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Por Manuel Muñiz Menéndez.
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En 1985, antes incluso de la aparición de Watchmen y Batman: el regreso del Caballero Oscuro, DC Cómics lanzó una miniserie de doce capítulos que ayudaría a relanzar una compañía en declive y se convertiría en una de las más exitosas e influyentes de la historia del cómic de superhéroes: Crisis en tierras infinitas. La serie creada por Marv Wolfman y George Pérez planteaba una amenaza cósmica que servía para unir a todos los personajes de la editorial, mantenía una tensión dramática pocas veces vista hasta entonces en un cómic de este tipo (acrecentada por la muerte de personajes como Supergirl o Flash) y creaba un sentido de aventura épica a gran escala que se convertiría en un modelo a seguir. Si Watchmen y El regreso del Caballero Oscuro fueron las Blade Runner del género, Crisis sería su Guerra de las Galaxias.
Pero Crisis en tierras infinitas también pretendía cumplir otra función: la de hacer «limpieza» y simplificar un universo ficticio cuya complejidad había empezado a írsele de las manos a sus creadores.
Vidas paralelas. Para comprender esto, debemos retroceder un poco más en la historia. A partir de mediados de los años 50, durante la llamada «Edad de plata» de los superhéroes, muchos de los personajes de DC fueron totalmente reimaginados. Unos, como Superman y Batman, simplemente «volvieron atrás», permitiendo reescribir su historia desde sus orígenes, con un contexto más acorde a la época; pero otros fueron totalmente alterados: los poderes eran los mismos, pero tras la máscara había personajes nuevos. Sin embargo los lectores y los autores se resistían a olvidar a los personajes de la «Edad de oro» y en 1951 se introducía la idea de «Tierra-2», un mundo paralelo donde vivían los clásicos.
Pero lo que empezó como un homenaje se acabó complicando hasta el paroxismo. Los mundos paralelos se multiplicaban y acabaron por complicarse hasta formar un conglomerado sumamente confuso. El gran cataclismo cósmico narrado en Crisis en tierras infinitas solucionaba esto destruyendo la mayoría de los universos paralelos y fundiendo los principales en uno sólo (que recogía los personajes más conocidos) desde el principio de los tiempos.
Los peligros del éxito. La idea fue exitosa y generalmente bien aceptada. Pero fue el propio éxito lo que trajo consecuencias que a la larga resultarían adversas. La fórmula de grandes sagas que enfrentan a los héroes contra amenazas universales, si bien resulta muy acertada para formular retos apropiados a unos personajes tan poderosos, plantea la dificultad de crear peligros apropiados año tras año. La tentación de volver a la «Crisis» acabó siendo muy fuerte.
En 1994 se produjo la primera revisión directa de la historia original, con Hora cero (subtitulada como «Crisis en el tiempo» y con guiones de Dan Jurgens), un intento de resolver algunas de las cuestiones de continuidad argumental que llevaban casi diez años pendientes. Se trataba de una tarea difícil que se saldó con poco éxito crítico, ya que creó más preguntas que respuestas.
No fue hasta diez años más tarde, en 2004, que se lanzó otra «Crisis»: Crisis de identidad. Lo cierto es que esta serie, escrita por Brad Melzer, tenía un argumento más bien policiaco (la investigación de un asesinato) y un transfondo relacionado con la ética de los superhéroes y su relación con los supervillanos. Sin embargo, algunos de los acontecimientos narrados en ella sirvieron como puente para la siguiente «Crisis», la que abriría otra vez la Caja de Pandora de los múltiples universos.
Retorno a la confusión. Lo cierto es que un concepto similar (el «Hipertiempo») ya llevaba algún tiempo corriendo por DC de la mano de dos autores dados a la ruptura de la continuidad y a la metaficción: Mark Waid y Grant Morrison. Pero con la siguiente saga anual, Crisis infinita, (2005, guiones de Geoff Jones) se acabó regresando al multiverso tal y como se concebía antes de 1985: múltiples universos entre los cuales se podía viajar a voluntad. Los autores podían volver a jugar con la posibilidad de historias paralelas y con los encuentros de un héroe con su «otro yo». Pero al mismo tiempo se volvía a la confusión que se había querido eliminar 20 años atrás. Y, peor aún, se empezaba a notar una falta de ideas originales. Crisis infinita bebía directamente de su antecesora, y la intención de seguir estirando el argumento quedaba clara: se anunciaba ya la siguiente Crisis final, que se pone a la venta en España este mes. Pese a constituir una de las principales apuestas editoriales de este año, no falta la polémica. La mirada al pasado parece clara (se conoce ya la que en la serie «resucitará» uno de los ilustres fallecidos de Crisis en tierras infinitas, Flash) y flota en el ambiente la pregunta de si la fórmula no está ya agotada. Al frente del proyecto está Grant Morrison, una de las estrellas del cómic actual, pero al que algunos acusan de haber dejado atrás sus rompedores comienzos y de centrarse demasiado en una nostalgia de la «Edad de plata» que parece la tónica general.
Durante los próximos meses el público español podrá salir definitivamente de dudas sobre si esta nueva vuelta de tuerca aporta algo duradero o si se limita a vivir de las rentas de un clásico. En cuanto a si esta será realmente la última Crisis o sólo una más de la lista, es una pregunta que queda para el futuro.
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