08-10-2012 / 11:00 h EFE

Los fundamentalistas islámicos somalíes de Al Shabab anunciaron hoy la revocación de los permisos para operar a la organización humanitaria Islamic Relief ("Ayuda islámica", en inglés) en las zonas bajo control de los radicales.

"Islamic Relief no ha cumplido, a pesar de las repetidas advertencias, con los protocolos establecidos por la Oficina de Supervisión de Asuntos de Agencias Extranjeras de Al Shabab (OSAFA)", informó hoy Al Shabab en un comunicado.

Según la milicia radical, la ONG "encubría operaciones de organizaciones prohibidas, en particular del Programa Mundial de Alimentos (PMA), en áreas controladas por Al Shabab".

"Las organizaciones que no cumplan con los requisitos de la OSAFA y trabajen para asociaciones previamente prohibidas serán expulsadas y sus permisos serán cancelados", sentenció Al Shabab.

Por su parte, la portavoz del PMA para Somalia, Susannah Nicol, señaló que ese programa de la ONU "no está trabajando ni directa, ni indirectamente, con ninguna organización en las áreas controladas por esas fuerzas (Al Shabab)".

"El PMA no ha tenido acceso a esas zonas desde enero de 2010", añadió Nicol, en un breve comunicado remitido a los medios.

La semana pasada, el representante especial de la ONU para Somalia, Augustine Mahiga, indicó que en Somalia todavía hay 1,5 millones de personas que necesitan asistencia humanitaria.

A pesar de los avances en el terreno político, con la elección, el pasado 10 de septiembre, de un nuevo presidente, y con el nombramiento del primer ministro del pasado día 6, Somalia se encuentra aún en una delicada situación humanitaria e inmersa en un conflicto armado.

En él, las tropas multinacionales de AMISOM, el Ejército somalí, las Fuerzas Armadas etíopes y milicias pro-gubernamentales aliadas, combaten a Al Shabab, que el pasado febrero anunció su unión formal a la red terrorista Al Qaeda y que trata de instaurar un Estado musulmán de corte wahabí en el país africano.

Aunque las tropas aliadas arrebataron hace dos semanas a Al Shabab su mayor bastión, la ciudad costera sureña de Kismayo, los fundamentalistas todavía controlan buena parte del centro y el sur del país, donde el frágil Ejecutivo somalí no está aún en condiciones de imponer su autoridad.

Somalia vive en un estado de guerra civil y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré, lo que dejó al país sin un gobierno medianamente efectivo y en manos de milicias islamistas, señores de la guerra que responden a los intereses de un clan determinado y bandas de delincuentes armados.

 
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