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Hu Jintao: «China nunca copiará un sistema político occidental»

Arranca en Pekín el XVIII Congreso del Partido Comunista, que renovará su cúpula y aupará al vicepresidente Xi Jinping como secretario general y próximo presidente

Día 08/11/2012 - 19.15h

Bajo unas kafkianas medidas de seguridad que incluso han prohibido el vuelo de palomas, este jueves ha arrancado en Pekín el XVIII Congreso del Partido Comunista. Durante una semana, dicho cónclave renovará a siete de los nueve miembros que conforman el Comité Permanente del Politburó, el órgano de máximo poder en el país, y sustituirá a su secretario general, Hu Jintao, tras una década en el cargo. Está previsto que le releve el vicepresidente Xi Jinping, quien también le sucederá como presidente de la República Popular durante la Asamblea Nacional que se celebre en marzo del próximo año. Junto al viceprimer ministro Li Keqiang, que reemplazará al «premier» Wen Jiabao, Xi Jinping encabeza a sus 59 años la «Quinta generación» tras Mao Zedong al mando de la nación más poblada del planeta.

Tras la lucha de poder que ha desatado el «caso Bo Xilai», el popular dirigente depuesto por corrupción y cuya esposa ha sido condenada a muerte por envenenar a su socio británico, Hu Jintao alertó de los riesgos a los que se enfrenta el régimen. «Si fracasamos a la hora de atajar la corrupción, podría ser fatal para el Partido Comunista, provocar su hundimiento y causar la destrucción del Estado», advirtió su todavía secretario general, quien recordó que «nadie está por encima de la ley».

Además de sufrir el escándalo protagonizado por Bo Xilai, que ha desvelado el lujoso nivel de vida y la degradación moral de la nueva «aristocracia roja», el autoritario régimen de Pekín se ha visto sacudido durante los últimos tiempos por otros graves de episodios corrupción. Uno de los más sonados afectó el año pasado al antiguo ministro de Ferrocarriles, Liu Zhijun, gran impulsor de las líneas de alta velocidad que podría haber descuidado la seguridad a cambio de jugosos sobornos.

Para oprobio del régimen, el diario «The New York Times» publicaba recientemente que la familia del actual primer ministro, Wen Jiabao, ha amasado una fortuna superior a los 2.000 millones de euros. Aunque él lo niega rotundamente, la noticia ha minado la imagen que cultiva de hombre humilde y, por supuesto, ha sido bloqueada por la censura en internet. En junio ocurrió lo mismo cuando Bloomberg desveló el patrimonio familiar de Xi Jinping, que asciende a 310 millones de euros y el 18% de una compañía de tierras raras valorada en 1.340 millones de euros).

«Los funcionarios, especialmente los de alto rango, deben practicar la autodisciplina y fortalecer la educación y la supervisión sobre sus parientes y empleados, y no deben buscar nunca ningún privilegio», insistió Hu Jintao, quien tampoco se libra de las críticas porque su hijo también se dedica a los negocios y se vio atrapado en un oscuro caso de corrupción en Namibia.

En un país donde el poder político y el económico están unidos, el presidente Hu Jintao ha usado la corrupción rampante para deshacerse de sus rivales dentro del Partido y situar a sus acólitos en el todopoderoso Comité Permanente del Politburó. Entre ellos destacan el viceprimer ministro Wang Qishan, experto económico; Zhang Dejian, quien sustituyó a Bo Xilai al frente de Chongqing; Li Yuanchao, jefe de Organización, y Liu Yunshan, responsable de la Propaganda y el control sobre internet.

Ocupando en el Congreso un puesto de honor junto a Hu Jintao, el expresidente Jiang Zemin podría colocar a Yu Zhengsheng, secretario del Partido en Shanghái, o a Wang Yang, reformista que dirige la industrializada provincia de Cantón (Guangdong).

Los expertos coinciden en que el Comité Permanente podría reducir su número de miembros de nueve a siete, lo que dificulta aún más una pugna en la que también participan el secretario del Partido en Tianjin, Zhang Gaoli, y el de Mongolia Interior, Hu Chunhua. Por su parte, la consejera de Estado Liu Yandong podría convertirse en la primera mujer en acceder al Comité Permanente del Politburó, todo un símbolo de los nuevos tiempos.

En su discurso ante unos 2.300 delegados congregados en el Gran Palacio del Pueblo, un edificio de estilo comunista levantado en plena plaza de Tiananmen, Hu Jintao prometió «reformas de la estructura política» para fomentar el debate dentro del Partido. Pero no dio ninguna pista sobre la democratización de China y dejó claro que «nunca copiaremos un sistema político occidental».

En el aspecto económico, aseguró que «sólo cuenta el desarrollo» y se marcó como objetivo doblar entre 2010 y 2020 la economía nacional y los ingresos per cápita.

Tras la agitación vivida durante los últimos meses, el régimen intentó proyectar una imagen de unidad y consenso recurriendo a «viejas glorias» del Partido. Además del expresidente Jiang Zemin, a la apertura del Congreso acudieron figuras históricas como Song Ping, nonagenario héroe de la Revolución, y el exprimer ministro Li Peng, más conocido como «el carnicero de Tiananmen». Plenamente entregada al capitalismo de Estado, una nueva generación de dirigentes comunistas se prepara para tomar el poder en China.

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Agustinito

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