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Libros Por Amalia Iglesias.
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Extravíos en la luz es un libro de cómplices, como expresa Amelia Gamoneda en sus dos esclarecedores preámbulos: complicidad afectiva y estética, de la poesía con la vida. Complicidad del arte con la escritura en los grabados del también poeta Juan Carlos Mestre, tan buen conocedor del universo gamonediano, que sabe, como nadie, leer entre líneas las texturas, los colores, los trazos y las atmósferas de esas palabras. Esa complicidad, de la amistad y del conocimiento personal, no resta ni un ápice de exigencia a su expresión. Quienes conocen al poeta saben que estamos ante un creador excepcional y ante un referente moral indiscutible y necesario. Los poemas reunidos en este volumen nos acompañan como una oración que se graba en algún lugar entre el cuerpo y su vacío, y continúan resonando incorporados al latido. Vibran en nosotros las palabras de Antonio Gamoneda, remueven cauces hondos, nos consuelan de existir y nos reconcilian con nuestras propias contradicciones. La luz es un buen lugar para extraviarse, parece decirnos el poeta en estos nuevos versos llenos de intensidad. La voz del oráculo, el fogonazo de lo revelado, el poder litúrgico de la palabra, su capacidad de sanación y catarsis, su reverberación de grito y de consuelo, vuelven a ponerse de manifiesto en sus versos.
Gamoneda es el poeta capaz de convocar esa dimensión trascendental del lenguaje sin levantar los pies de la Historia. Él ha insistido en este aspecto: todos sus versos hablan de la realidad, la tangible y la intangible, todos tienen correlato referencial con su biografía y con la nuestra, amontonan memoria que los versos reescriben con palabras nuevas. Un lenguaje que pudiera parecer onírico o hermético y, sin embargo, en su proceso alquímico, retrata la vida con una lucidez poco frecuente. Sus versos nos transmiten una extraña serenidad para esperar a la muerte. Venimos, nos dice, de la inexistencia y vamos a la inexistencia, su escritura nos enseña a asumir ese intervalo, a intensificarlo en la belleza. La conciencia de la finitud no se expresa, sin embargo, en la poesía de Gamoneda sólo como lamento elegíaco, sino que esa conciencia acentúa la celebración de la existencia. Llueve en estos poemas sobre el barro que somos? Pero viene la luz y nos redime, nos levanta del suelo, nos invita en sus versos a extraviarnos en la esperanza.
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