23-10-2011 / 2:00: h EFE

El movimiento islamista Nahda, que parte hoy como favorito en las primeras elecciones libres de Túnez, no tiene ninguna intención, en caso de llegar al gobierno, de prohibir el consumo de alcohol ni de castigar el ateísmo ni la homosexualidad, como se hace en otros países musulmanes.

En una entrevista con Efe, Riad Chaibi, de 42 años y miembro del Comité Político del movimiento, subraya el espíritu tolerante del movimiento en una sociedad como la tunecina, que pasa por ser la más liberal del norte de África.

Nahda da miedo -reconoce- porque "el régimen de Ben Ali y sus aliados machacaron al tunecino con el mensaje de que somos terroristas, que queremos encerrar a las mujeres en casa y que estamos contra las libertades individuales, y no podemos borrar en seis meses esa huella de 20 años".

Chaibi, que pasó cinco años en las cárceles de Ben Ali por defender sus ideas, asegura que todo eso es falso, que "las libertades individuales y los derechos humanos son principios consagrados" y que "la mujer es igual al hombre".

No rehuye Chaibi ninguna de las cuestiones más espinosas en los países musulmanes: para él, los ateos o los homosexuales son una realidad "y tienen derecho a existir", aunque añade que, en el caso de los homosexuales, "hay un problema de dignidad, pues la sociedad los ve como desvalorizados".

"Nosotros queremos acercarnos a la personalidad social del pueblo y no podemos hacer leyes que vayan contra lo que la sociedad considera sagrado", dice, sin dar más pistas de cuáles son esos límites que la sociedad marca.

Del mismo modo, niega tajantemente que tengan la menor intención de imponer el velo a las mujeres: "El velo forma parte de la creencia, es un símbolo de religiosidad, y como tal, no tiene ningún valor si no es adoptado desde la libertad".

"Cada persona puede vestirse como quiera", insiste este padre de una hija de siete años a la que no piensa imponer el velo aunque "le gustaría" que ella tome la decisión de llevarlo más adelante.

A Riad Chaibi no le gusta el modelo de Irán ni el de Arabia Saudí -contrariamente a los que sospechan de la "agenda oculta" de Nahda- pero habla con admiración de dos países musulmanes no árabes: Turquía y Malasia, ambos considerados modelos "que han funcionado".

"Pensamos mucho en Turquía y queremos aprovecharnos de su experiencia", dice Chaibi, que define el modelo turco como "islamo-modernista".

Inmerso en una tesis doctoral de Filosofía Política sobre el liberalismo, Chaibi reconoce que el mundo árabe está "encerrado en sí mismo" y dominado por la represión, pero recuerda que "no se puede forzar al mundo árabe, ni a nadie, a ser moderno ni abierto por obligación; la apertura no será verdadera si no nace de la convicción."

La idea de la libertad impregna todo el discurso de Chaibi, que en todo momento habla en nombre de Nahda, un movimiento que en esta campaña política ha tratado de desterrar la idea de que quiere acabar con los derechos individuales en Túnez.

Así sucede con el alcohol: "No vamos a obligar a nadie a beber o no beber: nuestro principio es convencer al pueblo de lo negativo del alcohol, o de las drogas, pero no tenemos ninguna intención de obligar", dice, y recuerda cómo la Ley Seca estadounidense trajo como resultado un aumento en el consumo de alcohol.

Hay quien cree que Nahda se está poniendo la piel de cordero en estas últimas semanas para ofrecer su cara más amable, pero lo cierto es que desde su legalización han evitado todo discurso restrictivo con los derechos individuales.

Nahda es probablemente el movimiento mejor implantado en todo el país. Si bien ha sufrido algunas escisiones, se presenta como un grupo compacto frente a una macedonia de grupos laicos que no han sabido unir sus fuerzas y que mañana tendrán que vérselas con la formidable maquinaria de los islamistas.

 
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