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Internet Por Nilo Casares.
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Desde aquí ya he apuntado otras veces la existencia de los Dorkbot, reuniones de gente que hace cosas raras con electricidad, iniciadas -como todo lo que se cuece en la artecnología- en otros pagos, aunque en España los podemos encontrar en Madrid desde hace unos años y en Valencia desde el otro día.
La gente lleva a estas reuniones sus cacharritos o sus ideas, muchas con nula
posibilidad de funcionar pero sí de poner en común artimañas y perspectivas factibles más adelante, desde una intención más cercana a los laboratorios de investigación que a las escenificaciones artísticas, donde las obras se presentan siempre de largo, acabaditas y listas para entrar en los circuitos.
Baja tecnología. El caso es que el otro día, casi a la vez que me entero del primer Dorkbot en Valencia, recibo el aviso de dos amiguitos reunidos en Montevideo para sus cosas. Uno de ellos es Arcángel Constantini. fundador del Dorkbot de Ciudad de México y con alguna tenida en el madrileño, que ya ha pasado por estas páginas en otras ocasiones; el otro, Brian Mackern, también reseñado en esta columna, sin relación con el Dorkbot de ningún sitio porque bastante tiene con sobrevivir a los cortes de suministro casi desde que se inició en el arte digital.
El encuentro transcurrió en Montevideo dentro de los patrones más estrictos del low-tech, esa baja tecnología que permite a muchos lograr lo que en ocasiones sólo está al alcance de la industria o las universidades. Los outsiders (afuerados, si se me permite esta expresión latinoamericana, que ahora no recuerdo a quién debo), sin grandes patrocinios, los sustituyen con la recomposición de lo desechado a diario, en un ensamblaje interminable de elementos perdidos por los rastros y las tiendas de segunda de nuestras ciudades. Cualquier visitante de la Ciudad de México tentado con el calambrito de las baterías de coche «tuneadas» en la Plaza Garibaldi, para ver quién es más macho, sabrá de qué hablo.
Peonzas incontrolables. Con este referente, y desde otros intereses muy distintos, transcurrió esta batalla entre los titanes arc.CochiNon y Dirty el sucio, apodos de los combatientes en esta lucha, que bien mirado no es más que un
soundtoy presentado como videojuego, en el que se juega a mover mejor unas peonzas incontrolables sobre una pista especialmente construida para estorbar su control.
Otro referente de este combate se encuentra en las luchas a que son aficionados los mexicanos y que a nuestros ojos son puritito tongo, pero allí detienen al país, en el dilema entre maña y fuerza bajo muchas máscaras. Este es un referente que Constantini acostumbra a manejar en las luchas entre net.artistas realizadas en la serie Infomera (¿hoy discontinuada?), y que sería el precedente directo de este duelo físico y poco virtual, pero de efectos digitales a pesar de que toda la parafernalia empleada sea de lo más analógica. Pero sobre todo pone en claro algún aspecto que afecta a los nuevos medios, muy en especial el que incumbe a su intento por cohabitar lo físico; empeño iniciado hace tiempo, casi con seguridad debido a las ganas por salir de la Red un rato y tomar un respiro, que dentro del Disco Duro el aire está viciado.
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