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Sociedad / III COngreso de mentes brillantes

«El potencial de las ciudades inteligentes requerirá un ciudadano digital»

Día 09/11/2012 - 20.33h
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Manuel Ausaverri, director del área de Smart Cities de Indra considera que las personas tendrán que ceder su privacidad para poder disfrutar de una metrópoli más amena

Smart Cities (ciudades inteligentes) es un término del que se viene hablando desde algunos años. El Smart de este concepto es el acrónimo de Self Monitoring Analysis and Reporting Technology, que traducido puede leerse como «el análisis y reporte del monitoreo personal de tecnología». Es una idea algo confusa, pero que muchas ciudades quieren concretar. Manuel Ausaverri, consultor estratégico y director del área de Smart Cities de Indra, habló con ABC para explicar un poco más sobre esta idea y sobre sus beneficios.

—Sin tecnicismos, ¿qué es una ciudad inteligente?

Para nosotros, una ciudad inteligente es aquella en la que se aprovechan las mejoras tecnológicas que la ciencia ha puesto a nuestra deposición que ya existen, pero que incorporadas al día a día, hace que funcione mejor. Esto quiere decir, que los ciudadanos tengan una vida mejor. Tecnología simplemente por tecnología no nos llevará a ningún lado válido, porque estamos hablando de grandes inversiones, de temas en los que los ciudadanos tendrán la última decisión. Podemos inventar de todo, pero si las personas no le ven valor y no lo usan, pues no servirá de nada.

— ¿Una vida mejor en qué sentido?

Por primera vez en la historia de la humanidad, más de la mitad de la población en el mundo, vive en zonas urbanas y no en entornos rurales. El mundo se está urbanizando muy rápido. Cuando acabe el siglo, el 90% de la población vivirá en ciudades. Para los europeos occidentales esto no es tan evidente porque ese proceso ya lo hemos vivido, ya ha ocurrido. Pero en realidad las ciudades están creciendo. Sin embargo, se está notando este abandono de las zonas rurales en Asia. En China, el sudeste asiático se está viviendo una aglomeración de población (controlada y no tanto) porque en lo urbanos está el trabajo, la oportunidad de una vida mejor y porque para ellos el entorno rural no significa algo idílico, para ellos muchas veces significa opresión y estar condenado a un estilo de vida feudal, por eso ven las ciudades como la libertad.

—¿En el futuro ya no hablaremos de rural y urbano, sino de ciudad inteligente y ciudad poco inteligente?

Sí, efectivamente. Hoy las ciudades son ciudadanos, servicios y entorno físico, vías de comunicación, edificios, faroles. Actualmente este entorno tiene una inteligencia baja, no es nulo, pero es muy pobre. Pero todavía lo que prima es la provisión de un servicio físico que se pueda construir o instalar. Cuando hablamos de una ciudad inteligente, no hablamos de eso, sino de cómo sacarle máximo a esa calle, a ese contenedor de basura o a esa farola, dotándole de elementos tecnológicos que le permitan hacer algo más que estar allí.

— ¿Puede dar algunos ejemplos?

Basuras. Actualmente, el servicio de recogida de deshechos está basado en un contrato con un proveedor que supone que por esa calle pasa un camión al día. Si hay basura, pasa una vez al día, sino hay basura, pasa una vez al día. No se puede hacer algo más si no se cambian los contratos y si ese contenedor no hace algo más. Nuestra idea es colocarle un sensor al contenedor para que nos avise sobre su grado de llenado, y que esta información la trasmita a un centro de control donde se pone en común con todos los contenedores de ese barrio, para saber dónde hay más urgencia de recoger la basura. Si eso lo podemos cambiar en el contrato, que en vez de cobrar por hora y día, sea por un servicio, es decir, que los contenedores no superen el 80% de su capacidad, ellos se organizan de forma optimizada en tiempo real sobre la basura real. Pasaremos de recoger la basura no inteligentemente a una más inteligente, y más económica.

Si el ciudadano paga menos por servicio, notará el cambio. También, aunque sea muy triste, poder controlar el aforo de un local y quizás evitar situaciones como la del Madrid Arena. Casi todos tenemos un teléfono móvil, con ellos se podría identificar la cantidad de gente que hay en algún recinto, por ejemplo el Bernabéu, y por medio de la data que emiten, localizar posibles focos de aglomeración o de exceso de aforo. ¿Se pudo haber evitado la tragedia con esto? NO porque aún no tenemos el producto pero ya hay proyectos experimentales.

—Se necesitan ciertos factores para implementar esto, el dinero entre ellos, y España está en crisis ¿cómo se soluciona esto?

Para mí la solución es evaluar cual proyecto nos da un beneficio económico real. Tristemente primero habrá que apostar por esas propuestas tecnológicas que generen un ahorro, pero seguimos teniendo en problema de la inversión. La única solución para conseguir el dinero, es con la colaboración público-privado, y que el retorno sea en función del tiempo, como se hace con la concesión de las carreteras.

—¿Solo hace falta dinero?

No, la gente. Estos cambios suponen que los ciudadanos empiecen a vivir la ciudad de una forma diferente y que en muchos casos tengan que ceder parte de su privacidad.

—¿En qué sentido deben abandonar su privacidad?

Por seguir el ejemplo de la basura. Se puede hacer lo de los sensores, o algo más avanzado. Imaginemos que mi teléfono móvil esté conectado con el contenedor de mi casa, pues, cada vez que yo deje la basura, este contendor me identificaría y pesaría la cantidad de desperdicios que dejo. Con esto no solo sabes que has dejado basura sino que en un modelo avanzado yo podría pagar la tasa de basura en relación a los que desecho y no como ahora que todos pagamos lo mismo aunque dejes solo una bolsa o diez. En cualquier caso, mi anonimato como ciudadano tendrá que sufrir un cambio, porque se registrará mi actividad. Esto ya los políticos verán si es políticamente viable, y hay que tener en cuenta la tecnología debe estar contrapesada con una visión humanista del ciudadano y controlar cómo se gestionan esas pérdidas de privacidad. A mí esto me preocupa, aunque por ejemplo, mis hijos ya tienen un concepto distinto de la privacidad, por el Facebook y otras cosas.

—Es decir, que las ciudades inteligentes no están pensadas en el grueso de la población actual, sino para la siguiente generación.

El máximo potencial de las ciudades inteligentes requerirá un ciudadano digital. Y ahora estamos en una especie transición.

—Ya hay un ranking de ciudades españoles considerados como inteligentes. ¿Cuánto de listas son?

Creo que en el sentido completo de este concepto no existe ninguna ciudad en el mundo que sea inteligente. Hay dos grandes intentos, Masdar en Los Emiratos Árabes Unidos y Songdo en Corea del Sur. Hacer inteligente a las ciudades españoles es más difícil porque son muy antiguas, tienen muchas capas, por lo que su proceso hace una «Smart city» tiene que ser más gradual. Aunque sí hay muchas que ya hacen proyectos en Madrid, Barcelona. En Madrid está el CISEM es el centro integrado de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Madrid. El tema del ranking sirve para animar a las ciudades.

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