junto a Franco».

Cuando se descubrió la participación intelectual de Antonio Vidal, este evitó que lo detuvieran ocultándose bajo una lápida del cementerio de San Rafael y San Roque de Santa Cruz de Tenerife, consiguiendo después huir. Tras aquello, inició una brillante carrera como espía al servicio de la República, pero Franco consiguió dar su golpe de Estado y, en 1939, perpetuarse en el poder para los siguientes cuarenta años.

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