22-05-2012 / 19:00 h EFE

La experta Txuri Ollo, basada en la experiencia migratorias de nicaragüenses en Navarra, considera que "la inmigración puede ser una opción positiva para los individuos, pero no conlleva beneficios generales para la sociedad de origen".

Así lo concluye en su tesis doctoral defendida en la UPNA, un trabajo de investigación en el que apunta a las causas estructurales de la movilidad en los procesos migratorios y trata de entender el funcionamiento de los mecanismos de exclusión-inclusión.

Según expone la autora, la experiencia migratoria del grupo investigado es positiva, aunque no está libre de conflictos e injusticias, según una nota de la UPNA.

"Aunque como individuo la inmigración sea una opción positiva, ya que su entorno más cercano sale beneficiado, no lleva implícitos beneficios generales para la sociedad de origen, puesto que las estructuras económicas e ideológicas se mantienen inmutables", señala.

Asimismo, para la sociedad de llegada la inmigración "aporta beneficios económicos, pero las diferenciaciones entre clase, etnia y género se mantienen e incluso se agudizan".

En cuanto a la política migratoria, hace hincapié en que durante el período de estancia irregular es cuando se aplican, en gran parte, todos los mecanismos de poder y dominación.

Así, "el miedo a ser identificado, retenido o expulsado, de ser sospechoso por su fisonomía, hace corporizar la culpabilidad de no estar dentro de las normas establecidas, de ser trabajadores y trabajadoras sin derecho a exigir condiciones laborales dignas. Es un período de dependencia y aprobación y, serán las personas más fuertes y firmes, quienes lo superen".

En su estudio, Ollo aborda también la cuestión de género y destaca la feminización de la migración en los últimos años, de forma que el colectivo nicaragüense, uno de los grupos étnicos más recientes, presenta en Navarra un 77 % de población femenina que, en su mayoría, se ubica en empleo doméstico y atención a personas dependientes.

"Las mujeres inmigrantes salen reforzadas de la experiencia porque ven incrementada su autonomía y su autoestima a través de la independencia económica", señala.

Por otro lado, la investigación verifica los beneficios de la interculturalidad frente a la multiculturalidad, entendiendo por la primera un modelo social basado en las relaciones intergrupales, que parte del reconocimiento de la diversidad y del respeto a las diferencias, donde los grupos que cohabitan en un mismo espacio deben negociar en términos de igualdad.

"Hablar de interculturalidad es también hablar de integración, pero no se puede hablar de una plena integración cuando no existe una ciudadanía igualitaria y cuando existe una ley de extranjería que construye categorías excluyentes", afirma.

No obstante, considera que "se van construyendo pequeñas áreas de interculturalidad en la sociedad de llegada y se destruyen muros que las instituciones y medios de comunicación quieren imponer".

En síntesis, estima que los flujos migratorios ponen en contacto los sistemas de desigualdad de género, clase y etnia de dos sociedades, a través de los flujos de capitales, bienes, recursos, información e ideologías, entendiendo dichos sistemas como un conjunto de relaciones dinámicas y cambiantes.

Y además, "las estructuras ideológicas que sustentan el sistema de género se muestran tan estables que, aun cambiando dentro de los grupos domésticos las relaciones económicas, no se produce en términos globales una mayor igualdad en las relaciones de género ni de clase".

 
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