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Libros Por Luis García Jambrina.
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Ánima mía es el primer libro de poemas que publica Carlos Marzal (Valencia, 1961) tras la aparición de su poesía reunida bajo el título de El corazón perplejo (2005), donde se agrupan El último de la fiesta (1987), La vida de frontera (1991), Los países nocturnos (1996), Metales pesados (2001) y Fuera de mí (2004), que configuran una de las trayectorias más sólidas y coherentes de estas últimas décadas. Con su nuevo poemario, el poeta alcanza su plena madurez. Si en los anteriores oscilaba entre la exaltación y la elegía, la afirmación del mundo y el escepticismo, ahora ha encontrado un equilibrio armónico entre ambos polos, una especie de síntesis dialéctica. Se trata, en fin, de la aceptación gozosa de la realidad tal como es, con todas sus limitaciones y contradicciones, y, por tanto, de la celebración de la vida con todas sus consecuencias, incluida la muerte: «Hoy tengo la apetencia repentina / de asentir a este mundo, / sin reservas. / De formular tan solo exclamaciones», proclama en «Apetencia simple».
Todo esto implica también un notable cambio en la escritura poética: «Estoy haciendo poda en lo que canto, / para cantar más hondo lo que pienso», apunta en ese mismo poema. Y añade en otro lugar: «He escogido el camino más difícil / para explicar la hondura de lo vivo, / lo recóndito / que hay en lo más a flor de nuestros labios».
Casar todo con todo. A este respecto, cabe decir que estamos ante una poesía eminentemente meditativa y reflexiva, caracterizada por una gran destreza verbal e imaginativa y por una gran intensidad. Agotadas las posibilidades del realismo y del lenguaje conversacional, su poesía se ha hecho más profunda, compleja y ambiciosa, con un mayor dominio de la retórica y una gran conciencia lingüística, que le llevará a crear neologismos cuando es preciso o a dedicarle un poema a la preposición cabe («Esta preposición lo dice todo, / porque viene de lejos y en voz alta») o a revalorizar la sintaxis («He llamado sintaxis / al arte de casar todo con todo»).
Son muchos, además, los poemas en los que se habla del lenguaje o del acto mismo de escribir («¿Quién mi dicta / lo que escribo al dictado de unos ecos / que utilizan mi voz para decirse? / [?] / Es absurdo / sufrir la ocupación por unas voces, / que no son yo, y lo son y que me habitan»). De hecho, para el poeta, el alma -ánima mía- es el lenguaje mismo en funcionamiento, no algo dado de antemano, sino una creación de las palabras. De ahí que llegue a decir: «La fe que yo profeso es el creer / en el alma en que no creo, / sin necesidad de fe». Existe, por otra parte, una estrecha relación entre escritura y vida: «Me curo de vivir en lo que escribo, / y en lo que vivo sano de escribir»; del mismo modo que hay una clara vinculación entre dolor y belleza («Sólo cuando nos duele es la belleza. / La belleza es verdad sólo si duele»).
Pero, por encima de todo, está la concepción de la poesía como descubrimiento («Si sé lo que escribir, jamás escribo. / Si escribo es por saber lo que sabré, / aquello que aparece al descubierto, / mientras uno lo escribe?») y como exploración de la intimidad («Cualquier poema es una cirugía»). Especialmente emotivos son, a este respecto, los poemas en los que indaga en el sentimiento de paternidad, como el titulado «Dedos de niño» («Más hijo yo que tú, me redescubro. / Más padre tú que yo, te me antecedes»), o el dedicado a «Joana», la hija del poeta Joan Margarit, y al libro que éste le dedicó con motivo de su muerte.
La mejor tradición. Estamos, pues, ante el libro más profundo y ambicioso de Carlos Marzal, el resultado de una larga búsqueda llena de hallazgos, la esmerada obra de quien sabe que sólo a partir de la mejor tradición puede alcanzarse la verdadera originalidad; y, en este caso, resulta inevitable pensar, por ejemplo, en nuestra gran poesía barroca o, más cerca, en Miguel Hernández o, cómo no, en Claudio Rodríguez («Mínimo renacer»). Y, por si esto fuera poco, encima sus versos nos ofrecen una clara lección de vitalismo y humanidad: «Cierra este libro abstracto, / y sal a comprender lo que has leído. / [?] / ¿Estamos a vivir / o es que no estamos?».
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