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Baúl de asombros

Firmas Por José Luis García Martín.

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Del poeta brasileño Mario Quintana -el año pasado se cumplieron cien años de su nacimiento- el lector español apenas si tiene noticias, aunque ya en fecha tan distante como 1966 el siempre alerta Ángel Crespo tradujo alguno de sus poemas. Ahora Enrique García-Máiquez presenta una breve selección, Puntos suspensivos (Los Papeles del Sitio), en edición limitada que servirá para despertar el apetito de unos pocos lectores privilegiados.

Mario Quintana es poeta sin coturno. Gusta del humor, el lenguaje coloquial, lo cotidiano. Sabe que el misterio está en la vida diaria, que para ir muy hondo no hace falta ir muy lejos. A veces sus poemas parecen simples apuntes: «Aquel hilillo de agua / no era un río: / le bastaba ser un hilo de música...».

De apuntes, aforismos, minicuentos (e incluso peculiares notas críticas y entrevistas) están hechos Cuaderno H, La vaca y el hipogrifo o De la pereza considerada como método de trabajo, que se incluyen en el tomo de su Poesía completa, sin distinguirse de sus otros libros, como si fuera un rey Midas que todo lo que toca lo convierte en poesía.

Mario Quintana es poeta para todos, salvo para críticos y poetas transcendentales, que siempre lo mirarán por encima del hombro. No quiere ser moderno, heredero de Rimbaud y Mallarmé. Publicó varios volúmenes de poesía infantil que en su mayor parte no son más que una selección de sus poemas para adultos. Murió cerca de los noventa años y miró toda su vida el mundo con ojos de niño. Igualmente le eran familiares el tigre de luz que atisba detrás de las persianas, las calles aletargadas como lagartos en la hora de la siesta y los fantasmas que nos visitan de incógnito en los días de niebla, esos fantasmas a los que él mismo prepara el té, como cuenta en el poema «Envejecer».

El mundo para él fue siempre un Baúl de asombros, título de uno de sus libros; supo descubrirnos El color de lo invisible, otro de sus títulos.

Sin levantar la voz, sin ponerse solemne ni un instante, borrando con trabajo las huellas del trabajo («Si alguien nota que estás escribiendo bien, desconfía: el crimen perfecto no deja huellas»), trazó el mapa minucioso de ese país de enigmas y deslumbramientos que llamamos vida cotidiana. Con palabra precisa, falsa (y verdadera) mente ingenua nos contó todo lo que pasa cuando no pasa nada.

 

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