Cultural / opinión

«CSI» en el Museo del Prado

Día 12/11/2012 - 11.44h

El Museo del Prado, en apenas medio año, ha rodado dos gloriosos capítulos del CSI particular que se vive en sus entrañas con final, más que feliz, yo diría que de Hollywood

Copia de la Gioconda de Leonardo da Vinci restaurada en el Museo del Prado
Esta semana nos hemos desayunado con un nuevo hallazgo en el Museo del Prado: un cuadro de Tiziano regresa de los infiernos, del lado oscuro, tan oscuro que ni siquiera se tenía certeza de que pertenecía a tan alta estirpe. De anónimo, de no tener padre ni madre, a llamarte Tiziano.Esta es la historia contada en un pispás. No obstante, si leemos la letra pequeña del guión, resulta que no se trata de un cuadro mayor del maestro veneciano, de los que nuestra pinacoteca posee unos cuantos, sino de una anécdota que añadir -casi, casi- en letra pequeña al final del extenso currículum. Se habla de valor documental más que de otra virtud. Las restauraciones bien hechas, y últimamente ha habido unas cuantas, obran milagros, y esta es la más reciente a la que hemos podido asistir en vivo y en directo, con presentación de ringorrango incluida. Luces, cámara y acción.

Ya sabemos que ahora todo se vive en vivo y en directo para acaparar los cinco minutos de gloria estipulados por el marcador de la fama y lo mediático, y los museos, por de muy alta cuna que sean, no se privan de ello, y hacen bien. ¡Con lo que cuesta poner una pica en el espacio que los medios de comunicación dedican a la cultura, como para renunciar a montar un sarao cada vez que haya motivo!

Forzar los guiones

Ahora bien, los saraos se parecen cada vez más al guión de una serie de misterio e intriga. Si me apuran, a un capítulo de un thriller televisivo como pueda ser CSI, que ya no necesita desplazarse ni a Las Vegas ni a Nueva York. Basta con bajar a los infiernos que todo museo esconde en sus entrañas, enchufar la linterna, sacar los artilugios más sofisticados que uno pueda imaginar (de los que no se encuentran ni en las tiendas de los espías) y echarle tiempo, paciencia y pericia para al final descubrir una huella, la prueba irrefutable de ADN que nos coloca delante de un Tiziano o de la mismísima hermana bastarda de la Gioconda.

Si nos retrotraemos al pasado más reciente, apenas unos meses, el gran bombazo lo dio el DESCUBRIMIENTO (con mayúsculas) de la Gioconda del Prado, cuya hermana mayor, la que se encuentra y da fama al Museo del Louvre, la quiso repudiar, no fuera que le quitara protagonismo, que de los cinco minutos de gloria pertinentes le restara dos. Y, por ende, nuestro Prado arrebatara los cinco de un plumazo al Louvre. Con la Gioconda y con Leonardo Da Vinci ya está demostrado que se puede montar una novela, una película y una serie de televisión por temporadas, para venderlas luego en cajas, en cofres y hasta en maletas de lujo como regalo navideño.

El Museo del Prado, en apenas medio año, ha rodado dos gloriosos capítulos del CSI particular que se vive en sus entrañas con final, más que feliz, yo diría que de Hollywood. Lo malo radica en que nos acostumbre a estas emociones y queramos cada vez másy mejores capítulos de la saga. No sé si se pueden forzar tanto los guiones, pero como sigamos así, al señor Eugenio d’Ors sus Tres horas en el Museo del Prado se le van quedar cortísimas.

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