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EE.UU. y China libran una «Guerra Fría» en el terreno económico

Rivales y, al mismo tiempo, socios, la Casa Blanca y el régimen de Pekín se renuevan entre disputas más comerciales que políticas

Día 10/11/2012 - 03.54h

Tras la reelección de Barack Obama en Estados Unidos, el régimen chino renueva su cúpula en el XVIII Congreso del Partido Comunista, que aupará a Xi Jinping como sucesor del presidente Hu Jintao. Cuando ambos ocupen el cargo a principios del próximo año, heredarán unas turbulentas relaciones diplomáticas con tantos problemas políticos como económicos.

Al igual que en los tiempos de la extinta Unión Soviética, EE.UU. libra una nueva «Guerra Fría» con la actual segunda potencia mundial, China. Pero, como el gigante asiático se ha entregado plenamente al capitalismo, el conflicto no se libra a base de amenazas militares con armas nucleares, sino con restricciones comerciales.

«Banquero» de la Casa Blanca

Paradojas de la globalización, China es el gran rival de EE.UU. y, al mismo tiempo, uno de sus principales socios económicos. Con más de tres billones de dólares, sobre todo bonos del Tesoro emitidos por la Reserva Federal, Pekín atesora las mayores reservas de divisas del mundo y es, en palabras de la secretaria de Estado Hillary Clinton, el «banquero» de la Casa Blanca.

Aunque la Embajada americana en Pekín acogió al disidente ciego Chen Guangcheng en su fuga y negoció su exilio en mayo, dicha dependencia ha obligado a la Administración Obama a rebajar sus críticas políticas por la violación de los derechos humanos en China.

Pero Washington ha seguido batallando en sus contenciosos comerciales con el gigante asiático. Buena prueba de ello son las recientes demandas que ambos países se han interpuesto ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) a cuenta de los más variopintos motivos, desde componentes de automoción hasta patas de gallina pasando por la reciente disputa sobre paneles solares.

Durante los últimos años, EE.UU. ha presentado quince quejas contra China, nueve bajo la presidencia de Obama y ocho con Bush.

Además, en la campaña presidencial americana afloró la supuesta devaluación artificial del yuan para facilitar las exportaciones de la «fábrica global». Como Obama se ha negado a etiquetar a Pekín como un país manipulador de su divisa y ha preferido usar la presión diplomática, su rival republicano, Mitt Roomey, se había mostrado mucho más agresivo y había prometido que lo haría desde el primer día si resultaba elegido.

En medio de este fuego cruzado han quedado atrapadas potentes empresas chinas como Huawei, que le disputa a la sueca Ericsson el liderazgo global en fabricación de equipos de telecomunicaciones. Tras casi un año de investigación, el Comité de Inteligencia del Congreso recomendó el mes pasado a las compañías americanas y a la Casa Blanca no adquirir tecnología ni de Huawei ni de otra gran firma china, ZTE, porque podría entrañar riesgos para la seguridad nacional.

Ciberespionaje

Además, el comité desaconsejaba que ambas adquirieran o se fusionaran con empresas estadounidenses. Temiendo que estuvieran al servicio del autoritario régimen de Pekín, sus advertencias se basaban en que podrían instalar mecanismos de espionaje en sus aparatos, por ejemplo en los «routers» de internet, o dañar sus equipos informáticos mediante programas con virus en caso guerra.

«China es el mayor perpetrador de ciberespionaje y Huawei y ZTE no han despejado las sospechas de esta importante investigación. Las empresas americanas deberían recurrir a otros proveedores», sentenció el presidente del comité, el republicano Mike Rogers, basándose quizás en su olfato policial porque antes de congresista fue agente del FBI.

Además de por ser chinas, el motivo de este rechazo es que ZTE, el cuarto mayor fabricante de teléfonos móviles del mundo, es en parte una compañía estatal y que Huawei, pese a ser privada, fue fundada en 1987 por Ren Zhengfei, un ingeniero licenciado del Ejército Popular de Liberación. En ambos casos, el comité del Congreso aduce falta de información sobre sus conexiones con el régimen de Pekín o, como le ocurre a Huawei, sobre su accionariado.

Frente a dichas sospechas, la compañía insiste en que su presidente-fundador sólo tiene el 1,4% de las acciones, mientras que el 98,6% restante ha sido repartido, en función de sus cargos, méritos y del tiempo que lleven trabajando, entre 65.000 de sus 140.000 empleados.

Una afirmación que no se puede verificar de forma independiente porque Huawei no cotiza en Bolsa, pese a la presión internacional para que salga al parqué y clarifique sus cuentas. «No estamos en Bolsa porque así tenemos más autonomía. Además, no solucionaría nada porque ZTE cotiza en Bolsa y sufre los mismos problemas», explica a ABC un portavoz de Huawei, Roland Sladek, en el cuartel general de la empresa en Shenzhen.

Junto a los enfrentamientos comerciales, el ascenso militar de China y sus disputas territoriales con Japón y otros países traerán más tensión a la presencia estadounidense en el Pacífico.

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