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Unger y la mirada

Firmas Por Andrés Ibáñez.

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10 de noviembre de 2007 - número: 823
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Uno de los libros más extraordinarios que conozco es Investigaciones sobre la mirada, de Adrián Unger. Las investigaciones de Unger, fisiólogo de la universidad de los franciscanos de Löwen, se mueven en un terreno intermedio entre la anatomía y la poesía, entre la especulación y la metafísica. El libro es de 1946, y de él sólo existen, que yo sepa, una traducción al francés de 1958 y otra al inglés de 1959, que es la que yo leí hace unos años y que un milagroso azar me ha devuelto al fondo de uno de esos armarios que llevamos años sin revisar y que, al ser abiertos y aireados, nos muestran de pronto delicados fragmentos intactos de nuestro distante pasado.

El libro llegó a mí de una manera bastante curiosa. Lo encontré en la biblioteca de un camping (sic) en Edimburgo, Escocia, a principios de los años 80. Nunca he sido ladrón, pero aquel libro llamó tanto mi atención que al instante decidí quedármelo. Recuerdo que la lectura del libro me impresionó mucho entonces, pero los jóvenes están acostumbrados a sentirse impresionados y están convencidos, por otra parte, de que el mundo está abarrotado de misterios. ¿Qué es un misterio más cuando todo parece un misterio, cuando el sexo, el amor, el tiempo, el espacio, la identidad, el volumen, la memoria, los insectos, las constelaciones, la realidad toda, en definitiva, parece un inconcebible misterio? Por otra parte, mi inglés no era muy bueno en esa época, y no estoy seguro de haber comprendido del todo lo que afirma este libro escandaloso. Y es que, me digo, si de verdad hubiera entendido entonces lo que descubre Unger, si de verdad lo hubiera tomado en consideración, mi vida habría sido diferente.

Los Colores no existen. Lo más inquietante del libro es que es la obra de un científico. Unger comienza con un estudio puramente fisiológico de la mirada humana. Nos explica, por ejemplo, que los colores no existen, y que en realidad todo eso que consideramos «el mundo visible» no es más que una colección de radiaciones. Nos explica que cuando leemos un texto nuestra mirada no «corre» por las líneas escritas, sino que salta aquí y allá y hace pequeñas «fotografías» a izquierda y derecha.

Algo muy parecido, afirma, es lo que hacemos cuando miramos las cosas. Nuestros ojos saltan, toman una fotografía, comparan la fotografía con el archivo existente y si no hay nada distinto, o genéricamente distinto, vemos la imagen guardada en el archivo. La mirada, afirma Unger, no es continua. Al contrario de lo que suponemos, los ojos no ven casi nunca lo que tienen delante. Cuando miramos, afirma Unger, estamos casi todo el rato pensando.

Pero lo más asombroso es la forma en que Unger explica este fenómeno. Es en este punto donde comienzan verdaderamente las «Investigaciones» a que hace referencia el título. Cuando fijamos la mirada en un punto e intentamos ver de manera continuada, explica nuestro autor, comienzan a tener lugar una serie de fenómenos inesperados. Primero, nos damos cuenta de lo increíblemente difícil que resulta ver de forma continua cualquier cosa, aunque sea una simple letra mayúscula, un simple círculo, una uña. Después, y si perseveramos en este curioso ejercicio durante unos minutos, empezaremos a notar que el mundo desaparece de nuestra vista. Concentremos la mirada en una imagen, en nuestro rostro en el espejo, en un diagrama, durante varios minutos y enseguida eso que tenemos ante nuestros ojos comenzará a desaparecer y, finalmente, desaparecerá por completo.

Sólo podemos ver, afirma Unger, cuando miramos a hurtadillas y de forma discontinua. Cuando intentamos usar nuestros ojos de verdad, y mirar de verdad lo que tenemos delante, entonces eso que tenemos delante desaparece, y empezamos a ver sólo luz o, como él explica, «rayos de energía» y «resplandores».

Los escépticos recordarán que Unger no sólo es un científico sino también un religioso (franciscano), y relegarán sus curiosísimas observaciones sobre la mirada humana al territorio de la «mística». Sin embargo, la observación central de Unger tiene un carácter empírico y puede ser fácilmente contrastada con los hechos. En las últimas páginas de su libro, Unger especula que quizá nuestros ojos fueran diseñados, precisamente, para ver esas radiaciones y esas fuerzas que nos hemos acostumbrado a ignorar. No es mucho lo que he podido averiguar de su vida. No escribió ningún otro libro, y murió en 1962 en Löwen a la edad de 96 años. Llevaba diez años ciego.

 

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no sé si vd. se llama andrés ibáñez ni si lo pretende, pero quiero comunicarle que a principios de los 80 trabajé como bibliotecario en un camping cerca de edimburgo, cuyas joyas más preciadas eran las obras completas de adrian unger en 7 tomos en rústica, franciscan press, 1942-1949, y que desde entonces el camping no ha vuelto a ser el mismo. desolado por la pérdida (¡que ahora sé robo!) me mandé mudar a la biblioteca del tanatorio de praga, donde me desempeñé como responsable de los expurgos bibliográficos. cansado de incinerar libros desusados en el horno crematorio, pedí y conseguí el traslado a la biblioteca del centro de estudios sobre el frío en mogadiscio, a cuya remodelación e informatización he dedicado los mejores años -profesionales- de mi vida. recién ahora llegué a la argentina, procedente de españa y uruguay, donde me encargaron la fundación del acervo bibliográfico césar gómez rivero, célebre ladrón de libros al que d. andrés sólo en pañales emuló, escocés. sospecho seriamente que alguno de vds. es unger, o ibáñez, o gómez rivero. resulta que la universidad de löwen (”león” en alemán) a la que presuntamente perteneciera unger no existe. hay en bélgica una universidad de lovaina (”löwen” en alemán), católica, franciscana, en el catálogo de cuya biblioteca no consta la obra de adrian unger que comenta andrés ibáñez “investigaciones sobre la mirada” (¿”regardes sur la regarde”?), pero sí hay las de un unger, botánico del xix, que quizá engendró al unger que engendró al unger que engendró al adrián unger que es hoy profesor de informática en la universidad de buenos aires (en una asignatura llamada “simulación de sistemas de control”, nombre en principio enigmático pero transparente si sabemos que es ayudante del prof. godfrid (”amigo de dios” en alemán). y hoy la universidad de löwen, o louvain, o lovaina, anuncia la aparición de un nuevo libro de uno de sus profesores: “emotion et psychothérapie. les émotions au coeur de la relation psychothérapeutique: pierre philippot y consacre un ouvrage salué par la critique”. ¿quien es pierre philippot? ¿un nuevo personaje de unger? ¿simulación de sistemas de control?
Lo dijo odd librarian - 15/11/2007 10:58:52
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