21-04-2010 / 19:40 h EFE

La llegada de esta función a la capital gallega viene de la mano de la Sociedad Anónima de Gestión del Plan Xacobeo, como una actividad cultural con motivo del año Santo, y la demanda de entradas motivó a los promotores programar un pase adicional, fijado para el viernes 23 de abril a las 17.30.

Unas 46.000 personas verán entre hoy y el próximo domingo el espectáculo de luces y "colores", "música" y acrobacias de 'Saltimbanco', que precisamente cumple 18 años en escena el domingo, según explicó hoy, ante los medios de comunicación, el director artístico de este espectáculo, el canadiense Bruce Mather.

Mather calificó de "alegre" esta propuesta circense e indicó que el argumento representa la "sensación de lo que el cuerpo humano es capaz de hacer".

Se refirió al sitio donde se interpretará la función, el Multiusos del Sar, como un "lugar ideal", por la capacidad de aforo del edificio, y porque permite una "conexión" entre los artistas y el público.

"Cabe mucha gente pero es íntimo. Los artistas sienten el público. Es muy importante la conexión entre el público y los artistas. Este local es genial", resaltó Mather.

Del espectáculo original -en referencia al que se realizaba antiguamente bajo una gran carpa-, Mather reseñó que se ha modificado un número con cuerda debido a la complejidad de montar el escenario en diferentes espacios, si bien aseguró que "tenemos algo más bonito en su lugar".

Es un espectáculo, continuó, con el que el público "llora" al final de la representación, aunque no reveló los secretos para lograr esta sensación entre los espectadores.

Señaló que es una obra en la que la audiencia "tiene que interpretar" a través de la imaginación, ya que los personajes "no hablan un idioma normal", dijo.

Quien reveló más detalles acerca de la función fue su protagonista, el 'dreamer' o soñador, encarnado por el artista argentino Martin Pons, quien explicó que su papel consiste en ser el "hilo conductor" del espectáculo.

Explicó que su personaje funciona, hasta cierto punto, como una "madre" que vela por un "niño" en medio de una gran ciudad.

Al inicio de la función, indicó, varios gusanos salen a escena y, en la medida que pueden, "logran su independencia, su personalidad e identidad".

Artistas y equipo de montaje, de más de 20 nacionalidades, se organizan en función de un calendario, de tal modo que los domingos se desplazan a la ciudad donde actuarán, los lunes y los martes visitan la localidad, mientras que los miércoles mantienen encuentros con medios de comunicación y comienzan los ensayos, explicó Pons.

Antes de las representaciones, los acróbatas se maquillan -algunos necesitan una hora para llevar a cabo esta tarea-, se visten con atuendos diseñados específicamente para ellos y escogen su par de zapatos entre los 250 que hay, explicó Pons.

En el backstage, hay, además, una persona encargada de pintar los zapatos antes de cada pase, cuatro lavadoras y una máquina de coser en caso de que sea necesario arreglar el vestuario de los artistas.

El equipo descansa durante 15 días después de trabajar 10 semanas seguidas. La organización del Circo se encarga de llevarlos a sus respectivos hogares, en Brasil, Polonia, Francia o Canadá, apuntó Mather.

Este "ritmo de locos" se ve compensado, en opinión del director artístico, por el "buen rollo" que se respira entre los artistas y la capacidad que estos tienen para "convivir".

"Es muy lindo de vivir. Tener grandes audiencias y de recorrer el mundo con un espectáculo de estas características. No sé si pesa el éxito. Uno no lo vive como una estrella de Hollywood", opinó Pons.

 
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