Actualidad

Orígenes del escrache: «Hagamos que el país sea su cárcel»

Los responsables de esta práctica nacida en Argentina, en 1995, llegaban a montar obras de teatro frente a la casa de los responsables de los asesinatos de la dictadura

ISRAEL VIANA - Actualizado: Guardado en: Actualidad

«Si no hay justicia, hay escrache». Esta era la consigna de los miembros de H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio) allá por 1995, en Argentina, cuando pusieron de moda esta práctica que ha traído de cabeza a algunos dirigentes del PP durante 2013. Surgió como una protesta frente a las casas de exaltos cargos del régimen militar a los que consideraban responsables de los abusos y las desapariciones de miles de ciudadanos durante la dictadura. Les parecía intolerable que se encontraran en libertad y vivieran como vecinos respetables, gracias a las leyes del Gobierno de Raúl Alfonsín y a los indultos de Carlos Menem.

Se ha llegado a remontar el origen del escrache al Evangelio de San JuanEn este año en el que el escrache ha estado en boca de todos, algunos especialistas remontan el origen de esta práctica hasta el famoso episodio del Evangelio de San Juan, en el que un grupo de fariseos se acerca en tromba a Jesús para señalar a una mujer a la que acusaban de pecar. Otros sugieren las primeras políticas de Adolf Hitler contra los judíos, cuando pintaba en sus casas y comercios la cruz de David, para que quedaran marcados a los ojos de la sociedad.

Pero más allá de opiniones diversas, los cierto es que la práctica heredada por los miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca surgió exactamente en un campamento en Córdoba (Argentina), durante la Semana Santa de 1995. Fue en un encuentro que logró reunir a más de 400 chicos de entre 18 y 25 años, entre los que se encontraban los hijos de los desaparecidos, asesinados, exiliados y presos políticos de la dictadura del general Videla. Nacía H.I.J.O.S., la organización que llegó a realizar, en sus primeros 10 años de existencia, más de 50 escraches sólo en la ciudad de Córdoba.

El primer escrache

La primera protesta de este etilo se produjo cuando una superviviente de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) de Buenos Aires, uno de los centros clandestinos de detención de la dictadura, descubrió que en el sanatorio Mitre trabajaba el encargado de los partos de las mujeres detenidas en la ESMA, Jorge Luis Magnacco.

Montaron teatro callejero frente al domicilio del expresidente GaltieriEl colectivo de víctimas organizó entonces marchas de su casa a su trabajo y llenó los alrededores del hospital y de su barrio de carteles en los que aparecía su cara junto a los crímenes que había cometido. El escrache pronto surgió efecto, pues Magnacco fue despedido y su comunidad de vecinos le pidió que se marchase, llegando a hacer realidad otro de los lemas de H.I.J.O.S.: «Si no hay justicia, hagamos que el país sea su cárcel».

Muchos han sido los personajes relacionados con la dictadura que han sufrido el escrache desde entonces. Varios miembros de las juntas militares, el exministro de Economía de la dictadura Martínez de la Hoz, el exdictador Leopoldo Galtieri o el capitán Alfredo Astiz, también conocido como «el ángel rubio» o «el cuervo», uno de los símbolos de la feroz represión, incluso condenado a cadena perpetua en Francia por el secuestro y asesinato de dos religiosas. Pero el escrache también lo sufrieron otros personajes menos conocidos, que pasaban desapercibidos y que vieron expuestos públicamente sus delitos.

Para ello, llevaban a cabo todo tipo de actuaciones, como teatro callejero en el domicilio del «acusado», como le ocurrió al exdictador Galtieri; pintadas con aerosol en la acera o frente a la casa, como a Miguel Ángel Espósito o Juan Ojeda, ambos expolicías de la dictadura; arrojando huevos en las fachadas de la vivienda, que sufrieron los exdirectivos del quebrado Banco Patricios; colocar pancartas en calles cercanas al domicilio o realizar, incluso, parrillas frente al domicilio, que experimentó el exministro de Economía Domingo Felipe Cavallo.

Escrache en el «corralito»

Durante el «corralito» de 2001, esta práctica traspasó los límites marcados y se convirtió en una forma de expresar descontento y reprobación hacía los políticos y los directivos de los bancos que habían quebrado, abarcando otros delitos como la corrupción. Lo sufrieron, por ejemplo, el presidente Fernando de la Rúa y sus miembros del Gobierno, a quienes consideraban responsables de la ruinosa situación económica del país.

Durante 2013, esta práctica que se extendió por Uruguay, Chile (con el nombre de «funa») o Perú («roche»), ha estado en boca de todos en España, incluso siendo considerada una de las palabras del año. Una polémica que ha dividido a los que, como el fiscal Superior del País Vasco, Juan Calparsoro, creen que son «una infracción penal» que es motivo «de intervención inmediata», y los que creen que es una práctica no solo legítima, sino necesaria en el tema de los desahucios.

Toda la actualidad en portada

comentarios