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Libros Por Mercedes Monmany.
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Desde hace años, de forma periódica y constante, lo mejor de una de las más esplendorosas literaturas europeas del siglo XX, la húngara, ha ido apareciendo puntualmente en nuestro país. Aparte del continuado éxito con el que vuelve a contactar con un amplísimo público y con cada nuevo libro el escritor Sándor Márai, han aparecido espléndidas obras de Magda Szabò (recientemente fallecida), del no menos magnífico escritor de entreguerras Dezsö Kosztolányi, de su amigo y cómplice en humor
y corrosión Frigyes Karinthy (Viaje alrededor de mi cráneo, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) o, si no, la reciente reedición de otro gran clásico: La carroza carmesí, de Gyula Krúdy (El Aleph).
Ahora le ha tocado el turno a una auténtica obra maestra del género de la picaresca y de las novelas antiejemplares de iniciación: Tentación, de János Székely, publicada por primera vez en 1948. Unas emocionantes aventuras, ambientadas entre los años 20 y 30 del pasado siglo, de un desenfrenado y desgarrado lirismo, entre el más puro Dickens y un encendido y ávido Turguéniev, que se abren camino sin cesar entre la tragedia y el humor, entre un loco y frenético hambre de vida y sobrevivencia y la toma de conciencia de las injusticias y de las más espantosas e insufribles desigualdades, en la etapa justo anterior al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Un ansia de vida, de no dejarse aplastar por los aires de tétricas crisis económicas, muerte y represión que se extendían entonces por Europa, que simboliza mejor que nada el rebelde grito embriagado que lanza un grupo de cíngaros ambulantes hacia el final de esta fabulosa y desquiciada historia, basada en hechos autobiográficos (y traducida en algunos países, donde ha cosechado un tremendo éxito, con el título de Un hijo del Danubio): «¡Viva la vida, nunca moriremos!».
Secreta línea. El autor, János Székely (Budapest, 1901-Berlín, 1958), nacido en el seno de una humilde familia, guionista del cine expresionista en el Berlín de los años 20 y más tarde guionista para Ernst Lubitsch en Hollywood, en películas como Desire, protagonizada por Marlene Dietrich y Gary Cooper, enlaza con una secreta línea o tradición de algunos de los más geniales hijos descarriados de este mítico Danubio, que compartieron en su día unos miserables orígenes superados tan sólo con titánicas luchas personales. Ese es el caso del legendario poeta nacional húngaro Attila József, huérfano y vagabundo, criado en la más total indigencia, que ejercería los más diversos oficios, o del igualmente magnífico cuentista Panaït Istrati, hijo de una lavandera rumana y de un contrabandista griego. Algo que nos ilustra bastante al adentrarnos en la apasionante y descabellada lucha por la vida del pequeño héroe protagonista de Tentación, Béla. Alguien que dirá en sus recuerdos de infancia y adolescencia: «Crecí como la maleza y la mala hierba, igual de resistente».
«Hacedora de ángeles». Béla es un niño huraño, sucio, orgulloso e indoblegable, siempre hambriento, que aprende a blasfemar antes que hablar y que parece detestar a todo el mundo, en especial a su joven madre soltera, que ha tenido que irse a trabajar a la capital, Budapest, dejándolo solo en la aldea al cuidado de una despiadada bruja sin sentimientos, «la tía Rozika», antigua prostituta y «hacedora de ángeles», que lo trata peor que a los perros y a los animales de su corral, con los que comparte muchas veces su comida. Béla crece en la época de penurias de entreguerras, con una patria cruelmente diezmada tras finalizar la Primera Guerra Mundial. Bebe diariamente entre los campesinos raciones diarias de cruel y seca indiferencia, de antisemitismo ancestral, de inflación galopante y una escasa nostalgia patriótica que ellos tan sólo relacionan apáticamente con la guerra «y el resto de las empresas señoriales» en las que se vieron envueltos.
Las vertiginosas etapas (revolución, contrarrevolución y Terror Blanco con los correspondientes pogromos, a los que aún juegan los niños en el campo) parecen haberse sucedido con especial saña y velocidad en la ahora pequeña Hungría. Un día, Béla es detenido por haber robado unas botas, ya que la nieve le impide ir descalzo a la escuela, lo único que de verdad ama, por encima de todas las cosas; así que será enviado a la fuerza con su madre a Budapest. A los 15 años, milagrosamente, su madre, que se ha reconciliado con su desconocido padre, un alegre sinvergüenza que huyó tras dejarla embarazada, consigue colocarlo de botones en el hotel más lujoso de la ciudad. En Budapest, y en toda Hungría, reina el omnipresente y ultraderechista almirante Horthy, más tarde colaborador de los nazis.
Futuras víctimas. Una salvaje inflación y crisis sin precedentes ha echado a la calle a hordas de parados y pequeños delincuentes hambrientos que peinan toda la ciudad buscando algo que echarse a la boca, con el miedo diario a ser desahuciados junto a sus familias. Al mismo tiempo, los fascistas locales, admiradores de un debutante Hitler, parecen estarse preparando para algo «más grande», que aún pocos sospechan, como dirá Béla, provocando de momento tan sólo una incrédula «sonrisa de sus futuras víctimas». La novela finalizará con el pequeño héroe embarcado hacia los Estados Unidos.
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