21-02-2010 / 15:50 h EFE

Algunas de las zonas más turísticas de la bahía de Funchal, la capital del archipiélago, son auténticos barrizales, mientras las autoridades se afanan por despejar calles y carreteras de los escombros arrastrados con violencia por las laderas en las que se asienta buena parte de la ciudad.

Entre las viviendas y automóviles destrozados, los bomberos han encontrado ya los cuerpos de 17 de las víctimas mortales, pero aún no han podido acceder a muchas localidades de la periferia de la ciudad, donde las carreteras, el teléfono y la energía eléctrica fueron barridas por la fuerza de las aguas junto a casas enteras.

El responsable de Asuntos Sociales del Gobierno regional, Francisco Ramos, expresó hoy a la prensa su temor de que el número de muertos, situado oficialmente en 40, suba a medida que los servicios de protección civil limpien zonas ahora cubiertas de barro y accedan a las partes altas de la ciudad más damnificadas.

Desde Lisboa partieron en las últimas horas varios aviones y una fragata militar con ayuda médica y humanitaria, helicópteros, submarinistas para buscar cuerpos en la bahía de Funchal y especialistas de las fuerzas de orden con perros entrenados en la búsqueda de víctimas.

El Gobierno ha desplazado también un equipo de médicos forenses para acelerar la identificación de los cadáveres y refuerzos de los efectivos de bomberos y protección civil del continente.

Las Fuerzas Armadas lusas han empezado a preparar puentes militares para rehabilitar varias carreteras arrasadas por las riadas y el primer ministro portugués, José Sócrates, que viajó anoche a la isla, garantizó esta madrugada "toda la ayuda que el Gobierno regional necesite" para la recuperación de Madeira.

Entre la población de la región, de 260.000 habitantes y concentrada en un 90 por ciento en la isla que da nombre al archipiélago, se vivieron momentos de pánico durante las quince horas de lluvias torrenciales registradas el sábado.

Hay testimonios sobrecogedores a la prensa local de personas que apenas lograron escapar de sus casas poco antes de que sus viviendas fueran sepultadas por las riadas y el lodo.

Neusa Abreu pudo salvarse con su hijo de 13 años cuando sintió temblar su casa, en la zona baja de Funchal, por la súbita fuerza de una riada.

Se unió a ella otro chico que no pudo encontrar a su familia hasta varias horas después y, mientras sorteaban las pendientes para no ser barridos por el agua y las piedras, vieron un cadáver flotar calle abajo.

En la lujosa urbanización de Pena, donde vive el presidente del Gobierno regional, Alberto Joao Jardim, la riada se llevó un camión de bomberos, que arrastró a su vez a varios coches con un niño y adultos en su interior.

No muy lejos de allí los efectivos de protección civil tuvieron que rescatar el cuerpo de un crío arrastrado por el agua y finalmente atascado en un desagüe.

En otra zona del norte del ciudad un taxi lleno de pasajeros acabó en el jardín de una casa, mientras en Trapiche, también en las partes altas de Funchal, se informó del fallecimiento de una anciana que no sobrevivió a la impresión de ver desmoronarse su casa.

En el municipio de Santa Cruz, Claudia Ferrao y su marido dormían en la madrugada del sábado cuando sintieron el estrépito de las aguas inundar su casa y apenas pudieron escapar con lo que llevaban puesto. El aluvión arrastró la vivienda, dos coches y un muro de 15 metros y provocó en la calle un enorme agujero.

En algunas zonas de Funchal y sus inmediaciones la acumulación de barro sobrepasa los cinco metros de altura y en otras sólo deja ver los techos de vehículos y casas sepultadas.

Según las autoridades, uno de los problemas que vive ahora la ciudad es paradójicamente la falta de abastecimiento de agua potable por la destrucción de las infraestructuras de estos servicios.

Tampoco hay luz ni teléfono en muchas zonas de la isla, a las que los servicios de mantenimiento no pueden acceder porque han desaparecido cientos de metros de calles y carreteras.

El alcalde de Funchal, Miguel Albuquerque, declaró hoy que en las áreas más altas de la urbe la situación vivida el sábado fue "dantesca" y ahora una de las prioridades, además de asistir a las víctimas, es limpiar la ciudad y restaurar plenamente sus servicios.

Pero esa tarea puede demorar muchos días porque, pese a los refuerzos de Lisboa, hoy faltaban excavadoras y camiones para desatascar las muchas zonas de la ciudad llenas de las piedras y basuras arrastradas por las riadas.

El responsable regional de Asuntos Sociales teme que en esos depósitos aparezcan más víctimas y subrayó la dificultad de acceder aún a muchas aldeas de la isla.

Entre los concejos mas afectados por las inundaciones están los de Ribeira Brava y Santo Antonio, donde hay varios kilómetros de carretera completamente destruidos y casas que han quedado incomunicadas y al borde de un precipicio.

Pequeñas localidades de la parte sur de la isla, como Serra de Agua, Curral das Freiras, Calheta, Paul de Mar y Jardim do Mar, Serra d'Agua, Furna y Pomar da Rocha estaban aún hoy por la mañana aisladas y las autoridades no tenían información de posibles víctimas entre sus habitantes.

La costa norte resultó menos afectada, pero también había problemas de comunicación entre San Vicente y Porto Moniz.

Miguel Ferreira, director del hospital de Funchal, declaró que la respuesta de los servicios sanitarios de la isla, a los que acudieron un centenar de heridos, ha sido buena y no tienen en este momento dificultades.

 
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