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Contra Chomsky

Firmas Por Félix Romeo.

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08 de noviembre de 2008 - número: 876
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GIORNO. Tenía claro de qué escribiría: contra Noam Chomsky. Fingí que el otoño no existía y salí a la calle. John Giorno (NY, 1936) recitaba en El Páramo. Me encantó: le apasiona el aquí y ahora, aunque nunca ignora la certidumbre de la muerte, y pasa de la nostalgia.

Disfruté mucho escuchándole. Me gustó su interpretación de «Gracias X nada», extraña autobiografía, y me emocionó «La muerte de William Burroughs», poemas de La sabiduría de las brujas (DVD Ediciones; traducidos por Martín Rodríguez-Gaona).

SZABO. Íbamos al Guggenheim, a ver a Cy Twombly, uno de los pintores preferidos de Mona, pero llovía a mares y nos quedamos en casa leyendo. Yo, autotorturándome, leía a Chomsky. Mona disfrutaba de Magda Szabó. Me contó apasionadamente La balada de Iza (Mondadori): hermosa y dolorosa historia de madre e hija.

LOLITA. Se presentaba el nuevo libro de Lolita Bosch, La familia de mi padre (Mondadori), en Portadores de sueños. Me gusta el libro porque el protagonista, Rómulo Bosch, padre de Lolita, es una sombra dentro de una historia de familias poderosas, de Barcelona y de literatura.

Lolita prepara una antología de narradores españoles para una editorial mexicana. Habrá muchos nuevos nombres, y se llevaba libros de Eva Puyó, de Aloma Rodríguez, de Daniel Gascón... verdaderamente nuevos.

RENAU. Antes de escribir contra Chomsky, vimos la gran antológica sobre Josep Renau, Compromiso y cultura [hasta el 11 de enero en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza], comisariada por Jaime Brihuega. Me alegré de no tener que vivir la vida de Renau, una vida hiperideologizada... hasta la ceguera, en un tiempo brutal de guerras y de dictaduras. Entre tanta negrura, destacan por su luz un retrato de Cernuda pintado por Ramón Gaya, y las chicas desnudas: lo primero que dibujó Renau y lo último que fotografió.

GURÚ. Lo dice Wolfang B. Sperlich en Noam Chomsky (Popular, 2008): la gente va hacia Chomsky y lo adoran... Como a un gurú, añado. Como tal se comporta, especialmente, desde el 11-S. Siempre habla de los grandes beneficiarios del atentado, pero nunca se coloca entre ellos, y debería hacerlo. La antiglobalización tenía muchos peones pero no tenía un ideólogo de nivel. Estaban condenados a encontrarse: encuentro fructuoso para ellos, y una pesadilla para la razón.

Chomsky existía antes del atentado, pero se multiplica. En España se han publicado desde entonces 60 de sus libros y 15 sobre él. El fenómeno, surgido en EE.UU, se repite en Francia, Italia, Alemania y Portugal (más de 50 de sus libros traducidos: ningún otro pensador tiene semejante espacio en las librerías).

CINISMO. Lo que más detesto de Chomsky es su cinismo, al parecer invisible. En Sobre el anarquismo (Laetoli, 2008), dice: «Me siento perfectamente a gusto escribiendo columnas distribuidas por el New York Times». Y en Lo que decimos, se hace (Península, 2008), hablando de otro colaborador del NY Times, James Traub, dice que, si escribiese sobre Saddam, «entonces no sería colaborador del NY Times. Hay que acatar ciertas normas. En una sociedad bien dirigida, uno no dice lo que sabe. Dice lo que exige su sometimiento al poder».

¿Supongo que lo que escribe Chomsky para NY Times está escrito bajo sometimiento al poder? Chomsky piensa que está libre del sometimiento. No tiene ninguna duda de que es el mejor y de que pertenece a una élite (por eso marca distancias con los demás, con «la gente» o «los trabajadores»). Su tono, sus palabras y muchas de sus reflexiones recuerdan a las de otro aristócrata, George Steiner.

Es muy consciente de sus privilegios, y así afirma en Lo que decimos, se hace que «nuestra sociedad es muy libre. La capacidad de coacción del Estado es escasa», pero no quiere que esos privilegios sean un hecho para otros escritores en Irán, en China, en Venezuela... lugares que cree admirables porque se oponen a EE.UU., y a Israel y Gran Bretaña, bestias negras de Chomsky.

LEYENDAS. Citando solamente Estados peligrosos (Paidós, 2007) podría hablar de su misoginia y de su homofobia (afirma que ocuparse de los derechos de los homosexuales es olvidar los «problemas realmente serios»), de su negación de la Historia, de utilizar sólo argumentos que le favorecen aunque sean peregrinos, de creer que el Imperio Otomano es modelo de convivencia, de su colonialismo intelectual (es incapaz de pensar que en Cuba hay tanta propaganda de Estado, o más, que en EE.UU.)...

Pero prefiero acabar con dos perlas, perlas que abundan en sus «trabajos», que jamás deberían colarse en un discurso intelectual y que parecen pensadas para ser leyendas urbanas de la conspiración.

Chomsky afirma que «el gobierno estadounidense planea construir un muro en la frontera canadiense». Y también que en un «documento» leyó que el Gobierno pretendía «poner periódicamente en circulación informaciones sobre el asesinato de Kennedy»: si la gente pierde el tiempo con eso «nadie se pondrá a hacer preguntas serias». ¿Habrá oposiciones para ese departamento?

 

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