La disolución arbitraria del Parlamento de la Segunda República en enero de 1936 y la convocatoria inmediata de elecciones para febrero fue una de las peores soluciones posibles. El centro estaba muy debilitado, por lo que las elecciones se convirtieron en un verdadero plebiscito en el que había que elegir derecha o izquierda, sin matices.
El 16 de febrero se celebró la primera vuelta de las elecciones. El resultado reflejaba un país divido: 47,03% del Frente Popular (un conglomerado de 16 partidos de izquierdas de muy variado carácter, desde el Partido Comunista a Izquierda Republicana) y un 46,48% para las derechas (Con la CEDA –Confederación Española de Derechas Autónomas- como partido más votado de todos). Sin esperar a la segunda vuelta, el gobierno del centrista Portela Valladares presentó su dimisión y el 19 de febrero, hoy hace 79 años, se encomendó a Manuel Azaña la formación de un nuevo gobierno. Los partidos revolucionarios de la coalición se negaron a participar en un «gobierno burgués», deslegitimando la democracia republicana. Azaña tuvo que gobernar con el único apoyo de su precaria minoría de izquierda republicana, entre acusaciones de ser el «Kerensky» de la ansiada Revolución Española.
El caso es que las elecciones de febrero de 1936 –con las segundas vueltas en algunas regiones del 4 de marzo- fueron las últimas democráticas celebradas en España hasta 1976. Entre febrero y julio de 1936 la sociedad vivió una cada vez mayor radicalización, con una división absoluta, incluso entre el propio Ejército. En julio comenzaría la mayor tragedia vivida por España, una cruenta guerra civil.
La fotografía es de José Cabrelles Sigüenza (1905-1975). Comenzó a trabajar en El Diario de Valencia, y pronto se convirtió en corresponsal de ABC. Después de la guerra civil trabajó en Las Provincias y fue fotógrafo oficial del Ayuntamiento de valencia.





