24-12-2010 / 15:10 h EFE

Árboles de Navidad, pesebres gigantes, adornos especiales y luces resplandecen en casi todas las calles de Beirut, incluso en las zonas de mayoría musulmana.

Ahmad, un jubilado musulmán, explicó a Efe que en estas fechas va a casas de sus amigos cristianos para felicitarlos y compartir una taza de café con dulces caseros.

"Para mí, esta fiesta religiosa tiene el mismo valor que si fuera de mi propio credo porque todas las religiones celestes llaman al amor y al perdón", dijo Ahmad, quien culpó a los políticos de haber contribuido a la división entre los libaneses.

Y es que, según él, antes de la guerra civil (1975-1990) no había diferencias entre sus compatriotas.

Aun así, "en el Líbano siempre nos felicitamos mutuamente y nada podrá borrar esta tradición", señaló el jubilado, al tiempo que recordó que para el islam Jesús es un profeta al igual que Mahoma, y su madre, la Virgen María, es venerada tanto por cristianos como por musulmanes.

En estos días es común ver en casas musulmanas árboles de Navidad, así como en las entradas de muchos edificios, mientras que las iglesias acogen conciertos de villancicos en los que participan niños y adultos de todas las creencias religiosas.

En el centro de Beirut, frente a la mezquita de Mohamed Al Amin, comúnmente conocida como la mezquita de Hariri, un árbol gigante de Navidad fue inaugurado esta semana a bombo y platillo por el primer ministro libanés, Saad Hariri, con un desfile de bailarines, grupos musicales y personajes típicos de estas fechas.

Abira, una joven musulmana, aseguró que en su casa ponen el árbol, pero no el pesebre, ya que es un signo cristiano.

"Pero esto no impide que respetemos las tradiciones e incluso hacemos regalos con motivo del Año Nuevo", indicó.

Es tradicional servir en las mesas libanesas, además del pavo y del pastel de Navidad, el "muglie", que es arroz molido preparado con leche, agua de rosas y adornado con almendras, pistachos, pasas y coco molido, y que se ofrece también cuando nace un bebé en cualquier época del año.

Al igual que en otras partes del mundo, la mayoría de las familias se reúnen en las casas para celebrar la Navidad, lo que no impide que restaurantes y otros lugares de ocio preparen menús especiales.

Para la drusa Samar, responsable en una institución internacional, celebrar la Navidad es una tradición familiar que intenta transmitir a su hija Hala, a la que no quiere privar de la "magia con la que está impregnada toda la ciudad" para esta ocasión.

"Nunca se dijo en mi casa que era una fiesta cristiana y mis padres me cuentan que antes a nadie le importaba la religión a la que pertenecía el otro", explicó Samar.

Es tradición en el Líbano, único país árabe con un presidente cristiano y con grandes tradiciones de este credo, que durante las fiestas navideñas se feliciten los miembros de las diferentes comunidades, olvidando por un momento las preocupaciones y divergencias políticas y religiosas.

En su mensaje navideño, el patriarca maronita (católicos de Oriente), monseñor Nasralá Sfeir, instó a la unión y cooperación entre los libaneses, que deben sacrificarse para salvar su patria, y les pidió que no perdieran la esperanza.

Por su parte, el vicepresidente del Consejo Superior chií, jeque Abdel Amir Qabalan, afirmó que todos los libaneses deben seguir los pasos de Jesucristo.

"Los amantes de Cristo, musulmanes y cristianos en el Líbano, deben seguir sus pasos", afirmó Qabalan, quien invitó a todos los creyentes a ser piadosos y justos.

 
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