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Por Javier Mesón.
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La esperada nueva obra de Luis Royo (Olalla, Teruel, 1954), Dead Moon, constituye el regreso de uno de nuestros ilustradores más internacionales, autor de títulos tan célebres como Women, Prohibited Book o Subversive Beauty.
¿Qué recuerda de sus inicios en el mundo de la historieta? ¿Cómo empezó su afición por la ilustración?
En los años 70 estaba pintando formatos grandes, con una pintura de carácter social y crítica; eran los últimos años de la dictadura. Cayeron en mis manos los nuevos cómics que se estaban haciendo en Francia después del Mayo del 68, y me abrieron los ojos, descubrí un mundo nuevo: su mensaje y su estética llegaban al público, era un soplo de aire fresco, una expresión plástica que salía fuera de las galerías típicas de pintura. Después vino publicar en fanzines y revistas, pero el cómic no era un lugar en el que me sintiera cómodo, se me hacía duro repetir personajes en las viñetas y seguir su disciplina. Pasé a la ilustración y allí encontré mi verdadero camino, cada obra se podía plantear por separado, y en cada una de ellas te podías sumergir en un mundo diferente.
¿Cómo surgió su nueva obra «Dead Moon»? ¿Cómo la definiría?
Llevaba ya un par de años con la historia rondando por la cabeza, quería volver un poco al origen del cómic, pero desde el prisma de ilustrador. Esto hacía que volviera a encontrarme con unos personajes y un entorno fijo; para no entrar de nuevo en las repeticiones, me planteé que las imágenes del libro estuvieran realizadas con diferentes técnicas y tratamientos, dependiendo de lo que quería potenciar en cada momento: ambiente, detalle, sensación interior... Hablé con mi hijo Rómulo para que él la enriqueciera con su gestualidad y potencia de síntesis.
La historia habla de un mundo imaginario, con ambiente oriental y gótico; un cuento trágico, que en cada momento va enlazando con lo opuesto, un relato épico e intimista.
En «Dead Moon» vuelve a colaborar con su hijo. ¿Qué cree que aporta a la obra?
En los trabajos que colaboramos, la obra se enriquece de su propia estética y es como conseguir ofrecerla desde dos prismas diferentes; es algo mágico que sólo se puede alcanzar gracias a las interminables horas que hemos trabajado codo a codo. En Dead Moon, la parte en la que las imágenes son más un reflejo del estado interior, una nebulosa de sensación y trazo más que de datos claros, es el sello de su colaboración.
El color es una parte fundamental en su obra. ¿Cómo cree qué ha evolucionado su técnica?
En los años 80 era más colorista, el mercado norteamericano y europeo me conoció con esa paleta cargada; poco a poco me he ido más a la luz y las sombras, y los colores se han ido apagando. Estos cambios se han seguido recibiendo bien y me ha dado la oportunidad de ir jugando con trabajos prácticamente monocromos.
¿En qué suele inspirarse para sus ilustraciones? ¿Cuáles son sus mayores influencias? ¿Qué ilustradores admira de su generación?
Procuro estar con los ojos abiertos a mi tiempo, aunque dejo mucho espacio también al subconsciente. La fórmula de trabajo es hacer pequeños apuntes, hasta que decido poner alguno de ellos definitivamente en el tablero. Las mayores influencias no me vienen de la ilustración, vienen más de los pintores clásicos: los tenebristas, los realistas rusos, los simbolistas, el Renacimiento? también, como no, el cine, la literatura. Si tuviera que nombrar un ilustrador, citaría un clásico como Gustave Doré, y hablando de nuestro tiempo a Giger.
Entre sus últimos trabajos cuenta con «Dome». ¿Cómo fue la experiencia de pintar en Moscú una cúpula de 80 metros cuadrados, llena de mujeres fantásticas?
Lo definiría como un reto, realmente fueron duros los meses que pasé allí pintando con Rómulo. Fue un proyecto especial que se aceptó sin ningún cambio en toda una escena erótica, donde entraban más de cuarenta mujeres a mayor tamaño que el natural.
¿Qué es lo que más le fascina a la hora de dibujar a una mujer?
Buscar la belleza ideal, una quimera. Es un juego obsesivo, nunca se llega a la meta y te sigue teniendo en tensión a lo largo de los años. En mi trabajo no me interesa reflejar la cotidianidad y sí buscar esos cánones imposibles que de alguna forma reflejan una belleza ideal, esa belleza se ha buscado a lo largo de la Historia: los egipcios, los griegos, el Renacimiento? con cánones muy diferentes, dependiendo de la época.
¿Cuál cree que es la clave de su éxito en el campo de la ilustración?
Los comienzos suelen ser duros, pero la pasión, aunque suene a cursi, por este camino que elegí, va creciendo cada día en vez de agotarse después de tantos años. La ilustración como se concebía hace tiempo ha perdido sus acotaciones y sus limitaciones, hoy es un medio artístico y creativo que se aprecia por sí solo y coquetea con otros mundos como el del cine o el vídeo. La ilustración es un medio que por sus orígenes no ha perdido el contacto con la industria y con el público.
¿Qué sueño prohibido encierra para su próximo proyecto?
En Dead Moon han quedado muchos dibujos sin publicar, quería que fuera una historia ágil, que señalara caminos, pero que a su vez dejara espacios para la propia fantasía del lector. Después de hablar con Norma Editorial, saldrá otro libro con esos dibujos de Dead Moon, donde habrá más recreación en los personajes y en la ciudad de Louyang.
Otro proyecto, donde también trabajo con Rómulo, es un libro sobre un superhéroe-antihéroe femenino con un interior conflictivo y una pregunta que mueve sus pasos: ¿es ella el Anticristo o la mensajera del fin de una época para el hombre, según otras culturas? Es una ciencia-ficción cercana y también apocalíptica con referencias al pasado -en éste caso la influencia y los secretos de Nefertiti- que moverá los hilos del libro.
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